Kickstories

1 Comment

La Skylon que hoy se ha convertido en clásico de la línea Bowerman tuvo un orígen más minoritario. Cuando el aire comenzaba a aparecer en las zapatillas Nike, eran pocos los que apostaban por ellas. La Air Mariah se llevó el mérito de ser la primera zapatilla de competición con aire, pero eran pocos los corredores que se atrevían con ella. Fue el primer empleado de Nike, Jeff Johnson, el que apostó por el aire incluyéndolo en otra zapatilla, casi a escondidas, y que fue la elección de la mayoría de los corredores. Nike no debía estar muy contenta cuando anunciaba la Mariah mientras los corredores preferían un modelo que ni siquiera llegaría al mercado (aunque serviria de base para la American Eagle). Con una de sus variaciones, Alberto Salazar batió la mejor marca mundial de Maratón en Nueva York en 1981. En 1983 Joan Benoit ganó el Maratón de Boston con otro prototipo Skylon y en 1984 se llevó el oro en los Juegos Olímpicos de L.A. con un modelo adaptado a su pronación.

En 1990 se recuperó el nombre para una zapatilla que poco tenía que ver con la primera Skylon y a partir del nacimiento de la línea Bowerman se convertiría en habitual.

El nombre Skylon no es demasiado original, porque está tomado del Maratón de Buffalo, aunque recordemos que Jeff Johnson ya tuvo su momento de gloria poniendo nombres, ya que fue quien decidió llamar Nike a la pequeña empresa en la que comenzó a trabajar.

Aunque Nike había comenzado como una marca de zapatillas para correr, poco a poco había ido perdiendo su lugar. Mientras las oleadas de billetes llegaban por las ventas del "modelo que aparece en la serie de moda", los corredores serios comenzaban a desconfiar de esa marca que llevaban todos. Su problema era que las zapatillas Nike estaban pensadas para todo el mundo, no para los corredores. Cuando Nike quiso recuperar su sitio, tiró de recuerdos y allí estaba Bill Bowerman, fundador de la marca y uno de los mejores entrenadores de atletismo de la historia de Estados Unidos. Colocó el "sello Bowerman" a una nueva línea de zapatillas diseñadas exclusivamente para corredores. Aunque oficialmente la Zoom Drive pertenecía a la colección Bowerman, parecía un modelo completamente distinto al resto. Nada de cortes habituales, plasticos ni refuerzos en la parte superior. Inspirada en la Gauntlet un auténtico guante de licra rodeaba el pie, haciendo casi innecesarios unos cordones que por otra parte, sólo se sujetaban por unos pocos ojales. A medio camino entre las revoluciones "habituales" en Nike y la línea Bowerman, fue uno de los bancos de prueba de la Presto.

1 Comment


En los setenta, adidas estaba centrada en su lucha contra Puma, la marca con la que compartía ciudad, orígenes e incluso familia, ya que los fundadores de ambas marcas eran hermanos. Por eso no prestó atención a un grupo de gente que salía a correr con unas nuevas zapatillas llamadas Nike. Adidas, centrada en los deportistas de más alto nivel, se reía de la extraña moda de los americanos de trotar por la ciudad y cuando quiso reaccionar, lo hizo tarde. La saga SL de adidas aparecía cada 4 años desde 1972 a punto para los Juegos Olímpicos y estaba realizada en nylon. Las diferentes versiones funcionaban al gusto europeo, pero los americanos necesitaban más amortiguación para correr por asfalto. Aún así, las adidas SL 76, con el avance de los ojales Ghillys, fueron un gran éxito o al menos eso creía adidas. Una anécdota repetida mil veces cuenta el único encuentro entre Phil Knight (fundador de Nike) y Horst Dassler (hijo del fundador de adidas). Horst explicó lo bien que funcionaban en Estados Unidos, donde vendían 100.000 pares al año de la SL 76. Phil Knight prefirió mantener en secreto que sus Waffle vendían esa cantidad cada mes. A pesar de que la demanda era tremenda, adidas no se atrevió a fabricar una cantidad mayor ante la desconfianza de un mercado que no conocía, algo que Nike aprovechó a la perfección.
Adidas parecía no entender que una aparición en "Starsky y Hutch" aumentara sus ventas más que vestir a un campeón olímpico de lanzamiento de peso. Las ediciones retro cambiaron colores y materiales. Y esta vez sí, adidas supo colocar las adidas SL donde todos pudieran verla, con versiones en acabado vintage e incluso entre las ediciones especiales para Star Wars.

1 Comment


Lo que hoy conocemos como Nike empezó importando zapatillas de correr desde Japón, pero Bill Bowerman vió pronto que podía mejorar los diseños de Onitsuka Tiger. Colaboró con ellos en muchas de los modelos que le hicieron popular en Estados Unidos y cuando Bowerman decidió lanzar una marca propia con Phil Knight, se llevó algunos de sus diseños.
Uno de ellos fue la Tiger Obori, llamada así por un parque de la maratoniana ciudad de Fukuoka. En 1973, con Nike recién creada, Jon Anderson, el hijo del alcalde de Eugene (la ciudad de los corredores en la que surgió Nike) corría el maratón de Boston con un prototipo de las Nike Obori. Bowerman estaba probando una suela intermedia completa y nylon para el corte, ya que no pesaba tanto ni absorbía el sudor como el cuero. Además, con su marca propia, Bowerman ya podía colocar su mayor creación, la suela waffle, que a los japoneses de Tiger no querían en las zapatillas de running.
Anderson ganó el maratón de Boston y la zapatilla cambiaría de nombre oficialmente para convertirse en Nike Boston.

1 Comment

Una muestra de que a veces las cosas no ocurren como deberían. A finales de la década de los ochenta, Bruce Kilgore había diseñado las Air Jordan II y Air Force One, Tinker Hatfield estaba con las Jordans III y IV, Air Max y Trainer. La lógica parecía indicar que si unías a dos genios tendrías una genialidad...pero no.
Reebok había crecido en las últimas campañas, alejándose de la imagen de "zapatilla para chicas que hacen aerobic". En baloncesto, aunque las Pump parecían más un elemento decorativo que un elemento técnico, se convirtieron en la liebre a seguir. Nike puso en el mercado una zapatilla que aún no estaba del todo desarrollada, para competir con The Pump, con un sistema más complejo y pesado que las de Reebok y con la misma utilidad (ninguna). Además, era más compleja porque necesitaba de un elemento externo para inflarse. El collarín que sujetaba el tobillo era de un compuesto rígido que, además de pesado, impedía ciertos movimientos y lo que podría haber sido la respuesta a Reebok de dos genios del diseño, se quedó en un experimento olvidable. El razonamiento esgrimido por Nike para olvidar el sistema (con las excepciones de las Command Force y 180) fue que eran unas zapatillas válidas solo para jugadores con problemas de tobillo. El único al que recuerdo con ellas, es a Mark Jackson de los Knicks, cuando aún hacía diabluras con el balón.

4 Comments


Aunque todos asociemos Reebok al Reino Unido, no tuvo un éxito global hasta que Paul Fireman no se la llevó a Estados Unidos, donde a finales de los ochenta la colocó como la mayor marca de zapatillas, superando a Nike y muy por encima de adidas. Paul Fireman era también dueño de Ellesse, que tenía una bota de esquí hinchable. La idea parecía adecuada para llevarla al gran público y el elegido fue Paul Litchfield, un ingeniero que debía elegir los materiales adecuados. Se suponía que la bomba de aire permitiría personalizar el ajuste, aunque alguien podría decir que los cordones también son un "sistema de customización de ajuste". El diseño final fue obra de Paul Brown, que ya había creado otro clásico para Reebok, la Freestyle.
El resultado fue una zapatilla extremedamente alta, con unos conductos de aire que se inflaban desde una bomba situada en la lengüeta. En los primeros prototipos se diseñaron todo tipo de elementos para colocar el aire, pero los probadores preferían hacerlo manualmente, apretando la pelota naranja.
La zapatilla llegó a las tiendas al exorbitante precido de 170$ y no fue precisamente un gran éxito, pero colocó en la primera plana una tecnología que luego sería un top de ventas con las Omni de baloncesto y con la inclusión del The Pump en otros deportes.
Nunca nadie supo explicar si la tecnología The Pump servía para algo, pero Reebok fue dejando de usarla algunas colecciones más tarde. En plenas de celebraciones de su vigésimo cumpleaños, se volvió a editar en ediciones limitadas y con las habituales críticas al funcionamiento de la bomba.

1 Comment

Comenzaban los noventa con una sangrienta lucha entre Nike y Reebok, que se decantaba por los de la bandera británica. Tinker Hatfield estaba en plena forma después de haber creado zapatillas gloriosas como la Air Max, Trainer I, Jordans desde la III y muchas de la línea ACG.
En el baloncesto, surgía el boom en las calles; años antes de los videos de And1, el baloncesto en la calle era la norma y las marcas pensaban por primera vez en los beneficios. Reebok tenía su propia línea, Black Top, pero la imagen general de Reebok estaba muy alejada de las calles. Nike supo ganarse el asfalto con el extraño diseño de las Nike Air Raid. Dos tiras cruzaban la zapatilla de lado a lado cruzándose y formando una "X". El resto eran refuerzos, tiradores y una suela ultra resistente en un diseño obviamente relacionado con la Air Jordan VIII. Una de las ediciones estaba realizada en cuero engrasado, la mediasuela tenía el color de la madera y fue la primera vez que se publicitó una edición limitada, que incluso aparecía en los catálogos. Para terminar de darle el toque callejero, los anuncios los protagonizaba Spike Lee.


Bob Kennedy era un corredor norteamericano habitual en las finales de grandes eventos. Aunque no se trataba de una figura internacional, el tirón que tenía en Estados Unidos le permitió tener una zapatilla con su nombre con Nike. Así que, como es habitual, grabaron a Bob corriendo, analizaron su pisada e incluso corrieron con él. La zapatilla resultante tenía menos clavos, tenía una placa aún más rígida y estaba construída casi en una pieza en el corte superior, sólo apoyada en una estructura que se fundía con la tela formando una pieza sin necesidad de costuras.
Todo parecía indicar que sería la zapatilla con la que Bob Kennedy batiría a los keniatas...pero sólo hubo un fallo. Cuando corrió los primeros kilómetros con ellas notó que algo fallaba; no parecía adaptarse a su modo de correr. Tras unas semanas dejó de usarlas. Nike construyó un modelo con la misma parte superior pero con una suela más tradicional y a Bob le encantó.
Pero fue el único en abandonar las zapatillas con su nombre. Para el resto de corredores, parecía el modelo ideal. Se convirtió en habitual para cualquier carrera de fondo y medio fondo, aunque no la llevara el hombre que le dio nombre.

Cuando eres la indiscutible número uno, cuando eres la marca que todos respetan, admiran y copian, cada uno de tus pasos es imitado. En 1968 adidas era la coca cola del deporte. Puma comenzaba a decaer, Nike no había nacido, Tiger se quedaba en Asia y sólo Converse podía competir con ellos en mercados como el baloncesto profesional.
En ese contexto aparece la adidas Gazelle, una zapatilla sin un propósito único. No se trataba de una zapatilla para practicar un deporte en concreto, sino que podías utilizarlas para cualquier ejercicio. Pero lejos de ser el germen de un modelo multideporte como la Nike Cross Trainer, no era una zapatilla técnica sino una all-around. Curiosamente, dio nombre a una colección de zapatillas de running e incluso ha tenido versiones de skate.
En los ochenta se convirtió en icono de la escena Hip Hop junto a las adidas Superstar, Nike Air Force One y Puma Clyde. En los noventa fue la punta de lanza del renacimiento de la moda retro. El Brit Pop y el Grunge sólo coincidían en las Gazelle. Y la mediasuela es tan baja que parece diseñada para bailar, así que Jamiroquai se encargó de mostrarlas en muchos de sus videos e incluso Madonna era habitual.
La falta de tecnología ha facilitado que sus versiones sean más o menos fieles a la original.

3 Comments

Una de las mayores sorpresas de la moda retro es cómo intentan contarnos ciertas historias como si fueran verdaderas. New Balance, por ejemplo, estableció no hace demasiado un slogan (ya abandonado) que decía "endorsed by no one", como si nunca hubieran pagado a nadie por llevar unas zapatillas. En esos mismos momentos, Khalid Kannouchi era nada menos que el recordman mundial de maratón vestido de pies a cabeza de New Balance. Pero ciertos deportes parecían vetados. Sin embargo, durante los ochenta tenían un puñado de jugadores en la NBA, como Charles Oakley, M.L. Carr y Dennis Rodman. Pero sin duda era James Worthy el que tuvo más atención de New Balance. Aunque la primera zapatilla a la que se asoció fue la 785 con su firma en la lengüeta, la zapatilla que se convirtió en su signature (aunque no llevara su nombre), fue la 790. Parecía fabricada de un modo completamente distinto al resto de zapatillas. Aunque todos quisiéramos las Nike de Michael Jordan, podíamos ver que era un modelo convencional tocado por la mitología del Jordan. Pero lo que sorprendía de la NB 790 era la calidad, la lengüeta extra larga, la altura del collarín y también los colores de los Lakers. Una lástima que ésto último fuera lo único que se ha mantenido en la edición retro (que aparece en la foto).
Si alguien se pregunta porqué no hubo ninguna zapatilla llamada Worthy, es algo relacionado con la compañía. Arthur Heckler, uno de los pioneros de New Balance, pensó que la filosofía de la empresa debía estar por encima de un modelo en concreto, por lo que en lugar de nombres, debían tener números.