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No tenía muy claro qué era Scrapworld, un evento que se presentaba como un “streetwear market”. Tengo mis problemas con el streetwear, desde el mismo momento de la definición, tengo más o menos claro cómo se inició alrededor del skate, el surf o el baloncesto, pero no tengo ni idea de cómo acaban apareciendo Balenciaga o Louis Vuitton.

En el cartel de scrapworld se mezclan sin complejos Vans, Burberry, Acne y Off White. Supongo que no lo comprendo como ningún cuarentañero comprende el trap, pero debía ser el único asistente que se planteara algo así. Es característico de una generación, la anterior lo sentirá como una herejía. Como siempre ha sido y como debe ser.

Una de mis dudas con el streetwear es que me parece un concepto acuñado por adultos para vender ropa a adolescentes. Si en los noventa el streetwear era algo que se hacía, en el siglo XXI el streetwear se compra y se recompra. Esa era lo que esperaba de Scrapworld, gente revendiendo marcas de lujo etiquetadas como streetwear y el motivo por el que me suelen aburrir este tipo de eventos. Sin embargo, lo que me encontré es muchos jóvenes intentando dar a conocer sus creaciones, que iban de lo esperable cuando hablas de streetwear (camisetas, sudaderas) a prendas que nunca esperarías en un evento así. Había también marcas consolidadas (Latigo) o Quality, una tienda de producto vintage que llevó una selección de productos orientados al street. Además, un workshop en el que podías ver cómo funcionaba una impresora de mano.

Obviamente había reventa, pero era solo una parte de un evento en el que podías encontrar otras cosas. Negar que la reventa es una parte del movimiento del streetwear sería ingenuo, pero colocarla en el centro sería olvidarse de una parte muy importante, la creación.

Como todo en la vida, es cuestión de expectativas y realidad. Yo esperaba un evento centrado en la reventa y me encontré con un lugar en el que se mezclaban acciones, grandes marcas y jóvenes creadores que exponían sus productos. Y además te podías comer un gofre. Todo esto en la primera edición. Promete.

Cuando una marca te invita a una fiesta sientes una extraña mezcla de agradecimiento y pena, como cuando te invitan a una boda. Hay un cierto grado de hedonismo en sentirse uno de los privilegiados que podrán acudir pero sabes que no va a ser el mejor momento de tu vida. Al menos aquí no hay que regalar nada a los novios ni hay que comprarse un traje nuevo. O eso creía yo porque en la fiesta de presentación de las Asics Gel Lyte V Sanze había más gente estrenando ropa que el Domingo de Ramos. También había caras de mala leche, porque en este tipo de fiestas o te has vestido a la última o te quedas junto a la pared mirando con pinta de tipo duro.

Lo reconozco, soy de los que llega a un evento y cuando ve la fauna quiere salir corriendo, pero siempre acabo encontrando alguien con quien charlar un rato. Y acabo yéndome el último como en las bodas, pero aquí puedo ir con zapatillas.

Pero hablemos de la zapatilla que se presentaba, porque de los djs, del tatuador Jun Chihara y la comida ya habréis visto fotos. Asics está en una extraña pausa entre un momento tan brillante como agotado y uno aun más brillante que está por llegar. Hasta hace un par de temporadas Asics triunfaba con sus Gel Lyte III y V y dentro un par de temporadas volverá a hacerlo con su producto técnico acercándose a la moda. ¿Y ahora? Pues juegan con alguna retro (Diablo, Gel-Lyte), crea nuevas siluetas (Gel-Lyte Runner) o renueva sus clásicos (Knit, EVO).

La Sanze entra en esta categoría, dándole un giro a la Gel Lyte V en tres versiones, Sanze, Sanze TR y Sanze Knit. De la calidad, tratándose de Asics no hay mucho que hablar. Unos tipos que prueban sus productos de calle con el mismo afán que los de rendimiento te garantizan que sus zapatillas tienen un nivel muy alto (excelente si hablamos de la versión knit). No es un diseño que busca revolucionar el mercado sino ofrecer una zapatilla cómoda y sencilla.

Mi duda es si es el momento adecuado para este estilo, ahora que el mundo de las zapatillas parece dividido entre los que acaban de descubrir a Balenciaga y los OGs indignados porque la última reedición ha cambiado un tono de su santo grial. Ninguno de los dos polos se sentirá muy atraído por la Sanze, pero no todo el mundo son hypebeasts y sneakerheads. También hay gente normal.