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Nike despide a Michael Jackson. Puede que no lo sepas, pero Michael Jackson jugaba al baloncesto. Y llevaba Nike.

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No, no es ese Michael Jackson, sino Michael Derek Jackson. Un escolta que durante algunos partidos de pretemporada llevó el 3 en los Knicks, unos años antes de John Starks. Pero Michael Jackson no duró mucho en los Knicks, equipo que le seleccionó en el draft menos afortunado de la historia.  Jackson, que fue elegido con el 47, compartió draft con los fallecidos Len Bias, Dwayne Washington, Petrovic o Kevin Duckworth y con varios jugadores que tuvieron problemas con las adicciones (Chris Washburn, William Bedford, Roy Tarpley, Walter Berry o Dennis Rodman). No puede decirse que fuera un draft tranquilo. David Wingate estuvo involucrado en una violación y Mike Williams en un tiroteo.

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Michael Jackson fue cortado por los Knicks y pasó un año en blanco hasta que consiguió fichar por Sacramento Kings, equipo en el que pasó sus tres únicas campañas en la NBA con un promedio de 2.1 puntos por partido. Hasta ese momento el único motivo para recordarle era que compartía nombre con el Rey del Pop. Jackson había jugado en Georgetown a las órdenes de John Thompson, el histórico entrenador que formaba parte del consejo de administración de Nike. A finales de los setenta Nike era una empresa de corredores formada por blancos del oeste y necesitaba ganar el mercado del baloncesto. Para ello contrató a Thompson, el entrenador de Michael Jackson.

Después de tres tristes años en la NBA, Michael Jackson dejó el baloncesto y comenzó a trabajar en Nike a las órdenes de su amigo y antiguo entrenador. Parece que se le dio bien porque terminó siendo Vicepresidente, GM de Nike Global Basketball, cargo del que se ha despedido esta semana. Las pobres ventas de las zapatillas de LeBron y Kevin Durant han sido el detonante de su renuncia. Por primera vez en casi tres décadas, Michael Jackson podrá llevar otra marca. Quizás vuelva a la marca con la que debutó en la NBA, Saucony.

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Podríamos debatir si el fútbol es el deporte rey pero pocos pueden dudar de que el fútbol es el espectáculo rey. Como espectáculo de masas mueve a millones de personas en todo el mundo, aunque en el mayor de los mercados, Estados Unidos, no tiene demasiada relevancia. Quizás ese sea el motivo de su principal problema, los deportes “estadounidenses” han creado un mercado alrededor, el fútbol no. Más allá de entradas y camisetas, el consumidor final no aporta dinero a la maquinaria del fútbol, precisamente por ser muy heterogéneo. Cuando un aficionado al fútbol sale del campo no lleva ni una sola señal que le identifique como tal. ¿Qué zapatillas lleva un loco por el fútbol? Cristiano Ronaldo lleva Air Force 1, Neymar lleva Jordan. Dos zapatillas que llegan desde el baloncesto. Ninguna marca ha conseguido que veamos por las calles zapatillas de un futbolista.

El mercado del fútbol es tan grande que todas las marcas intentan conseguir una zapatilla que pudieran llevar todos los locos del fútbol. Dejo aparte algunos casos extraños. La adidas Busenitz es una zapatilla de skate inspirada en una zapatilla de fútbol. Dennis Busenitz se inspiró en la clásica Copa Mundial de adidas para su signature. En las calles hemos visto más de estas zapatillas que las de ningún astro del balón. La saga Nike Total90 fue diseñada como zapatilla para fútbol y llegó a popularizarse en su versión indoor como zapatilla casual, pero le acompañó la idea de convertirla en un producto masivo en las calles.

Vamos con tres casos que han estado cerca de conseguir la fusión perfecta entre fútbol y masas.

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-Nike Flyknit Footscape Magista. Una auténtica rareza. Una bota de fútbol con una mediasuela que hemos visto en zapatillas anteriores (Footscape Motion, por ejemplo). Un híbrido que en principio parece no tener sentido que se acabó convirtiendo en un producto excelso. El único problema es que una zapatilla tan relacionada con el fútbol no ha encajado con el consumidor de fútbol. Se ha convertido en un mito entre coleccionistas y aficionados a las zapatillas, pero era una silueta demasiado radical para convertirse en producto masivo.

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-adidas Samba. Quizás sea el único caso de éxito futbolero en las calles. Originalmente creada en la década de los 50, la Samba era una bota multideporte, se convirtió pronto en una zapatilla para jugar al fútbol en superficies duras y hielo. Fue uno de los mitos de los Casuals, el movimiento británico surgido alrededor de los estadios de fútbol (no es casual que apareciera en Trainspotting). Durante mucho tiempo fue considerada la adidas más vendida de la historia y ha sido la zapatilla que se ha producido durante mas tiempo.

 

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-Puma King. La lucha entre los hermanos Dassler estaba haciendo mucho daño a las dos compañías que lideraban, adidas y Puma. Para calmar el ambiente llegaron al acuerdo de no fichar a Pelé, que durante un tiempo llevó Stylo (una pequeña marca que también llevó George Best). Poco antes del Mundial de 1970 un representante de Puma en Brasil decidió saltarse el pacto de caballeros y firmó a Pelé, sin el conocimiento de la marca. Pelé hizo famosa a la Puma King, una bota de fútbol que antes había llevado otro rey, Eusebio. La Puma King se convirtió en un mito, pero durante décadas no salió de los campos de fútbol. Hasta que en 1998 la diseñadora Jil Sander se puso en contacto con Puma para pedirle alguna de sus botas de fútbol como complemento para la presentación de su colección. Obviamente, eliminaron los tacos para que las modelos pudieran caminar. Lo que parecía un detalle acabó siendo la estrella de la colección y Puma decidió crear versiones de calle.

Una historia mil veces contada recuerda que Muhammad Ali arrojó su medalla de oro olímpica al río. Ali, por entonces aun llamado Cassius Clay no solo había conseguido el oro, también había discutido con un periodista ruso para dejarle bien claro que Estados Unidos era el mejor país del mundo.

En su biografía cuenta cómo, recién llegado a Louisville, le prohibieron la entrada a un restaurante. Una pandilla de moteros quiso robarle la medalla y Clay prefirió tirarla al río. Había sido un héroe en Roma, había defendido a su país y era tratado como un ciudadano de tercera. Era el germen de su conciencia.

La historia era más buena que cierta. Su biografía es una mezcla de anécdotas reales e historias recopiladas por la entonces editora Toni Morrison. El propio Ali contó en alguna ocasión que simplemente había perdido la medalla de oro. Pero esa historia dejaría en blanco un puñado de páginas de su biografía.

En Roma 1960 Clay coincidió con Wilma Rudolph y quiso coincidir aun más. Pero, para dejar bien claras las diferencias entre Classius Clay y Muhammad Ali, el boxeador nunca se atrevió a hablarle a la velocista. Por acercar al tema a las zapatillas, Wilma Rudolph fue una de las primeras atletas en tener unas zapatillas modificadas específicamente para ella. Y lo hizo Adi Dassler, el fundador de adidas, que unos años después fabricaría también unas botas para Ali. Durante su carrera llevó Mitre y Everlast, aunque adidas ha sido la que mejor ha sabido relacionar sus recuerdos con los de Ali. Décadas más tarde Ali vendería su imagen a Authentic Brands Group, un conglomerado que maneja la imagen de Shaquille O´neal, Marilyn Monroe, Elvis Presley y marcas como Tretorn, Vision o Airwalk. Desde ahí, Muhammad Ali (o al menos su nombre) se relacionó con Stance, Mr Porter, Under Armour.

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Ali coincidió en Roma con Wilma Rudolph y también con Miguel de la Quadra Salcedo, un lanzador polivalente que años antes había revolucionado la jabalina con un nuevo estilo que la IAAF se apresuró a prohibir. De no haberlo hecho, quizás hubiera compartido fama con Clay, porque con el nuevo estilo Miguel de la Quadra llegó a lanzar 112 metros, 30 metros más que el récord mundial del momento.

De la Quadra mantuvo su espíritu aventurero después de retirarse del atletismo. Se convirtió en uno más de una cuadrilla de reporteros de una época gloriosa para el periodismo. Aventureros como Felix Rodriguez de la Fuente, César Pérez de Tudela, Manu Leguineche o Enrique Meneses.

Enrique Meneses cruzó África y conoció al Che Guevara antes de abrir corresponsalía en Nueva York. Suyas son las fotos y las historias de Picasso, Paul Newman o Martin Luther King pero poco tiene que contar de Ali. Meneses estaba en un bar, como casi siempre, cuando alguien le avisó que en el sótano alguien recitaba poemas. Aquél tipo era Muhammad Ali y Meneses le retrató para siempre como el poeta que presumía de que nadie le rompería la nariz.

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Hoy, 30 de mayo, se cumplen 41 años de la muerte de Steve Prefontaine, un corredor que llevó Nike durante solo un par de años pero dejó su impronta en la marca como estilo a imitar. Pero no solo fue importante para Nike, también lo fue para el deporte y no solo porque consiguieran establecer siete plusmarcas estadounidenses.

Hasta bien entrados los ochenta el deporte estaba anclado en la visión caballeresca creada por los gentleman británicos del XIX. El deporte debía ser una actividad honorable que estaba muy lejos del sentir de la plebe. Esa plebe que durante siglos había competido en carreras o en cientos de juegos. El deporte era otra cosa, era lo que hacían los hombres de buena familia, gente que creaba normas adaptadas a las nuevas condiciones.

Una de esas reglas obligaba a los deportistas a no percibir compensación económica ni relacionarse en ningún modo con alguna empresa deportiva. Ni siquiera los profesores de educación física podían considerarse verdaderos deportistas según estas normas. Los Juegos Olímpicos eran el ejemplo perfecto de ese nuevo deporte. En 1904 se celebraron unos llamados Juegos Antropológicos en los que participaban atletas de todas las razas. Los Juegos Olímpicos estaban reservados para blancos. El idolatrado Pierre de Coubertain, organizador de los primeros juegos, cesó en su cargo de presidente del Comité Olímpico Internacional cuando le obligaron a aceptar a las mujeres en los Juegos. Y sobre todo, los deportistas no podían cobrar. Jim Thorpe, que para muchos es el mejor atleta de todos los tiempos, tuvo que devolver sus medallas olímpicas en decatlón y pentatlón después de que se diera a conocer que había cobrado dos dólares por jugar algunos partidos de béisbol.

En los años setenta el deporte generaba tanto dinero que los deportistas comenzaron a exigir su parte. El tenis y el golf habían creado torneos Open (abiertos a amateurs y profesionales) y el atletismo quiso seguir su ejemplo. Steve Prefontaine no fue el primero pero sí el más visible de los atletas que se negaban a aceptar el amateurismo. Aceptó un puesto en Nike como "National Director of Public Affairs". Cuando a Phil Knight, fundador de Nike, le preguntaron qué significaba, respondió "exactamente significa Corro Mucho".

Prefontaine organizó una gira por Europa para alejarse de la organización encargada de regir el atletismo norteamericano, la AAU (Amateur Athletic Union). Llegaron a tapar las siglas de la organización en los escudos de sus camisetas. Durante un tiempo, Steve Prefontaine incluso dejó el deporte para trabajar poniendo cervezas. Era su modo de quejarse por no poder vivir de lo que consideraba su profesión.

Nike apoyó el espíritu rebelde de Prefontaine. Sabía que debía pagarle como hacían todas las marcas desde 1956, pero querían también usarle en sus campañas. En la Europa del Este los deportistas eran funcionarios o militares. El deporte era cuestión de Estado. En el 77 Nike contraatacó creando un club que pagaba a sus atletas. El mismo nombre del equipo, Athletic West, dejaba bien claro que era una respuesta al falso amateurismo comunista.

Legalmente, hasta 1992 los jugadores de baloncesto profesionales no pudieron participar en los Juegos Olímpicos y aun hoy se establecen cortapisas para futbolistas o boxeadores. Hasta entonces los pagos, conocidos por todos, eran escondidos y disimulados. Prefontaine quería ganar dinero por hacer lo que más le gustaba. Pero sobre todo quería acabar con una imagen del deporte que tenía poco que ver con la situación real.

jordanlarssonEn la liga de fútbol sueca juega un chaval de 18 años llamado Jordan. Su padre era un loco por Michael Jordan aunque su deporte favorito era el fútbol. La primera vez que Jordan celebró un título fue en 2004, cuando era un niño que saltaba al campo del Celtic Park para celebrar el título de la liga escocesa conseguido por su padre, Henrik Larsson, que luego jugó en el Barcelona. Incluso entonces, los jugadores negros o mulatos eran raros en el Celtic. Aquél día Jordan llevaba Nike pero durante su carrera profesional Henrik, su padre, llevó adidas, Reebok, Puma y Umbro. Pero no Nike.

En 1995 Nike lanzaba una campaña protagonizada por Jason Kidd, Kevin Garnett, Jimmy Jackson, Joe Smith y Eddie Jones. La música era de KRS-One, que rehacía el clásico The Revolution Will Not Be Televised de Gill Scott Heron. Entre los que han citado ese clásico están Public Enemy, Common, Elvis Costello, Gorilaz o Molotov. Gill Scott Heron había permanecido en un silencio casi absoluto desde 1982, pero en 2010 volvía con I´m New Here, un disco que sería sampleado por Kanye West en My Beautiful Dark Twisted Fantasy.

Gil Scott Heron siempre contaba que su padre le pedía que le buscara los resultados del Celtic de Glasgow. Podía parecer la extraña manía de un jamaicano viejo, pero la historia tiene sentido porque Gil Heron, el padre de Gil Scott Heron, fue en 1951 el primer jugador negro del Celtic de Glasgow.

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La lista de empresarios innovadores suele estar encabezada por Steve Jobs y continúa con Mark Zuckerberg o Jeff Bezos, pero en pocas ocasiones se habla de Phil Knight, el fundador de Nike. El motivo puede ser que el ejemplo ahora mismo deben ser empresas relacionadas con nuevas tecnologías, pero también es cierto que Knight siempre ha intentado mantenerse en un segundo plano. Hasta hace algunos años era prácticamente imposible encontrar una simple entrevista, por lo que todo lo que sabíamos de él venía de aquellos que habían trabajado con él y habían abandonado Nike. Y todos contaban lo mismo; Phil Knight no perdona a quien abandona Nike.

Una vez anunciado que Knight dejará la presidencia de Nike era el momento de dar su particular visión del nacimiento de la marca. Shoe Dog no es un libro sobre zapatillas pero gracias a él se comprende mucho de lo que ocurrió en Nike hasta que la compañía se hizo pública. No hay demasiados datos nuevos, cualquier lector avanzado conoce casi todos los detalles de libros como Bowerman and The Men From Oregon, Swoosh, Out Of Nowhere o Los Hombres que hicieron la historia de las marcas deportivas. Solo hay un puñado de historias nuevas; el motivo por el que las cajas de Nike eran naranja, el significado de 6453, cómo bautizó a las primeras Nike o que Frank Rudy mantenía un diario de sus movimientos intestinales y su vida sexual. ¿?¿?¿? Ninguna información relevante para un sneakerhead actual.
Lo que sí se aprende es mucho del estilo directivo de Knight. Lejos de ser un micromanager, sus opciones eran elegir al trabajador adecuado y proponerle una misión. Quizás por eso la figura de Knight nunca ha sido un ejemplo de entrepreneur todopoderoso, Knight propone y deja hacer. No es alguien con ideas claras sobre el proceso completo y una vez recorrido el camino tampoco tiene muchas ideas claras de cómo ha ocurrido.

Las ausencias van más allá de las zapatillas (no esperes demasiados datos sobre ellas). Mientras el primer empleado de Nike, Jeff Johnson, tiene un peso importante en la narración, el segundo, John Bork, es casi ninguneado. El motivo (los que lean el libro lo sabrán) puede estar relacionado con el fin de su relación. Otro nombre que aparece en pocas ocasiones es el de Geoff Hollister, el cuarto empleado de Nike y durante una época mano derecha de Bowerman. Pero quizás la ausencia más destacada es la de Peter Moore, al que Knight nunca perdonó que se convirtiera en CEO de adidas America. Rob Strasser tuvo que morir para obtener el perdón de Knight. Quizás Shoe Dog sería muy distinto si hubiera pasado el tiempo para Knight pudiera perdonar. El libro termina en 1980, cuando la compañía se hace pública, parece que Knight no tiene demasiado interés en contrar lo que ocurrió después. Como si allí acabara la diversión.

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Cada día encuentro menos razones para publicar. Hubo una época en la que las zapatillas eran divertidas. Hace 10 años, cuando empecé a publicar a diario, las zapatillas solo eran un tema de conversación y desde luego no era el más interesante. No se entendía que te gustaran las zapatillas de deporte si no sabías nada de deporte. No hacía falta practicarlo, pero lo habitual era no saber el nombre de cada zapatilla de Andre Agassi pero conocer cada uno de sus movimientos. Las zapatillas eran la excusa para hablar de otras cosas. Porque, después de todo, las zapatillas no tienen mucho que contar. En la mayoría de las ocasiones, lo único que tenías en común con alguien a quien le gustaban las zapatillas eran las zapatillas.

Hace cuatro o cinco años, de repente todo cambió. Ya habíamos visto tiendas que nada tenían que ver con el deporte y que, en principio, prometían algo nuevo. Ya había muchas posibilidades y era divertido ver una más. Unos cuantos tipos con pinta de malotes que gestionaban zapatillas como si fueran traficantes de coca. Y lo que empezó como una gracia dejó de tenerla cuando se convirtió en el patrón a imitar. Un montón de zombies que visten igual, comen igual, escuchan la misma música y se tatúan igual.

Las marcas se apuntan al carro. Abandonan tierras de barrio porque necesitan una nueva imagen y no dudan en abrazar a los tótems de este nuevo mundo de las zapatillas.

Nunca se han vendido tantas zapatillas como ahora. Pero para llegar a mucha gente hay que tratarles como un rebaño. Que todos se comporten igual, piensen igual. La época dorada de las zapatillas acabó hace mucho. Entonces no había colas, no había ediciones limitadas, no había coleccionismo, no había eventos que intentaran convencerte de que había una cultura sneaker, no había sneaker art.

Tampoco había chicos malos haciéndose selfis. Pero me apetecía hablar de zapatillas. Y ahora ya no.

espanyol-jomaEn Estados Unidos saben sacar provecho a las noches especiales. Jornadas dedicadas a latinos, chinos o la historia negra. Los intentos por crear algo parecido en Europa siempre ha tenido la barrera de lo tradicional y ahí es donde ha atacado Joma. Ayer, para celebrar la exposición que recuerda al mejor portero de la historia de la liga española, Ricardo Zamora, los porteros del Espanyol vistieron ayer una camiseta inspirada en él. Un bonito detalle ¿un comienzo?

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Bobbito Garcia fue jugador de baloncesto cuando molaba, se convirtió en leyenda del streetball cuando nadie sabía qué era eso, DJ antes de que naciera Paquirrín y escribió la primera columna exclusiva sobre zapatillas en una revista.

Tuvo unas Air Force 1 con su nombre,  una colección completa con Patta, protagoniza Doin´it in the Park (el mejor documental sobre baloncesto en NYC) y es el autor del libro más pasional sobre zapatillas, Where´d yoy get those?

DJ, jugador de baloncesto, amante de las zapatillas…lo tiene todo para convertirse en un estereotipo andante. Pero no. Bobbito le da la vuelta destrozando la mayoría de los mitos de los autoproclamados sneakerheads del siglo XXI.

1-No presume de tener más zapatillas que nadie. De hecho hace justo lo contrario, afirma tener solo 3 pares. Sí, ha tenido muchos más, pero prefiere ser un historiador a un acumulador. Muchos de esos pares los dona a una asociación que promueve el baloncesto en África.

En realidad no termino de creerme que solo tenga 3 pares, pero en un momento en el que todo el mundo miente para decir que tiene muchos pares yo me quedo con la idea de Bobbito de reducir.

2-No se gasta demasiado en zapatillas. No recuerda haberse gastado más de 100 dólares en unas zapatillas. Bueno, tiene truco porque también le regalan muchas pero tampoco se corta en decirlo.

3-Cuando le preguntan por el estilo imprescindible para un sneakerhead se niega a responder.

Bola Extra. No ha caído en el pinroll extremo (al menos en las fotos de su próxima colaboración, con Piola).

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Hace un par de temporadas que aparece el término Jacquard cuando hablamos de zapatillas. Lo usó Pharrell Williams en alguna de sus colaboraciones con adidas y más tarde en todo tipo de Stan Smith, Yeezy y NMD. Nike hacía versiones Jacquard de algunas Air Max, Internacionalist o Thea. Lo que suele entenderse como Jacquard es un tipo de estampado que repite ciertas figuras. No se trata de un estampado sino de un dibujo que se crea mezclando hilos de distintos colores. En realidad no es el tipo de tejido sino cómo se realiza, gracias a un telar inventado por Joseph Marie Charles Jacquard en 1805.

El telar de Jacquard fue pionero en usar tarjetas perforadas con la información de cada patrón y es considerado como la primera máquina computacional. Charles Babbage se inspiró en esas tarjetas perforadas para el diseño de la primera máquina analítica. Aquél proto-ordenador nunca llegó a construirse pero la Condesa de Lovelace la desarrolló para crear el considerado primer programa informático. Su nombre, Ada, fue luego utilizado por el Departamento de Defensa de Estados Unidos para uno de los primeros lenguajes de programación. Una joven estudiante de programación, Linda Boreman, cambió su apellido por Lovelace cuando cambió su carrera informática por el cine. La Condesa de Lovelace difícilmente imaginó que su nombre acabaría unido a Garganta Profunda. Ada Lovelace, además de Condesa, inspiradora de actrices porno y escritora, era hija de Lord Byron.

En una ocasión “papá” Lord Byron invitó a Ginebra a John William Polidori y el matrimonio Shelley, Mary y Percy. Después de una noche de cuentos y fantasmas, Lord Byron propuso un juego en el que los cuatro debían escribir una historia de terror. Solo dos lo consiguieron. Mary Shelley escribió un pequeño relato que luego desarrolló en su obra más conocida, Frankenstein o el Moderno Prometeo. Polidori tampoco lo hizo mal, lo escrito aquella noche acabó convertido en El Vampiro, donde se sientan las bases del vampiro tal y como lo entendemos hoy día.

Frankenstein y Dracula tienen otra cosa en común. Nike ha lanzado una Air Force 1 para el primero y una Dunk para el segundo. Y ninguna tiene Jacquard.

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