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Un sábado más se ponen a la venta unas nuevas Yeezy y se desata la locura de siempre. Parece que hemos acabado con las colas, pero el 80% de los que se apuntan a un corte tienen la única idea de revenderlas ¿al 20% restante? En cualquier caso, más de lo mismo. Las mismas quejas por los procedimientos de las tiendas (sea cual sea), la misma alegría de los afortunados, los mismos reventas acosando a los afortunados. Pero no todo ha sido igual. Esta vez he visto un cambio.

Erik Fagerlind fundó en 1999 Sneakers and Stuff, una de las cadenas de tiendas más exitosas del mundo zapatillero. Después de 17 años, debe tener cierta idea del asunto. Erik ha mostrado en su propia cuenta de instagram las estadísticas de SNS durante el lanzamiento y su desagrado por el estilo “disrupting the marketplace with chaos” de las Yeezy. Un estilo que no consigue satisfacer ni el 1% de las demandas recibidas. Centrar la política de lanzamientos en limitar las unidades aleja mucho a adidas de su intención de convertirse en la marca del futuro. Suena a repetir los esquemas caducos de marcas de lujo y sus equivalentes de lujo-callejero.

Y por primera vez una tienda alza la voz.

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Las marcas muestran sus aburridas y supuestas novedades para la próxima temporada, lo que de verdad les permitirá ganar dinero. Pero justo por debajo se cuela una novedad tan cierta como ignorada.

El producto en sí no va más allá del habitual remix de PrimeKnit y Boost con un heel counter externo y una derivación del clásico Torsion, entonces ¿cuál es el motivo de tanta novedad?

La adidas Futurecraft M.F.G. no solo está fabricada en Alemania. Es el primer nuevo producto de una Speedfactory, fábricas diseñadas para responder inmediatamente a los consumidores, uno de los verdaderos caballos de batalla de las marcas de material deportivo.

Nike o adidas necesitan ciclos de 18 meses para crear sus productos. Inditex lo hace en 15 días y ahí reside su éxito. En la capacidad de adaptarse rápidamente a las necesidades del mercado. No hay riesgos, solo se fabrica el producto que actualmente se vende. Las grandes marcas tienen que crear, identificar o prever las modas con meses de antelación; si fallan, el producto se quedará en las estanterías esperando las rebajas. Evidentemente la comparación es injusta porque la creación de un nuevo producto es muy diferente a la repetición de unos patrones tal y como hace Inditex, pero cabría preguntarse qué porcentaje de las ventas de las grandes marcas significan innovación. ¿Necesita adidas tantos meses para recrear nuevas Stan Smith?

adidas necesita rapidez en la respuesta y está dispuesta a conseguirlo con las Speedfactories. Fábricas en Europa para acelerar la acción. Ahora, gracias al Primeknit, no necesitan demasiada mano de obra, por lo que los gastos no serán desorbitados. Fabricado en Europa pasará a significar "diseñado velozmente".

El concepto Futurecraft se viene utilizando en ediciones limitadas, pero la primera zapatilla que encaja totalmente en el estilo Futurecraft se llama M.F.G. Fabricada para Alemania (Made For Germany), se supone que está diseñada para el gusto alemán. Pero más allá de eso significa un cambio total en el modo de diseñar una zapatilla centrándose en la velocidad para adaptarse al mercado. Grandes marcas que aprenden de Inditex.

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Velocidad es un libro escrito a cuatro manos por Ajaz Ahmed y Stefan Olander. El primero es CEO de AKQA, la agencia que fundó con 21 años y que pronto se convirtió en una gran agencia centrada en servicios y productos digitales. Olander es VicePresidente de Nike Digital Sport y como tal, es el responsable del desarrollo de Nike+ o NTC.

En Velocidad, Olander y Ahmed, que han trabajado mano a mano doce años, simplemente se sientan y hablan. El libro es la transcripción de algunas conversaciones que dan forma a 7 leyes del mundo digital y ese puede que sea el principal fallo. Se convierte pronto en una charla por momentos amena que se distingue poco de cualquier otro libro sobre "lo que tienes que hacer" escrito por gurús digitales.

En los últimos años Nike ha recortado las apariciones públicas de la mayoría de sus trabajadores y Velocidad al menos nos muestra una época más abierta. Escrito en 2012, algunos de los ejemplos han envejecido muy mal. Durante un tiempo la FuelBand+ de Nike parecía la línea a seguir y Apple era sinónimo de innovación. En 2016 la FuelBand+ es uno de los mayores fracasos de Nike y Apple se ha convertido en una marca aburrida. La idea misma de Nike como una empresa que sigue creciendo gracias a lo digital puede ser rebatida hoy día. Y sobre todo, aquella imagen de Nike de los inicios queda olvidada. En Velocidad no hay absolutamente nada de Phil Knight, de su odio a la publicidad, de una compañía que nació en pantalones cortos y con camisas de flores. Lo que sí encontrarás son grandes titulares que podrían salir de cualquier empresa digital y al menos, unos cuantos chascarrillos curiosos sobre Nike.

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Hoy vuelven a ponerse a la venta las Jordan I en el color que acepta los adjetivos más tópicos; mítica, clásica...ese tipo de cosas. Una historia mil veces contada por Nike e igualmente repetida por todos explica que Nike fichó a Michael Jordan, un prometedor jugador que nunca había llevado su marca, con la promesa de diseñarle una zapatilla exclusiva. Michael prefería llevar adidas, pero la idea de crear algo nuevo fue más fuerte. Esa primera Jordan I contravenía la política de uniformidad de la NBA, por lo que la liga prohibió a Michael usarla en partidos oficiales. Michael debía jugar con zapatillas blancas, como hacían el resto de sus compañeros. Aquella prohibición provocó una verdadera locura por aquellas Jordan y, por seguir con los tópicos, el resto es historia.

Resumiendo mucho, así se ha contado la historia. Sin embargo, cuando analizamos un poco descubrimos algo más. Puede que Michael Jordan usara otras marcas, pero conocía bien a Nike. Durante sus años en North Carolina estaba obligado a llevar Converse, pero le hemos visto en el instituto e incluso en la universidad calzando Nike. Es cierto que se le veía entrenando con adidas y jugando con Converse, pero Nike no era una desconocida.

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Se cuenta que el diseñador de las primeras Jordan desconocía que había una norma de uniformidad en la NBA. Pero la estrategia de poner colores prohibidos no era nueva, ya lo había hecho en los setenta Joe Namath en el fútbol americano. Namath jugaba con Puma blancas y era multado en cada partido. En los setenta, ser multado por llevar unas zapatillas blancas se convirtió en un hito para Namath y para Puma. El humorista Seinfeld se aficionó a las zapatillas por culpa de las zapatillas blancas de Namath.

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La decisión de Nike de crear una zapatilla negra ¿podía ser simplemente un error o era un intento de repetir la estrategia de Puma con Joe Namath? Lo más fácil sería preguntarle al diseñador, Peter Moore, que no es un cualquiera. Diseñó la línea completa de John McEnroe y tuvo un peso muy importante en la imagen de Nike de principios de los ochenta. Pero hay un pequeño problema, Peter Moore, después de diseñar durante años para Nike, dejó la marca y tras algunos tumbos, acabó en adidas, donde llegó a ser CEO en Estados Unidos. No parecía muy oportuno preguntarle por un diseño que había realizado para Nike. Y Nike tampoco te va a contar que su diseño más mítico lo realizó alguien que está trabajando en adidas. ¡Eh, si te gustaron las Jordan I seguro que te gustarán las adidas EQT que diseñó el mismo! Pero cuando Moore se retiró, editaron un libro con muchos de sus trabajos. Sobre la Jordan I cuenta que se diseñó en un color para los partidos como local y otro como visitante. Según ese dato, Nike quiso que Michael jugara con zapatillas negras en los partidos como visitante.

Digo zapatillas negras. No Jordan negras. Aunque hemos contado mil veces la historia de las Jordan prohibidas, no hay ni una sola foto de Michael Jordan jugando partidos oficiales con las Jordan I prohibidas. ¿Y todas esas fotos que hemos visto? Algunas de ellas son del concurso de mates, un evento informal en el que estaba permitido usar zapatillas con colores. De hecho, en los primeros mates Michael Jordan incluso fue completamente vestido de Nike. Hay un detalle fácil de identificar, en un partido no le hubieran permitido jugar con cadenas.

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Otras fotos son de un reportaje fotográfico que le enfrentaba a Pat Ewing. Pero lo más escandaloso es lo realizado por el documental Just For Kicks (Locos Por Las Zapas). Un trabajo de retoque fotográfico de una calidad espantosa. De hecho, ni siquiera la combinación de colores es la de las Jordan que conocemos como Banned. Arriba la foto de Just For Kicks, abajo la foto original.

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Entonces ¿Michael Jordan nunca fue multado?
En febrero de 1985 la NBA envió una carta a Nike advirtiéndole de que no volviera a usar las zapatillas negras y rojas que había usado alrededor del 18 de octubre. Esa temporada la NBA comenzó para los Bulls el 26 de octubre, por lo que se refiere a un partido de pretemporada. El partido en cuestión le enfrentaba a los Knicks en el Madison. ¿Hay imágenes de ese partido? Sí. Y lleva unas zapatillas negras, pero no son unas Jordan I. No sabemos si las primeras Jordan aun no estaban preparadas o querían esperar a partidos oficiales, pero Michael jugó con una versión especial de una olvidada zapatilla. Nike Air Ship. Nunca hubo una versión negra, las crearon específicamente para él en la que también cambiaron la mediasuela.

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En aquél momento querían convertir a la Ship en un nuevo buque insignia de la marca (perdón por el espantoso ripio Ship-buque). La tecnología Pillar, un sistema de amortiguación basado en pequeños cilindros colocados en el interior de la mediasuela, prometía ser “el próximo Air”. En el reporte anual de 1984 que Nike preparó para los accionistas, la tecnología Pillar y las Air Ship ocupaban el mismo espacio que la mítica Epic. La Ship debía ser la versión estable de las Air Force, pero no tuvo la acogida de la Force.

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La historia mil veces contada no es cierta. La llamada Jordan I Banned nunca fue prohibida. La historia se desmorona pero la zapatilla sigue manteniendo su aura. Lo que supone la Jordan I va mucho más de la certeza de las historias que le rodean, como un libro de Hemingway no pierde su interés cuando se descubre que lo que cuenta es falso. Lo que sí pediría es que, ahora que sabemos algo más, al menos no insistamos en la mentira.

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Habitualmente, una tendencia sigue una estructura piramidal. Unos inventan, otros copian, los hay que se encargan de esparcir la buena nueva y en el último paso están otros que consumen directamente lo que le dicen.

Cuando una tendencia llega al consumo masivo ya está muerta. Si intentas crear algo fijándote en lo que ya se vende llegarás tarde. Ver un producto en una cadena masiva significa que le queda poco tiempo de vida.

Las marcas que nos gustan deberían estar entre los primeros grupos, los de creadores o comunicadores. Una de las cosas que me gustaba de los trabajadores de las grandes marcas es que en 15 minutos de charla con ellos volvías a casa con un montón de artistas y marcas que había investigar. No eran ellos los que creaban, pero vigilaban a los que creaban para hacer cosas nuevas y obviamente llevarlo a su terreno, que es crear marca, vender zapatillas.

Todo aquello de lo que te hablaban lo veías luego en una campaña y unos meses más tarde llegaría a las grandes cadenas de moda. Una gran cadena no puede arriesgar, necesita llegar en el momento justo.

Hace 10 años un blog era algo (relativamente) nuevo, gente que tenía algo que contar. Un tipo que sabía de cine, comics o música creaba un blog para contar lo que sabía. Era un conocimiento que no podías encontrar facilmente. Con el tiempo, ser blogger cambió por completo de sentido y se convirtió casi en un insulto. Durante una época, tener un blog significaba ser un especialista en un tema que no estaba en los medios generalistas. Hoy ser blogger significa poner morritos en fotos y mostrar al mundo una falsa vida de excesos.

En aquella pirámide, la desconfianza en los blogs y los influencers ya ha pasado por todo el recorrido. El reciente caso del Nocillagate es solo una muestra de cómo funciona. Lo saben las marcas, las agencias de comunicación y los propios lectores. Pero mientras las marcas que debían marcar tendencias se apoyan en los influencers, el consumidor final ya ha agotado esa moda y se ríe de ellos. Se ríe de Ajram y se ríe de los bloggers.

Pull&Bear recoge esta tendencia de desprestigio para vender sudaderas (como la de la foto superior). Para las marcas poderosas los bloggers tienen peso mientras que los que debían ser "influenciados" por los bloggers se ríen de ellos hasta el punto de pagar por una sudadera como esa. Pero las marcas, aquellas que debían identificar aquella tendencia desde un primer momento, siguen confiando en blogueros de fotos con morritos.

 

Lisboa

Cuando voy de viaje intento desconectar de las zapatillas y buscar otras cosas. Pero no lo consigo. Es entonces cuando me planteo escribir un post sobre lo que he visto y así tener la excusa perfecta ¡eh, estoy viendo tiendas de zapatillas, pero es sólo porque tengo que escribir sobre ellas!
Si quería pasar unos días sin pensar en zapatillas había elegido el lugar perfecto; Lisboa. Absolutamente recomendable si quieres olvidarte de ellas.
En general no se aprecia ni el más mínimo interés por las zapatillas. En las principales calles comerciales hay tiendas de Nike, Footlocker, New Balance o Adidas, pero lo más especial que vas a encontrar es que los dependientes hablan un perfecto inglés porque atienden básicamente a los guiris que visitan la ciudad.

Un europeo utiliza unas Vans moderadamente baratas porque están de moda. Un portugués se gastará casi el mismo dinero en una zapatilla de Decathlon. Ni siquiera hay un interés por aparentar tener algo, así que no he encontrado ni un mantero con sus habituales fakes de Roshes, Air Max o Yeezys.

Las zapatillas, en general, no son cultura en Lisboa. Podríamos pensar que podría estar relacionado con el sueldo medio de un portugués, pero sí que vemos una cultura musical o gastronómica. Si un lisboeta tiene algo dinero, prefiere gastarlo en cenar, no en zapatillas. Durante algún tiempo Portugal era el paraíso de las Air Force 1, pero cuando el hip hop se ha convertido en una cuestión de marcas de lujo las AF1 han perdido su peso.

España es distinta. Reconoces a un español porque lleva Yeezys o Roshe falsas. Es fácil reconocer a los españoles en el extranjero porque son los únicos que gritan. Habitualmente, gritan diciendo que los españoles son los más ruidosos.

A Portugal han llegado las musculocas, Cos (pero sólo hay extranjeros), las gorras de 5 paneles y las camisetas con bolsillos. Hay brazos tatuados y las dilataciones siguen siendo algo extremo. Hay bares de cereales en los que te atiende gente con el pelo rosa. Hay 200 libros de corredores y de cupcakes.

Pero no hay ninjas, imitadores de Rick Owens, ni calcetines largos. No me he encontrado con nadie con Palace ni Supreme, pero mucha gente sigue pensando que el skate es algo que mola (en una ciudad con adoquines, cuestas y tranvías, intentar usar un patín es una locura).

Por curioso que parezca, es medianamente fácil encontrar las colaboraciones más lujosas de Converse, Raf Simons o Y-3, pero muchas de las zapatillas más buscadas en otros países son imposibles. Como si se hubiera salvado de la invasión de los sneakerheads.

Los Juegos Olímpicos son un gran escaparate para las marcas. Una maraña de marcas se pelean por ser visibles, pero ¿cómo lo consiguen? ¿quién paga esa visibilidad? ¿a quién beneficia?

El Comité Olímpico Internacional es el responsable último de los Juegos Olímpicos, aunque la participación está reglada a través de los Comités Olímpicos nacionales. Y aquí llega el primer problema. Como otras entidades internacionales de carácter privado, pueden elegir su propia definición de “nación”. Hay más comités olímpicos nacionales que países pertenecientes a la Naciones Unidas; se aceptan como comités nacionales a Palestina, China Taipei, Kosovo, Cook o Guam. Es decir, los deportistas olímpicos representan a Comités Olímpicos, no a Estados. Y los comités nacionales, como casi cualquier organización relacionada con el deporte, tienen problemas para encontrar dinero.

Cada comité olímpico puede llegar a acuerdos con marcas para que vistan a sus deportistas. Estados Unidos llegó a un acuerdo con Ralph Lauren para la ceremonia de inauguración y como Francia lo hizo con Lacoste. Cuba solo tiene a Louboutin para la clausura, en la inauguración llevó chándal Puma, otro de sus patrocinadores. En España se ha criticado que el Comité Olímpico Español en la inauguración llevara Joma en lugar de alguna marca española centrada en la moda, pero la verdadera pregunta sería si Zara o Mango están dispuestas a pagar para que deportistas españoles lleven sus ropas. Pero no todo es la inauguración, se contrata también las ropas que deben llevar los seleccionados desde el momento que pisan la Villa Olímpica. Y no solo eso. El comité olímpico estadounidense tiene un acuerdo de patrocinio con Chobani, una marca de yogures. Si da dinero vale.

Volviendo al textil, España durante algún tiempo eligió a marcas españolas, pero en 2010 la marca rusa Bosco ofreció 250.000 euros anuales además de los uniformes de todos los participantes (que estaba presupuestado en unos 700.000 euros). Tras el escándalo de Londres y las protestas por la imagen de España, el COE aprendió que lo mejor es mantener un equilibrio entre el dinero y el estilo.

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Hasta aquí parece sencillo. Comités olímpicos que llegan a acuerdos con marcas. Pero los comités seleccionan a los atletas mediante las federaciones de cada deporte. Durante algunos Juegos, el COE obligaba a vestir a todas las federaciones con su marca, que además debía ser española. La selección española de fútbol podía llevar adidas en las competiciones oficiales, pero cuando llegaban los Juegos debía cambiar su uniforme por uno del patrocinador del COE. Fueron los años en los que todos los deportistas olímpicos españoles llevaron Kelme (1992), John Smith (1996) y Fumarel (2000). El Comité Olímpico Australiano, por ejemplo, sigue funcionando de este modo y por eso la selección de baloncesto no lleva Peak como habitualmente, sino adidas.

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Desde hace algunos años el Comité Olímpico Español respeta el acuerdo de cada federación con sus proveedores de material deportivo, por lo que cada selección lleva la marca que dicta su federación (Nike en baloncesto o Joma en atletismo). El patrocinador del Comité no se usa para ningún evento deportivo.

Los Juegos Olímpicos tienen normas distintas a la mayoría de grandes eventos deportivos. Los únicos logotipos comerciales permitidos son los del fabricante del material deportivo. El tamaño del logotipo varía según deporte, 20 cm2 en las camisetas de baloncesto, 10 cm2 en los calcetines del balonmano y llega al extremo de controlar el tamaño máximo de la marca de la pértiga (dos logos, de 4 cm2 cada uno). Ningún elemento decorativo de los uniformes puede estar registrado por ninguna marca, por lo que adidas ha tenido que quitar sus tres franjas de las mangas.

Hasta aquí llega lo básico. El patrocinador del comité olímpico nacional para las ceremonias o ruedas de prensa y el patrocinador de la federación para competir. Si una marca paga a un atleta, la visibilidad durante los Juegos será muy pequeña porque queda reducida a sus pies.

Pero la cosa se complica. El Comité Olímpico Estadounidense llegó a un acuerdo con Nike para vestir a los atletas en la entrega de medallas, pero también incluye el calzado deportivo. Harrison Barnes y Klay Thompson podrán jugar con adidas o Anta, pero en la ceremonia de entrega de medallas deberán llevar zapatillas Nike. Es curioso que este tipo de contratos los haga Nike, la marca que durante muchos años se dedicó a bombardear cualquier contrato oficial.

Ciertas federaciones han entendido que deben permitir que cada atleta muestre sus patrocinadores personales. La Federación Estadounidense de Natación tiene un contrato abierto que permite que cada nadador lleve el bañador que quiera. Evidentemente eso hace que el contrato con la federación sea mucho menor, pero entienden que con más visibilidad, los nadadores podrán gestionar mejores contratos personales.

Por otra parte, los Juegos Olímpicos no reparten premios en metálico. Son los comités olímpicos nacionales los que en ocasiones dan primas por participación o resultados. Un campeón olímpico sueco, por ejemplo, no recibirá ni un solo euro. Estados Unidos reparte una cantidad fija como obligación contractual por llevar material Nike por lo que los grandes contratos del Comité Olímpico Estadounidense acaba llegando a los deportistas.

En el tenis también hay cierta libertad. Después de 60 años sin ser olímpico, volvía a serlo en 1988 y los tenistas pusieron algunas condiciones para participar, entre las que estaban llevar sus propias marcas (ya había pasado algo parecido en 1992 cuando los NBA se negaron a participar en la selección estadounidense si les obligaban a llevar zapatillas Converse).
La federación española de tenis tiene un acuerdo con Nafta, pero Nadal llevará Nike durante los Juegos. En los partidos de dobles, las normas exigen una cierta uniformidad entre los compañeros de equipo, que no va más allá del color. Ferrer lleva Lotto y Bautista lleva Lacoste, pero los dos van de rojo cuando juegan juntos.

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En el caso de parejas más duraderas es habitual compartir patrocinadores, tal y como ocurre en el voleibol playa. En España la pareja femenina Baquerizo-Fernandez lleva Under Armour y Gavira-Herrera Joma. Pero la pareja americana Kerri Walsh-April Ross llevan entrenando poco tiempo y cada una tenía un patrocinador personal (Asics y Mizuno). Las normas del voleyplaya son más estrictas que en el tenis y exigen uniformidad absoluta, por lo que han llegado a un acuerdo curioso; llevan el mismo uniforme, pero cada una con el logotipo de su marca.

El lío de contratos llega al límite con Michael Phelps. El Comité Estadounidense lleva Nike, la federación Arena, Phelps tiene su propia marca de bañadores, un contrato con Under Armour para entrenamientos fuera la piscina y otro con Beats para usar sus auriculares. Una mañana cualquiera Phelps se acerca a la piscina con zapatillas Under Armour y chándal Arena. Se lanza a la piscina con un bañador y gorro MP, consigue una medalla y la recoge uniformado de Nike (esta vez no puede usar zapatillas Under Armour). Los auriculares Beats son un elemento no autorizado en el listado oficial del COI, por lo que debe tener todos los logotipos tapados.

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Los deportistas históricamente se han quejado de que comités y federaciones les obligaban a esconder durante los Juegos a sus patrocinadores personales, que durante cuatro años eran la única fuente de ingresos de los deportistas. Los beneficios no son pocos, cada uno de los 11 patrocinadores olímpicos paga 80 millones por serlo, el contrato televisivo para Estados Unidos ronda los 7000 millones de dólares. Obviamente, los gastos también son muchos.
Hasta hace algunos años los deportistas profesionales estaban vetados en los Juegos y ese falso amateurismo aun sirve para negarse a repartir beneficios. Pero algunos comités y algunas federaciones han entendido el espíritu olímpico no pagan las deudas de los deportistas.


El último de los vídeos de la serie Unlimited de Nike presenta a un duatleta pionero por ser el primer deportista abiertamente transgénero en representar a Estados Unidos. En su infancia debía competir en categoría femenina con la que no se sentía identificado, por lo que Chris Mosier buscó un deporte en el que no debiera competir contra hombres o mujeres sino contra si mismo. Lo encontró primero en el maratón y más tarde en duatlón, donde consiguió un puesto en el equipo estadounidense en el mundial.

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Después de que los Bulls fueran eliminados por tercera vez consecutiva por los Pistons, Michael Jordan le preguntó a Tim Grover, su entrenador personal, por el asombroso estado físico de Joe Dumars. Casi el único jugador de los Pistons que Michael Jordan respetaba y el encargado de defenderle. No había secreto para el éxito de Dumars, solo más horas de entrenamiento.

Ese verano Michael Jordan comenzó una rutina de entrenamientos que quiso continuar cuando comenzó la temporada. Algunos de los veteranos se citaban en casa de Michael Jordan antes de cada entrenamiento de los Bulls. Aquella temporada ganaron el primero de sus anillos y se estableció la rutina de los Breakfast Club, que se mantuvo durante los seis campeonatos de los Bulls, con un núcleo duro formado (en la última época) por Randy Brown, Scottie Pippen y Ron Harper.

Cuando Jordan (la marca) recupera su línea de entrenamiento, recupera también el Breakfast Club, aunque en esta ocasión no será en casa de Michael. Un programa online (Chatbox) de entrenamiento de 30 días en el que debemos entrenar con Dez Bryant o Erik Kynard (por primera vez el saltador de altura aparece en una campaña de Jordan). Evidentemente, esta campaña tendrá su propia línea protagonizada por la Jordan Trainer I. Una buena manera de recordar el pasado sin caer en la nostalgia.

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Nike siempre ha sabido mantener la balanza entre ser una gran compañía y mantener el espíritu rebelde. El anuncio que ha preparado para ambushmarketear a los Juegos Olímpicos, Nike Unlimited You, tiene una parte en la que nos invita a ir más allá de nuestros límites, al más puro estilo de libro de autoayuda. Pero le da un giro que solo puede dar una marca como Nike.

Y para que el Comité Olímpico Internacional no se enfade, no hay ninguna relación obvia con los Juegos y tiene la proporción justa entre atletas/deportes olímpicos y no olímpicos, con apariciones de Aaron Gordon, Zach LaVine, English Gardner, Giancarlo Stanton, Kevin Durant, Mo Farah, Neymar Jr., Nyjah Huston (por primera vez en una gran campaña), Serena Williams, y Su BingTian.