Se cumplen 50 años de México 68, el que para muchos es el mayor evento deportivo de la historia, ya sea por la importancia cultural, la aparición de nuevos materiales o las marcas obtenidas, tres motivos que se cruzan en la historia de Tommie Smith y John Carlos.

Los dos atletas habían participado en el Olympic Project for Human Rights, una asociación que llamaba al boicot de México 68 por las conexiones racistas del presidente de COI Avery Brundage y la participación de Sudáfrica y Rodesia, dos naciones en las que se practicaba el apartheid. Finalmente Brundage permaneció en el cargo, pero Sudáfrica y Rodesia no fueron a México y se deshizo la amenaza del boicot.

Smith y Carlos protestaron durante Mexico 68 en una imagen que se ha convertido en historia de los Juegos. Aunque son siempre citados como protagonistas de las protestas en el podio, no fueron los únicos. También lo hicieron Ron Freeman, Lee Evans y Larry James en el 400. Sin embargo su lucha contra el poder había comenzado unas semanas antes. Y ahí es donde aparecen las zapatillas.

Horst Dassler, el hijo del fundador de adidas, supo crear una estructura de contactos en el deporte de primer nivel que se han mantenido incluso después de su muerte. Joseph Blatter, Joao Havelange (expresidentes de la FIFA) o Juan Antonio Samaranch (que incluso leyó un panegírico en el entierro de Horst) mantenían a adidas como marca fundamental en el deporte de rendimiento. adidas también tenía contactos en la IAAF, la asociación que rige el atletismo.

Uno de los adelantos técnicos de México 68 fue el uso de material sintético en las pistas de atletismo. Aunque no fuera la primera ocasión en la que se utilizó en grandes eventos, sí que sirvió para su popularización.

Puma desarrolló unas zapatillas adaptadas a las nuevas superficies en las que cambiaba los tradicionales clavos largos por 68 pequeñas agujas que se adaptaban al nuevo material con el que se fabricaban las pistas. Con ellas compitió en los trials estadounidenses John Carlos (200m) un par de semanas antes de los Juegos. El resultado fue un récord del mundo, que como cualquier otro récord debía pasar por la aprobación de la IAAF.

Cuando adidas descubrió las zapatillas contraatacó tratando de diseñar un sistema parecido, pero ante la cercanía de los Juegos jugaron con otra bala; contactos. Sorprendentemente las zapatillas fueron prohibidas por la IAAF y la marca de Carlos nunca fue homologada como récord del mundo.

En los Juegos Olímpicos, con zapatillas Puma con los clavos tradicionales, Carlos fue bronce y puso en primer plano unas zapatillas Puma en el momento de la protesta en el podio.

Muy lejos de los tiempos actuales en los que una zapatilla prohibida es un caramelo para las campañas de marketing, aquella Puma Brush Spikes fue la primera gran zapatilla prohibida.

Luego llegarían otras muchas restringidas por motivos, el color (Puma Joe Namath, Jordan 1/AirShip), contener material peligroso (Buscemi B-Court, Jordan Melo M10), utilizar un sistema de amortiguación mecánico (Spira en running, APL en baloncesto) o por hacer uso de logos no permitidos (un problema habitual con modelos customizados).

Aquella Puma Brush Spikes no solo fue una zapatilla prohibida. También fue un modo de entender que el liderazgo de las marcas deportivas tenían poca relación con las innovaciones reales y mucho que ver con las relaciones de las marcas con las grandes corporaciones que dominan el deporte de elite mundial.

Cuando se habla de la industria del calzado deportivo o aun peor, de “la cultura de las zapatillas”, se habla en realidad de distintas secciones de una realidad con poco en común. Por eso hay pocos nombres que hayan podido mantenerse pasando de un lado a otro.

Uno de esos casos es Sandy Bodecker. Su primer contacto con Nike fue en 1979. Como otros esquiadores, Bodecker usaba la carrera como parte de su entrenamiento y descubrió que muchos de sus compañeros de la Universidad de New Hampshire llevaban Nike. Bodecker se ofreció como probador de calzado y sus informes eran tan exhaustivos que poco después recibió una oferta de trabajo. El diseñador que quería tenerle cerca era Mark Parker, que terminaría siendo CEO de Nike.

La carrera de Bodecker se desarrollaba en paralelo a la del propio Parker, separándose del diseño en los 90 cuando se encargó de liderar la primera división global de fútbol, aquella que colocó a Nike en el mercado con apariciones espectaculares en anuncios y Copas del Mundo. Desde fuera Bodecker entendió las necesidades del fútbol y con un puñado de jugadores brasileños y un par de equipos con colores brillantes y diseños locos consiguió más visibilidad que las marcas establecidas.

En pocas ocasiones alguien del perfil de Bodecker aparece en la prensa general. Él lo hizo en 1999 cuando contrajo matrimonio con Cathy Freeman, la atleta australiana.

En 1996 Nike había creado una campaña olímpica que se enfrentaba directamente al Comité Olímpico Internacional y su almibarada imagen del deporte. Con Nike como enemigo y adidas en segundo plano, Reebok era la opción fácil para convertirse en patrocinador olímpico y así se hizo. En diciembre de 1999, a unos meses de inaugurarse los Juegos y cuando muchas de las prendas habían sido fabricadas por Reebok, se anunció la ruptura del contrato. Las circunstancias nunca quedaron claras, el Comité Organizador de Sidney decía que Reebok era incapaz de desarrollar el producto y la marca respondía con acusaciones de favoritismo por parte de otras marcas.

El Comité Olímpico de Sidney debía encontrar alguien dispuesto a producir uniformes de jueces, voluntarios y de la selección australiana en menos de nueve meses. Y ese alguien fue Nike. Fue el toque de gracia para Reebok, que cinco años después pasaba a formar parte del grupo adidas.

El 15 septiembre de 2000 la estrella de Nike Cathy Freeman encendía el pebetero de los Juegos Olímpicos con unas Nike Presto y ganaba el oro de los 400 vestida con el uniforme estrella de Nike. La relación entre Freeman, Nike y Bodecker sirvió de excusa para todo tipo de conjeturas sobre los movimientos de patrocinios.

En 2003 se anunciaba el divorcio de la pareja, agotada después de  que Freeman abandonara el deporte durante un año para acompañar a Bodecker, diagnosticado de cáncer de garganta.

Es entonces cuando Bodecker entra en su etapa más conocida, en Nike SB primero y Active Sports luego. No era la primera vez que Nike intentaba entrar en el skate y su estrategia esta vez fue muy distinta. Un pequeño grupo de skaters, Reese Forbes, Danny Supa, Richie Mulder y Gino Iannucci, elegían colores y materiales para Dunks que llegaban a un puñado de tiendas especialistas que no tardaron en pedir sus propias ediciones especiales.

Hay muchas dudas respecto a cuál deberíamos considerar como la primera colaboración pero Nike SB a principios del siglo XXI perfeccionó las ediciones limitadas hasta hacerlo algo suyo. Tiffany, Pushead, Pigeon o FLOM fueron el origen de las actuales ediciones limitadas, aunque su verdadero sentido haya quedado muy lejos de aquellas.

Durante años, hablar de Sandy Bodecker era hablar de Nike SB y de cómo había conseguido entrar en otros deportes apoyándose en el skate.

En 2007 es presentado como Vicepresidente de Diseño (NSW 2008 como su mayor proyecto) y más tarde Vicepresidente de Proyectos Especiales, desde donde disparó su última bala, Breaking2, una obsesión que llegó a tatuarse en la muñeca.

Un tipo que en realidad quería ser músico, que se rodeaba de artistas como Futura o Tom Sachs y al que podías encontrar en Madrid siguiendo a su sobrino, jugador de fútbol.

Entró en el fútbol cuando era coto de adidas. Creó de la nada un mercado en el skate y exportó el sistema a otras categorías. Ideó batir la frontera de las dos horas en maratón, dándole la vuelta al modo de organizar las carreras.

Tres deportes y tres situaciones completamente distintas en las que Bodecker actuó con éxito.

   

Hasta hace unos años encontrar libros de zapatillas era algo complicado. Con la saturación de libros sobre el tema vimos dos líneas, por una parte comenzaron a editarse libros a la ligera, con la única intención de aprovechar el momento. Por otra parte comenzó una especialización temática que nos llevó a libros exclusivos sobre un modelo en concreto. Pionero también en esto fue Chuck Taylor, luego llegaron Air Max 1, Air Max 97…y ahora Stan Smith.

Aunque tiene el beneplácito de adidas, no es un libro de la marca, lo que le da un tono muy relajado y redunda en su credibilidad. Se habla con naturalidad de otras marcas e incluso del museo Bata, a pesar de alguna aparición sospechosa. David Villa contando que iba al colegio con Stan Smith suena al besaescudo de fichaje futbolero.

La manida estructura del abecedario como excusa para desgranar su historia no estorba en una colección de anécdotas, chascarrillos y curiosidades. Hay zapatillas dibujadas por el nieto de Stan Smith, comentarios de John Wexler, Nic Galway, Towa Tei, Pelé, Martina Navratilova, Raf Simons, Shane Battier o los fundadores de White Mountaineering, Hyke, Mastermind, Kolor, UNDFTD o Colette. Incluso un coleccionista de zapatillas, que en libro con tantas miradas distintas incluso tiene sentido.

Con apariencia de coffe table book de esos que se quedan para siempre sin leer, Some people think I’m a shoe habla sobre zapatillas (¿debería usar el singular?) pero también del tenis de los sesenta, del paso al profesionalismo, de moda y de familia. Todo en pequeñas cápsulas que funcionan como los capítulos de un bestseller facilón, siempre crees estar en el penúltimo.

Lo más peligroso de estos libros es cuando se convierten en hagiografía o cuando se hacen sin amor (podría citar alguno de adidas que parece editado por el mismísimo Mark Parker). El cuidado del libro no se queda en la presentación y llega hasta la elección de las fotos. El mismo estilo de Stan Smith (el hombre), te aleja de cualquier glorificación porque es del tipo de personas que convierte en algo tremendamente natural haber sido número 1 del mundo.

Quizás eso explique el carácter de Stan Smith (la zapatilla). Esa zapatilla que detrás de su apariencia de básico esconde mil historias.

Uno de mis problemas con la comunidad zapatilla (en general, con todas las comunidades) es la tendencia a la uniformidad. Una conversación sobre zapatillas dentro de la “comunidad sneaker” tiene la misma variedad de opiniones que un encuentro amish. Por eso tengo tendencia a leer las opiniones de zapatillas de gente que viene de otros mundos.

Me interesó desde el primer momento el libro de Leonardo Ferri porque es un periodista argentino que lleva años escribiendo sobre casi cualquier tema. Su punto de vista sobre las zapatillas seguro que era distinto.

Dividido en ocho secciones, se reparten entre historia, tecnología, diseño o cultura sneaker, con lo que la misma estructura del libro ya es distinta a lo esperado. El primer capítulo, sobre la historia de las zapatillas, comienza en 1892 y consigue hacer un repaso completo en unas pocas páginas sin olvidar ninguna clave y aportando datos nuevos (es lo bueno del periodismo bien entendido, que no se contenta con leer el enésimo resumen sino que busca las fuentes). Es cierto que ya hay libros específicos que hablan de la historia de las zapatillas y que por lo tanto son más completos, pero este libro es un correctísimo resumen y una perfecta introducción para noveles.

En cualquier caso, el capítulo sobre la historia es el más normativo. Los siguientes tratan de la tecnología, el diseño o las apariciones en la cultura pop. En lugar de un libro, puede entenderse como un repertorio de reportajes sobre temas relacionados con las zapatillas, para lo que cuenta con entrevistas a grandes nombres (y otros no tan grandes, como un servidor) con una joya final en forma de conclusión. Un ensayo de alguien que sabe escribir e investigar, no de alguien que sabe de zapatillas.

Lo interesante es que viéndolo desde fuera no cae en muchas de las tendencias habituales, aunque se le podría criticar que alguien desde fuera entiende “el mundo de las zapatillas” como algo homogéneo y unitario, como si todos los apasionados por las zapatillas tuviéramos en común algo más que eso.

Un sneakerhead se indignará porque no le dedica el espacio que se merece su zapatilla favorita, pero Zapatillas, funciona perfectamente como una visión general y como introducción. Por ahora editado en papel en Argentina, está disponible en su versión digital en el resto del mundo.

En los últimas días Nike ha sido protagonista de varias noticias. Cuando hablo de noticias no me refiero al último gran lanzamiento cuya nota de prensa acaba replicada a la perfección en todos los medios "de tendencias". Esos son los grandes temas para gente como tú y como yo, pero en cuanto pones un pie en la calle te das cuenta de que a nadie le importa que Supreme intente recuperar unas zapatillas de fútbol callejero. Una noticia tampoco es eso de lo que se habla en twitter.

Las noticias de verdad aparecen en los periódicos, en la prensa generalista e incluso en televisión. Nike ha copado la sección de deportes con una innovación (el chaleco que está usando Rafa Nadal) y una polémica (la de Colin Kaepernick). Las dos bases de la comunicación de Nike en sus primeras décadas, olvidadas en los últimos años en beneficio de un intento de llegar a todo el mundo.

"Si no molesto a nadie, todo el mundo me querrá"

Pero la historia de Nike está llena de bocazas y metepatas. El primer deportista en fichar por la marca fue Ilie Nastase, un polémico tenista que fue borrado de los libros de historia de Nike después de abandonar la marca en beneficio de un alemanes con franjas. La estela de Nastase la siguió McEnroe y más tarde Andre Agassi, todo un revolucionario aunque se tratara solo un asunto estético. El ejemplo de conducta atlética es Steve Prefontaine, un tipo que batalló contra las autoridades atléticas. En el baloncesto se hizo con Darryl Dawkins en los setenta, Charles Barkley en los ochenta y Dennis Rodman en los noventa. El fútbol era el deporte de Cantona y Jorge Campos. Podemos remontarnos en ese espíritu metepatas hasta el principio de la propia marca recuperando una felicitación enviada a Bill Bowerman, que estaba lejos de ser amistosa.

La imagen de Nike era la definición de "maverick" y conseguía que siguiéramos creyéndolo incluso siendo la número uno. ¿Era cuestión de imagen? Seguro, pero esa actitud estaba tan enraizada en su historia que incluso la rebeldía estética terminaba siendo real.

¿Supondrá el apoyo a Kaepernick una caída en ventas? El target del comprador de Nike no es alguien que apoye a Trump. Aunque el target no coincide exactamente con los compradores, la mayoría de los que se han retratado en redes sociales quemando sus Nikes no habían comprado zapatillas de la marca en los últimos años. Puede que muchos compraran Nike Monarch, pero la comunicación de Nike no se dirigía a ellos.

LeBron James de Nike y la estrella de Under Armour, Stephen Curry se negaron a visitar la Casa Blanca mientras estuviera allí Donald Trump. El principal nombre de Puma, Jay Z también se ha mostrado públicamente su postura contraria al señor rubio.

El hombre blanco que quiere quemar sus Nike posiblemente lleva Skechers o New Balance (Made in USA).

¿Apoyar a Kaepernick es un suicidio? En realidad Nike siempre le ha apoyado. Lo hacía cuando jugaba y mantuvo su contrato activo en su etapa de agente libre, aunque no lo usara en sus campañas. La camiseta de Kaepernick seguía entre las 20 más vendidas un año después de su último partido así que no puede hablarse de una apuesta puramente política. Es cierto que después del anuncio las acciones de Nike han caído un 3%, pero no deja de ser una caída relativamente normal (en el gráfico, las acciones de Nike en 2018).

En el siglo XXI la bestia se durmió y dejó de ser la rebelde. De ser el azote del Comité Olímpico Internacional a solucionar el mayor problema de patrocinio olímpico. De diseñar uniformes de fútbol que rozaban la legalidad a vestir a los árbitros. De anuncios en los que sonaban The Stooges a crear unas zapatillas para Kevin Hart.

Para llegar a todos Nike escondió los colmillos y probó con una sonrisa. Ganó, sobre todo, entre los que no distinguen entre uno y otro.

En la última semana Nike se ha puesto de lado de Serena WIlliams frente al presidente de la federación francesa de tenis, ha lanzado una campaña espectacular para activar el deporte femenino en México...y se ha colocado en el centro del huracán junto a Colin Kaepernick.

¿Es esta la vuelta de Nike a la rebeldía?

 

El fútbol y la música han intentado ir juntos en numerosas ocasiones, pero la Copa del Mundo es el peor momento para cogerse la mano.

Las canciones creadas para el Mundial suelen ser más dolorosas que los propios himnos nacionales cantados por los jugadores, con una asombrosa tendencia a convertirse en temas oficiales con incursiones de algunos jugadores que creen que el vocoder es la solución.

Las excepciones son, cuando menos, extrañas. Una de ellas podría ser World in Motion, un tema al menos digno que para los aficionados de New Order es el punto más bajo, quizás porque fue su único número uno. Un tema por encargo que debían interpretar junto a Paul Gascoigne o Peter Beardsley, pero el que consigue aumentar las visualizaciones en youtube es John Barnes, el mediocentro del Liverpool, que rapea oscureciendo a los ex-Joy Division y al actor Keith Allen. Barnes acabó repitiéndolo en un anuncio de Mars, esta vez con una sudera sin marca. Nunca sabremos por qué Barnes llevaba una sudadera adidas cuando la selección inglesa llevaba adidas y él cobraba de Diadora.

Debió gustarle la experiencia al cómico Keith Allen porque creó un nuevo hit futbolero con Fat Les, un supergrupo junto a Alex James (bajista de Blur) y el artista Damien Hirst. La canción, Vindaloo, era una auténtica parodia de las canciones futboleras que podía presumir de tener la letra menos trabajada de la historia. Nah, nah, nah, somos Inglaterra, marcaremos un gol más que vosotros.

No sabemos si el hooliganismo entendió la ironía, pero Fat Les sabía a quien se dirigía, porque el sello con el que distribuyó la canción era Telstar Records, que tenía entre sus protegidos a Victoria Beckham y Vinnie Jones. Telstar era, además, el nombre del balón del mundial de 1970, renovado actualmente con el Telstar 18 con el que se ha jugado en Rusia.

El Mundial de 1998 fue una batalla musical. Además de Vindaloo, Inglaterra se animó con una nueva versión de Three Lions, la que había sido canción oficial de la Eurocopa dos años antes. La actualización de The Lightning Seeds comenzaba con la retransmisión del fallo del penalti que les dejó fuera en 1996. El encargado de errar el tiro fue Southgate, el actual seleccionador inglés, que ha estado veinte años sin escuchar la canción que sus aficionados usan para darle ánimos.

Pero ni Three Lions ni Vindaloo fueron las canciones oficiales, mérito que se llevó How does it feel to be on top of the world, de un supergrupo formado por Echo and The Bunnymen, Space, Ocean Colour Scene y The Spice Girls. Niños que cantan y juegan al fútbol, estrellas del britpop sonrientes con un estribillo que difícilmente puede gritarse desde las gradas, motivos por los que el himno oficial fue superado por Three Lions y Vindaloo.

La selección alemana tiene más suerte dentro del campo que en los estudios de grabación. En 1978 Udo Jürgens, un cantante melódico austriaco que había ganado Eurovision doce años antes puso a la selección alemana a los coros con el resultado que cualquiera podría esperar. Vale la pena aunque solo sea por ver cantar de nuevo a Franz Beckenbauer, que ya lanzó un single en 1966 y una canción con su selección.

Como el asesino siempre vuelve al lugar del crimen, en 1990 Jürgens volvió a animar a la selección alemana. Entre esas dos fechas, 1978 y 1990, Udo Jürgens se encargó de provocar muchas vergüenzas, pero al menos en una de ellas fue un visionario. Fue el primer cantante en tener una línea propia con Puma, por expreso deseo de Armin Dassler, considerado por muchos el culpable del hundimiento de Puma en los ochenta.

La selección alemana de fútbol es el segundo patrocinio deportivo más longevo de la historia (cuando Slazenger empezó a proporcionar pelotas para el torneo de Wimbledon en 1902 todavía no se había creado oficialmente la FIFA). Que su himno fuera cantado por un austriaco relacionado con Puma parecía una venganza, pero parece solo un detalle sin importancia cuando piensas en 1994. La federación alemana eligió para su himno a Village People, una boyband creada artificialmente para atraer al público gay a través de sus estereotipados disfraces.

A aquellos tipos, se les había elegido expresamente por su físico…unos veinte años antes de aquél himno alemán. Tan fuera de su época que ha tenido que pasar un cuarto de siglo para que podamos volver a verlo con una sonrisa.

Si nos ponemos serios y viendo los problemas que luego tuvo Jurgen Klinnsman, el encuentro entre Village People y la selección alemana de fútbol es un ejemplo de las obligaciones normativas en cada grupo social. En el fútbol alemán declararse gay sigue siendo un tabú. Entre los miembros de Village People había heteros que preferían ocultarlo.

Estados Unidos lo intentó con Lupe Fiasco en horas bajas y Argentina en 2018 tuvo la mala idea de incluir la frase "si fallas, más fuerte serás", un boomerang que fácilmente se volvería en su contra. Pero allí han sufrido a Maradona cantando con Pimpinela. Incluso una buena idea, como fichar a Ennio Morricone para el mundial del 78, se convertía en un resultado discutible.

La selección española ha tenido muchos himnos no oficiales (Marwan y Luis Ramiro en 2010) y alguno oficial que mejor olvidar, A por ellos, oé, que consistía básicamente en repetir (y registrar en la SGAE) un grito de guerra de los campos de fútbol. Resultado era imprevisible, ya que los autores habían firmado anteriormente temas clásicos como Qué dificil es hacer el amor en un Simca 1000 o Me duele la cara de ser tan guapo.

La canción, que convertía Vindaloo en una sinfonía agradable al oído, tuvo su momento de gloria un tiempo después. Los autores del tema, La banda del capitán canalla, denunciaron a Izquierda Unida por utilizar "A por ellos, IU" en su campaña.

España tiene una curiosa tradición de antiguos futbolistas reconvertidos en cantantes con resultados desiguales con casos como Julio Iglesias, Álvaro Benito y Melendi. Tres nombres que se hubieran dedicado al fútbol si las lesiones no se lo hubieran impedido, lo que me hace pensar que para mejorar la música nacional habría que implantar servicios médicos de alto nivel en las categorías inferiores del fútbol.

Hacer una canción debe ser dificil. Hacer una canción buena debe ser más dificil y hacer una canción oficial buena para un mundial parece una tarea imposible.

Cada Mundial de Fútbol se convierte en una celebración patriótica, un momento para definir conductas o incluso personas que supuestamente deberían representar a tu estado. Una extraña mezcla de naciones, estados, banderas y federaciones tapadas bajo banderas.

La primera pregunta debería ser ¿a quién representa una selección de fútbol?

Cada equipo de fútbol de la Copa del Mundo es seleccionado por federaciones. Las llamadas selecciones nacionales deberían ser llamadas selecciones federativas, pero decir “selección española” no es un modo de acortar “selección de la federación española”.

¿Qué relación hay entre una federación y un estado? No hay una única relación, hay federaciones que se apoyan en sus respectivos estados, hay estados sin federaciones, federaciones sin estados y federaciones que coinciden con el estado aunque funcionen de modo completamente autónomo.

La FIFA tiene más federaciones que estados hay aceptados por las Naciones Unidas y eso explica la aparición de selecciones que no se corresponden con ningún estado. Quizás lo más nombrado serían casos de pequeños territorios en los que hablar de su carácter estatal es un debate sin fin como Gibraltar o Curazao, pero hay ejemplos mucho más claros.

Inglaterra no es un estado independiente sino que forma parte del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, pero tiene su propia federación, la Football Association (curioso, en su nombre no aparece ninguna relación con Inglaterra ni con Reino Unido). Fundada en 1863 es la federación más antigua y la creadora de las reglas principales, lo que le dio ciertas ventajas. No intentaba representar a ninguna nacionalidad y de hecho en sus orígenes incluía federaciones menores extranjeras.

Creada en 1904, la FIFA estuvo enfrentada a la Football Association y entre sus fundadores había 6 federaciones que sí estaban marcadas por un espacio geográfico concreto…con la única excepción del equipo que hoy conocemos como Real Madrid, representante español entre federaciones, ya que la federación española no se creó hasta 9 años más tarde.

Como federación que inició el fútbol tal y como lo conocemos, la FIFA la aceptó la participación de Inglaterra junto a Escocia, Gales e Irlanda del Norte, pero debido a sus malas relaciones Inglaterra ha abandonado la FIFA en varias ocasiones, motivo por el que Inglaterra no participó en Mundiales hasta 1950. Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda del Norte son selecciones nacionales sin estado.

Si naces en Londres y juegas al fútbol, representarás a la selección inglesa, pero si te dedicas al baloncesto, tu selección sería el Reino Unido de Gran Bretaña. Más divertido aun, los Juegos Olímpicos no se rigen por las normas FIFA sino por sus propios comités olímpicos, por lo que no hay selección inglesa en los Juegos Olímpicos. El mismo tipo puede defender un día a Inglaterra en el Mundial y el día siguiente hacerlo con Reino Unido en los Juegos Olímpicos. Como es el caso de Micah Richards, arriba partiéndose la cara por Reino Unido, abajo por Inglaterra.

Estamos entonces de acuerdo en que no hay relación alguna entre estados y federaciones, más allá del uso de nombres y banderas. De hecho, la FIFA vigila que no haya demasiada relación entre una y otra. En el caso, muy habitual, de que una federación realice cualquier tipo de irregularidad financiera, el intento de un país porque su federación se mantenga en la legalidad puede llevar a una amenaza de la FIFA, como ocurrió en España cuando Zapatero y el CSD conocieron el caso Villar.

Las federaciones se mantienen lejos de los gobiernos estatales y crean sus propias normas. Una de esas diferencias es la consideración de jugador seleccionable para un equipo nacional. En la actualidad, un jugador que haya vivido al menos cinco años en un territorio ya es considerado elegible en el caso de que no haya jugado para una selección anteriormente.

Hay estados en los que la legislación para conseguir la nacionalidad es mucho más dura, así que puedes ser seleccionable por un país pero no tener la nacionalidad. En el caso contrario, puedes tener la nacionalidad pero no ser seleccionable. Incluso puedes ser seleccionable para defender a varias federaciones. Un jugador con doble nacionalidad, como es el caso de Messi, tiene los mismos derechos que cualquier otro ciudadano de esas nacionalidades, excepto jugar en las selecciones.

En la España franquista, tan obsesionada con las banderas, no tenían problema en adoptar a Kubala, que había defendido antes las de Hungría y Checoslovaquía y Di Stefano, que había representado a Argentina y Colombia.

Las federaciones de fútbol son empresas sin relación con el estado al que dicen representar, pero han sabido jugar con las banderas en beneficio propio. Las selecciones de fútbol representan a federaciones, no a países, por lo que tienen sus propias normas e incluso colores propios.

Una mezcla en la que se analizan los antepasados de algunos jugadores o se critica que uno beba la bebida nacional de otro país pero pueden enfrentarse Gales y Reino Unido, que comparten pasaporte.

En la presentación oficial de las Jordan XX9 un fotógrafo pidió al diseñador Rob Bruce que abriera los brazos y se dejara fotografiar con la Jordan XX9 en la mano derecha en la pose que hizo popular el propio Jordan. Rob sonrió y soltó una broma para no ser retratado de esa guisa, mejor no compararse con Michael.

Maya Moore quiere ser como Jordan. Bueno, al menos ella juega al baloncesto y lleva sus zapatillas, pero no todo el mundo se atreve a imitarle. Jordan, la marca, ha utilizado la imagen de Moore emulando a su ídolo en el Target Center, el pabellón de su equipo. Pero hay algunos detalles curiosos.

Pero vamos a Maya. El anuncio es de Jordan, pero al tratarse de un anuncio que iba a colocarse en el pabellón del equipo, han preferido usar la camiseta de los Minnesota Lynx. En la foto de Michael llevaba la de los Bulls, así que estaba justificado. El problema es que hasta hace unos días los Lynx vestían adidas. En la foto final (arriba) han cortado justo donde las tres franjas se hacen visibles, pero en el video se aprecian de un modo que parece innecesario.

¿Mostrar tan descaradamente a adidas en un anuncio de Jordan? ¿Puede ser un fallo? La agencia es W&K, que lleva trabajando con Nike desde principios de los ochenta. El director, Nabil Elderkin, ya había trabajado con Nike (Everything is Practice, con Spike Lee) y creado campañas para Beats by Dre (el famoso anuncio de la Copa del Mundo de 2014) o vídeos para Frank Ocean (Novocane, Pyramids), Kanye West (Coldest Winter, Welcome to Heartbreak) y Anthony and the Johnsons (Cut The World). A esos niveles un fallo no parece que sea una opción.

Pero lo más divertido llega a la hora de esconder el logo de adidas del tirante derecho. ¡Con el pelo! En la foto del media day de principio de la temporada 2017 no tenía muchos problemas por dejar ver el logo de adidas (o tenía el pelo más corto).

Ahora viene lo raro; esta temporada la WNBA viste Nike. Cuando se presentó el anuncio de Jordan, los Lynx ya jugaban con equipaciones Nike. Es decir, en el anuncio que ha dado la vuelta al mundo la estrella lleva el uniforme de una temporada anterior, con una marca distinta. Pelea de marcas con carácter retroactivo.

En cualquier caso, Maya no ha sido la primera que imita a Michael para un anuncio de Jordan.

 

 

 

 

 

 

 

1 Comment

Llega un momento en el que ya conoces perfectamente las principales ciudades del mundo y empiezas a elegir localidades más pequeñas a las que no irías de otro modo. Pues eso es justo lo que he hecho yo, pero sin conocer las mayoría de las grandes ciudades del mundo.

Pasear en Toulouse. Pasear y mirar. Y acabas viendo zapatillas, claro. Toulouse es un tiovivo de Stan Smith, CT300, Club C y Max TN, perfectamente estratificadas por grupos, con la aparición estelar de Veja, una compañía francesa que va del comercio justo al hype de marcas lacias. Sí, lacios, esa tribu estético-social de pose lánguida y prendas básicas que pueden costar más que todo el brillo de un italiano. Todos los lacios llevan Veja (o Zespa, otro descubrimiento).

El buen gusto francés es tan monolítico como el mal gusto español. Cuando todo el mundo viste igual acaba derribándose la frontera entre el bien y el mal. Es solo lo que todo el mundo lleva. El buen gusto francés es realmente diferente en las señoras a partir de los 50. Macron me libre del MILFismo, pero es más fácil encontrar una señora elegantísima que un señor sin un pan bajo el brazo. Todas jugando con la frontera que separa el bien vestir de disfrazarse de arquitecto-artista.

Durante varios días, mi pensamiento obsesivo solo repetía una idea ¿podré contar que no he visto ni una sola prenda Supreme? Un tipo me estropeó el comentario en el último momento y le perseguí durante unos cientos de metros para comprobar si era un español de Erasmus. Este tipo y su mochila Supreme evitaron que pudiera decir que no había visto nada Supreme, pero nada evitará que cuente que estuve a punto de no ver nada Supreme. Tampoco vi nada Off-White, al menos en las calles, porque sí que había una tienda que vendía sus productos, justo al lado de Margielas y Balenciagas. Estaba vacía. A unos metros, una ordenada y paciente cola salía de una librería. Quise saber quién firmaba pero me dio miedo a que fuera un cantante de su Factor X y eso destrozara mi teoría biempensante.

Las tiendas. Una ciudad con menos de medio millón de habitantes y tiendas en las que puedes encontrar Edwin, Clarks Originals, Pro Keds, Beams e incluso Nanamica, mezclado con producto vintage. Tiendas de baloncesto con Air Pressure destrozadas. Tiendas físicas sin web, sin instagram y con facebook sin actualizar en los últimos meses. Tenderos que te cuentan cómo compraron pantalones de la armada francesa para customizarlos. Tiendas en las que sigue habiendo catálogos en papel.

Vuelvo con miedo a que Patagonia sea la nueva marca de moda o que Kanye lleve Novesta después de un viaje de amor a Toulouse.

 

1 Comment

La invitación para el último evento de Puma con JD Sports en Londres, House of Hustle, venía en una caja de zapatos llena de billetes falsos, una tarjeta y un teléfono básico con mensajes que te invitaban a pasar la “trap line” (los teléfonos básicos son usados porque son mas difíciles de rastrear). Por si alguien no pillaba las referencias a las drogas, el local estaba ambientado como un narcopiso, o al menos la imagen de un narcopiso que puede tener una agencia especializada en influencer engagement y brand experience (sí, evidentemente la agencia habla constantemente de “cultura de la calle”).

Los invitados aceptaron bien la nueva experiencia, una especie de disneylandia de la venta de drogas que te hacía sentir durante un par de horas como el malote al que imitan en las fotos. Pero algunos trabajadores sociales londinenses se han levantado contra la glamourización de las drogas en una ciudad con serios problemas de violencia relacionada con las ellas.

No es nada nuevo. Una camello siempre ha sido un tipo con dinero y con poco interés en su futuro que gastaba mucho en ropa y zapatillas. Pero sí es algo más nuevo que las marcas lo utilicen. Muchas de las campañas de marcas deportivas ideadas en oficinas en las mejores calles tienen un concepto cinematográfico de los barrios, una imagen bucólica de las drogas y la violencia empaquetada para el consumo de aburridas clases medias que quieren una experiencia de fin de semana.

En esta ocasión Puma y JD Sports han demostrado precisamente no conocer Londres uniendo su imagen a las drogas en un momento en el que la violencia relacionada con ellas ha provocado 50 muertos en los últimos cuatro meses. Nada nuevo, una tienda española creó una campaña alrededor de un robo en un mes en el que 40 tiendas vecinas habían sido atracadas. En el caso de Puma, trabajadores sociales londinenses iniciaron una campaña contra la marca que ha provocado una inocente nota de disculpa en la que Puma lamenta el uso de cierto lenguaje que “en ciertos contextos puede ser asociado con la venta de drogas”. No debió usar la palabra Trap, pero no se menciona la ambientación del local, la caja con dinero ni el teléfono barato.

La gente real de las calles vista desde la quinta planta de un edificio de oficinas. Seguro que alguno afirma haber salido de aquellos barrios como una patente de corso. Los barrios son así, vamos a venderles un paseo por el zoológico a los chicos buenos, que volverán a sus casas después de vivir una apasionante experiencia.