Llega el día clave de 2016. No es un lanzamiento ni una competición sino la fecha que aparece en un contrato. El contrato que deben firmar los atletas para participar en los Juegos Olímpicos.

El 27 de julio comienza una etapa de silencio absoluto para algunas marcas. El motivo es la regla 40, que según el Comité Olímpico Internacional es un modo de preservar la pureza de los Juegos Olímpicos. En realidad es un modo de asegurarse un beneficio económico.

El Comité Olímpico y los juegos mismos estarían muertos de no ser por Juan Antonio Samaranch. Los Juegos de Montreal de 1976 son un ejemplo de pérdidas económicas que siguen pagándose cuarenta años después. Moscú 1980, debido al boicot de Estados Unidos y otros países occidentales, habían sido un tremendo fracaso comercial, sostenido solo porque la Unión Soviética lo utilizó como una muestra de poderío comunista. En 1980, la cuenta bancaria del Comité Olímpico Internacional tenía 200.000 dólares, algunos de los supuestos deportistas amateurs de los Juegos tenían más efectivo que el propio COI. Ninguna ciudad había presentado su candidatura para 1984 y los Juegos de 1988 fueron otorgados a Seúl, por entonces un régimen dictatorial y el único que se atrevía a organizarlos.

Horst Dassler firmando el contrato de cesión de los derechos olímpicos.

El movimiento olímpico parecía morir hasta que llegó Samaranch. La idea original fue del hijo fundador de adidas, Horst Dassler, que a través de su empresa ISL compró los derechos de patrocinio olímpicos para gestionarlos junto a Samaranch. Ellos fueron los artífices del sistema de patrocinio que rige en la actualidad. El llamado programa TOP reúne a 12 grandes Patrocinadores Olímpicos Mundiales que proporcionan la mayoría del dinero (en 1976 eran 628 patrocinadores). En los Juegos no hay vallas publicitarias, no hay dorsales patrocinados. A cambio hay que darles algo; el espíritu olímpico. Los actuales patrocinadores olímpicos son Coca Cola, Atos, Bridgestone, Dow, General Electric, McDonalds, Omega, Panasonic, P&G, Samsung, Toyota y Visa. En escalones inferiores, patrocinadores oficiales de cada uno de los Juegos, Colaboradores Oficiales y Proveedores. Solo ellos pueden asociar su nombre a los Juegos o hacer uso de los aros olímpicos.

El verdadero éxito de los Juegos deriva del programa TOP y el Comité Olímpico Internacional hace TODO lo posible por proteger a sus patrocinadores. El control es exasperante. Hay mil palabras que el Comité Olímpico prohíbe usar a menos que se trate de uno de los patrocinadores oficiales; Olímpico, Juegos Olímpicos, Olimpiada, Medalla, Victoria o Rio. Por eso es tan divertido ver las notas de prensa del resto de marcas. Cuando Nike (que es proveedor, no patrocinador) presenta las equipaciones de sus atletas para los Juegos, dice “este verano Nike invita a los atletas a celebrar la gloria de la competición internacional”. Un precioso ripio para no decir “Juegos Olímpicos”. Las marcas no olímpicas parecen jugar a las palabras prohibidas.

Hasta ahí llega lo que podríamos considerar normal. Tienen un producto comercial y quieren mantenerlo. Pero hay más. El control llega al límite con la regla 40, que impide a participantes, entrenadores o voluntarios mostrar públicamente sus patrocinadores personales desde 9 días antes de los Juegos hasta 3 días después de la clausura. Es decir, si Usain Bolt gana el oro, no podrá tuitear las Puma con las que venció hasta cuatro días después de que acaben los Juegos. Las únicas marcas que puede citar son los patrocinadores oficiales del COI. Un pequeño patrocinador puede apoyar a un deportista, pero cuando lleguen los Juegos, las únicas marcas visibles deben ser las que llegan a acuerdo con el COI. Puma no podrá tuitear sobre los Juegos, pero sí podrá hacerlo 361º (aquella marca que pagaba a Kevin Love pero que no consiguió que llevara sus productos).

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A Clyde Drexler se le escapó el detalle de Reebok en el pantalón

Cualquier deportista olímpico podrá calzar las zapatillas que quiera en competición, pero tendrá que vestir el uniforme de su federación y en caso de recoger una medalla, deberá hacerlo con la marca del comité olímpico de su país. Si vamos al ejemplo más conocido, Michael Jordan en un primer momento se negó a participar en los Juegos de 1992 porque le obligaban a llevar el uniforme Champion y sobre todo, el chandal de su archienemiga Reebok, que tenía un acuerdo con el Comité Olímpico de Estados Unidos. El asunto se solucionó con una lamentable muestra de imaginación. Michael Jordan subió al podio con el chandal Reebok pero con una bandera sobre el hombro para esconder el logo. El resto de jugadores Nike del Dream Team cosieron las solapas para que no se viera ni un solo logotipo de Reebok sobre el podio.

El problema en el podio no solo llegaba por el lado americano. Gatorade patrocinaba a la Federación Croata de Baloncesto, aunque ese patrocinio no podía ser efectivo durante los Juegos por las normas del COI. En los partidos amistosos la selección croata podía usar publicidad de Gatorade, pero en los Juegos debían llevar una camiseta sin publicidad y beber Aquarius. Durante la primera fase de los Juegos los osados croatas se atrevieron a beber Gatorade directamente de los bidones verdes. Creían que tapar el logo era suficiente, pero no. En la final contra el Dream Team recibieron el aviso de Michael Payne, el encargado del marketing olímpico. Una visita al vestuario les dejó bien claro que nadie que bebiera Gatorade públicamente podría ganar una medalla olímpica.

En 1984 los voluntarios de los Juegos Olímpicos tenían la misión de expulsar de la zona de espectadores del maratón (es decir, la calle) a todos los que llevaran una pancarta de apoyo. El motivo es que Nike repartía unos carteles sin ningún logo pero con el lema “Just Do It” que cualquiera podría relacionar con la marca. Nike, históricamente un especialista del ambush marketing, en los últimos años se ha cambiado de bando. Como patrocinador del Comité Olímpico de Estados Unidos, en Londres 2012 vistieron a todos los deportistas estadounidenses en la ceremonia de entrega de medallas. Pero dieron un paso más. Reconocían que cada deportista podía usar las zapatillas que quisiera durante el desarrollo de su práctica deportiva, pero debían llevar calzado Nike para recoger las medallas. De esconder el logo de Reebok a obligar a Phelps a llevar las Flyknit Trainer.

Tiene cierto sentido que el COI solo permita hamburguesas McDonald´s en la villa olímpica, pero en Londres 2012 McDonalds presionó para que se prohibiera la venta, no solo de hamburguesas sino incluso de patatas fritas en comercios de la zona olímpica que no tuvieran los arcos dorados. La presión pública consiguió finalmente que los turistas pudieran probar las tradicionales Fish & Ships. El control de la publicidad llega hasta el cielo. Literalmente. Durante los Juegos de 1992 se prohibió el vuelo de aviones sobre Barcelona, no podían arriesgarse a que cualquier marca anunciara sus productos desde el cielo.

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Costa Rica conoce bien el peligro de jugar con Coca Cola. Claudia Poll se convirtió en 1996 en la primera medalla de oro olímpico de su nación, pero lo hizo con un gorro en el que aparecía un logotipo de Pepsi. Y además lo hizo en Atlanta, la patria de Coca Cola. Finalmente, el comité de Costa Rica pidió disculpas y Coca Cola no quiso enfrentarse a una nación. Yohan Blake fue plata en Londres pero fue investigado por uso indebido de reloj. Su patrocinador, Miller, diseñó un reloj que para el COI era “excesivamente visible”.
En 2012 Nike mostró a atletas entrenando en London. Pero usó una estrategia. No se trataba de London, Reino Unido, sino ciudades llamadas London en Jamaica, Nigeria o Noruega. La tienda londinense Oddbins llevó la broma antiCOI al extremo. No podían citar los juegos, la ciudad o el año, pero te hacían descuento si llevas Nike, un iPhone, bebías Pepsi y comías en KFC. Es decir, los competidores de los patrocinadores oficiales de los Juegos.

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El atleta americano Nick Symmonds daría un brazo por un patrocinador. Casi literalmente. Lo que ofrecía Symmonds era un tatuaje (temporal) en el brazo, que debía ser visible durante los Juegos. Evidentemente, le obligaron a tapar el tatuaje durante en la villa olímpica. En 1996 Linford Christie se presentó en una rueda de prensa con el logotipo de su patrocinador, Puma ¡en las lentillas! Quizás el comité organizador se planteó taparle los ojos.

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El caso más cercano ha ocurrido solo hace unas semanas. La marca Oiselle se atrevió a felicitar públicamente a su corredora Kathy Grace después de que ésta se clasificara para los juegos. El Comité Olímpico de Estados Unidos (USOC) le exigió que eliminara todas las referencias a los Juegos de su web. La respuesta de Osielle fue hacer justo lo que le pedían. Se refiere a los Juegos como “el gran evento del hemisferio sur”, se alegra de que Kate se vaya de Rodeo (que debe sonar parecido a Rio) y tapó los logos incluso de los dorsales o el tartán. Solo un detalle se le ha escapado...la URL de la página sigue haciendo referencia a Rio.

Hasta el día 27 Kate puede hablar de la marca que le paga, pero sin hacer ninguna referencia a los Juegos. La presión de los deportistas ha conseguido que el COI levante un poco el pie y anuncie que durante estos juegos no será tan implacable, pero pocos le creen. Por eso Nike lanza su campaña tres días antes de la fecha límite. Por eso hoy comienza una etapa de silencio para los atletas, que podrían ser expulsados de los Juegos si hacen alguna muestra pública de sus patrocinadores. Todo en el nombre del sacro espíritu olímpico. Todo por los patrocinadores olímpicos.

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El señor de la foto es Spiridon Louis, un vendedor de agua griego que pasaría a la historia por una hazaña deportiva a pesar de que solo participó en una prueba atlética en toda su vida. Y la prueba era el primer maratón olímpico de la era moderna en 1896. Parece curriculum suficiente para dar nombre a unas zapatillas y Spiridon lo hizo con algunas más.

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La primera fue la Nike Spiridon, una racer pensada para los más rápidos. Ingrid Kristiansen corría con las Sock Racer, Alberto Salazar ayudaba a desarrollar la Nike Eagle y el portugués Carlos Lopes lo hacía con la Spiridon. Mientras preparaban prototipos para Los Angeles 84, Nike le propuso crear un Special Make Up rojo y verde, a juego con el uniforme de Portugal. La respuesta de Lopes fue digna de Muhammad Ali. ¿No sería mejor hacerlas doradas, a juego con la medalla que voy a conseguir? La Spiridon Gold debía ser un modelo específico para Carlos Lopes, pero después de ganar el oro olímpico en 1984 y batir el record del mundo en 1985, acabó teniendo una versión masiva.

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Screen-shot-2011-09-30-at-3.41.41-PMEl dorado es el único punto de unión con la siguiente Spiridon. En 1997 Nike preparó una zapatilla para Michael Johnson, que un año antes había ganado dos oros en Atlanta calzando unas zapatillas doradas. En principio la zapatilla se desarrolló como modelo de entrenamiento para un velocista como Michael Johnson, lo opuesto a una zapatilla para un maratoniano. Diseñada por Christian Tresser, un nombre casi olvidado porque solo estuvo un par de años en Nike, aunque le dio tiempo a diseñar Spiridon, Air Max 97 o la futbolera Air GX, con la que compartía swoosh brillante. Tresser pasaría por adidas, donde diseñó algunas de las primeras Crazylight y Adizero y actualmente trabaja para Newton.

La Spiridon noventera tiraba de Zoom Air como tecnología innovadora y presumía también de ser la primera zapatilla realizada completamente en malla, aunque se tratara de una malla completamente distinta a los que estábamos acostumbrados. El motivo para llamar Spiridon a una zapatilla sin relación alguna con su predecesora y no diseñada para correr maratones sigue siendo una incógnita.

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El tercer momento Spiridon llega en 2003 con el desarrollo del Zoom. Esta nueva Spiridon tampoco era una zapatilla con la que acabar un maratón, pero era sorprendente por el uso del Zoom visible enjaulado (Caged Zoom) y por una nueva versión en 2005 (Spiridon Plus). Curiosamente, también diseñada por otro completo outsider, Steve Smith, que ha diseñado desde la New Balance 1500 hasta la Reebok Insta Pump Fury.

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Tres décadas, tres conceptos completamente distintos. Una Spiridon en los ochenta para maratonianos que sigue siendo recordada como una de las mejores racers de la historia, una Spiridon en los noventa para un cuatrocentista y Spiridon en el siglo XXI que parecía concebida como un ejercicio de diseño. Cuidado, ahora llegan los retros.

 

air-jordan-31-usaEsta es la foto de la selección estadounidense de baloncesto para los Juegos Olímpicos. Y como en convocatorias anteriores, se mantiene una curiosa tradición. En la foto de este año solo hay tres jugadores a los que no se les ve los pies, Harrison Barnes, Kyle Lowry y Klay Thompson. Los tres únicos jugadores que no llevan Nike.

Desde que Nike es el patrocinador de la selección, la foto oficial se convierte en un trabajo de composición y photoshop pensado específicamente para que no se aprecien otros logos. El caso más extremo fue el de 2008, cuando Coach K se colocó justo delante de Howard para ocultar sus adidas (Wade llevaba Converse y Melo y Chris Paul Jordan, pero ambas marcas son propiedad de Nike).

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En 2012 tuvieron que trabajar menos. Solo un jugador no tenía contrato con Nike, Kevin Love. Además, Love no se encontraba demasiado cómodo con sus 361º y jugó varios partidos con Nike. Sin embargo, en la foto prefirieron esconderle.

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Hace algunos meses Nike anunció a bombo y platillo la vuelta de la línea ACG.

ACG era una de las colecciones míticas de Nike que durante mucho tiempo estableció los cánones de lo que debía ser el producto pensado para la montaña. Y no es un modo de hablar. ACG se creó  a la vez que nacían algunos deportes de montaña y aun nadie tenía muy claro cómo debían diseñarse los productos para ellos. Una zapatilla para correr por la montaña ¿debía tener caña baja como una zapatilla para correr o de caña alta como las botas de montaña? ¿Debían llevar membranas impermeabilizadoras o debía permitir la entrada de agua y secarse rápidamente?

En los últimos tiempos Nike había recuperado su pasión por la montaña, con una correctísima línea de trail. Sin embargo, cuando se anuncia la vuelta de ACG, vemos una espectacular colección diseñada por Errolson Hugh, de Acronym. Espectacular…pero sin ninguna relación con la ACG original.

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Hace algunas semanas Nike anunciaba la vuelta de Nike International, la línea que llevaban los corredores del club de atletas creado en 1989 por la marca del swoosh. Para algunos, el logo con el globo de Nike International era lo que veías a tus atletas favoritos y lo que podías llevar en tus intentos de emularles.

Sin embargo, la anunciada vuelta de Nike International no llegará a las pistas de atletismo. Con algunas prendas muy interesantes, se sitúa muy lejos del atletismo y de aquellas prendas de los noventa.

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El tercer caso ha llegado con Athletic West, un equipo creado por Nike a finales de los setenta para plantar cara a los atletas del otro lado del telón de acero. Se recupera el logo de Athletic West, pero parece colocado al azar, en productos sin relación alguna con el club en el que vimos a Alberto Salazar o Mary Decker.

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Athletic West, Nike International, ACG. Tres casos en los que Nike recupera nombres y logotipos antiguos pero sin ninguna relación con las colecciones originales. Un ejercicio de storytelling alejado del producto. Si no recuperan la idea de la primera ACG o de aquellos clubes de atletismo, mejor sería no usar en vano el nombre de dios.

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Hablamos de películas y zapatillas. Inevitablemente aparece Regreso al futuro y las famosas Nike Mag de Tinker Hatfield. Pero uno de los elementos de diseño más recordados de aquella película es el DeLorean, el coche que les llevaba a través del tiempo.

La carrocería del DeLorean la diseñó Giorgetto Giugiaro, de cuya mesa habían salido también Fiat Panda, Seat Ibiza, Lancia Delta o el primer Golf. No sabemos si fue a partir de aquél contacto con Tinker Hatfield, pero Giugiaro se lanzó a diseñar zapatillas. Una antigua marca italiana llamada Maglificio Calzificio Torinese había comenzado a colocar una “K” como sello de calidad en algunos de sus productos estrella. Aquella “K” que todos buscaban acabó convirtiéndose en una marca, Kappa, que en los Juegos Olímpicos de 1984 fue el patrocinador oficial de la selección estadounidense de atletismo. Sin mucha experiencia en aquél deporte, el textil de Robe di Kappa contó con el ingeniero de la NASA Lawrence Kuznetz. Kappa ya había sido patrocinador del Maraton de NY y tenia cierto prestigio en el mundo textil (de sus fabricas salían también los míticos vaqueros Jesus) pero los atletas estadounidenses no mostraron mucho entusiasmo. Fue peor con las zapatillas Kappa de Los Angeles 84, diseñadas por Giugiaro en el (poco)  tiempo que le dejaba libre el Delorean.

Giugiaro se alejó del rendimiento deportivo para encargarse del exterior del estadio de la Juventus pero todavía le quedaría un elemento que hemos tocado y visto en mil fotos junto a LeBron, Gasol o Parker. El balón Molten GL7X con las controvertidas franjas blancas también es un trabajo de Giugiaro.

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Ayer me congracié con Nike. Y fue gracias a Instagram.

Cuando comenzó a interesarme Nike lo hizo por su lenguaje. Era de barrio, gamberra, irreverente. Era un gran corporación que hacia lo que hoy día no se atreven a hacer ni las llamadas marcas de Street Wear. Y a diferencia de otras muchas marcas, resultaba creíble. Luego, cuando pude conocer algo más de la historia de la marca, aprendí que era creíble porque venía de unos tipos que realmente pensaban así.

Y había más. Los productos se diseñaban siguiendo esa idea. Sus productos eran revolucionarios porque la idea de la que surgía todo era igualmente revolucionaria.

Hace algunos años Nike dejó de ser así. Para llegar a mas gente comenzó a moderar el lenguaje. Con el tiempo aquella marca que contrataba a Charles Barkley se convirtió en la marca de Ned Flanders, el vecinito de los Simpsons. Cuando eres oficialista y correcto llegas a mas gente pero no interesas a nadie. Y Nike en algunos momentos ha dejado de interesarme.

Una de las ultimas entradas en Instagram dice “Rock out with my sock out”, parafraseando a la Sock Dart y a “Rock out with my cock out”, una frase que asustaría a tus padres y que pocas marcas se atreverían a colocar en un anuncio. Y no se qeda ahi. Los comentarios tenian respuesta.

Evidentemente, no va mas allá de una estrategia de marketing, pero al menos si que parece algo mas cercano a los orígenes de Nike, cuando un montón de tipos en pantalón corto y camisas de flores se reían de las marcas que se mostraban orgullosos de ser patrocinadores oficiales de los Juegos Olímpicos.

Si vuelve la Nike rebelde de hace 30 años estaré encantado. Aunque sea un suicidio comercial

Los Juegos Olímpicos tienen un problema fundamental: el Comité Olímpico y su afán por controlar la publicidad. Una marca cualquiera puede pagar a un deportista o una federación pero nunca podrá usar como publicidad nada relacionado con los Juegos Olímpicos. Los propios atletas deben firmar la regla 40 "ningún competidor, entrenador, instructor o funcionario que participa en los Juegos Olímpicos puede permitir que su persona, nombre, imagen o actuaciones deportivas sean explotados con fines publicitarios durante los Juegos Olímpicos". Eso implica que ningún deportista puede darle visibilidad a la marca que le paga.

Por eso las marcas intentan hacerse visibles sin entrar en conflictos con el Comité Olímpico Internacional. En 2012 Nike lo hizo con el color. En una competición en la que era casi imposible mostrar un swoosh fuera de lugar, al menos podías saber que si las zapatillas eran de un amarillo neón, posiblemente fueran Nike. Una idea desarrollada por Martin Lotti, el diseñador de las Air Max 360.

En 2016 Nike da un paso más, no será un color sino una combinación que va del rosa al neón o para ser más específicos, del hyper punch pink al volt. Visibilidad extra.

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Nike despide a Michael Jackson. Puede que no lo sepas, pero Michael Jackson jugaba al baloncesto. Y llevaba Nike.

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No, no es ese Michael Jackson, sino Michael Derek Jackson. Un escolta que durante algunos partidos de pretemporada llevó el 3 en los Knicks, unos años antes de John Starks. Pero Michael Jackson no duró mucho en los Knicks, equipo que le seleccionó en el draft menos afortunado de la historia.  Jackson, que fue elegido con el 47, compartió draft con los fallecidos Len Bias, Dwayne Washington, Petrovic o Kevin Duckworth y con varios jugadores que tuvieron problemas con las adicciones (Chris Washburn, William Bedford, Roy Tarpley, Walter Berry o Dennis Rodman). No puede decirse que fuera un draft tranquilo. David Wingate estuvo involucrado en una violación y Mike Williams en un tiroteo.

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Michael Jackson fue cortado por los Knicks y pasó un año en blanco hasta que consiguió fichar por Sacramento Kings, equipo en el que pasó sus tres únicas campañas en la NBA con un promedio de 2.1 puntos por partido. Hasta ese momento el único motivo para recordarle era que compartía nombre con el Rey del Pop. Jackson había jugado en Georgetown a las órdenes de John Thompson, el histórico entrenador que formaba parte del consejo de administración de Nike. A finales de los setenta Nike era una empresa de corredores formada por blancos del oeste y necesitaba ganar el mercado del baloncesto. Para ello contrató a Thompson, el entrenador de Michael Jackson.

Después de tres tristes años en la NBA, Michael Jackson dejó el baloncesto y comenzó a trabajar en Nike a las órdenes de su amigo y antiguo entrenador. Parece que se le dio bien porque terminó siendo Vicepresidente, GM de Nike Global Basketball, cargo del que se ha despedido esta semana. Las pobres ventas de las zapatillas de LeBron y Kevin Durant han sido el detonante de su renuncia. Por primera vez en casi tres décadas, Michael Jackson podrá llevar otra marca. Quizás vuelva a la marca con la que debutó en la NBA, Saucony.

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Podríamos debatir si el fútbol es el deporte rey pero pocos pueden dudar de que el fútbol es el espectáculo rey. Como espectáculo de masas mueve a millones de personas en todo el mundo, aunque en el mayor de los mercados, Estados Unidos, no tiene demasiada relevancia. Quizás ese sea el motivo de su principal problema, los deportes “estadounidenses” han creado un mercado alrededor, el fútbol no. Más allá de entradas y camisetas, el consumidor final no aporta dinero a la maquinaria del fútbol, precisamente por ser muy heterogéneo. Cuando un aficionado al fútbol sale del campo no lleva ni una sola señal que le identifique como tal. ¿Qué zapatillas lleva un loco por el fútbol? Cristiano Ronaldo lleva Air Force 1, Neymar lleva Jordan. Dos zapatillas que llegan desde el baloncesto. Ninguna marca ha conseguido que veamos por las calles zapatillas de un futbolista.

El mercado del fútbol es tan grande que todas las marcas intentan conseguir una zapatilla que pudieran llevar todos los locos del fútbol. Dejo aparte algunos casos extraños. La adidas Busenitz es una zapatilla de skate inspirada en una zapatilla de fútbol. Dennis Busenitz se inspiró en la clásica Copa Mundial de adidas para su signature. En las calles hemos visto más de estas zapatillas que las de ningún astro del balón. La saga Nike Total90 fue diseñada como zapatilla para fútbol y llegó a popularizarse en su versión indoor como zapatilla casual, pero le acompañó la idea de convertirla en un producto masivo en las calles.

Vamos con tres casos que han estado cerca de conseguir la fusión perfecta entre fútbol y masas.

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-Nike Flyknit Footscape Magista. Una auténtica rareza. Una bota de fútbol con una mediasuela que hemos visto en zapatillas anteriores (Footscape Motion, por ejemplo). Un híbrido que en principio parece no tener sentido que se acabó convirtiendo en un producto excelso. El único problema es que una zapatilla tan relacionada con el fútbol no ha encajado con el consumidor de fútbol. Se ha convertido en un mito entre coleccionistas y aficionados a las zapatillas, pero era una silueta demasiado radical para convertirse en producto masivo.

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-adidas Samba. Quizás sea el único caso de éxito futbolero en las calles. Originalmente creada en la década de los 50, la Samba era una bota multideporte, se convirtió pronto en una zapatilla para jugar al fútbol en superficies duras y hielo. Fue uno de los mitos de los Casuals, el movimiento británico surgido alrededor de los estadios de fútbol (no es casual que apareciera en Trainspotting). Durante mucho tiempo fue considerada la adidas más vendida de la historia y ha sido la zapatilla que se ha producido durante mas tiempo.

 

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-Puma King. La lucha entre los hermanos Dassler estaba haciendo mucho daño a las dos compañías que lideraban, adidas y Puma. Para calmar el ambiente llegaron al acuerdo de no fichar a Pelé, que durante un tiempo llevó Stylo (una pequeña marca que también llevó George Best). Poco antes del Mundial de 1970 un representante de Puma en Brasil decidió saltarse el pacto de caballeros y firmó a Pelé, sin el conocimiento de la marca. Pelé hizo famosa a la Puma King, una bota de fútbol que antes había llevado otro rey, Eusebio. La Puma King se convirtió en un mito, pero durante décadas no salió de los campos de fútbol. Hasta que en 1998 la diseñadora Jil Sander se puso en contacto con Puma para pedirle alguna de sus botas de fútbol como complemento para la presentación de su colección. Obviamente, eliminaron los tacos para que las modelos pudieran caminar. Lo que parecía un detalle acabó siendo la estrella de la colección y Puma decidió crear versiones de calle.

Una historia mil veces contada recuerda que Muhammad Ali arrojó su medalla de oro olímpica al río. Ali, por entonces aun llamado Cassius Clay no solo había conseguido el oro, también había discutido con un periodista ruso para dejarle bien claro que Estados Unidos era el mejor país del mundo.

En su biografía cuenta cómo, recién llegado a Louisville, le prohibieron la entrada a un restaurante. Una pandilla de moteros quiso robarle la medalla y Clay prefirió tirarla al río. Había sido un héroe en Roma, había defendido a su país y era tratado como un ciudadano de tercera. Era el germen de su conciencia.

La historia era más buena que cierta. Su biografía es una mezcla de anécdotas reales e historias recopiladas por la entonces editora Toni Morrison. El propio Ali contó en alguna ocasión que simplemente había perdido la medalla de oro. Pero esa historia dejaría en blanco un puñado de páginas de su biografía.

En Roma 1960 Clay coincidió con Wilma Rudolph y quiso coincidir aun más. Pero, para dejar bien claras las diferencias entre Classius Clay y Muhammad Ali, el boxeador nunca se atrevió a hablarle a la velocista. Por acercar al tema a las zapatillas, Wilma Rudolph fue una de las primeras atletas en tener unas zapatillas modificadas específicamente para ella. Y lo hizo Adi Dassler, el fundador de adidas, que unos años después fabricaría también unas botas para Ali. Durante su carrera llevó Mitre y Everlast, aunque adidas ha sido la que mejor ha sabido relacionar sus recuerdos con los de Ali. Décadas más tarde Ali vendería su imagen a Authentic Brands Group, un conglomerado que maneja la imagen de Shaquille O´neal, Marilyn Monroe, Elvis Presley y marcas como Tretorn, Vision o Airwalk. Desde ahí, Muhammad Ali (o al menos su nombre) se relacionó con Stance, Mr Porter, Under Armour.

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Ali coincidió en Roma con Wilma Rudolph y también con Miguel de la Quadra Salcedo, un lanzador polivalente que años antes había revolucionado la jabalina con un nuevo estilo que la IAAF se apresuró a prohibir. De no haberlo hecho, quizás hubiera compartido fama con Clay, porque con el nuevo estilo Miguel de la Quadra llegó a lanzar 112 metros, 30 metros más que el récord mundial del momento.

De la Quadra mantuvo su espíritu aventurero después de retirarse del atletismo. Se convirtió en uno más de una cuadrilla de reporteros de una época gloriosa para el periodismo. Aventureros como Felix Rodriguez de la Fuente, César Pérez de Tudela, Manu Leguineche o Enrique Meneses.

Enrique Meneses cruzó África y conoció al Che Guevara antes de abrir corresponsalía en Nueva York. Suyas son las fotos y las historias de Picasso, Paul Newman o Martin Luther King pero poco tiene que contar de Ali. Meneses estaba en un bar, como casi siempre, cuando alguien le avisó que en el sótano alguien recitaba poemas. Aquél tipo era Muhammad Ali y Meneses le retrató para siempre como el poeta que presumía de que nadie le rompería la nariz.

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