Según un titular de ESPN Nike no renovará contrato a Enes Kanter debido a los enfrentamientos del jugador con el gobierno turco. El titular es engañoso porque usa solo un comentario del propio Kanter y lo acepta como una verdad. Las palabras de Kanter aparecieron en una entrevista en Vice en octubre de 2018. "Si le damos un contrato a Kanter, cerrarán todas nuestras tiendas en Turquía", le habría dicho Nike. Pero Nike no ha respondido.

La discusión se centra en la actitud de Nike, opuesta a la campaña realizada junto a Colin Kaepernick. ¿Se comporta Nike de un modo hipócrita? Debemos ser conscientes de que no hay ningún comunicado de Nike en el que queden reflejadas las palabras de Kanter, así que partimos de un dato sin confirmar.

¿Puede Nike tener miedo a perder las ventas en Turquía? Aunque no tenemos cifras de ventas por países, sí que podemos ver la importancia global. Hasta 2017 Nike colocaba a Turquía en un grupo junto a Polonia, Grecia o Israel. En total el colectivo suponía un 4% de las ventas (datos de 2017). Si a Nike no le ha temblado el pulso a la hora de entrar en política en Estados Unidos, que supone un 44% de ventas ¿por qué deber temer las ventas en un país como Turquía con solo una porción de ese 4%?

En el caso de Turquía, las únicas declaraciones de Nike estaban relacionadas con el uso de refugiados sirios en las fábricas turcas asociadas con Nike. Como miembro de Fair Labol Association, Nike no pasaba de un ultracorrecto "apoyo de los esfuerzos del FLA en solucionar estos problemas junto al gobierno turco".

Un caso relativamente parecido es el de Irán. Una vez que Estados Unidos prohibió las relaciones comerciales con Irán, Nike anunció públicamente que dejaría de patrocinar a deportistas iraníes. Esta vez Nike se colocó del lado norteamericano ante la posibilidad de las medidas legales del gobierno de Trump. Más casos. Nike cortó el contrato de Manny Pacquiao por sus comentarios homófobos sin pensar en la repercusión en ventas que podría tener en Filipinas. Me atrevería a decir que Nike no tiene miedo a la repercusión de sus campañas más polémicas.

¿Y entonces por qué no ofrece un contrato a Kanter? Entre los últimos agentes libres (en contratos de zapatillas) el grupo Nike no ha renovado a Kawhi Leonard, Gordon Hayward o DeMarcus Cousins. No es un asunto exclusivo de Nike, la temporada pasada John Wall pasó meses como agente libre antes de renovar con adidas (que dejó ir a Wiggins y Embiid). Bajando de categoría, Montrezl Harrell no tiene contrato y Spencer Dinwiddie incluso ha creado unas zapatillas para él que no pondrá a la venta.

Las marcas tradicionales del baloncesto han comprobado que muchos de sus patrocinios no tienen una correlación con las ventas y los están abandonando. Un rookie en 2018 sabe que no podrá acercarse a las millonadas que se pagaban hace 10 años, lo que ha servido para la entrada de nuevas marcas como New Balance, Puma o And1.

No sé si Nike tiene miedo a perder ventas en Turquía, pero estoy seguro de que Nike tiene miedo a perder dinero pagando a jugadores NBA. Si Kanter tuviera una mirada más global vería que le está ocurriendo exactamente lo mismo que a otros jugadores que no discuten con Erdogan. Quizás Nike no renueve tu contrato porque el gobierno de Turquía dice que eres un terrorista, pero puede que sea solo porque no se venden zapatillas.

Kelly Oubre Jr un jugador de la clase media de la NBA firma por una nueva marca después de sus tres primeras temporadas con adidas. La noticia tiene una repercusión mayor a la habitual en este tipo de casos porque parece escaparse de la norma.

El motivo principal es que se trata de Converse, una marca que no tenía presencia en la NBA desde 2012. Fue entonces cuando la subsidiaria de Nike creó sus últimas zapatillas para Elton Brand y abandonó el deporte al que había estado unido desde 1917.

Desde que Nike compró Converse, la histórica marca de la estrella fue apartándose del deporte para convertirse exclusivamente en una firma de moda centrada en Chuck Taylor All Star. Converse pasaba de competir con adidas a hacerlo con Vans.

Su idea de alejarse por completo del deporte llegaba al ridículo cuando reeditaba zapatillas con el mismo nombre que algunos de sus clásicos, pero sin ninguna relación con ellas. Una Converse Weapon, una zapatilla con el mismo peso histórico que Nike Dunk, se convertía en zapatilla pretendidamente de moda que tampoco triunfaba.

En el momento en el que algunas marcas se inventaban una falsa relación con el baloncesto, Converse, que tenía en su catálogo alguna de las mejores retro de la historia, rechazaba el baloncesto para orientarse a la moda.

El grupo Nike está formado actualmente por Nike, Jordan, Converse y Hurley. La última tiene un perfil algo diferente, con producto centrado en surf y deportes de playa pero Nike, Jordan y Converse compartían mercado baloncestístico. Durante los años brillantes de ventas de baloncesto, Nike y Jordan llegaron a controlar el 90% del total. Donde el grupo debía crecer no era en baloncesto sino en los adolescentes, por lo que centraron Converse en ellos. No importaba que la marca estuviera a punto de cumplir un siglo de relación con el baloncesto.

En 2012 el World Basketball Festival se anunciaba como una celebración del baloncesto a través de Nike, Jordan y Converse. En la siguiente edición desaparecía Converse.

 

¿El nuevo contrato supone la vuelta de Converse al baloncesto? No. Sin zapatillas reales de juego, Kelly Oubre Jr jugará con Nike. El contrato solo se refiere a zapatillas fuera de cancha, algo que en la nota de prensa oficial es referenciado a través de un bonito ripio, “cultura de baloncesto”.

Aunque se hable de que es el primer tipo de contratos de este tipo, la realidad es que ya hemos visto varias situaciones en las que lo menos importante es la zapatilla de rendimiento, justo cuando otras marcas intentan tener su sitio en las canchas de baloncesto, con apariciones puntuales de Puma, And1, Fila o New Balance.

  • En un caso idéntico al de Oubree, Skylar Diggins fichó por Puma en 2017, antes de que la marca tuviera zapatillas de baloncesto. Diggins aparecía en las campañas de Puma, pero jugaba con zapatillas Nike en las que ni siquiera ocultaba el logo (al menos jugaba con modelos de temporadas anteriores que no estaban a la venta).
  • La primera zapatilla de Jordan para Russell Westbrook no eran de juego. La marca Jordan parecía más interesada en las fotos fuera de cancha de Westbrook que de su juego.
  • Kyle Kuzma tiene contrato con GOAT, una web del llamado mercado secundario para sus zapatillas fuera de cancha.
  • Darius Bazley firmó un contrato de un millón de dólares con New Balance antes de saber si llegaría a jugar un partido profesional. Su trabajo oficialmente es como becario de la marca.
  • En los últimos años hemos visto nuevos lanzamientos de zapatillas para Scottie Pippen,  Penny Hardaway o Allen Iverson, jugadores que llevan años retirados y que dejaron de ser atractivos para las marcas mientras jugaban.
  • Jerry Lorenzo describía sus últimas zapatillas para Nike como “diseñadas para el calentamiento preparado, sesiones de tiro y per-game swagging”.

En Estados Unidos las ventas de producto relacionado con el baloncesto han caído en los últimos años de un modo escandaloso. Analizando las ventas por edades, parece que el ciclo se va mantener las próximas temporadas. Hace cinco años el baloncesto suponía el 13% de las ventas totales de calzado deportivo. Hoy es un 4%.

Mientras se habla de Golden State Warriors como el mejor equipo de la historia y se debate si LeBron podría superar a Jordan, ni los mejores vendedores han conseguido convertirlos en un producto vendible.

Kyle Kuzma anuncia un nuevo contrato con GOAT, una web y app de lo que ahora llaman “mercado secundario”.

¿Cómo funciona? Si tienes unas zapatillas de las que quieras deshacerte, tienes que ponerte en contacto con GOAT y ellos ponen tu zapatilla en un listado a la venta. Si alguien compra tu zapatilla debes enviar la zapatilla a GOAT para un proceso que garantiza que es auténtica y se encargan de enviarla al cliente. El coste de la transacción lo asume el vendedor y supone un cifra que ronda el 10% del precio.

Aunque con algunos detalles distintos, es una clásica plataforma sin stock propio que gana a través de las acciones y producto de los propios de sus clientes.

Hasta hace unos años las tiendas de “mercado secundario” (huyen de la palabra reventa) eran obviadas por las grandes marcas. Eran una sección muy pequeña del pastel y lo usaban como indicador. Si mucha gente estaba dispuesta a pagar más dinero por una zapatilla quizás era el momento de subir el precio o hacer una edición más amplia.

En realidad se trata de un razonamiento falso desde el momento en el que se crea un mercado de reventas que compran solo para revender, pero en cualquier caso se trataba de un número pequeño de unidades comparado con el total de ventas de una marca. No supone ninguna ventaja económica pero los datos de los precios, como las de las horas de espera en una cola, aparecen en PowerPoints de las grandes marcas como grandes logros.

El contrato de GOAT y Kyle Kuzma le “obliga” a llevar zapatillas de la plataforma. El contrato debía ser compatible con el firmado anteriormente con Nike, por lo que Kuzma llevaría Nike de GOAT.

No es la primera vez en la que un intermediario contrata a sus propios embajadores. Schroeder aparece en anuncios de Snipes llevando Nike y en los anuncios de Footlocker es habitual que aparezcan jugadores NBA (cada uno con su propia marca).

Unos días antes del comienzo de la nueva temporada de la NBA Nike anuncia las zapatillas que llevarán algunos de sus jugadores en la cancha. La de Kuzma es una Kobe AD realizadas en NikeiD que cualquiera puede recrear en el servicio de personalización de la marca, por lo que queda fuera del círculo de zapatillas “GOATables”, ediciones limitadas y rarezas.

En principio y aunque no se habla de ello en la nota de prensa proporcionada, Kuzma lleva zapatillas de GOAT en sus apariciones fuera de cancha, una situación que habitualmente Nike utiliza para presentar nuevos modelos de calle. Nike, como cualquier otra marca, utiliza las apariciones fuera de cancha de sus jugadores para mostrar nuevo material no deportivo.

En el primer partido de temporada Kuzma llegó al pabellón con Nike Flight 2K3, una zapatilla con historia en los Lakers porque fue utilizada por Kobe y LeBron. Un modelo que no está a la venta. ¿Beneficia eso de algún modo a Nike?

Los dos contratos de Kuzma llevan caminos opuestos. Al centrarse en producto limitado, GOAT no necesita que Kuzma lleve zapatillas que están a la venta porque en la mayoría de las ocasiones el stock es muy reducido. Llevando unas 2K3 no consigue vender más 2k3 porque sencillamente no puedes encontrar muchas unidades de una zapatilla de 2003. A Nike le interesa que sus jugadores lleven zapatillas que están a la venta. A GOAT le interesa justo lo contrario, porque demuestra que allí puedes conseguir rarezas.

Con el contrato de Kuzma se abre también otro melón. Hasta ahora el único consejo de las marcas para evitar zapatillas falsas era comprar en establecimientos autorizados. GOAT tiene su propio sistema de autentificado propio ¿Qué ocurre si Kuzma acaba usando zapatillas falsas? Ojo que no es una idea demasiado extraña, ya lo hemos visto incluso en un anuncio de Jordan.

Además, la duplicidad de contratos plantea muchas dudas. La imagen de Nike y GOAT pueden llegar a ser opuestas. Si Kuzma acaba jugando con zapatillas de GOAT ¿puede Nike garantizar que son aptas para jugar o veremos más zapatillas destrozadas en las canchas? Tony Wroten y Nick Young eligieron jugar con modelos Jordan de otras temporadas que terminaron destrozados.

Las plataformas de mercado secundario son una realidad que ha ido creciendo sin que las normas y las leyes hayan cambiado. Garantías, problemas de imagen o participaciones en campañas que deben ser replanteadas.

   

  

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Se cumplen 50 años de México 68, el que para muchos es el mayor evento deportivo de la historia, ya sea por la importancia cultural, la aparición de nuevos materiales o las marcas obtenidas, tres motivos que se cruzan en la historia de Tommie Smith y John Carlos.

Los dos atletas habían participado en el Olympic Project for Human Rights, una asociación que llamaba al boicot de México 68 por las conexiones racistas del presidente de COI Avery Brundage y la participación de Sudáfrica y Rodesia, dos naciones en las que se practicaba el apartheid. Finalmente Brundage permaneció en el cargo, pero Sudáfrica y Rodesia no fueron a México y se deshizo la amenaza del boicot.

Smith y Carlos protestaron durante Mexico 68 en una imagen que se ha convertido en historia de los Juegos. Aunque son siempre citados como protagonistas de las protestas en el podio, no fueron los únicos. También lo hicieron Ron Freeman, Lee Evans y Larry James en el 400. Sin embargo su lucha contra el poder había comenzado unas semanas antes. Y ahí es donde aparecen las zapatillas.

Horst Dassler, el hijo del fundador de adidas, supo crear una estructura de contactos en el deporte de primer nivel que se han mantenido incluso después de su muerte. Joseph Blatter, Joao Havelange (expresidentes de la FIFA) o Juan Antonio Samaranch (que incluso leyó un panegírico en el entierro de Horst) mantenían a adidas como marca fundamental en el deporte de rendimiento. adidas también tenía contactos en la IAAF, la asociación que rige el atletismo.

Uno de los adelantos técnicos de México 68 fue el uso de material sintético en las pistas de atletismo. Aunque no fuera la primera ocasión en la que se utilizó en grandes eventos, sí que sirvió para su popularización.

Puma desarrolló unas zapatillas adaptadas a las nuevas superficies en las que cambiaba los tradicionales clavos largos por 68 pequeñas agujas que se adaptaban al nuevo material con el que se fabricaban las pistas. Con ellas compitió en los trials estadounidenses John Carlos (200m) un par de semanas antes de los Juegos. El resultado fue un récord del mundo, que como cualquier otro récord debía pasar por la aprobación de la IAAF.

Cuando adidas descubrió las zapatillas contraatacó tratando de diseñar un sistema parecido, pero ante la cercanía de los Juegos jugaron con otra bala; contactos. Sorprendentemente las zapatillas fueron prohibidas por la IAAF y la marca de Carlos nunca fue homologada como récord del mundo.

En los Juegos Olímpicos, con zapatillas Puma con los clavos tradicionales, Carlos fue bronce y puso en primer plano unas zapatillas Puma en el momento de la protesta en el podio.

Muy lejos de los tiempos actuales en los que una zapatilla prohibida es un caramelo para las campañas de marketing, aquella Puma Brush Spikes fue la primera gran zapatilla prohibida.

Luego llegarían otras muchas restringidas por motivos, el color (Puma Joe Namath, Jordan 1/AirShip), contener material peligroso (Buscemi B-Court, Jordan Melo M10), utilizar un sistema de amortiguación mecánico (Spira en running, APL en baloncesto) o por hacer uso de logos no permitidos (un problema habitual con modelos customizados).

Aquella Puma Brush Spikes no solo fue una zapatilla prohibida. También fue un modo de entender que el liderazgo de las marcas deportivas tenían poca relación con las innovaciones reales y mucho que ver con las relaciones de las marcas con las grandes corporaciones que dominan el deporte de elite mundial.

Cuando se habla de la industria del calzado deportivo o aun peor, de “la cultura de las zapatillas”, se habla en realidad de distintas secciones de una realidad con poco en común. Por eso hay pocos nombres que hayan podido mantenerse pasando de un lado a otro.

Uno de esos casos es Sandy Bodecker. Su primer contacto con Nike fue en 1979. Como otros esquiadores, Bodecker usaba la carrera como parte de su entrenamiento y descubrió que muchos de sus compañeros de la Universidad de New Hampshire llevaban Nike. Bodecker se ofreció como probador de calzado y sus informes eran tan exhaustivos que poco después recibió una oferta de trabajo. El diseñador que quería tenerle cerca era Mark Parker, que terminaría siendo CEO de Nike.

La carrera de Bodecker se desarrollaba en paralelo a la del propio Parker, separándose del diseño en los 90 cuando se encargó de liderar la primera división global de fútbol, aquella que colocó a Nike en el mercado con apariciones espectaculares en anuncios y Copas del Mundo. Desde fuera Bodecker entendió las necesidades del fútbol y con un puñado de jugadores brasileños y un par de equipos con colores brillantes y diseños locos consiguió más visibilidad que las marcas establecidas.

En pocas ocasiones alguien del perfil de Bodecker aparece en la prensa general. Él lo hizo en 1999 cuando contrajo matrimonio con Cathy Freeman, la atleta australiana.

En 1996 Nike había creado una campaña olímpica que se enfrentaba directamente al Comité Olímpico Internacional y su almibarada imagen del deporte. Con Nike como enemigo y adidas en segundo plano, Reebok era la opción fácil para convertirse en patrocinador olímpico y así se hizo. En diciembre de 1999, a unos meses de inaugurarse los Juegos y cuando muchas de las prendas habían sido fabricadas por Reebok, se anunció la ruptura del contrato. Las circunstancias nunca quedaron claras, el Comité Organizador de Sidney decía que Reebok era incapaz de desarrollar el producto y la marca respondía con acusaciones de favoritismo por parte de otras marcas.

El Comité Olímpico de Sidney debía encontrar alguien dispuesto a producir uniformes de jueces, voluntarios y de la selección australiana en menos de nueve meses. Y ese alguien fue Nike. Fue el toque de gracia para Reebok, que cinco años después pasaba a formar parte del grupo adidas.

El 15 septiembre de 2000 la estrella de Nike Cathy Freeman encendía el pebetero de los Juegos Olímpicos con unas Nike Presto y ganaba el oro de los 400 vestida con el uniforme estrella de Nike. La relación entre Freeman, Nike y Bodecker sirvió de excusa para todo tipo de conjeturas sobre los movimientos de patrocinios.

En 2003 se anunciaba el divorcio de la pareja, agotada después de  que Freeman abandonara el deporte durante un año para acompañar a Bodecker, diagnosticado de cáncer de garganta.

Es entonces cuando Bodecker entra en su etapa más conocida, en Nike SB primero y Active Sports luego. No era la primera vez que Nike intentaba entrar en el skate y su estrategia esta vez fue muy distinta. Un pequeño grupo de skaters, Reese Forbes, Danny Supa, Richie Mulder y Gino Iannucci, elegían colores y materiales para Dunks que llegaban a un puñado de tiendas especialistas que no tardaron en pedir sus propias ediciones especiales.

Hay muchas dudas respecto a cuál deberíamos considerar como la primera colaboración pero Nike SB a principios del siglo XXI perfeccionó las ediciones limitadas hasta hacerlo algo suyo. Tiffany, Pushead, Pigeon o FLOM fueron el origen de las actuales ediciones limitadas, aunque su verdadero sentido haya quedado muy lejos de aquellas.

Durante años, hablar de Sandy Bodecker era hablar de Nike SB y de cómo había conseguido entrar en otros deportes apoyándose en el skate.

En 2007 es presentado como Vicepresidente de Diseño (NSW 2008 como su mayor proyecto) y más tarde Vicepresidente de Proyectos Especiales, desde donde disparó su última bala, Breaking2, una obsesión que llegó a tatuarse en la muñeca.

Un tipo que en realidad quería ser músico, que se rodeaba de artistas como Futura o Tom Sachs y al que podías encontrar en Madrid siguiendo a su sobrino, jugador de fútbol.

Entró en el fútbol cuando era coto de adidas. Creó de la nada un mercado en el skate y exportó el sistema a otras categorías. Ideó batir la frontera de las dos horas en maratón, dándole la vuelta al modo de organizar las carreras.

Tres deportes y tres situaciones completamente distintas en las que Bodecker actuó con éxito.

   

Hasta hace unos años encontrar libros de zapatillas era algo complicado. Con la saturación de libros sobre el tema vimos dos líneas, por una parte comenzaron a editarse libros a la ligera, con la única intención de aprovechar el momento. Por otra parte comenzó una especialización temática que nos llevó a libros exclusivos sobre un modelo en concreto. Pionero también en esto fue Chuck Taylor, luego llegaron Air Max 1, Air Max 97…y ahora Stan Smith.

Aunque tiene el beneplácito de adidas, no es un libro de la marca, lo que le da un tono muy relajado y redunda en su credibilidad. Se habla con naturalidad de otras marcas e incluso del museo Bata, a pesar de alguna aparición sospechosa. David Villa contando que iba al colegio con Stan Smith suena al besaescudo de fichaje futbolero.

La manida estructura del abecedario como excusa para desgranar su historia no estorba en una colección de anécdotas, chascarrillos y curiosidades. Hay zapatillas dibujadas por el nieto de Stan Smith, comentarios de John Wexler, Nic Galway, Towa Tei, Pelé, Martina Navratilova, Raf Simons, Shane Battier o los fundadores de White Mountaineering, Hyke, Mastermind, Kolor, UNDFTD o Colette. Incluso un coleccionista de zapatillas, que en libro con tantas miradas distintas incluso tiene sentido.

Con apariencia de coffe table book de esos que se quedan para siempre sin leer, Some people think I’m a shoe habla sobre zapatillas (¿debería usar el singular?) pero también del tenis de los sesenta, del paso al profesionalismo, de moda y de familia. Todo en pequeñas cápsulas que funcionan como los capítulos de un bestseller facilón, siempre crees estar en el penúltimo.

Lo más peligroso de estos libros es cuando se convierten en hagiografía o cuando se hacen sin amor (podría citar alguno de adidas que parece editado por el mismísimo Mark Parker). El cuidado del libro no se queda en la presentación y llega hasta la elección de las fotos. El mismo estilo de Stan Smith (el hombre), te aleja de cualquier glorificación porque es del tipo de personas que convierte en algo tremendamente natural haber sido número 1 del mundo.

Quizás eso explique el carácter de Stan Smith (la zapatilla). Esa zapatilla que detrás de su apariencia de básico esconde mil historias.

Uno de mis problemas con la comunidad zapatilla (en general, con todas las comunidades) es la tendencia a la uniformidad. Una conversación sobre zapatillas dentro de la “comunidad sneaker” tiene la misma variedad de opiniones que un encuentro amish. Por eso tengo tendencia a leer las opiniones de zapatillas de gente que viene de otros mundos.

Me interesó desde el primer momento el libro de Leonardo Ferri porque es un periodista argentino que lleva años escribiendo sobre casi cualquier tema. Su punto de vista sobre las zapatillas seguro que era distinto.

Dividido en ocho secciones, se reparten entre historia, tecnología, diseño o cultura sneaker, con lo que la misma estructura del libro ya es distinta a lo esperado. El primer capítulo, sobre la historia de las zapatillas, comienza en 1892 y consigue hacer un repaso completo en unas pocas páginas sin olvidar ninguna clave y aportando datos nuevos (es lo bueno del periodismo bien entendido, que no se contenta con leer el enésimo resumen sino que busca las fuentes). Es cierto que ya hay libros específicos que hablan de la historia de las zapatillas y que por lo tanto son más completos, pero este libro es un correctísimo resumen y una perfecta introducción para noveles.

En cualquier caso, el capítulo sobre la historia es el más normativo. Los siguientes tratan de la tecnología, el diseño o las apariciones en la cultura pop. En lugar de un libro, puede entenderse como un repertorio de reportajes sobre temas relacionados con las zapatillas, para lo que cuenta con entrevistas a grandes nombres (y otros no tan grandes, como un servidor) con una joya final en forma de conclusión. Un ensayo de alguien que sabe escribir e investigar, no de alguien que sabe de zapatillas.

Lo interesante es que viéndolo desde fuera no cae en muchas de las tendencias habituales, aunque se le podría criticar que alguien desde fuera entiende “el mundo de las zapatillas” como algo homogéneo y unitario, como si todos los apasionados por las zapatillas tuviéramos en común algo más que eso.

Un sneakerhead se indignará porque no le dedica el espacio que se merece su zapatilla favorita, pero Zapatillas, funciona perfectamente como una visión general y como introducción. Por ahora editado en papel en Argentina, está disponible en su versión digital en el resto del mundo.

En los últimas días Nike ha sido protagonista de varias noticias. Cuando hablo de noticias no me refiero al último gran lanzamiento cuya nota de prensa acaba replicada a la perfección en todos los medios "de tendencias". Esos son los grandes temas para gente como tú y como yo, pero en cuanto pones un pie en la calle te das cuenta de que a nadie le importa que Supreme intente recuperar unas zapatillas de fútbol callejero. Una noticia tampoco es eso de lo que se habla en twitter.

Las noticias de verdad aparecen en los periódicos, en la prensa generalista e incluso en televisión. Nike ha copado la sección de deportes con una innovación (el chaleco que está usando Rafa Nadal) y una polémica (la de Colin Kaepernick). Las dos bases de la comunicación de Nike en sus primeras décadas, olvidadas en los últimos años en beneficio de un intento de llegar a todo el mundo.

"Si no molesto a nadie, todo el mundo me querrá"

Pero la historia de Nike está llena de bocazas y metepatas. El primer deportista en fichar por la marca fue Ilie Nastase, un polémico tenista que fue borrado de los libros de historia de Nike después de abandonar la marca en beneficio de un alemanes con franjas. La estela de Nastase la siguió McEnroe y más tarde Andre Agassi, todo un revolucionario aunque se tratara solo un asunto estético. El ejemplo de conducta atlética es Steve Prefontaine, un tipo que batalló contra las autoridades atléticas. En el baloncesto se hizo con Darryl Dawkins en los setenta, Charles Barkley en los ochenta y Dennis Rodman en los noventa. El fútbol era el deporte de Cantona y Jorge Campos. Podemos remontarnos en ese espíritu metepatas hasta el principio de la propia marca recuperando una felicitación enviada a Bill Bowerman, que estaba lejos de ser amistosa.

La imagen de Nike era la definición de "maverick" y conseguía que siguiéramos creyéndolo incluso siendo la número uno. ¿Era cuestión de imagen? Seguro, pero esa actitud estaba tan enraizada en su historia que incluso la rebeldía estética terminaba siendo real.

¿Supondrá el apoyo a Kaepernick una caída en ventas? El target del comprador de Nike no es alguien que apoye a Trump. Aunque el target no coincide exactamente con los compradores, la mayoría de los que se han retratado en redes sociales quemando sus Nikes no habían comprado zapatillas de la marca en los últimos años. Puede que muchos compraran Nike Monarch, pero la comunicación de Nike no se dirigía a ellos.

LeBron James de Nike y la estrella de Under Armour, Stephen Curry se negaron a visitar la Casa Blanca mientras estuviera allí Donald Trump. El principal nombre de Puma, Jay Z también se ha mostrado públicamente su postura contraria al señor rubio.

El hombre blanco que quiere quemar sus Nike posiblemente lleva Skechers o New Balance (Made in USA).

¿Apoyar a Kaepernick es un suicidio? En realidad Nike siempre le ha apoyado. Lo hacía cuando jugaba y mantuvo su contrato activo en su etapa de agente libre, aunque no lo usara en sus campañas. La camiseta de Kaepernick seguía entre las 20 más vendidas un año después de su último partido así que no puede hablarse de una apuesta puramente política. Es cierto que después del anuncio las acciones de Nike han caído un 3%, pero no deja de ser una caída relativamente normal (en el gráfico, las acciones de Nike en 2018).

En el siglo XXI la bestia se durmió y dejó de ser la rebelde. De ser el azote del Comité Olímpico Internacional a solucionar el mayor problema de patrocinio olímpico. De diseñar uniformes de fútbol que rozaban la legalidad a vestir a los árbitros. De anuncios en los que sonaban The Stooges a crear unas zapatillas para Kevin Hart.

Para llegar a todos Nike escondió los colmillos y probó con una sonrisa. Ganó, sobre todo, entre los que no distinguen entre uno y otro.

En la última semana Nike se ha puesto de lado de Serena WIlliams frente al presidente de la federación francesa de tenis, ha lanzado una campaña espectacular para activar el deporte femenino en México...y se ha colocado en el centro del huracán junto a Colin Kaepernick.

¿Es esta la vuelta de Nike a la rebeldía?

 

El fútbol y la música han intentado ir juntos en numerosas ocasiones, pero la Copa del Mundo es el peor momento para cogerse la mano.

Las canciones creadas para el Mundial suelen ser más dolorosas que los propios himnos nacionales cantados por los jugadores, con una asombrosa tendencia a convertirse en temas oficiales con incursiones de algunos jugadores que creen que el vocoder es la solución.

Las excepciones son, cuando menos, extrañas. Una de ellas podría ser World in Motion, un tema al menos digno que para los aficionados de New Order es el punto más bajo, quizás porque fue su único número uno. Un tema por encargo que debían interpretar junto a Paul Gascoigne o Peter Beardsley, pero el que consigue aumentar las visualizaciones en youtube es John Barnes, el mediocentro del Liverpool, que rapea oscureciendo a los ex-Joy Division y al actor Keith Allen. Barnes acabó repitiéndolo en un anuncio de Mars, esta vez con una sudera sin marca. Nunca sabremos por qué Barnes llevaba una sudadera adidas cuando la selección inglesa llevaba adidas y él cobraba de Diadora.

Debió gustarle la experiencia al cómico Keith Allen porque creó un nuevo hit futbolero con Fat Les, un supergrupo junto a Alex James (bajista de Blur) y el artista Damien Hirst. La canción, Vindaloo, era una auténtica parodia de las canciones futboleras que podía presumir de tener la letra menos trabajada de la historia. Nah, nah, nah, somos Inglaterra, marcaremos un gol más que vosotros.

No sabemos si el hooliganismo entendió la ironía, pero Fat Les sabía a quien se dirigía, porque el sello con el que distribuyó la canción era Telstar Records, que tenía entre sus protegidos a Victoria Beckham y Vinnie Jones. Telstar era, además, el nombre del balón del mundial de 1970, renovado actualmente con el Telstar 18 con el que se ha jugado en Rusia.

El Mundial de 1998 fue una batalla musical. Además de Vindaloo, Inglaterra se animó con una nueva versión de Three Lions, la que había sido canción oficial de la Eurocopa dos años antes. La actualización de The Lightning Seeds comenzaba con la retransmisión del fallo del penalti que les dejó fuera en 1996. El encargado de errar el tiro fue Southgate, el actual seleccionador inglés, que ha estado veinte años sin escuchar la canción que sus aficionados usan para darle ánimos.

Pero ni Three Lions ni Vindaloo fueron las canciones oficiales, mérito que se llevó How does it feel to be on top of the world, de un supergrupo formado por Echo and The Bunnymen, Space, Ocean Colour Scene y The Spice Girls. Niños que cantan y juegan al fútbol, estrellas del britpop sonrientes con un estribillo que difícilmente puede gritarse desde las gradas, motivos por los que el himno oficial fue superado por Three Lions y Vindaloo.

La selección alemana tiene más suerte dentro del campo que en los estudios de grabación. En 1978 Udo Jürgens, un cantante melódico austriaco que había ganado Eurovision doce años antes puso a la selección alemana a los coros con el resultado que cualquiera podría esperar. Vale la pena aunque solo sea por ver cantar de nuevo a Franz Beckenbauer, que ya lanzó un single en 1966 y una canción con su selección.

Como el asesino siempre vuelve al lugar del crimen, en 1990 Jürgens volvió a animar a la selección alemana. Entre esas dos fechas, 1978 y 1990, Udo Jürgens se encargó de provocar muchas vergüenzas, pero al menos en una de ellas fue un visionario. Fue el primer cantante en tener una línea propia con Puma, por expreso deseo de Armin Dassler, considerado por muchos el culpable del hundimiento de Puma en los ochenta.

La selección alemana de fútbol es el segundo patrocinio deportivo más longevo de la historia (cuando Slazenger empezó a proporcionar pelotas para el torneo de Wimbledon en 1902 todavía no se había creado oficialmente la FIFA). Que su himno fuera cantado por un austriaco relacionado con Puma parecía una venganza, pero parece solo un detalle sin importancia cuando piensas en 1994. La federación alemana eligió para su himno a Village People, una boyband creada artificialmente para atraer al público gay a través de sus estereotipados disfraces.

A aquellos tipos, se les había elegido expresamente por su físico…unos veinte años antes de aquél himno alemán. Tan fuera de su época que ha tenido que pasar un cuarto de siglo para que podamos volver a verlo con una sonrisa.

Si nos ponemos serios y viendo los problemas que luego tuvo Jurgen Klinnsman, el encuentro entre Village People y la selección alemana de fútbol es un ejemplo de las obligaciones normativas en cada grupo social. En el fútbol alemán declararse gay sigue siendo un tabú. Entre los miembros de Village People había heteros que preferían ocultarlo.

Estados Unidos lo intentó con Lupe Fiasco en horas bajas y Argentina en 2018 tuvo la mala idea de incluir la frase "si fallas, más fuerte serás", un boomerang que fácilmente se volvería en su contra. Pero allí han sufrido a Maradona cantando con Pimpinela. Incluso una buena idea, como fichar a Ennio Morricone para el mundial del 78, se convertía en un resultado discutible.

La selección española ha tenido muchos himnos no oficiales (Marwan y Luis Ramiro en 2010) y alguno oficial que mejor olvidar, A por ellos, oé, que consistía básicamente en repetir (y registrar en la SGAE) un grito de guerra de los campos de fútbol. Resultado era imprevisible, ya que los autores habían firmado anteriormente temas clásicos como Qué dificil es hacer el amor en un Simca 1000 o Me duele la cara de ser tan guapo.

La canción, que convertía Vindaloo en una sinfonía agradable al oído, tuvo su momento de gloria un tiempo después. Los autores del tema, La banda del capitán canalla, denunciaron a Izquierda Unida por utilizar "A por ellos, IU" en su campaña.

España tiene una curiosa tradición de antiguos futbolistas reconvertidos en cantantes con resultados desiguales con casos como Julio Iglesias, Álvaro Benito y Melendi. Tres nombres que se hubieran dedicado al fútbol si las lesiones no se lo hubieran impedido, lo que me hace pensar que para mejorar la música nacional habría que implantar servicios médicos de alto nivel en las categorías inferiores del fútbol.

Hacer una canción debe ser dificil. Hacer una canción buena debe ser más dificil y hacer una canción oficial buena para un mundial parece una tarea imposible.

Cada Mundial de Fútbol se convierte en una celebración patriótica, un momento para definir conductas o incluso personas que supuestamente deberían representar a tu estado. Una extraña mezcla de naciones, estados, banderas y federaciones tapadas bajo banderas.

La primera pregunta debería ser ¿a quién representa una selección de fútbol?

Cada equipo de fútbol de la Copa del Mundo es seleccionado por federaciones. Las llamadas selecciones nacionales deberían ser llamadas selecciones federativas, pero decir “selección española” no es un modo de acortar “selección de la federación española”.

¿Qué relación hay entre una federación y un estado? No hay una única relación, hay federaciones que se apoyan en sus respectivos estados, hay estados sin federaciones, federaciones sin estados y federaciones que coinciden con el estado aunque funcionen de modo completamente autónomo.

La FIFA tiene más federaciones que estados hay aceptados por las Naciones Unidas y eso explica la aparición de selecciones que no se corresponden con ningún estado. Quizás lo más nombrado serían casos de pequeños territorios en los que hablar de su carácter estatal es un debate sin fin como Gibraltar o Curazao, pero hay ejemplos mucho más claros.

Inglaterra no es un estado independiente sino que forma parte del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, pero tiene su propia federación, la Football Association (curioso, en su nombre no aparece ninguna relación con Inglaterra ni con Reino Unido). Fundada en 1863 es la federación más antigua y la creadora de las reglas principales, lo que le dio ciertas ventajas. No intentaba representar a ninguna nacionalidad y de hecho en sus orígenes incluía federaciones menores extranjeras.

Creada en 1904, la FIFA estuvo enfrentada a la Football Association y entre sus fundadores había 6 federaciones que sí estaban marcadas por un espacio geográfico concreto…con la única excepción del equipo que hoy conocemos como Real Madrid, representante español entre federaciones, ya que la federación española no se creó hasta 9 años más tarde.

Como federación que inició el fútbol tal y como lo conocemos, la FIFA la aceptó la participación de Inglaterra junto a Escocia, Gales e Irlanda del Norte, pero debido a sus malas relaciones Inglaterra ha abandonado la FIFA en varias ocasiones, motivo por el que Inglaterra no participó en Mundiales hasta 1950. Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda del Norte son selecciones nacionales sin estado.

Si naces en Londres y juegas al fútbol, representarás a la selección inglesa, pero si te dedicas al baloncesto, tu selección sería el Reino Unido de Gran Bretaña. Más divertido aun, los Juegos Olímpicos no se rigen por las normas FIFA sino por sus propios comités olímpicos, por lo que no hay selección inglesa en los Juegos Olímpicos. El mismo tipo puede defender un día a Inglaterra en el Mundial y el día siguiente hacerlo con Reino Unido en los Juegos Olímpicos. Como es el caso de Micah Richards, arriba partiéndose la cara por Reino Unido, abajo por Inglaterra.

Estamos entonces de acuerdo en que no hay relación alguna entre estados y federaciones, más allá del uso de nombres y banderas. De hecho, la FIFA vigila que no haya demasiada relación entre una y otra. En el caso, muy habitual, de que una federación realice cualquier tipo de irregularidad financiera, el intento de un país porque su federación se mantenga en la legalidad puede llevar a una amenaza de la FIFA, como ocurrió en España cuando Zapatero y el CSD conocieron el caso Villar.

Las federaciones se mantienen lejos de los gobiernos estatales y crean sus propias normas. Una de esas diferencias es la consideración de jugador seleccionable para un equipo nacional. En la actualidad, un jugador que haya vivido al menos cinco años en un territorio ya es considerado elegible en el caso de que no haya jugado para una selección anteriormente.

Hay estados en los que la legislación para conseguir la nacionalidad es mucho más dura, así que puedes ser seleccionable por un país pero no tener la nacionalidad. En el caso contrario, puedes tener la nacionalidad pero no ser seleccionable. Incluso puedes ser seleccionable para defender a varias federaciones. Un jugador con doble nacionalidad, como es el caso de Messi, tiene los mismos derechos que cualquier otro ciudadano de esas nacionalidades, excepto jugar en las selecciones.

En la España franquista, tan obsesionada con las banderas, no tenían problema en adoptar a Kubala, que había defendido antes las de Hungría y Checoslovaquía y Di Stefano, que había representado a Argentina y Colombia.

Las federaciones de fútbol son empresas sin relación con el estado al que dicen representar, pero han sabido jugar con las banderas en beneficio propio. Las selecciones de fútbol representan a federaciones, no a países, por lo que tienen sus propias normas e incluso colores propios.

Una mezcla en la que se analizan los antepasados de algunos jugadores o se critica que uno beba la bebida nacional de otro país pero pueden enfrentarse Gales y Reino Unido, que comparten pasaporte.