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Durante el último cuarto de siglo Nike y Jordan han planteado las mayores propuestas tecnológicas del baloncesto y sorprendentemente el público las ha aceptado colocando a la marca como la más vista en las canchas con una superioridad apabullante. Nike necesita presentar novedades y sus novedades deben demostrar que sigue siendo la primera. La nueva propuesta se llama React y hasta ahora la información ha ido llegando con cuentagotas.

Ross Klein es otro de los brillantes diseñadores que llegan a las zapatillas desde la arquitectura y la tecnología, con una extraña mezcla de experiencias que van de Philips a Under Armour, de Timex a New Balance. Después de ser considerado uno de los diez diseñadores a seguir y demostrar sus posibilidades con la Kobe A.D., su primer gran trabajo para Nike Basketball ha sido la Hyperdunk 2017.

Tuve la suerte de sentarme a hablar con él sobre Hyperdunk y React, la tecnología que hace unos días nos presentaba Draymond Green. Green actuaba exactamente como un jugador de la NBA promocionando un producto, simpático, suelta un titular por aquí, un agradecimiento a la marca por allí o un chiste para reirse del youtuber de turno. Como la mayoría de los deportistas profesionales norteamericanos, domina el arte de la entrevista y te hace pasar un buen rato aunque tampoco puedes esperar un conocimiento profundo de las zapatillas. Para eso está Ross Klein.

Klein habla de React como la tecnología de amortiguación más completa de la historia de Nike. Mientras Air, Zoom y Lunarlon tienen ventajas funcionales concretas, React funciona como una espuma total, agrupa amortiguación, ligereza y longevidad. Ross Klein utiliza tres palabras clave para designar React y una de ellas es durabilidad. Sorprendente e interesante para todos aquellos que ven en la Hyperdunk la zapatilla sobre la que construir la temporada.

Una charla con Ross Klein no es un anuncio y por eso repite que su zapatilla intenta ser la más completa, no la mejor. Mis intentos por comparar Zoom-Lunarlon-React dan con un muro; No se trata de tres sistemas independientes sino de productos desarrollados dentro de un total, los conocimientos de un parte son asimilados por el resto y Nike lleva 40 años desarrollando sistemas de amortiguación.
La nueva Hyperdunk se asocia a la imagen de Draymond Green, él ha sido uno más de los cientos de probadores de la Hyperdunk 2017. Desde sus comienzos en 2008, la saga Hyperdunk ha querido convertirse en la signature del baloncesto, no de un jugador. Una línea que han usado Paul George, Kyrie Irving, Kobe Bryant, LeBron James o Anthony Davis (por nombrar jugadores que tienen su propia signature).

¿Un diseño útil para todas las posiciones? La era de una zapatilla para cada posición terminó hace mucho. Un jugador busca sentirse confortable, rápido o seguro, no importa el puesto que ocupe en la cancha. Que tantos jugadores distintos probaran una zapatilla consigue darle un sentido más global a la Hyperdunk con lo que las prioridades se abren hasta límites no aceptados en una zapatilla diseñada en exclusiva para un jugador. Más probadores, más inputs, más información que conlleva una mayor amplitud de foco. El agarre, por ejemplo, no debía ser adecuado solo en las perfectas condiciones de una cancha NBA sino en cualquier superficie por lo que se trabajó con mapas de presión que no sé si funcionan, pero al menos han dado como resultado un video espectacular (e incomprensible a primera vista).

La gran innovación es la espuma React y sobre ella se construyen dos versiones, que aparecerán en tres alturas. La Hyperdunk 2017 pone el énfasis en la velocidad y la transpiración, mientras que la versión Flyknit intenta sacarle todo el partido al React centrándose en el rendimiento. Mientras el Flyknit ha sido plenamente aceptado en otros deportes, el baloncesto aun era reticente, por lo que el entramado de la nueva Hyperdunk está adaptado a las exigencias de los probadores con distintos filamentos.

En los últimos meses Nike ha planteado tres nuevos sistemas de amortiguación; VaporMax, ZoomX y React. Este último es definitivamente el menos espectacular visualmente y precisamente por eso parece el más real. Ross Klein y Ernest Kim han evitado responder las preguntas sobre el recorrido de React, pero es obvio que irá más allá de Hyperdunk 2017 y Jordan Super.Fly 2017, la otra zapatilla que estrena el sistema de amortiguación.

Como una zapatilla de otra época, no hay historias ni inspiraciones contadas desde el primer minuto, no hay intención de convertirse en el nuevo objeto de culto, solo rendimiento. Y como todo el mundo sabe, eso es justo lo que necesitan unas zapatillas para convertirse en objeto de culto.

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Hace unos meses Mark Parker anunciaba tres nuevos sistemas de amortiguación que serían presentados en el siguiente semestre. El último gran cambio había ocurrido en 2008 y desde entonces todo el mundo hablaba de la amortiguación de la competencia. Históricamente adidas se ha centrado en la estabilidad y de hecho el Boost lo desarrolló una empresa externa (BASF). Entrar en la batalla de la amortiguación era aceptar su derrota teórica, pero con Boost consiguieron saltarse todas sus reticencias. "Ah, vale, teníais razón pero nosotros nos llevamos el dinero".

El ataque de Nike llega en tres fases. La primera, VaporMax, es la más espectacular y la que menos mira al deporte. La ZoomX llegó justo desde el otro lado, en los pies de los que rozan las dos horas en maratón. React va por la calle del medio, no necesitas ser el maratoniano más rápido de la historia pero tampoco te exigen hacerte un selfi.

El nombre React le emparenta con la última época brillante de una marca hermana de Nike. En solo cinco años la imagen de Converse había envejecido hasta convertirse en una antigua gloria poco atractiva para un consumidor que veía a Magic y Bird como dinosaurios. El 3 de septiembre de 1991 Converse registraba React como marca comercial para su nuevo sistema de amortiguación que llegó a las tiendas unos meses más tarde. Durante algunos años vimos aquel React en las zapatillas de Kevin Johnson o Larry Johnson y todo el mundo quería reventar sus zapatillas para saber qué era aquella sustancia amarillenta. Fue el canto del cisne de Converse en el baloncesto, la última gran tecnología antes de darse por vencido. Como el malo de una película de terror, volvió a intentarlo un par de veces antes de que mamá Nike le apartara por completo del baloncesto.

Aquél React murió. El nuevo de Nike llega sin relación conocida con su antecesor, como un innovador compuesto que promete ligereza y durabilidad. La espuma se coloca siguiendo patrones de presión que facilitan mayor tracción donde más se necesita. Tal y como ocurrió con el Air a principios de los 80, las ventajas funcionales del React no se aprecian a primera vista, para disfrutar la durabilidad de una zapatilla deben pasar varios meses y decir que una zapatilla es más ligera es como asegurar que un detergente lava más blanco. Puede que sea real pero hay que demostrarlo. Precisamente nos atrae ese bajo perfil estético del React, ese desinterés por ser el chico mas cool del barrio. Por ahora lo vemos en dos zapatillas,  Jordan Super.Fly 2017 e Hyperdunk 2017 (la saga Hyperdunk ha tenido una relación de amor y odio con otro sistema de amortiguación de Nike, el Lunarlon). El video de presentación de Nike React es tan estético como misterioso.

Un avance de Mark Parker en marzo, una primera aparición de Draymond Green en junio y un lanzamiento que se prepara para agosto. Nike controla los plazos y la información para ponernos los dientes largos.

 

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Hace tiempo que evito publicaciones sobre zapatillas porque me aburre soberanamente la concatenación de supuestos datos copiados sin el menor análisis crítico.
El último ejemplo es lo publicado en HighSnobiety sobre la marca rusa Москва, un supuesto fake de adidas.

Por resumir mucho el artículo, cuenta la entrada de adidas en la Unión Soviética “una década antes de la caída del muro de Berlín en 1989”, y cómo aumentó su demanda gracias a la política de apertura de Mijail Gorbachov. Según HS, todo comenzó en los Juegos Olímpicos de Moscú en 1980, cuando el aparato del estado soviético prohibió a adidas importar productos con el logotipo, ya que las marcas en general, y adidas en particular, eran vistas como elementos de propaganda capitalista. Según HS, el aparato de estado soviético prohibió las tres bandas en el textil y modificó el calzado para que las bandas formaran una M, para celebrar la ciudad de Moscú. Москва nacía como respuesta estatal a adidas, la marca del enemigo capitalista. Ilustra su razonamiento con una foto de un equipo femenino sin identificar con chaquetas y pantalones sin marca visible y con dos franjas en lugar de las 3 de adidas.

Selección URSS de balonmano femenino, dos franjas en el chandal, tres en las zapatillas.

El texto de HS se basa en algunas vaguedades y mucha imaginación, así que analicemos los datos reales.

adidas no llegó a la Unión Soviética en los ochenta. En la famosa final de Munich 1972 los jugadores de baloncesto soviéticos ya llevaban adidas e incluso en los Juegos Olímpicos de Tokio en 1964 eran habituales. Desde 1956 Horst Dassler había trabajado con atletas, muchos de ellos soviéticos.

Cualquier biografía de Horst Dassler, el verdadero creador de adidas tal y como la conocemos ahora, le presenta como un embaucador con contactos en las altas esferas políticas. Sobre todo en África y al otro lado del telón de acero, por motivos distintos. El objetivo de África era controlar el fútbol mientras que el ataque a los países del Este tenía un sentido más global. Las economías comunistas no permitían la entrada de marcas extranjeras, pero Horst supo saltarse el control a través de sus amistades, gracias a intercambios de regalos con Leónidas Brezhnev y sesiones de compras con los dirigentes del partido. Hors Dassler y su equipo eran famosos por tener una agenda con el nombre y gustos de cada dirigente político y no solo se referían a datos deportivos. Adi Dassler, el fundador de adidas, era famoso por sus zapatillas, Horst Dassler, su hijo, era famoso por sus cenas y su colección vitivinícola. A cambio de aquelos favores, adidas consiguió introducir fábricas en Europa del Este y convertirse en proveedor casi exclusivo de productos deportivos. En una economía socialista en la que no podías elegir entre cientos de marcas, cruzar el telón de acero era convertirse en la única marca para millones de deportistas. Aun hoy pueden encontrarse zapatillas adidas fabricadas en la Unión Soviética o Yugoslavia a principios de los ochenta.

Durante décadas, el deporte comunista estuvo asociado a adidas, justo lo contrario de lo planteado por el artículo de HS. Las selecciones deportivas de la mayoría de los deportes de la Unión Soviética, Checoslovaquia, Polonia, Hungría, Rumanía, Bulgaria y República Democrática Alemana vestían casi exclusivamente adidas. En la Alemania socialista incluso consiguió relevar a Zaha, la marca nacional. Al grupo se unía Cuba por cercanía económica y en ocasiones Yugoslavia, que pretendía mantener su independencia con gestos como vestir la americana Converse. Se relacionaba al bloque del Este con adidas tanto que Nike prefirió entrar en el otro bloque comunista, China.

En los Juegos Olímpicos de 1980 aun no se habían establecido las reglas que hoy conocemos sobre marcas y equipos. En la selección española de atletismo, Sanchez Vargas llevó equipaciones adidas y Karhu mientras Jordi Llopart llevaba Meyba. La selección británica llevó hasta tres camisetas distintas, con logo y sin él.
La selecciones soviéticas, al contrario de lo que plantea HS, también mostraba el logo de adidas. Es cierto que la selección de balonmano femenino no lleva tres franjas en las chaquetas con las que recogieron las medallas, pero sí las llevaban en el uniforme de juego y en las zapatillas. Las selecciones de baloncesto masculina y femenina llevaban tres franjas y el logotipo clásico. La de atletismo llevaban distintas camisetas, con y sin logo.

Relevistas soviéticos en Moscú 1980 con zapatillas adidas. ¿El uniforme? Un logo de adidas, tres sin él.

Selección URSS de Balonmano con franjas adidas.

Tkachenko con logos.

adidas no estaba prohibido. Desde luego no era accesible para cualquiera, pero era casi obligatorio a la hora de practicar un deporte de alto nivel, con la excepción de alguna marca japonesa (Asics Tiger, Mizuno), la práctica totalidad de los deportistas de elite soviéticos llevaban adidas.

¿Y qué es de aquella adidas modificada para que parezca una M? La historia de cambiar logotipos de adidas suena extraña, pero mucho más cuando desde los sesenta una marca finlandesa ya usaba en sus zapatillas la M (de “Mestari”, campeón en finés). Los relevistas que transportaban la antorcha olímpica hasta Moscú llevaban zapatillas con una M, pero eran Karhu en virtud de un acuerdo con el Comité Olímpico. Incluso en Grecia llevaban la zapatilla de la M y dudo mucho que las prohibiciones soviéticas llegaran a tierras helénicas.

¿adidas con M o Karhu?

En Grecia, con la misteriosa zapatilla de la M.

¿De dónde ha sacado esta historia HS? Hace años que rula por internet una versión básica de este texto, que se va repitiendo por foros sin que nadie cuestione ni uno solo de sus argumentos. Todos con las mismas frases y las mismas fotos. En ocasiones el equipo soviético de balonmano se convierte en equipo de baloncesto, pero nadie ha perdido 30 segundos en averiguar si era cierto que la Unión Soviética prohibió el logotipo de adidas durante los juegos.

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Lo que hoy llamamos Reebok nació en el siglo XIX como una marca para atletas y durante casi un siglo se mantuvo atada a un deporte y un entorno geográfico muy delimitado: Reino Unido. Fundada a partir de pequeña zapatería, J.W. Foster and Son fue dejando de lado el cricket y el fútbol cuando se convirtió en Reebok en 1958.
En pleno boom del jogging en Estados Unidos, Paul Fireman vio en la marca británica una oportunidad para crecer e importar calzado Reebok. Todas las marcas querían aprovechar el auge del jogging y Reebok debía sacar partido a su historia.
El jogging había nacido en Nueva Zelanda y Jim Fixx había avivado el fuego con The Complete Book of Running, un libro convertido en bestseller que te invitaba a correr para encontrar el nirvana. En una de aquellas carreras Fixx se echó la mano al pecho y cayó fulminado, su muerte era también la muerte del jogging como fenómeno de masas. En unas horas el jogging había pasado de moda ubicua a convertirse en el malo de la película. El público necesitaba nuevos deportes, las marcas también. Y llegó la fiebre por los gimnasios.
El aerobic era la respuesta al jogging, era sano, no competitivo, profundamente comercial y llegaba a un público distinto que necesitaba nuevos productos. Reebok fue la primera en apostar por zapatillas específicas para aerobic y triunfó con Freestyle, Princess y Ex-O Fit. La importadora de Paul Fireman creció tanto que acabó comprando la casa matriz. Reebok, la marca del atletismo con la bandera de Reino Unido, se convertía en una empresa americana centrada en los gimnasios.
Reebok había aprendido algo del auge del jogging, no debía quedarse en una sola actividad. El segundo lustro de los ochenta debía ser el momento en el que Reebok creciera en el resto de deportes. Necesitaron mucho tiempo para entrar en el baloncesto en una época en la que se buscaban las zapatillas por el nombre del jugador que las calzaba y ahí Reebok no podía competir. Pero había un lugar que parecía perfecto para una marca que todo el mundo relacionaba con siluetas amables y pieles blancas.
Las normas del tenis obligaban a vestir de blanco, una regla que incluso hoy se respeta como referencia a los inicios del deporte. A finales del siglo XIX, cuando el tenis fijó las reglas que conocemos hoy día, las familias pudientes necesitaban distinguirse de aquellas actividades realizadas por las masas. Vestir de blanco era demostrar que no necesitaban trabajar, era el modo de separarse de los trabajadores de las fábricas.


La llegada de McEnroe, Nastase o Björn Borg cambiaron la imagen del tenis profesional, pero los clubes de tenis seguían siendo blancos. Reebok reconvirtió sus zapatillas de gimnasio en modelos para tenis. Los profesionales comenzaban a llevar las ACT 600 pero la apuesta de Reebok eran las zapatillas con las que podías jugar y tomar algo en el club. La NPC lo dejaba claro desde el nombre, Newport Classic. Newport es la ciudad que acoge el Salón de la Fama del Tenis Internacional pero también es un puerto de lujo.

La otra gran zapatilla del momento fue la Club Champion, diseñada como una reconversión de la Revenge Plus, en Reebok decidieron cambiarle el nombre, llamar Venganza parecía poco adecuado para un club de tenis. Técnicamente no era una zapatilla demasiado avanzada, pero precisamente por eso pudo llegar a un público mayor y sigue haciéndolo hoy día como Club C85. El uniforme se completaba con un polos, camisetas y chaquetas con franjas que durante años vimos a Arantxa Sanchez Vicario, Miloslav Mecir o Michael Chang, además de un eterno corredor de los sanfermines. Reebok consiguió dar el salto de los gimnasios a los clubes de tenis. Pero no se quedó ahí.
Rich Porter, uno de los camellos más famosos de la historia de Harlem, presumía de estrenar cada día unas Reebok blancas. Tal y como hacían los elitistas jugadores de tenis un siglo antes, vestir de blanco impoluto significaba no tener que mancharse las manos para trabajar. Tenistas de buena familia y camellos de barrio unidos en su interés por apartarse del vulgo. Influencers de la época.

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Cuando se habla de documentales sobre zapatillas, en realidad el espectro se reduce a documentales sobre locos por las zapatillas. Coleccionistas, dólares, reventas, colas parecen ser el tema principal de esos documentales en los que las zapatillas como objeto son lo menos importante.

Abstract, la serie de Netflix, está en las antípodas; ocho capítulos dedicados a diseñadores, desde la ilustración a la arquitectura pasando por la fotografía. Incluir zapatillas ya las coloca en un lugar muy distinto, como un elemento de diseño, no de colección.

La elección de Tinker Hatfield como protagonista del capítulo 2 puede ser polémica, pero entendible desde el punto de vista del espectador, porque más allá de su trabajo, se trata de uno de los pocos diseñadores de zapatillas reconocible para un público medianamente masivo. Si hablamos de diseños, quizás deberíamos buscar a Eric Avar, Peter Fogg o Steven Smith, pero si hablamos de storytelling y capacidad de comunicar, Tinker Hatfield es el referente.

No debe ser fácil conseguir que Tinker Hatfield, Mark Parker y Michael Jordan dediquen su tiempo a contestar tus preguntas y quizás ese es el principal problema. Algunas de las imágenes se centran en el desarrollo de la Nike Hyperadapt, un modelo absolutamente olvidable en la carrera de Tinker. Hablar de la Hyperadapt es el precio que hay pagar para conseguir ciertas cosas, pero es un coste adecuado porque después de todo he conseguido entenderla desde otro punto de vista. Pero para eso habrá que esperar al futuro.

El documental hace un repaso por la vida profesional y deportiva de Tinker, aunque en ocasiones parece demasiado guionizado, como si quisieran crear la historia perfecta y aprobada por Nike. Ni una sola palabra para Peter Moore, el diseñador que queda ninguneado hasta el extremo porque dejó Nike por adidas (algo similar ocurre en Shoe Dog, el libro de Phil Knight). Para crear esa historia incluso se permiten jugar con las fechas. En un momento, Tinker Hatfield repasa la historia de la Jordan XV y habla del momento en el que se diseñaron como uno de los peores de su vida, con las muertes de su padre, del padre de Michael Jordan y Bill Bowerman. La Jordan XV salió a la venta en 1999 el diseño se cerraría meses antes y Bowerman murió en diciembre de 1999. Puede que Hatfield se viera afectado por los últimos momentos de Bowerman, pero no por su muerte.

Alguien que haya leído los principales libros sobre historia de las marcas deportivas conoce casi todas las historias que cuenta Hatfield en el capítulo 2 de Abstract, pero es una oportunidad única para escucharlas directamente de su boca acompañadas de diseños y bocetos nunca vistos. Primeros pasos de Jordan III, VII, XI, Trainer I o Tech Challenge, storyboard de Regreso al Futuro y otras imágenes del archivo de Nike que por sí solas ya merecen la pena. Pero además Tinker Hatfield nos enseña a viva voz las diferencias entre el diseño y el arte, algo que tiraría por tierra las teorías de muchos diseñadores actuales.

Imprescindible para cualquier interesado en las zapatillas y muy interesante para interesados en el diseño general, se coloca en el puesto de honor de los documentales sobre zapatillas, aunque ni así se libra de algún pequeño tirón de orejas.

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Cuando hablamos de la Jordan XI apetece enumerar una ristra de palabras que han perdido el significado por el sobreuso. Míticas, históricas, épicas… palabras que parecen existir solo para hablar de las Jordan XI. Vamos a los datos, más allá de los tópicos. ¿Por qué son un mito?

-Aunque no fue la primera signature, Nike tuvo que plantearse problemas que no habían surgido hasta entonces. ¿Qué hacer cuando Michael se retirara? Para muchos, Jordan no tenía sentido sin Michael. Para Tinker Hatfield, Jordan tenía peso para crear una marca, como antes habían hecho Fred Perry o Lacoste. El éxito de la Jordan XI le dio la razón y facilitó que se creara un “Jordan Team” alrededor de Michael. Sin ellas hubiera sido más dificil que Jordan existiera hoy como marca.

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-La Jordan XI que conocemos como Space Jam fue una combinación de colores creada para la película, pero en su momento no llegó a ponerse a la venta. Tal y como había ocurrido años antes con la Nike Mag de Regreso al Futuro II o incluso con Los Goonies, eran zapatillas que veíamos en pantalla pero no podíamos comprar. Una zapatilla inalcanzable la convierte en mito.

-En el año 2000, después de años de peticiones, Nike se decide a lanzar la Jordan XI en los colores de Space Jam. El modelo original de la película combinaba el negro con el color “concord” (más cerca del morado), sin embargo en pantalla parecía azul. Cuando Nike puso el modelo en las tiendas, eligió el azul. Es decir, lanzó la zapatilla que todo el mundo buscaba, no la real.

-Aquella primera edición de las Jordan XI “Space Jam” cambió también el modo de entender los lanzamientos. Hasta entonces las fechas de lanzamientos se colocaban durante la semana, pero las protestas de las asociaciones de padres de alumnos hizo que se trasladaran a los sábados. Los menores preferían hacer cola por unas zapatillas que asistir a clase.

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-Incluso hay mitos que rodean al propio mito de la XI. Michael propuso como idea central una zapatilla que pudiera llevarse con traje y de ahí surgió la opción de utilizar patent leather. Tinker Hatfield cuenta que un día recibió una llamada de Michael y al descolgar todo lo que escuchó fue un grandioso ¡te lo dije! Se refería a Boyz II Men, un grupo que en ese momento aparecía en la tv con traje y Jordan XI en una ceremonia de entrega de los Grammys. La otra parte lo cuenta de un modo distinto. Shawn Stockman, de Boyz II Men, recuerda que Michael les convenció para que las llevara. La verdad es que nadie ha encontrado fotos de Boyz II Men con las Jordan XI en aquella ceremonia, para alimentar aun mas el mito.

Michael Jordan puso una condición para rodar Space Jam, Warner debía montar un gimnasio en el set de rodaje. No estaba satisfecho con su rendimiento en la vuelta al baloncesto, necesitaba un duro verano de entrenamientos. Por allí pasaron muchos de los jugadores que formaban parte del Breakfast Club y algunos de sus más odiados enemigos, además del propio director, Joe Pytka, que insistía en jugar en el equipo contrario a Michael. Según decía, así al menos podía tocar la bola.

La vuelta de Michael llegó a tiempo para darle un empuje a las Jordan X, una zapatilla que se había desarrollado a espaldas del jugador y que se planteó como el último modelo de la saga. Los logros que aparecen en la suela exterior eran una especie de Curriculum, un repaso a una época. Sin embargo, la idea de Tinker Hatfield no era esa. Desde la Jordan II, Peter Moore y Rob Strasser habían diseñado un plan para convertir a Jordan en una marca, que comenzó eliminando swooshes y debía finalizar en la creación de una imagen de marca distinta. Hatfield apostaba por continuar con Jordan y la vuelta de Michael le dio la razón. La Jordan X se diseñó entre las discusiones de Nike ¿la retirada de Michael debía suponer el fin de las zapatillas Jordan? Nadie le mostró el producto final hasta que estaban en producción.

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A regañadientes, Michael volvió a las canchas con las Jordan X. Exigió un cambio de diseño para eliminar la pieza de la puntera pero parecía aceptar que debía esperar hasta la siguiente temporada para disfrutar de un nuevo modelo. En una sesión de entrenamiento de los playoffs de 1995, Michael recibió un prototipo de lo que debía ser su siguiente zapatilla. Aquella caja contenía un aviso: se trataba de un prototipo que no llegaría a las tiendas hasta unos meses después, no debía usarlas en lugares públicos. Pero Michael Jordan no les hizo caso y se dejó ver con ellas. Los teléfonos de Nike se colapsaron cuando un periódico de Chicago publicó una foto de Michael entrenando con aquellas zapatillas, nadie sabía nada de aquella misteriosa zapatilla.

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Había que aprovechar que Michael volvía para desarrollar la marca. Tinker había diseñado sus nuevas zapatillas alrededor del “patent leather”, la piel brillante. Hacía años que le daba vueltas a cómo podía jugar con ese material, hasta que Michael le pidió unas zapatillas “que pudiera llevar con traje”. No se trataba solo de un elemento estético, tenía sentido usar patent leather en las zonas de más rozamiento. El elemento inspirador para las líneas de la Jordan XI fue una máquina cortacésped, 100% funcional. Otro imprescindible de aquella zapatilla era la placa de fibra de carbono, un material ligero que actuaba como plataforma de lanzamiento gracias a su rigidez. La combinación fibra de carbono + patent leather era novedosa y funcional pero dura y poco transpirable, por lo que se eligió una malla muy cerrada (ballistic mesa) en la parte superior que aligerara el conjunto. Todo eso lo descubrimos mucho después, en aquél momento estábamos cegados por el brillo de aquel nuevo material.

Durante los dos primeros partidos de la serie contra Orlando en 1995 Michael usó el prototipo de la Jordan XI blanca y negra (la que conocemos ahora como Concord). La zapatilla blanca y negra contravenía la política de uniformidad de la NBA, tal y como había pasado 11 años antes. Los Bulls debían jugar con zapatillas negras, por lo que Michael Jordan fue multado por los dos primeros partidos.

Pero no fue la única multa. Tras su primera despedida, los Bulls habían retirado el 23 como homenaje a Jordan, por lo que nadie podría volver a llevarlo. En una situación kafkiana, Michael Jordan no podía jugar con el 23 porque era un número se había retirado en honor a él. Y así fue hasta el primer partido de la serie contra Orlando. A falta de 18 segundos los Bulls ganaban de uno y Jordan tenía el balón. En otro momento el partido hubiera estado decidido, pero Jordan en ese tiempo perdió un balón y falló un pase, Michael se quedó en 19 puntos y los Bulls perdieron 108-102. Nick Anderson en la rueda de prensa recordó que se enfrentaban al número 45, no al 23. El nuevo Michael no era el antiguo Michael.

En el segundo partido de la serie Michael respondió: jugó con el 23 y se fue hasta los 38 puntos. Fue multado con 25.000 dólares por llevar el 23 y 5.000 más por usar zapatillas que no tenían los colores adecuados. Una victoria costosa.

Para el tercer partido contra Orlando ya llevó zapatillas negras, aunque no eran las XI. En la elección más extraña de su carrera, Michael Jordan se enfrentó a Penny Hardaway con las Flight One, la signature del jugador de Orlando. Eso sí, Michael cortó el tirador de la Flight One donde aparece el dorsal de Penny. Por primera (y única) vez en su carrera, Michael jugaba con las zapatillas de otro jugador…y las usaba para enfrentarse a él. Jordan se fue hasta los 40 puntos, pero perdió el partido.

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Para los partidos 4º, 5º y 6º jugó con las XI que luego veríamos en Space Jam. Estaba pensada como un prototipo de juego por lo que llevaba el 45, el número que Michael Jordan llevaba en su vuelta y hubiera seguido llevando sin aquella rueda de prensa de Nick Anderson.

La versión que llega a las tiendas a finales de 2016 lleva igualmente el 45, a pesar de que en Space Jam sí que llevaba el 23. Si queremos ser serios, la Jordan XI que llegan a las tiendas no son las Space Jam sino las “Orlando Series 1995”.

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El verano en la NBA es el momento de los rumores, pero los rumores de 2003 estaban centrados en las zapatillas de LeBron James. En sus años de High School LeBron se dejaba querer por todas las marcas aunque finalmente fue Nike la que puso sobre la mesa 90 millones por un jugador prometedor pero que aun no se había enfrentado a nadie que pudiera beber una cerveza legalmente.

Trece años después suena extraño, pero en ese momento los tres jugadores que vendían zapatillas eran Iverson (Reebok), McGrady (adidas) y Jordan. Shaq vendía millones de sus baratijas y Kobe Bryant había finiquitado su contrato con adidas después de comprobar que no tenía la capacidad de vender que se le suponía (o al menos eso pensaba adidas). Nike tenía que apostar a lo grande; LeBron y Carmelo, que unas semanas después serían números uno y tres del draft (el dos fue para Milicic). El precio era alto, 90 millones por 7 años, unos 13 millones al año. Por poner la situación en perspectiva, 13 años después se habla del acuerdo histórico de adidas con Porzingis cuando las cifras son de 3-5 millones por año.

El miedo de Nike venía de Reebok y la entonces emergente And1. Dos años después adidas compró Reebok mientras que And1 fue desapareciendo poco a poco de la NBA. Nike se quedó con los jugadores y adidas se vio obligada a responder haciéndose con los equipos.

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¿Y LeBron? Además de aquellos 90 millones, puso su maquinaria social a las órdenes de LeBron, que recibió una visita de Michael Jordan para convencerle de que Nike sería el mejor destino. Con una diferencia fundamental, la primera Jordan no era más que un refrito de modelos existentes con un nuevo color (lo sé, ese comentario duele). Tres históricos diseñadores de Nike, Tinker Hatfield, Eric Avar y Aaron Cooper, presentaron a LeBron la que sería su primera zapatilla, Zoom Generation, que no tendría su nombre en un intento de calmar el hype creado por su llegada a la NBA. Michael Jordan sufrió las iras de los veteranos como Isiah Thomas o George Gervin porque consideraban que un novato no debía tener una zapatilla con su propio nombre. LeBron prefería entrar sin hacer tanto ruido.

El diseño se suponía inspirado en el Hummer H2, un coche que recibió como regalo de cumpleaños y que le creó ciertos problemas a LeBron (se suponía que un jugador de instituto no debía cobrar y no podía aceptar regalos). En los primeros bocetos se aprecia un logotipo con 5 franjas porque Nike planteó la posibilidad de que LeBron jugara con el número 5, que hacía referencia a su estilo de juego total. El logo, evidentemente, fue deshechado una vez que LeBron eligió el 23.

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Tal y como había ocurrido durante sus partidos en St Vincent-St Mary, durante la pretemporada todo el mundo esperaba algo nuevo en sus pies. Sin embargo LeBron eligió Jordan IX, III, Huarache 2K3 y dos colores de una Ultramatic que pasaba por ser una zapatilla seria para juego, sin el más mínimo interés por las fotos.

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Su primer contacto con la Zoom Generation fue la grabación de un anuncio para Nike y las fotos no le muestran demasiado entusiasmado. Si te entregan unas zaptaillas con tu nombre ¿te importarían los calcetines y la banda para el pelo? Si te preguntas cómo eran las cosas hace 13 años, LeBron tenía un Nokia.

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El 29 de octubre de 2003 las estrenaba en cancha frente a los Kings. 13 años después se plantea la posibilidad de una reedición y el propio LeBron ha sido el primero en avivar el fuego al llevarlas en un entrenamiento durante las últimas finales.

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En 2006 la gente hablaba de Lara Croft, Pablo Escobar era un narco, no una serie, en el Real Madrid jugaba Robinho y en la NBA podías ver Converse, Reebok y And1. Aun no existían los iPhone, el iPod Nano tenía una capacidad de 1Gb y la gran multinacional de la innovación era Nokia.

El 12 de octubre de 2006 yo tenía el día libre y por fin pude publicar la primera entrada de un blog de zapatillas, tal y como llevaba meses pidiéndome @deniman . Desde mitad de los ochenta la gente me recuerda recopilando información sobre zapatillas y parecía lógico que todo aquello se hiciera público. Con aquella primera entrada intentaba establecer lo que se podía esperar de aquel blog. Visto con la perspectiva de 10 años, doy bandazos entre los ridículo (A Bathing Ape), las apuestas seguras (Spike Lee, Agassi, Basquiat), lo incorrecto (sí, escribí Bansky en lugar de Banksy) y lo profético (Huarache, Stan Smith, Yamamoto). Pharrell Williams ya me parecía un genio hace 10 años.

En cualquier caso, no está mal utilizar el aniversario para actualizar referentes.

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Lisboa

Cuando voy de viaje intento desconectar de las zapatillas y buscar otras cosas. Pero no lo consigo. Es entonces cuando me planteo escribir un post sobre lo que he visto y así tener la excusa perfecta ¡eh, estoy viendo tiendas de zapatillas, pero es sólo porque tengo que escribir sobre ellas!
Si quería pasar unos días sin pensar en zapatillas había elegido el lugar perfecto; Lisboa. Absolutamente recomendable si quieres olvidarte de ellas.
En general no se aprecia ni el más mínimo interés por las zapatillas. En las principales calles comerciales hay tiendas de Nike, Footlocker, New Balance o Adidas, pero lo más especial que vas a encontrar es que los dependientes hablan un perfecto inglés porque atienden básicamente a los guiris que visitan la ciudad.

Un europeo utiliza unas Vans moderadamente baratas porque están de moda. Un portugués se gastará casi el mismo dinero en una zapatilla de Decathlon. Ni siquiera hay un interés por aparentar tener algo, así que no he encontrado ni un mantero con sus habituales fakes de Roshes, Air Max o Yeezys.

Las zapatillas, en general, no son cultura en Lisboa. Podríamos pensar que podría estar relacionado con el sueldo medio de un portugués, pero sí que vemos una cultura musical o gastronómica. Si un lisboeta tiene algo dinero, prefiere gastarlo en cenar, no en zapatillas. Durante algún tiempo Portugal era el paraíso de las Air Force 1, pero cuando el hip hop se ha convertido en una cuestión de marcas de lujo las AF1 han perdido su peso.

España es distinta. Reconoces a un español porque lleva Yeezys o Roshe falsas. Es fácil reconocer a los españoles en el extranjero porque son los únicos que gritan. Habitualmente, gritan diciendo que los españoles son los más ruidosos.

A Portugal han llegado las musculocas, Cos (pero sólo hay extranjeros), las gorras de 5 paneles y las camisetas con bolsillos. Hay brazos tatuados y las dilataciones siguen siendo algo extremo. Hay bares de cereales en los que te atiende gente con el pelo rosa. Hay 200 libros de corredores y de cupcakes.

Pero no hay ninjas, imitadores de Rick Owens, ni calcetines largos. No me he encontrado con nadie con Palace ni Supreme, pero mucha gente sigue pensando que el skate es algo que mola (en una ciudad con adoquines, cuestas y tranvías, intentar usar un patín es una locura).

Por curioso que parezca, es medianamente fácil encontrar las colaboraciones más lujosas de Converse, Raf Simons o Y-3, pero muchas de las zapatillas más buscadas en otros países son imposibles. Como si se hubiera salvado de la invasión de los sneakerheads.