Durante esta semana hemos visto una extenuante presentación del renacimiento de EQT, la colección de adidas que pretende relevar a Tubular y NMD como conceptos de moda. Pero la nueva EQT parece que elige el camino que ya tomaron NikeLAB ACG o Nike International, tomar el nombre de una colección histórica y desarrollar una línea sin ninguna relación con ella.

Nike ACG

La ACG original era una submarca de Nike para productos de montaña. ACG significa All Conditions Gear y sus productos estaban diseñados para aguantar todas las condiciones. El hecho de que fuera producto de montaña implicaba que por primera vez se podía jugar con el color sin relacionarlo con los uniformes de equipos, por lo que ACG nos descubrió nuevas combinaciones.

NikeLab ACG

La nueva NikeLAB ACG creada por Errolson Hugh es impresionante, pero no tiene ninguna relación con la ACG original. Las dos imposiciones principales de Nike eran que no debían usarse los colores ACG y no debían desarrollarse productos de montaña, es decir, colocar el nombre ACG a producto que nada tiene que ver con el sentido original. Recuperar ACG puede ser interesante, pero no lo encuentro sentido a recuperar solo el nombre y colocarlo a un producto excelente. De hecho, el único problema que puedo encontrarle a NikeLAB ACG es que no puedo llevarlo a la montaña.

Nike International

Nike International era el nombre de un club de atletismo creado por Nike a finales de los ochenta. Producto de rendimiento, sobreuso de licra, colores brillantes…

Nueva Nike International

El pasado verano relanzaron una colección muy correcta, pero de producto de calle en una paleta de colores que se quedaba en blanco, negro y algún detalle de color. En este caso ni se recuperó el logo clásico, solo se reinterpretó en algún estampado. Lo peor de la colección era el nombre. Al menos colocaron a Matt Centrowitz como modelo.

EQT vuelve con el mismo problema. El hombre que convirtió a adidas en una gran marca fue Horst Dassler, hijo del fundador Adi. La principal diferencia con su padre es que pensaba en términos de marca, no de producto. Tras su muerte en 1987 adidas perdió el rumbo y buscó dinero fácil colocándole las tres franjas a cualquier producto. La llegada de un nuevo propietario, Bernard Tapie, no ayudó mucho. Supuesto empresario, fugaz cantante, aprendiz de político y presidente del Olympique de Marsella, quiso convertir a adidas en una marca de moda apoyándose en cifras; solo el 20% del producto deportivo se utilizaba para hacer deporte. Y las cifras pueden ser incluso cortas, pero lo que no tenía en cuenta Tapie es que el 80% restante compraba el producto PORQUE era deportivo. Como un coche con el que puedes llegar a los 260 km/h o un reloj con el que puedes sumergirte a 100 metros, pero que nunca llegarán a sus límites.
El modo de pensar de Tapie tuvo muchos detractores en la misma sede de adidas y para responderle contrataron a Peter Moore y Rob Strasser, diseñador y abogado que habían participado en el nacimiento de Nike, para los que habían desarrollado las líneas de Michael Jordan o John McEnroe. Después de luchar durante años contra adidas, Moore y Strasser conocían perfectamente el potencial de la marca: adidas significa deporte. Propusieron acabar con la moda y los flashes, adidas debía buscar al deportista y darle lo que busca, el resto de consumidores vendría detrás. En el video que Moore y Strasser presentaron a adidas criticaban que la melena de Andre Agassi tuviera mayor protagonismo que la volea de Stefan Edberg, pasando por alto que ellos mismos se habían encargado de crear el producto Agassi. Pero aquello era para otra marca, Nike, que debía jugar con el espectáculo. adidas era deporte.
La línea EQT hacía justo eso, acercarse a los deportistas reales, pasando por alto el resto hasta el punto de que solo tenía tres colores. No podías encontrar unas EQT que combinaran con el uniforme de tu equipo, pero adidas te preguntaba ¿de verdad crees que por ir combinado rendirás mejor? EQT era equipment, equipamiento, porque se acercaba más a una raqueta de tenis que a una camiseta para correr. Era tan distinto al resto de la marca que incluso tenía su propio logotipo, que luego sería utilizado para todo el producto de rendimiento. Triunfó como estrategia de marca, consiguió que adidas se recolocara como marca deportiva, pero el producto en sí solo lo utilizaban los deportistas más recalcitrantes. Por retratarlo de una manera tan gráfica como personal, en 1991 yo quería unas Nike Huarache International y mi padre corría con unas adidas. Quería unas zapatillas que funcionaran, los inventos los dejaba a los jóvenes.

Las EQT actuales, como producto, pueden ser bastante interesante pero dejan de tener sentido cuando lo enlazas con la EQT original (puede que por eso no hayan querido utilizar el logotipo original). La nueva EQT es una zapatilla de moda para recordar una zapatilla que luchaba contra la moda. Cuando los anuncios originales decían "todo lo esencial, nada más" seguro que no se referían al video de un concierto en Instagram. Una edición limitada con un rapero de una zapatilla que criticaba precisamente eso. Presentar una EQT en una fiesta con djs es como emborracharte para celebrar que eres abstemio. Burbujas para recordar un producto que fue auténtico y un nuevo producto que sería interesante…si no trataran de llamarle EQT.

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Ya es oficial, el 25 de enero llegará a las tiendas la primera reedición de una zapatilla de LeBron James, la Zoom Generation. Habitualmente, Nike no usa el nombre del jugador en algunas signatures, como si estuviera tanteando el mercado ¿hay público para este jugador?  La primera zapatilla de LeBron se llamó Generation, la de Kidd Zoom Flight V, Legacy la de Paul Pierce y Steve Nash tuvo MVP, Trash Talk o Craddle Rock.

El color elegido para la vuelta de la Zoom Generation es ahora llamado "First Game", pero ¿realmente fue su primera zapatilla en la NBA?

Pasemos por alto los partidos de pre-season, amistosos en los que jugó con Jordan IX, III, Huarache 2K3 y dos colores de Ultramatic. Nike no conseguiría vender ediciones retro de las Ultramatic ni aunque fuera una colaboración con Supreme.

El 29 de octubre de 2003 en su primer partido oficial, LeBron se enfrentaba a los Kings en Sacramento, en uno de los estrenos más esperados de la historia de la NBA. Y no llevaba este color, sino white/black/red.

No fue una elección de última hora. Nike había orquestado una campaña publicitaria alrededor de este partido, con un anuncio en el que se recreaba ese primer partido. En ese anuncio LeBron jugaba con el mismo color de las Zoom Generation.

Los tres primeros partidos de los Cavs fueron como visitantes. Fue en el cuarto, ya como local contra Denver Nuggets, cuando llevó la Zoom Generation que ahora llaman First Game.

En este caso, Nike no ha usado en ningún momento el término "First Game" para referirse a este color. De hecho, en el interior de la llamada First Game aparece 11-5-2003, la fecha del cuarto partido de LeBron en la NBA. Quizás llamarle Zoom Generation "Fourth Game" sería un poco extraño.

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Ya tenemos hype para meses. Kaws y Jordan anuncian colaboración y twitter se vuelve loco. Bueno, eso fue ayer, ahora twitter ya está preocupado con Gosha y adidas. Pero yo tengo una edad, necesito tiempo para digerir (nivel todavía no tengo una opinión sobre las PG1). Pero me atrevo a hablar de una colaboración de la que no sé nada. Bloguero style.

Brian Donnelly/Kaws comenzó “vandalizando” carteles publicitarios. Era parte de los ubicuos Beautiful Losers que llegaban al arte desde el skate, no desde las galerías. El mismo hecho de destrozar anuncios de Calvin Klein tenía que ver con apoderarse de la calle o al menos así se entendía en aquel momento. Retocar imágenes de las mejores modelos de la época era subversivo.

Hoy el propio Brian Donnelly se aleja de ese razonamiento, elegía sus acciones por motivos estéticos, no políticos. No estaba vandalizando carteles, los estaba embelleciendo. Kaws despoja a su arte de contenido a la vez que comienza a diseñar toys que vende directamente desde su página. Pasó de ser un artista con contenido a idolatrar a Jeff Koons. Y Koons puede ser tremendamente interesante para muchos, pero desde luego no es lo que espero de un Beautiful Loser.

Kaws se comporta como una marca, no como un artista, por lo que la clave de su éxito no está tanto en su actividad sino en sus ventas. La anunciada colaboración con Jordan es solo otra más de las cientos de colaboraciones que inundan el mercado. Posiblemente sea muy bonita y se venderá por miles de euros, pero en 2017 tengo mis dudas de que pueda aportar algo nuevo.

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rosconEscucho que alguien a mi lado habla de un roscón de reyes. Hablan de un antiguo obrador que solo abre un día al año, el 5 de enero, y solo fabrica roscones de reyes. Interrumpo a la desconocida para saber más y la chica, aun con su propio roscón en las manos, me da las señas del lugar secreto.

Son solo dos calles más allá, en un callejón solitario entre el gentío que busca las compras de última hora. Una puerta pequeña, un pasillo largo que no parece tener final y unas voces al fondo que hablan de kilos, nata y repiten bromas sobre fruta escarchada. Todos los que estamos allí nos sentimos afortunados, solo nosotros hemos encontrado el mapa del tesoro. En alguna agencia de comunicación le hubieran llamado Roscón Pop Up Store.

Salgo del lugar con dos roscones y me cruzo con gente que busca un Carrefour para comprar el suyo. Ellos no saben nada.

Cuando llega la hora del cuchillo, el roscón es como cualquier otro, pero la historia de cómo lo he conseguido la he contado diez veces. No me han vendido un roscón, me han vendido la historia.

Pero eso funciona porque un roscón no es nada. Un elemento superfluo del que puedo pasar 364 días del año, incluso 365. Cuando necesito un cinturón de seguridad quiero algo que funcione, no una historia que pueda contar a San Pedro cuando llegue al cielo.

Hubo un tiempo en el que las zapatillas deportivas servían para hacer deporte. Cuando el domingo llevas 20 km en las piernas no estás para historias, quieres que tus zapatillas hagan algo para seguir en movimiento. Hemos convertido las zapatillas en una imagen sobre la que desarrollar historias, lo que en principio era un añadido ahora les despoja por completo de su sentido primario. Que las cosas funcionen. De las historias nos encargaremos luego.

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Paul George es el próximo elegido, pronto tendrá su propia zapatilla con Nike. Si en algún momento te planteas si tiene el nivel necesario para tener su signature, allá van algunos nombres que te harán plantearte si realmente es un club muy exclusivo. Han tenido su propia zapatilla con otras marcas Al Harrington, Evan Turner, Ben Wallace, Shane Battier o Chuck Hayes, nombres que seguro te harán correr a tu tienda más cercana (perdón, quiero decir comprar por internet).

En realidad el "asunto Paul George" está relacionado con otros temas. Nike la había dado al diseñador Tony Hardman la tarea de diseñar zapatillas de gama media que se asociaran con un jugador. Lo intentó dos veces con James Harden, Zoom Run The One y Zoom Crusader. Cuando todo estaba dispuesto para lanzar la zapatilla de Harden, éste prefirió marcharse a adidas. Paul George tiene un perfil muy distinto a Harden, pero encaja perfectamente en la línea de Hardman.

De los datos conocidos, sorprende el precio, 110 dólares (a la espera de su traducción a euros). Lo sitúa en la gama de sus predecesoras Run The One y Crusader, pero sobre todo parece responder al problema de las anteriores LeBron, un fracaso de ventas explicado por su alto precio.

Paul George puede darse por afortunado. La propia Nike advierte de que menos del 1% de sus atletas tiene una zapatilla propia y le presenta como el 21º jugador NBA en conseguirlo. La primera pregunta sería saber qué entienden por signature, pero supongo que se refieren a Michael Jordan, Paul Pierce (Legacy), Kobe Bryant, LeBron James, Kevin Durant, Kyrie Irving, Scottie Pippen, Gary Payton, Charles Barkley, Penny Hardaway, Kevin Garnett, Tim Duncan, Jason Kidd, Alonzo Mourning, Vince Carter, Amare Stoudemire, Dennis Rodman, Steve Nash (Craddle Rock, MVP), Chris Webber (Sensation) y Tim Hardaway (T-Bug).

La llegada de un nuevo año no cambia absolutamente nada del mercado global de zapatillas, pero al menos es una excusa para plantearse hacia donde vamos. ¿Qué podemos esperar de 2017? ¿Qué debemos esperar del futuro?

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-El año del 3D

En 2014 ya hablábamos de la tecnología 3D como el futuro de las zapatillas; tres años después solo se aplica al desarrollo de prototipos y en un puñado de detalles, pero está lejos de revolucionar el mercado. La última gran zapatilla con esta tecnología es la 3D Runner FutureCraft de adidas, un diseño impresionante pero que se ha puesto a la venta solo en tres localizaciones y a un precio prohibitivo (333 dólares). No está completamente realizada con una impresora 3D (solo la mediasuela) y el peso de la zapatilla la hace inútil para la práctica deportiva. En definitiva, es un prototipo muy bien logrado, pero solo eso y no aporta ninguna ventaja real al consumidor. Nike, New Balance y Brooks han realizado parte de sus zapatillas de clavos con impresoras 3D, pero seguimos sin ver sus avances en tiendas compitiendo con el resto de productos.

2017 debería ser el año de las impresiones 3D a menos que quiera convertirse en “el próximo coche volador”, una de esas grandes innovaciones que nos prometen cambios rotundos de vida pero que nunca terminan de llegar.

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-El fin de las tiendas independientes

Hasta 2010 era extraño ver grandes grupos empresariales en el mundo de las zapatillas. Era un mundo de arte e innovación, no de masas y los grandes grupos empresariales no están demasiado interesados en el arte ni la innovación. Están interesados en el dinero. Con la masificación de las zapatillas han llegado los grupos empresariales. Hasta hace algunos años las tiendas de zapatillas las abrían los locos de las zapatillas (para lo bueno y para lo malo), eran tiempos de 24Kilates, LimitEDitions, Trust Nobody o Gamba Sneakers. En los últimos años hemos visto como Asos compraba y cerraba la mítica Crooked Tongued al más puro estilo Microsoft , Snipes compró Solebox y poco después el fundador Hikmet Sugoer anunció su despedida y hace unos meses era Paul Ruffles el que se despedía de Size?

Las últimas aperturas de tiendas tienen nombres de grandes cadenas. Ahora mismo el dinero está en las zapatillas y las grandes cadenas apuestan por ellas. Las mismas que dentro de un par de años, cuando los beneficios no sean los mismos, cambiarán sus estrategias de negocio para vender el nuevo producto de moda.

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-El fin de los influencers

Siempre hubo gente con mayor capacidad para influir. Si hablamos de zapatillas, todos nos fijábamos en el compañero de clase que tenía un familiar en el extranjero, el jugador que saltaba más alto, el que mejor bailaba o en el camello del barrio. Todos sabían que sus conductas (y sus zapatillas) afectaban de un modo u otro al resto y en muchas ocasiones cuidaban su estilo tanto como aquello que les había convertido en influencers.

El principal trabajo de un influencer hoy día es seguir siendo influencer. Todo el mundo puede comprar 8000 seguidores o darle a like y poner corazones en cada foto para convertirse en influencer, pero cuando cualquiera puede ser especial, nadie acaba siendo especial. La mayoría de las marcas trabajan exclusivamente con cifras; exigen a los departamentos de comunicación que sus productos estén colocados en “influencers” con una cantidad determinada de seguidores, sin importar que la mayoría de ellos sean cuentas falsas. Esas marcas no han comprobado aun que los bots no compran zapatillas. Cada vez hay más influencers, por lo que la influencia es cada vez menor, pero la mayoría de estrategias comerciales se basan en registros que no superarían un análisis estadístico de un niño de 8 años. Un juego en el que los bloggers quieren ser Kate Moss y acaban siendo Zoolander.

En esta pelea por enseñar el edredón más blanco y el domingo más “cozy”, las marcas solo necesitan un “gracias @…”. Pero cada una de esas gracias es una demostración de que su influencia es menor, cada agradecimiento público significa “esto no lo he elegido yo”. ¿Dejarán las marcas de contar con supuestos influencers? Por supuesto que no, pero su supuesto poder de influencia estará cada vez más en entredicho.

En 2017, la única manera de demostrar tu influencia es mostrar unas zapatillas por la que no tengas que dar las gracias.

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Entiéndanme, no soy nadie para decirle a un diseñador que su trabajo no vale la pena, pero hay historias que van más allá de la estética o de la funcionalidad. Pero he preferido un titular espectacular: las peores zapatillas de 2016.

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Nike Max Zero. La teoría había funcionado bien; primero lanzas una edición limitada para que la gente se mate por ellas. Dejas que mucha gente las vea pero no puedas comprarlas y justo cuando el deseo llega a su tope, inundas el mercado con cientos de colores. Es un sistema que hemos visto tantas veces que ya cansa.
Nike lanzó las Zero en marzo de 2015 y la gente durmió en la calle para conseguirlas. La primera parte del plan había funcionado. Pero el relanzamiento en 2016 en nuevos colores ha pillado a sus clientes mirando hacia otro lado. Quizás la estrategia de siempre ya no funciona.

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Nike Roshe Two. La segunda Roshe es el ejemplo de lo que le está ocurriendo a Nike en estos momentos. Llega tarde y sin innovación. La primera Roshe llegó en 2012 y cuatro años después está tan agotada que la nueva versión no consigue llamar la atención de nadie. La simplicidad de la Roshe hace complicado renovar el diseño, pero quizás las hubiéramos visto con otros ojos en 2014, cuando no había falsificaciones de Roshes en cada calle.

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adidas Yeezy Cleats. No sé si hablar de una zapatilla en concreto o del fenómeno social llamado Yeezy. De primeras, no le daría demasiada importancia a unas zapatillas de un músico que en España es conocido como “el marido de la Kardashian”. En la cima de su carrera como productor lanzó algunas zapatillas con Nike que fueron muy buscadas entre los coleccionistas pero que no importaban a nadie más.
Las Yeezy 350 pueden ser una de las zapatillas más mentirosas de la historia. Hacer creer a tantas miles de personas que sus zapatillas son una edición limitada tiene mucho mérito.
Pero además su reciente incursión en el deporte es peligrosa porque rompe una barrera hasta ahora infranqueable. Una zapatilla para realizar deporte exige un diseño diferente a una zapatilla de moda. Hasta ahora la diferencia entre una marca de zapatillas y una marca de moda era que solo la primera era capaz de diseñar producto funcional para deportistas. La Yeezy Cleats nos dice seriamente que todas esas innovaciones que nos vendían no sirven para nada. Ya han pisado canchas profesionales de baloncesto, pero cuando las Yeezy lleguen masivamente a la NBA será la última vez que puedan decirnos que un deportista de alto rendimiento necesita un producto de alto rendimiento.

Ahora mismo Nike tiene a tres jugadores con signature en la NBA y dos de ellos juegan en el mismo equipo, Irving y LeBron. El día de Navidad se enfrentaban al tercero, Kevin Durant, y ambos estrenaban zapatillas. Desde luego es el escaparate perfecto, pero habría que preguntarse si es el momento adecuado ¿los jugadores de baloncesto no compran zapatillas para iniciar la temporada en septiembre?

Dos zapatillas estrenadas el mismo día, por dos jugadores del mismo equipo. LeBron sorprendió con las LeBron 14 a la vez que Nike lanzaba una escueta nota de prensa en la que solo se explicaba que utilizaba unidades máximas de Zoom articulado (al estilo de su anterior zapatilla), composite en el upper con cortes en laser y una tira realizada en materiales auxéticos (algo que conocemos de la serie Free). Aun sin fecha ni precio, las últimas LeBron tuvieron graves problemas de venta en Estados Unidos. Entre la poca información que ha ofrecido Nike no se habla del diseñador, aunque parece ser que continúa siendo Jason Petrie (desde que hizo unos desafortunados comentarios en twitter, Nike esconde el hombre de Petrie).

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El estreno de Irving fue más habitual. Unos días antes se dan a conocer los detalles técnicos, muy en la línea de la Irving II (suela curvada, pods de tracción...). El día del partido las mostró en dos colores, el diseñado para Navidad (blanco y dorado) y uno especial que se ponía a la venta el mismo día 25 por sorpresa. Y además, partidazo de Irving y canasta decisiva.

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La Irving 3 llega acompañada por una campaña que recuerda a la mítica Freestyle de 2001, pero esta vez la música la pone Questlove de The Roots.

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Si quieres conocer lo que va a pasar mañana en el mundo de las zapatillas hay que buscar entre los próximos lanzamientos.

Si quieres saber lo que va a pasar dentro de unos meses hay que escarbar un poco más. Nike acaba de presentar los datos del segundo cuatrimestre del año fiscal 2017 (no coincide con el año natural). La presentación de los datos se centraba en presumir de ser el 28º cuatrimestre consecutivo con números positivos, pero mi analfabetismo financiero me impide analizar más allá de lo básico, caída en picado en Europa (Nike divide sus cuentas en Europa Occidental y Central-Oriental) pero sigue avanzando en Estados Unidos (que supone casi 5 veces más que Europa) y China.

Pero sin duda lo más interesante llega cuando habla el CEO. Mark Parker, como fiel de Apple, basa sus discursos en palabrería sin sentido y alguna joya. En esta ocasión se trata de las vías de negocio futuro de Nike.

-EDIT TO AMPLIFY. Mark Parker siempre ha entendido su trabajo como un editor de contenidos de Nike, su tarea consiste en identificar qué productos deben salir al mercado. En 2011, después de una entrevista conjunta Steve Jobs aconsejaba a Mark Parker centrarse en un puñado de buenos productos (por entonces Apple era una empresa de 30 billones de dólares con menos 30 productos). Nike necesitaría miles de productos para llegar a la misma cifra.

Parker propone reducir los productos manteniendo las opciones, algo que suena bien pero parece dificil de cumplir.

-SPEED AND AGILITY. Nike ha comprobado (a base de palos) que la velocidad de desarrollo de un producto es la clave. Te permite reaccionar a las necesidades de los clientes y reducir al mínimo el stock. Nike está implementando un programa llamado The Express Lane que permite realizar en semanas lo que hasta ahora se realizaba en meses. Una respuesta al estilo Inditex. El primero de los productos desarrollados bajo el sistema The Express Lane ha sido la LunarCharge.

Editar productos y ser veloces, dos patas de una estrategia que puede ser acertada pero tiene poco del espíritu rebelde de Nike, aquellos que no se planteaban qué quería el consumidor.

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Cuando Roger Bannister consiguió bajar de los 4 minutos en la milla en 1954, consiguió romper una barrera que para muchos era insalvable. Sin embargo, todo lo que había hecho era demostrar que se podía hacer, en el siguiente año ya había 24 corredores que bajaban de los 4 minutos.

Ahora es Nike quien quiere capitalizar el colapso de la nueva barrera: las dos horas en maratón. Breaking2 es un programa que apoya a Eliud Kipchoge, Lelisa Desisa y Zersenay Tadese y le rodea de biomecánicos, entrenadores, diseñadores, nutricionistas, fisiólogos y psicólogos deportivos para intentar mejorar cada detalle para bajar de esas dos horas. Llevar al atletismo el estilo del equipo Sky de ciclismo. En cualquier caso, el desarrollo de productos para estos corredores se aplicará en los que encontraremos en las tiendas en los próximos años.

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La idea parece perfecta para Nike, loca, combativa y con un punto de arrogancia. Algunos recordarán la historia de Philip Boit, un mediocre atleta keniata que en 1996 recibió la visita de un equipo de Nike en Eldoret. Buscaban a un atleta que pudiera convertirse en el próximo campeón del mundo de esquí de travesía. Después de un par de años de entrenamientos sin nieve, Boit se convirtió el primer keniata en participar en unos Juegos Olímpicos de Invierno y llegó en último lugar en los 10km de Nagano.

El proyecto Breaking2 parece igual de arriesgado pero menos loco. En cualquier caso, el riesgo lo corren ellos, a nosotros nos da un montón de historias.