Nike se vuelve a posicionar contra Trump

Con la masificación del fenómeno de las zapatillas tenía miedo de que las empresas se convirtieran en marcas políticamente correctas que tratan de no molestar a ninguno de sus potenciales compradores. Históricamente, Nike ha apostado por una imagen de underdog, ellos eran los supuestos perdedores que se revelaban contra el favorito, una imagen que supieron mantener aunque ellos fueran los favoritos. Tal y como hacía Apple en sus buenos años, podía vender mucho pero nunca se comportaba como lo haría IBM. Nike ha apostado siempre por la diversidad y se ha pronunciado públicamente a favor de minorías.

El pasado viernes Donald Trump firmó una orden ejecutiva que prohibía la entrada en Estados Unidos a ciudadanos de siete países de mayoría musulmana. Uno de los afectados es un atleta Nike, Mo Farah. Nacido en Somalia, con ocho años llegó a Londres como refugiado y entrenando en el Reino Unido se convirtió en uno de los mejores atletas del mundo, por lo que su país de adopción acabó nombrándole Caballero del Imperio. Su hermano gemelo, Hassan, no pudo salir de Somalia y puede contar una historia distinta.

Hoy Mo Farah vive y trabaja gran parte del año en Oregón y como otros atletas, pasa alguna temporada en Etiopía. Con las actuales condiciones, Mo Farah no podría volver a Estados Unidos. El asunto llega al extremo de lo absurdo porque Farah tiene nacionalidad británica, por lo que solo le une a Somalia el lugar de nacimiento, suficiente para la nueva política de Trump.

Nike elige posicionarse con una carta a sus empleados firmada por Mark Parker en la que habla de los valores de diversidad de la marca. Por segunda vez, Parker se posiciona contra Trump, aunque eso suponga la posibilidad de que dejen de comprar sus zapatillas sus 62.979.879 votantes.