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Cuando hablamos de la Jordan XI apetece enumerar una ristra de palabras que han perdido el significado por el sobreuso. Míticas, históricas, épicas… palabras que parecen existir solo para hablar de las Jordan XI. Vamos a los datos, más allá de los tópicos. ¿Por qué son un mito?

-Aunque no fue la primera signature, Nike tuvo que plantearse problemas que no habían surgido hasta entonces. ¿Qué hacer cuando Michael se retirara? Para muchos, Jordan no tenía sentido sin Michael. Para Tinker Hatfield, Jordan tenía peso para crear una marca, como antes habían hecho Fred Perry o Lacoste. El éxito de la Jordan XI le dio la razón y facilitó que se creara un “Jordan Team” alrededor de Michael. Sin ellas hubiera sido más dificil que Jordan existiera hoy como marca.

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-La Jordan XI que conocemos como Space Jam fue una combinación de colores creada para la película, pero en su momento no llegó a ponerse a la venta. Tal y como había ocurrido años antes con la Nike Mag de Regreso al Futuro II o incluso con Los Goonies, eran zapatillas que veíamos en pantalla pero no podíamos comprar. Una zapatilla inalcanzable la convierte en mito.

-En el año 2000, después de años de peticiones, Nike se decide a lanzar la Jordan XI en los colores de Space Jam. El modelo original de la película combinaba el negro con el color “concord” (más cerca del morado), sin embargo en pantalla parecía azul. Cuando Nike puso el modelo en las tiendas, eligió el azul. Es decir, lanzó la zapatilla que todo el mundo buscaba, no la real.

-Aquella primera edición de las Jordan XI “Space Jam” cambió también el modo de entender los lanzamientos. Hasta entonces las fechas de lanzamientos se colocaban durante la semana, pero las protestas de las asociaciones de padres de alumnos hizo que se trasladaran a los sábados. Los menores preferían hacer cola por unas zapatillas que asistir a clase.

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-Incluso hay mitos que rodean al propio mito de la XI. Michael propuso como idea central una zapatilla que pudiera llevarse con traje y de ahí surgió la opción de utilizar patent leather. Tinker Hatfield cuenta que un día recibió una llamada de Michael y al descolgar todo lo que escuchó fue un grandioso ¡te lo dije! Se refería a Boyz II Men, un grupo que en ese momento aparecía en la tv con traje y Jordan XI en una ceremonia de entrega de los Grammys. La otra parte lo cuenta de un modo distinto. Shawn Stockman, de Boyz II Men, recuerda que Michael les convenció para que las llevara. La verdad es que nadie ha encontrado fotos de Boyz II Men con las Jordan XI en aquella ceremonia, para alimentar aun mas el mito.

Michael Jordan puso una condición para rodar Space Jam, Warner debía montar un gimnasio en el set de rodaje. No estaba satisfecho con su rendimiento en la vuelta al baloncesto, necesitaba un duro verano de entrenamientos. Por allí pasaron muchos de los jugadores que formaban parte del Breakfast Club y algunos de sus más odiados enemigos, además del propio director, Joe Pytka, que insistía en jugar en el equipo contrario a Michael. Según decía, así al menos podía tocar la bola.

La vuelta de Michael llegó a tiempo para darle un empuje a las Jordan X, una zapatilla que se había desarrollado a espaldas del jugador y que se planteó como el último modelo de la saga. Los logros que aparecen en la suela exterior eran una especie de Curriculum, un repaso a una época. Sin embargo, la idea de Tinker Hatfield no era esa. Desde la Jordan II, Peter Moore y Rob Strasser habían diseñado un plan para convertir a Jordan en una marca, que comenzó eliminando swooshes y debía finalizar en la creación de una imagen de marca distinta. Hatfield apostaba por continuar con Jordan y la vuelta de Michael le dio la razón. La Jordan X se diseñó entre las discusiones de Nike ¿la retirada de Michael debía suponer el fin de las zapatillas Jordan? Nadie le mostró el producto final hasta que estaban en producción.

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A regañadientes, Michael volvió a las canchas con las Jordan X. Exigió un cambio de diseño para eliminar la pieza de la puntera pero parecía aceptar que debía esperar hasta la siguiente temporada para disfrutar de un nuevo modelo. En una sesión de entrenamiento de los playoffs de 1995, Michael recibió un prototipo de lo que debía ser su siguiente zapatilla. Aquella caja contenía un aviso: se trataba de un prototipo que no llegaría a las tiendas hasta unos meses después, no debía usarlas en lugares públicos. Pero Michael Jordan no les hizo caso y se dejó ver con ellas. Los teléfonos de Nike se colapsaron cuando un periódico de Chicago publicó una foto de Michael entrenando con aquellas zapatillas, nadie sabía nada de aquella misteriosa zapatilla.

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Había que aprovechar que Michael volvía para desarrollar la marca. Tinker había diseñado sus nuevas zapatillas alrededor del “patent leather”, la piel brillante. Hacía años que le daba vueltas a cómo podía jugar con ese material, hasta que Michael le pidió unas zapatillas “que pudiera llevar con traje”. No se trataba solo de un elemento estético, tenía sentido usar patent leather en las zonas de más rozamiento. El elemento inspirador para las líneas de la Jordan XI fue una máquina cortacésped, 100% funcional. Otro imprescindible de aquella zapatilla era la placa de fibra de carbono, un material ligero que actuaba como plataforma de lanzamiento gracias a su rigidez. La combinación fibra de carbono + patent leather era novedosa y funcional pero dura y poco transpirable, por lo que se eligió una malla muy cerrada (ballistic mesa) en la parte superior que aligerara el conjunto. Todo eso lo descubrimos mucho después, en aquél momento estábamos cegados por el brillo de aquel nuevo material.

Durante los dos primeros partidos de la serie contra Orlando en 1995 Michael usó el prototipo de la Jordan XI blanca y negra (la que conocemos ahora como Concord). La zapatilla blanca y negra contravenía la política de uniformidad de la NBA, tal y como había pasado 11 años antes. Los Bulls debían jugar con zapatillas negras, por lo que Michael Jordan fue multado por los dos primeros partidos.

Pero no fue la única multa. Tras su primera despedida, los Bulls habían retirado el 23 como homenaje a Jordan, por lo que nadie podría volver a llevarlo. En una situación kafkiana, Michael Jordan no podía jugar con el 23 porque era un número se había retirado en honor a él. Y así fue hasta el primer partido de la serie contra Orlando. A falta de 18 segundos los Bulls ganaban de uno y Jordan tenía el balón. En otro momento el partido hubiera estado decidido, pero Jordan en ese tiempo perdió un balón y falló un pase, Michael se quedó en 19 puntos y los Bulls perdieron 108-102. Nick Anderson en la rueda de prensa recordó que se enfrentaban al número 45, no al 23. El nuevo Michael no era el antiguo Michael.

En el segundo partido de la serie Michael respondió: jugó con el 23 y se fue hasta los 38 puntos. Fue multado con 25.000 dólares por llevar el 23 y 5.000 más por usar zapatillas que no tenían los colores adecuados. Una victoria costosa.

Para el tercer partido contra Orlando ya llevó zapatillas negras, aunque no eran las XI. En la elección más extraña de su carrera, Michael Jordan se enfrentó a Penny Hardaway con las Flight One, la signature del jugador de Orlando. Eso sí, Michael cortó el tirador de la Flight One donde aparece el dorsal de Penny. Por primera (y única) vez en su carrera, Michael jugaba con las zapatillas de otro jugador…y las usaba para enfrentarse a él. Jordan se fue hasta los 40 puntos, pero perdió el partido.

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Para los partidos 4º, 5º y 6º jugó con las XI que luego veríamos en Space Jam. Estaba pensada como un prototipo de juego por lo que llevaba el 45, el número que Michael Jordan llevaba en su vuelta y hubiera seguido llevando sin aquella rueda de prensa de Nick Anderson.

La versión que llega a las tiendas a finales de 2016 lleva igualmente el 45, a pesar de que en Space Jam sí que llevaba el 23. Si queremos ser serios, la Jordan XI que llegan a las tiendas no son las Space Jam sino las “Orlando Series 1995”.

El impacto de Jordan en el deporte tiene tantos puntos álgidos como zapatillas tenía el propio Michael. Pero socialmente en España hay dos momentos, dos chispas, en las que se convirtió en un fenómeno cultural, 1992 y 1996.

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Antes de esas fechas Michael ya había visitado España. En 1990 viajó a Barcelona dentro de una gira europea organizada por Nike (Jordan como marca aun era un boceto). Desde luego que provocó histeria, pero solo entre un puñado de aficionados al baloncesto. Visitó el Estadio Olímpico de Montjuic y las obras del Palau de Sant Jordi, se hizo fotos con Villacampa, fue jurado de un concurso de mates y se cascó 37 puntos como estrella invitada del All Star de la ACB (jugó cada mitad con un equipo, primera parte de naranja, segunda parte de azul. Algún día lanzarán una edición especial de la Jordan V en recuerdo a ese día).

Michael Jordan era el ídolo de una generación que se había enganchado al baloncesto en 1984, con la plata de Los Ángeles, pero seguía siendo solo un gran jugador. Más allá de las canchas no era un nombre que sonara. Por resumirlo mucho, tu eras capaz de imitar todos los movimientos de Michael, pero tu madre no sabía quién era Michael Jordan.

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Todo cambió en 1992, ya tenía el prestigio de ganar un anillo NBA y su participación en el Dream Team olímpico sirvió para que Jordan pasara de ser una estrella del deporte a ser simplemente una estrella. 1992 fue el año en el que tu madre te avisaba de que en la tele están hablando de “ese jugador que te gusta tanto”. Incluso salía en videoclips con Michael Jackson.

El siguiente paso fue definitivo. Reconvertir al deportista en un mito cultural. Y el motivo fue Space Jam, la película que acaba de cumplir 20 años.

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Hace unos días Jordan preparaba una proyección de la película que servía como enlace para presentar la nueva campaña-aniversario de Space Jam. Jordan (la marca, no el jugador) me pidió que dedicara unos minutos a desgranar la película antes de la proyección. Algo tan complicado como pedirle a un cura que te resuma la biblia en 3 minutos. Evidentemente, no lo conseguí.

El estreno de Space Jam me pilló en la veintena, cuando tu plan perfecto para un viernes noche no era ver una película de dibujos animados. En cualquier caso, era una película protagonizada por un jugador de baloncesto y un conejo, no podías esperar que aquello tuviera mucho sentido. Tardé un tiempo en ver la película y mucho más en darme cuenta de la importancia cultural de Space Jam. No escondía que era un producto comercial que intentaba copiar el éxito de merchandising de Star Wars y otras películas que conseguían vender más merchandising que entradas. No era una marca la que vendía su producto sino David Falk, el agente deportivo, el que colocaba a sus clientes en pantalla. Cuando salías del cine no querías comprar las zapatillas de Michael Jordan, querías comprar a Michael Jordan.

Que David Fallk utilizara Space Jam como expositor de sus estrellas tenía algunos puntos positivos. Las marcas tenían un peso menor, no sentías que estuvieras viendo un anuncio de Nike de 90 minutos (algo muy complicado porque la película se basaba en anuncios de Nike). A diferencia de otras en las que el product placement es avasallador, en Space Jam podías ver en el mismo plano a Jordan con Nike, Bogues con Reebok, Larry Johnson con Converse y Ewing con Ewing. En una maniobra que nunca llegué a entender, tanto los Looneys como los Monstars, los personajes dibujados, no llevaban zapatillas de marca (Warner Bros intentaría lanzar su propia marca poco después). En los anuncios de Jordan y Bugs Bunny, en el plano estrella el conejo se colocaba las Jordan VII, en la película no. Space Jam no era un anuncio de zapatillas, era un anuncio de Falk.

Y como no era un anuncio de zapatillas, aparecían zapatillas que ni llegaron a ponerse a la venta. Tal y como ocurrió años antes en Regreso al futuro II, veíamos zapatillas que (pensábamos) nunca se pondrían a la venta. Ya estábamos en un mundo extracomercializado e incluso en Space Jam se rien de la situación cuando Stan le dice a Michael “ponte tus Hanes, abróchate tus Nikes, cómete tus Wheaties y tómate tu Gatorade. Pasaremos por un Big Mac de camino al estadio”. Nike aprovechó Space Jam para lanzar una colección inspirada en la película, pero el producto que veíamos en pantalla nunca lo conseguirías. Space Jam era un anuncio, pero parecía desaprovechar la ocasión para vendernos zapatillas.

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Michael Jordan explotó comercialmente con los anuncios de Spike Lee. Mars Blackmon, el personaje interpretado por el propio Lee, no solo era la pareja ideal para un Michael Jordan que aun no estaba cómodo delante de las cámaras. Mars Blackmon había nacido en una película, She´s Gotta Have It (Nola Darling) y dio el paso a los anuncios. David Falk, el agente de Jordan, se preguntó si podría seguir el camino contrario, de los anuncios al cine.

Nike y su agencia publicitaria, Wieden&Kennedy, habían conseguido llegar a un acuerdo con Warner Bros para recuperar la imagen de Bugs Bunny en la campaña para las Jordan VII. Era la época dorada de los blockbusters de Disney (La Sirenita en 1989, La Bella y La Bestia en 1991, Aladdin en 1992) y Warner se había convertido en una compañía envejecida. Asociar a tu personaje estrella con Michael Jordan parecía la jugada definitiva, aunque Warner no lo tuvo claro desde el principio.

¿Cómo eran aquellos anuncios? Bugs Bunny ocupaba el lugar de Spike Lee como pareja humorística de Jordan y el encargado de dirigirles era Joe Pytka, un especialista en anuncios y videoclips (Michael Jackson, The Beatles) que ya había trabajado para Nike en algunos de los clásicos anuncios-collage en los ochenta.

La decisión de Michael de retirarse frenó la serie de anuncios con Bugs Bunny, pero no la decisión de crear una película. La idea de Space Jam venía de David Falk, el agente de Michael Jordan y también de Charles Barkley, Muggsy Bogues, Pat Ewing o Shawn Bradley (todos ellos aparecen también en la película). El problema llegaba a la hora de encontrar actores que estuvieran dispuestos a compartir plano con un conejo y un atleta. Bill Murray tenía cierta relación con el baloncesto…y con algunos de los productores de Space Jam. Otro de los actores de la película, Wayne Knight, había aparecido en Seinfeld, así que puede presumir de haber trabajado con Jerry Seinfeld y Michael Jordan, dos mitos del mundo zapatillero. En alguna ocasión Bill Murray ha dicho que nunca ha visto Seinfeld, pero ha compartido planos con Hiroshi Fujiwara en Lost in translation, que tampoco está mal.

El rodaje de Space Jam fue en sí histórico. Michael pidió tener una cancha para poder entrenar en los parones del rodaje y allí se montaron algunos de los mejores partidos de aquel verano. El propio director, Joe Pytka, participaba en esos partidos, aunque siempre lo hacía frente a Michael Jordan...para poder tocar algún balón, según dijo él mismo. Para terminar de cerrar el círculo, Pytka quiso que Spike Lee colaborara en el proyecto, pero Spike Lee y Warner habían tenido serios problemas con la financiación de Malcolm X y Spike acabó pidiendo ayuda a Michael Jordan.

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Pytka, con melenas y descalzo. Jordan, con IX y sin pelo.

Para tratarse de un producto creado por David Falk, sorprende que se hiciera un uso tan moderado de las marcas. Michael Jordan aparece con algunas Nike además de Jordan IX y XI. Era el momento de la Jordan X, pero todos sabemos que aquella no era la zapatilla del agrado de Michael. Space Jam creó algunos mitos como aquella Jordan XI negra y azul que acabó usando en cancha después de que la NBA le sancionara por usar la versión blanca y negra.

Space Jam fue un completo éxito de taquilla y se convirtió automáticamente en un modelo a imitar, aunque en realidad ella misma imitaba a Star Wars. David Falk supo vender la película a Warner como una posibilidad de vender merchandising y así lo hizo. Sin embargo, la idea quedó fuera de las zapatillas, lo que aumentó aun más el mito de aquellas Jordan XI. Tuvimos que esperar hasta el año 2000 para que llegara a tiendas. El recurso de los extraterrestres los volvió a utilizar Jordan para enfrentar a Blake Griffin contra Melvin en un concurso de mates. Pero por primera vez Jordan recupera Space Jam y lanza una colección con Jordan XI, IX, XXXI, I, I Ultra High (muy evitable) y Trainer en los colores asociados a la película, además de una línea completa de textil.

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PD: Ni una palabra de las Jordan II de Bill Murray ni de las Nike Max Triax de Michael Jordan.

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New Balance la ha liado. De repente se habla de New Balance en los informativos de medio mundo y las imágenes de gente quemando sus zapatillas han sido repetidas hasta la saciedad. Todo comenzó con un tuit... o quizás comenzó mucho antes.

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Sara Germano escribe sobre la industria deportiva en Wall Street Journal, pero afortunadamente es tan activa en twitter que no es necesario leerse por completo el Wall Street Journal para conocer algo más de las marcas deportivas. Fue ella quien inició el fuego con un tuit en el que reproducía un comentario de New Balance “la Administración Obama hizo oídos sordos y, francamente, con el presidente electo Trump creemos que las cosas van a avanzar en la dirección correcta”. No era un comentario oficial de la marca pero casi, porque venía de Matt LeBretton, Vicepresidente de Public Affairs de New Balance, alguien que debía saber qué palabras utilizar cuando habla con una periodista. LeBretton tampoco cuida sus redes sociales; en twitter no es demasiado activo (tiene 416 seguidores) y sin bucear demasiado puedes encontrar comentarios de apoyo al senador republicano Patrick O´Connor, aunque tampoco se mostrara muy partidario de Trump.

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New Balance se ha lanzado a aclarar las palabras de LeBretton con un comunicado que habla de la comunidad y del apoyo a los trabajadores de todo el mundo de un modo tan vago que podría referirse a las palabras de LeBretton o a una invasión extraterrestre.

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El trasfondo es que New Balance es ahora mismo la única gran marca deportiva que fabrica en Estados Unidos (parece que adidas y Reebok están dispuesta a hacerlo pronto). La administración Obama es la principal impulsora del tratado de libre comercio conocido como TTIP que facilitaría el intercambio de bienes entre Asia y Estados Unidos. El acuerdo tiene algunas lagunas que tienen que ver con las condiciones de los trabajadores y de los productos creados, pero las marcas se pelean por otro tema. Reducir ciertos aranceles beneficiaría a la mayoría de las marcas que fabrican en Asia por lo que todas se han mostrado públicamente de acuerdo (Nike llegó a recibir a Obama en las oficinas centrales de Oregón).

La mayor parte del producto New Balance también se beneficiaría de ese acuerdo, pero no lo haría el elemento diferenciador de New Balance: el producto fabricado en Estados Unidos.

El boom del material deportivo en los setenta llegó con la externalización de las fábricas. Nike llevó la teoría de las cámaras fotográficas a las zapatillas. Si los japoneses copiaban cámaras alemanas, podrían hacerlo también con las zapatillas. Poco a poco los japoneses se fueron haciendo más caros y las marcas llegaron a otros países. En la mayoría de los casos las marcas norteamericanas dejaron de fabricar en Estados Unidos y puede que ese fuera el motivo del descalabro de Converse. New Balance mantuvo la fabricación en Estados Unidos para una parte de sus productos, aunque tal y como hacen la mayoría de las marcas, juegan con la legalidad para recibir el sello de MADE IN USA. Algunas marcas, por ejemplo, fabrican en la isla de Guam, un estado libre asociado a Estados Unidos con mano de obra y sueldos chino-filipinos que le permite identificar sus productos como Made In USA. New Balance ha tenido constantes disputas con la Commision Federal Trade (FCT), la oficina encargada de reglar el uso de la etiqueta Made In USA. Según el FTC, para llevar la etiqueta Made In USA un calzado debe estar fabricado en Estados Unidos en su totalidad o en “su practica totalidad”, un concepto bastante amplio. New Balance crea sus propias reglas y entiende que puede usarlo cuando el 70% de una zapatilla está creada en Estados Unidos. Incluso se refiere a sus productos como “ensamblados en Estados Unidos” a partir de materiales extranjeros.

El motivo por el que New Balance sigue fabricando (o ensamblando) zapatillas en Estados Unidos no es por la calidad del producto sino por marketing patriótico, el 20% de las NB compradas en Estados Unidos está fabricada allí. Estados Unidos nunca tuvo una herencia zapatera como puede tener Italia, fabricar en Estados Unidos es una elección patriótica, una apuesta por el mercado interno. Un caso interesante sería el del sello Made in UK, ya que New Balance empezó a fabricar en Reino Unido en 1982, cuando la mayoría de las marcas buscaban a Asia.

¿Tiene algún sentido que desde New Balance se defienda a Donald Trump? Podríamos pensar que el TTIP, el acuerdo de libre comercio de Obama, podía ser perjudicial para la fabricación Made In USA, pero el montante mayoritario de ventas de New Balance viene de producto fabricado en Asia. Además, Trump no es el único en rechazar el TTIP, Hillary Clinton también está dispuesta a paralizarlo.

¿Hay algo más? Cada marca elige consumidores. Nike siempre ha hecho público su apoyo a la comunidad LGTB, no sabemos si por principios o porque cree que puede vender más entre ese público. En Marzo de 2015 el propio CEO de Nike hizo público un comunicado criticando las leyes anti-LGBT de Indiana. Adidas históricamente ha intentado mojarse menos, pero en los últimos años ha comenzado a mostrarse políticamente comprometida. Cuando New Balance (o al menos uno de sus Vicepresidentes) defiende públicamente a Donald Trump ¿está eligiendo a sus consumidores? Al fin y al cabo, New Balance siempre ha sido la marca del hombre blanco norteamericano.

Más allá de un comentario desafortunado (que lo es), es una muestra del estilo elegido por New Balance. Por eso coloca en un puesto de vicepresidente de asuntos públicos a un tipo capaz de defender públicamente a Trump justo en el momento en el que una masa de manifestantes (que también son consumidores) grita en las calles. Solo está eligiendo consumidores.

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El verano en la NBA es el momento de los rumores, pero los rumores de 2003 estaban centrados en las zapatillas de LeBron James. En sus años de High School LeBron se dejaba querer por todas las marcas aunque finalmente fue Nike la que puso sobre la mesa 90 millones por un jugador prometedor pero que aun no se había enfrentado a nadie que pudiera beber una cerveza legalmente.

Trece años después suena extraño, pero en ese momento los tres jugadores que vendían zapatillas eran Iverson (Reebok), McGrady (adidas) y Jordan. Shaq vendía millones de sus baratijas y Kobe Bryant había finiquitado su contrato con adidas después de comprobar que no tenía la capacidad de vender que se le suponía (o al menos eso pensaba adidas). Nike tenía que apostar a lo grande; LeBron y Carmelo, que unas semanas después serían números uno y tres del draft (el dos fue para Milicic). El precio era alto, 90 millones por 7 años, unos 13 millones al año. Por poner la situación en perspectiva, 13 años después se habla del acuerdo histórico de adidas con Porzingis cuando las cifras son de 3-5 millones por año.

El miedo de Nike venía de Reebok y la entonces emergente And1. Dos años después adidas compró Reebok mientras que And1 fue desapareciendo poco a poco de la NBA. Nike se quedó con los jugadores y adidas se vio obligada a responder haciéndose con los equipos.

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¿Y LeBron? Además de aquellos 90 millones, puso su maquinaria social a las órdenes de LeBron, que recibió una visita de Michael Jordan para convencerle de que Nike sería el mejor destino. Con una diferencia fundamental, la primera Jordan no era más que un refrito de modelos existentes con un nuevo color (lo sé, ese comentario duele). Tres históricos diseñadores de Nike, Tinker Hatfield, Eric Avar y Aaron Cooper, presentaron a LeBron la que sería su primera zapatilla, Zoom Generation, que no tendría su nombre en un intento de calmar el hype creado por su llegada a la NBA. Michael Jordan sufrió las iras de los veteranos como Isiah Thomas o George Gervin porque consideraban que un novato no debía tener una zapatilla con su propio nombre. LeBron prefería entrar sin hacer tanto ruido.

El diseño se suponía inspirado en el Hummer H2, un coche que recibió como regalo de cumpleaños y que le creó ciertos problemas a LeBron (se suponía que un jugador de instituto no debía cobrar y no podía aceptar regalos). En los primeros bocetos se aprecia un logotipo con 5 franjas porque Nike planteó la posibilidad de que LeBron jugara con el número 5, que hacía referencia a su estilo de juego total. El logo, evidentemente, fue deshechado una vez que LeBron eligió el 23.

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Tal y como había ocurrido durante sus partidos en St Vincent-St Mary, durante la pretemporada todo el mundo esperaba algo nuevo en sus pies. Sin embargo LeBron eligió Jordan IX, III, Huarache 2K3 y dos colores de una Ultramatic que pasaba por ser una zapatilla seria para juego, sin el más mínimo interés por las fotos.

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Su primer contacto con la Zoom Generation fue la grabación de un anuncio para Nike y las fotos no le muestran demasiado entusiasmado. Si te entregan unas zaptaillas con tu nombre ¿te importarían los calcetines y la banda para el pelo? Si te preguntas cómo eran las cosas hace 13 años, LeBron tenía un Nokia.

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El 29 de octubre de 2003 las estrenaba en cancha frente a los Kings. 13 años después se plantea la posibilidad de una reedición y el propio LeBron ha sido el primero en avivar el fuego al llevarlas en un entrenamiento durante las últimas finales.

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Suzhou Tianyuan es una compañía china que fabrica 10 millones de prendas, principalmente para adidas, pero también para Reebok y Armani. Hasta ahora sus cinco fábricas estaban situadas en China, pero acaba de anunciarse que a finales de 2017 abrirá una nueva planta en Arkansas, una tendencia que le da la vuelta a lo habitual. El niño que muerde al perro.

Para conocer el verdadero significado habrá que esperar más allá de 2017, pero tiene sentido cuando lo relacionamos con las Speedfactories que adidas está desarrollando en Alemania para reaccionar con mayor velocidad a las exigencias del mercado. Suzhou Tianyuan trabaja con H&M y Zara, así que sabe mucho de velocidad. Y puede ser aún más veloz si trabaja desde Estados Unidos.

Un anuncio que llega el mismo día en el que Reebok muestra su futuro, Liquid Factory. Una nueva tecnología que no sabemos si mejorará el rendimiento, pero además de sorprender, demuestra lo que se puede hacer sin la intervención de ningún trabajador. Un sueldo norteamericano sigue siendo más caro que uno asiático por lo que la vuelta de las fábricas a Estados Unidos debía esperar a que funcionaran con el mínimo personal posible. ¿Es ese el verdadero sentido de las Liquid Factory?

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Esta semana se cumplían 20 años del gol de Ronaldo al Compostela, considerado como uno de los mejores goles de la historia. Y con aquel gol comenzaba una pelea en los tribunales que finalizó trece años después.

Nike quiso utilizar las imágenes de ese gol en la campaña para celebrar el Player Of The Year 1996 y compró los derechos de las imágenes a la LFP por lo que hoy serían algo más de 30.000 euros. El anuncio mostraba las imágenes del gol y se preguntaba ¿y si un día le pides a dios ser el mejor jugador del mundo y dios te escucha?

El problema es que 7 jugadores del Compostela pensaron que se había utilizado su imagen sin permiso y demandaron a Nike en un juicio que se prorrogó hasta 2009. El Tribunal Supremo acabó desestimando la demanda ya que la imagen de los jugadores se había cedido a la LFP, que se había encargado de venderla a Nike. En cualquier caso, Nike en ningún momento hacía menoscabo de los jugadores por lo que rechazaba también la otra línea argumental de la demanda.

Evidentemente, ninguno de los 7 jugadores demandantes llevaba Nike (Ronaldo llevaba unas Tiempo). William Amaral de Andrade, Javier Bellido Plaza, Frank Passi, Fabiano Soares Pessoa, Jose Ramón González Pérez, Mauro García Juncal y Chiba Said incluso aparecían en el anuncio de Nike con adidas, Reebok, Kronos, Uhlsport, Asics o Umbro. Tampoco llevaba Nike Fernando Peralta, el portero, que no demandó a Nike.

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En 2006 la gente hablaba de Lara Croft, Pablo Escobar era un narco, no una serie, en el Real Madrid jugaba Robinho y en la NBA podías ver Converse, Reebok y And1. Aun no existían los iPhone, el iPod Nano tenía una capacidad de 1Gb y la gran multinacional de la innovación era Nokia.

El 12 de octubre de 2006 yo tenía el día libre y por fin pude publicar la primera entrada de un blog de zapatillas, tal y como llevaba meses pidiéndome @deniman . Desde mitad de los ochenta la gente me recuerda recopilando información sobre zapatillas y parecía lógico que todo aquello se hiciera público. Con aquella primera entrada intentaba establecer lo que se podía esperar de aquel blog. Visto con la perspectiva de 10 años, doy bandazos entre los ridículo (A Bathing Ape), las apuestas seguras (Spike Lee, Agassi, Basquiat), lo incorrecto (sí, escribí Bansky en lugar de Banksy) y lo profético (Huarache, Stan Smith, Yamamoto). Pharrell Williams ya me parecía un genio hace 10 años.

En cualquier caso, no está mal utilizar el aniversario para actualizar referentes.

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Nike nació como una marca rebelde, creció como una marca rebelde y sus mejores momentos van asociados a la rebeldía. Incluso la nostalgia está unida a la rebeldía. Ahora recuerda a uno de sus mitos, Joan Benoit, con una colección que recuerda el estadio que le vio vencer, con una apuesta segura por el negro en Thea, Cortez, Huarache y Presto, además de una versión más atrevida.

Hasta 1984 el Comité Olímpico entendía que las mujeres no estaban preparadas para pruebas de larga distancia y Nike inició una campaña para pedirlo que concluyó con la victoria de Benoit en Los Angeles. Benoit es de aquellas corredoras prohibidas, aquellas que salían a correr por terrenos escondidos para que nadie pudiera verla. Nike era la rebelde que luchaba contra el poder olímpico.

Recordar a Benoit y su victoriosa entrada en el Los Angeles Memorial Coliseum de Los Angeles en una colección de calzado encaja en lo que podría esperarse de Nike. Pero lo hace con Iza Goulart, una modelo. La rebeldía reconvertida en ángel de Victoria´s Secret.

Los mejores años de Nike se asociaron a los rebeldes como Benoit, la primera ganadora de un maratón olímpico que estuvo a punto de volver a los Juegos cuando ya había pasado los cincuenta años. Es peligroso llevar esa historia a una pasarela con alas, pero más peligroso es perder tus orígenes.

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