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La relación entre la NBA y sus uniformes ha pasado por varias épocas en las que los factores ambientales eran tan importantes como el trabajo de las marcas. Durante los ochenta la NBA otorgaba licencias para productos específicos, por lo que varias marcas podían lanzar artículos oficiales. A finales de los noventa los equipos podían vender licencias propias y durante una época podíamos ver camisetas NBA Nike, Reebok, Puma, Starter o Champion. Los diseños pertenecían a los equipos, no a las marcas y en los uniformes de juego no estaban permitidos los logotipos, por lo que los cambios de marca se apreciaban en las replicas, no en las versiones de juego. En 2002 Reebok llega a un acuerdo global con la NBA que le permitía vestir a todos los equipos y más tarde se amplió hasta las réplicas. Cuando adidas compró Reebok, se decidió a alejarla de la mayoría de equipos y se quedó con el contrato NBA. Dos años antes de que finalizara el contrato, adidas hizo público que no lo renovaría.

Desde entonces algunas cosas han cambiado. adidas en 2015 estaba situada en el tercer lugar de ventas en Estados Unidos, por detrás de Nike y Under Armour. Hoy es UA la que parece hundirse, mientras adidas se plantea como objetivo (lejano) arrebatarle el número 1 a Nike.

Nike presentó ayer las ediciones Statement de los uniformes, así como la nueva app, calcetines y hoodies. Tal y como esperábamos, el producto es impactante. Las ediciones Statement son las que los equipos elegirán en los partidos importantes, por lo que son diseñadas para crear impacto.  Aprovecharon los avances testados en los uniformes Vapor que ya hemos visto en la selección estadounidense o española. A partir de ellos se estudió el movimiento, la regulación de la temperatura y el ajuste para adaptarlo a las actuales necesidades, muy diferentes a las de los jugadores de hace una década. La búsqueda de un juego más rápido, menos agresivo, implica también un cambio en las exigencias del material. Según los estudios de Nike, un jugador actual en un partido corre cuatro millas, realiza mil cambios de dirección y salta 42 veces, por lo que creó un triple mapa en 3D que marcara las zonas de sudor, de contacto y aquellas en las que los jugadores necesitan más movimiento. Las pruebas con jugadores llevó a Nike a constatar un dato curioso; los jugadores jóvenes prefieren un ajuste más entallado y pantalones más cortos, en lo que parece un giro a la tendencia de las últimas décadas. A la venta el 20 de noviembre.

La siguiente innovación son las camisetas Nike NBA Connected, a la venta el 29 de septiembre. Se conectan a través de la etiqueta y un chip NFC con una app que permiten el desbloqueo de nuevo contenido, experiencias de jugador y ofertas exclusivas.

El resto de presentaciones de Nike siguen el mismo camino de obsesión por la funcionalidad. Dos versiones de calcetines (relevarán a la marca Stance) centrados en la amortiguación o el agarre (Power Crew y Quick Crew). Habrá acabados diferentes para cada edición de uniforme y serán los primeros en tener el logo de la NBA y el de Nike (o Jordan en el caso de los Hornets). Por otra parte la prenda favorita de Carmelo Anthony, una hoodie diseñada para las sesiones de calentamiento, con cortes que facilitan el movimiento y una capucha sin cordones y malla en las zonas laterales para escuchar al entrenador (en el que caso de que algún jugador NBA lo haga). Nos plantea dudas sobre cómo será acogida por los jugadores NBA no patrocinados por Nike y hasta qué punto es útil, aunque parece destinado más al fan que al verdadero jugador. Como ocurrió en su día con las cintas para el pelo, las mangas o las mallas bajo los pantalones, una nueva prenda aspira a colocarse como imprescindible.

En general, apuesta de Nike por el baloncesto es brillante, solo falta saber si es el momento adecuado. La caída de ventas del material deportivo de las últimas temporadas viene liderada por el escandaloso batacazo del baloncesto. Históricamente, los momentos masivos de productos NBA han estado relacionados con modas que venían de fuera de las canchas, más que de grandes momentos en ella. Gracias al hip hop era más fácil ver una camiseta de Alex English o Wes Unseld en 2002 que en su época de juego.

Nike ya ha hecho una parte del trabajo, un producto impresionante. Ahora queda esperar que el producto licenciado por la NBA vuelva a ser tendencia en los ocho años del presente contrato. Esperar…o hacer algo.

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Foto de Rafa Puerta. No es la mejor, pero sí la más adecuada.

Ir a una ciudad nueva para conocer tiendas de zapatillas es un modo muy complicado de perder el tiempo. Complicado y caro. La mayor parte de las tiendas premium del mundo tienen producto similar y la gente que acude a ellas suele seguir patrones idénticos. Puedes comprar una edición ultralimitada en la tienda más especial de NY y posiblemente encontrarás el mismo producto en cien tiendas más cuando llegues a casa, incluso en el hotel si tienes wifi. Si viviera en Buenos Aires posiblemente pasaría el día en Fritzovia pero si voy a pasar unos días allí prefiero otras cosas.

Aunque suene a Coelho, en los viajes prefiero hablar con gente a comprar zapatillas. Con alguna excepción, Argentina no es el mejor lugar para comprar zapatillas, pero tiene algunas historias apasionantes y muchas vienen de su historial político. Sus constantes cambios de gobierno les han llevado del neoliberalismo al proteccionismo pasando por el indefinible peronismo, utilizado a veces como sustantivo y otras como adjetivo. Si quieres hablar sobre Yeezys, también hay una curiosa comunidad asiática.

Sin entrar en discusiones sobre causas y resumiendo al extremo, en la actualidad y a pesar de algunos cambios recientes, Argentina sigue siendo un mercado proteccionista si lo comparamos con lo acostumbrado en Europa (de hecho, algunos gobiernos argentinos han sido sancionados por la Organización Mundial de Comercio).

Durante muchos años, tecnología, calzado y textil han sido obligadas a fabricar parte de su producción en territorio argentino, debían exportar tanto como importaban. Para las grandes marcas deportivas es realmente complicado diseñar zapatillas que puedan ser fabricadas en Argentina, por lo que cada marca intenta salvar las trabas como puede. En ocasiones se crean versiones de sus modelos más básicos “made in Argentina”, aunque debido al alto costo de fabricación el producto llega a tiendas a un precio mucho mayor que las versiones asiáticas. En ocasiones únicamente ensamblan trozos de zapatillas importadas, lo mínimo para poder poner en la etiqueta “made in Argentina”, aunque sea una frase que se esconde porque el consumidor asocia el calzado argentino con producto de baja calidad. Las versiones argentinas se quedan en zapatillas de primer precio como Biscuit o Wardour (no confundir con Max Wardour).Vans fabrica versiones estéticamente idénticas de sus clásicos, pero los distintos materiales y procesos de fabricación las hace ligeramente diferentes (quizás “ligeramente” no sea un término muy apropiado porque la principal diferencia es el peso). Pero la más creativa fue adidas, que para igualar la balanza entre importaciones y exportaciones creó una fábrica de mobiliario para sus propias tiendas que luego exportaba para sus tiendas en el resto del mundo. Exportar muebles para poder importar zapatillas.

Esta situación provoca que un par de zapatillas en Argentina pueda costar un 50% más que en otro mercado, cuando los sueldos son un 20-30% menores que en España. Aunque el calzado no es el que más sufre, el “índice Zara” coloca a Argentina como el país más caro para comprar en las escasas tiendas de Inditex y un iPhone 7 en Argentina se vende por 1800 dólares, 1151 dólares más que en Estados Unidos. Y aun no hemos hablado de la inflación; el IPC interanual en su mejor momento en años ronda el 25%. Evidentemente las políticas proteccionistas tienen un lado positivo pero sus beneficios están relacionados con asuntos que quedan muy lejos de los tratados en este blog.

Argentina y los argentinos son muy interesantes. Si hablamos de zapatillas, es muy interesante encontrar una Sk8 Hi con una pesada suela made in Argentina, ver carteles de pagos a plazos en tiendas de deporte o escuchar las historias sobre cómo consiguen zapatillas en el extranjero como si estuvieran traficando con cabezas nucleares. Si quieres comprar zapatillas mejor esperar a la vuelta a casa, gasta tu tiempo en charlar delante de una fugazzeta.

PD: una idea para adidas, si el mercado de los muebles se agota ¿podrían exportar pizza?

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Hace una semana se ponían a la venta las ediciones Hyperfam de las Nike Hyperdunk 2017 Low. Seis ciudades que se relacionaban de uno u otro modo con el baloncesto, Chicago, NY, LA, Manila, Beijing y Madrid.
Las tres primeras entran dentro de lo clásico, Manila y Beijing no son precisamente la cuna de grandes jugadores pero tienen una potente masa de seguidores/consumidores. ¿Y Madrid?

Durante muchos años Barcelona era EL lugar para las zapatillas incluso a escala europea, pero en los últimos años las cosas han cambiado mucho. Desde que Nike comenzó a distribuir directamente en España se ha asociado a Barcelona, no sabemos si con alguna intención o simplemente por tener allí su sede. Barcelona ha servido de inspiración de zapatillas de Nike (varias Kobe), Nike SB (Team de Sants), Reebok (aquella saga inspirada en el modernismo), New Balance (el pack modernista) o Diadora (Copito).

En su día, Madrid y Barcelona fueron nombres de zapatillas adidas, aunque también lo tuvieron Palma, Alicante o Sevilla. Ninguna de ellas tenía relación alguna con la ciudad a la que debía el nombre. El caso de las Puma Madrid era aun más sangrante, porque se trataba de la zapatilla que diseñaron para el portero y entrenador de balonmano Vlado Stenzel. Una vez finalizado el acuerdo con Puma, las zapatillas cambiaron de nombre y se convirtieron en Puma Madrid. Para la inauguración de New Balance Gran Vía en Madrid se anunció una edición especial de una 990 que no eran otra cosa que 24 pares realizados en NB1, su web de personalización.

Madrid no había tenido muy buen trato en cuanto a ediciones especiales hasta la llegada de las Hyperfam. En la única ciudad europea del pack han jugado como locales algunos de los grandes equipos de la historia (¿podíamos incluir al Partizan de Fuenlabrada?) y de allí son cuatro jugadores que han llegado a la NBA (si incluimos a Garbajosa, nacido en Torrejón). Madrid tiene grandes historias relacionadas con el baloncesto, como también tiene Barcelona. En la habitual y estúpida discusión Madrid-Barcelona al menos en este caso no encuentro motivos de peso para elegir una ciudad y no otra.

La única diferencia es Lavapies, un barrio que en algún momento fue peligroso y que ahora está en pleno proceso de gentrificación. La famosa cancha del barrio ha seguido el mismo camino, de un lugar impracticable a una cancha patrocinada por Nike que se utiliza como ejemplo perfecto de integración de distintas culturas. Y ahí está el problema, cuando caemos de cabeza en el tópico; crisol de razas, encrucijadas de caminos, concursos de mates mientras suena hip hop.

La zapatilla también tiene su porción de tópicos. Inspirado en el atardecer de Madrid (aunque los dos madrileños con los que he hablado me han dicho que SU atardecer es rosa), se le puede criticar lo mismo que a la mayoría de estas ediciones, demasiado esfuerzo en contar una historia. Demasiado cerca de una versión Doernbecher. Como curiosidad, la edición que puede comprarse no es exactamente igual que las presentadas oficialmente, con cambio de color en el logo HD de la lengüeta y MAD en lugar MDZ en el talón.

En esas estamos, felices porque Madrid tenga su propia zapatilla pero frunciendo el ceño por lo que pudo haber sido. Imprescindible históricamente y muy útil como zapatilla de verano, aun pueden comprarse en Nikestore.

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Durante el último cuarto de siglo Nike y Jordan han planteado las mayores propuestas tecnológicas del baloncesto y sorprendentemente el público las ha aceptado colocando a la marca como la más vista en las canchas con una superioridad apabullante. Nike necesita presentar novedades y sus novedades deben demostrar que sigue siendo la primera. La nueva propuesta se llama React y hasta ahora la información ha ido llegando con cuentagotas.

Ross Klein es otro de los brillantes diseñadores que llegan a las zapatillas desde la arquitectura y la tecnología, con una extraña mezcla de experiencias que van de Philips a Under Armour, de Timex a New Balance. Después de ser considerado uno de los diez diseñadores a seguir y demostrar sus posibilidades con la Kobe A.D., su primer gran trabajo para Nike Basketball ha sido la Hyperdunk 2017.

Tuve la suerte de sentarme a hablar con él sobre Hyperdunk y React, la tecnología que hace unos días nos presentaba Draymond Green. Green actuaba exactamente como un jugador de la NBA promocionando un producto, simpático, suelta un titular por aquí, un agradecimiento a la marca por allí o un chiste para reirse del youtuber de turno. Como la mayoría de los deportistas profesionales norteamericanos, domina el arte de la entrevista y te hace pasar un buen rato aunque tampoco puedes esperar un conocimiento profundo de las zapatillas. Para eso está Ross Klein.

Klein habla de React como la tecnología de amortiguación más completa de la historia de Nike. Mientras Air, Zoom y Lunarlon tienen ventajas funcionales concretas, React funciona como una espuma total, agrupa amortiguación, ligereza y longevidad. Ross Klein utiliza tres palabras clave para designar React y una de ellas es durabilidad. Sorprendente e interesante para todos aquellos que ven en la Hyperdunk la zapatilla sobre la que construir la temporada.

Una charla con Ross Klein no es un anuncio y por eso repite que su zapatilla intenta ser la más completa, no la mejor. Mis intentos por comparar Zoom-Lunarlon-React dan con un muro; No se trata de tres sistemas independientes sino de productos desarrollados dentro de un total, los conocimientos de un parte son asimilados por el resto y Nike lleva 40 años desarrollando sistemas de amortiguación.
La nueva Hyperdunk se asocia a la imagen de Draymond Green, él ha sido uno más de los cientos de probadores de la Hyperdunk 2017. Desde sus comienzos en 2008, la saga Hyperdunk ha querido convertirse en la signature del baloncesto, no de un jugador. Una línea que han usado Paul George, Kyrie Irving, Kobe Bryant, LeBron James o Anthony Davis (por nombrar jugadores que tienen su propia signature).

¿Un diseño útil para todas las posiciones? La era de una zapatilla para cada posición terminó hace mucho. Un jugador busca sentirse confortable, rápido o seguro, no importa el puesto que ocupe en la cancha. Que tantos jugadores distintos probaran una zapatilla consigue darle un sentido más global a la Hyperdunk con lo que las prioridades se abren hasta límites no aceptados en una zapatilla diseñada en exclusiva para un jugador. Más probadores, más inputs, más información que conlleva una mayor amplitud de foco. El agarre, por ejemplo, no debía ser adecuado solo en las perfectas condiciones de una cancha NBA sino en cualquier superficie por lo que se trabajó con mapas de presión que no sé si funcionan, pero al menos han dado como resultado un video espectacular (e incomprensible a primera vista).

La gran innovación es la espuma React y sobre ella se construyen dos versiones, que aparecerán en tres alturas. La Hyperdunk 2017 pone el énfasis en la velocidad y la transpiración, mientras que la versión Flyknit intenta sacarle todo el partido al React centrándose en el rendimiento. Mientras el Flyknit ha sido plenamente aceptado en otros deportes, el baloncesto aun era reticente, por lo que el entramado de la nueva Hyperdunk está adaptado a las exigencias de los probadores con distintos filamentos.

En los últimos meses Nike ha planteado tres nuevos sistemas de amortiguación; VaporMax, ZoomX y React. Este último es definitivamente el menos espectacular visualmente y precisamente por eso parece el más real. Ross Klein y Ernest Kim han evitado responder las preguntas sobre el recorrido de React, pero es obvio que irá más allá de Hyperdunk 2017 y Jordan Super.Fly 2017, la otra zapatilla que estrena el sistema de amortiguación.

Como una zapatilla de otra época, no hay historias ni inspiraciones contadas desde el primer minuto, no hay intención de convertirse en el nuevo objeto de culto, solo rendimiento. Y como todo el mundo sabe, eso es justo lo que necesitan unas zapatillas para convertirse en objeto de culto.

Colette anuncia el cierre. El ejemplo que todo el mundo intenta imitar cerrará en diciembre, justo cuando cumple 20 años.
Situada en la zona bien de la calle Rue St Honoré, en 1997 era una rara avis que se atrevía a vender Comme des Garçons junto a Nike, todo seleccionado por Colette Roussaux, único punto de unión entre las gominolas de Sharapova y las bicicletas de Balenciaga. El motivo oficial del cierre de Colette (la tienda) está relacionado con el retiro de Colette (la persona). Colette no tiene sentido sin Colette. Un juego de palabras gracioso pero sin sentido para una tienda que vende Balenciaga. Cristobal Balenciaga cerró su firma cuando se retiró en 1968. Veinte años después un grupo empresarial con experiencia en cosmética y perfumería compró el nombre y refundó la marca para hacer todo lo que Cristobal Balenciaga se negó a hacer.

El verdadero motivo del cierre de Colette no lo sabremos, pero hay apuntes interesantes. Colette no estaba en su mejor momento, su pico de ventas llegó en 2015 y culpar a los atentados terroristas parece una excusa rápida. Seguro que durante los meses posteriores el tráfico en tienda bajó, pero los datos del turismo en París se han recuperado y es difícil creer que las ventas de la tienda física tuvieran mucha importancia en el montante total de la firma, que en 2015 facturó 31 millones de euros. Es cierto que el anuncio del cierre de Colette nos ha pillado por sorpresa, pero los últimos meses nos estaban dando pistas que solo comprendemos a posteriori. Durante 2017 la primera planta se convirtió en un showroom para marcas que van de Balenciaga a H&M Studio. Colette vendía su espacio, no su producto.

En 1997 el concepto Colette era algo nuevo. En 2017 las marcas solo necesitan el canal multimarca para ganar prestigio, no dinero. Colette es el anzuelo para que la gente compre en la marca y por eso mismo tiene un techo de cristal. Colette se va antes de caer y como ocurrió con la colaboración entre Vuitton y Supreme, parece uno de esos momentos que hacen girar el mundo de la moda. Los cientos de tiendas que quisieron convertirse en la nueva Colette tendrán que cambiar sus espejos y buscar alguien distinto a quien copiar.

En 1992 leí mi primer libro sobre zapatillas, un libro que casi no hablaba de zapatillas que compré en El Corte Inglés por lo que ahora serían 1.80 euros. En la versión española se llamaba Nike y presentaba a la marca de tal manera que 25 años después sigo pensando que Nike es eso, una panda de locos. La mitad de las historias que se repiten una y otra vez en webs sobre zapatillas están extraídas de ahí como si fuera la biblia. Y no lo es. En el libro muestran a Rob Strasser y Peter Moore como verdaderos creadores de Nike y puede que sea cierto. Pero curiosamente, el libro está escrito por J.B. Strasser y Laurie Becklund esposa y cuñada de Rob Strasser.

Durante muchos años fue el único libro del que podía aprender cosas relacionadas con las zapatillas. El resto venía de revistas, catálogos y charlas con los empleados de las tiendas de deporte. Algunos me prestaban revistas profesionales sobre comercio deportivo y algunas veces directamente las robaba (es curioso que lo único que he robado de una tienda de zapatillas fueran revistas). El Zoco de Gigantes y las pruebas de producto de Corricolari eran otros dos contactos reales con la información.

En 1998 y no sé muy bien cómo, consigo un libro del que no llegué a saber ni el nombre. En el lomo pone “The Sneaker Book”, aunque en otros lugares aparece como “Size isn´t everything”. Una marcianada en la que escribía Frazer Cooke, Charlie (De Charlie´s Pages), Fab Five Freddie y en el que podías encontrar un artículo sobre gente que se masturbaba con zapatillas, la entrevista más corta del mundo (al presidente de Quiksilver; ¿Quiksilver hace zapatillas? No ¿Estáis pensando en ello? No, pero como decía James Bond, nunca digas nunca”), fotos de Cholos con Cortez y palabras de Matthew Kassovitz (no vi El Odio hasta después de leerle), Michael Franti, Henry Rollins, Neneh Cherry, Mushroom de Massive Attack o Cypress Hill. Aquello no iba sobre zapatillas ni sobre empresas.

Dos libros muy distintos que hablaban de todo lo que rodeaba a las zapatillas. Unos años después llegaban Out Of Nowhere de Geoff Hollister, Trainers de Neal Head, Where´d you get those de Bobbito, Sneakerfreaker The Book, Sneakers The Complete Collector´s Guide, Hermanos de Sangre y dos trabajos publicados por o con el beneplácito de Nike, Sole Provider y Driven From Within. Hasta 2010 los libros sobre zapatillas que se publicaban eran rarezas en inglés.

Llega la explosión de las zapatillas y el humo llega a los libros. En los últimos años se han publicado libros muy prescindibles como Zapatillas con arte, SlamKicks (Basketball Sneakers That Changed The Game), Calzado Deportivo, adidas, Marcas de la A a la Z, Sneakers The Complete Limited Edition Guide, Custom Kicks y posiblemente los dos peores, The Encyclopedia of Air Jordans y 1000 Sneakers, dos compendios de tópicos y datos sin información real.

En este tiempo la propia Nike ha publicado Le Silver, Genealogy of Innovation y ha colaborado en Shoe Dog, la biografía de su fundador Phil Knight. Otro libro interesante, La Revolución Puma, cuenta con la aprobación de la marca del felino, Vans publicó su propio libro para celebrar el aniversario y Gary Warnett pasó con nota el encargo de Asics con An Evolution. Exceptuando algún imprescindible (Los hombres que hicieron la historia de las marcas deportivas de Eugenio Palopoli, Out Of The Box, Nike Chronicle) la mayoría de libros independientes se conforman con repetir la misma historia una y otra vez. Los más interesantes son los publicados directamente por las marcas.

Tal y como ha ocurrido con el propio mundo de las zapatillas, los libros sobre zapatillas han bajado en calidad a la vez que se popularizaban y acabamos llegando al mismo punto en el que estábamos en los noventa. Antes el problema era encontrar libros, ahora el problema es encontrar un libro interesante en la montaña de publicaciones sin sentido.

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Hace unos meses Mark Parker anunciaba tres nuevos sistemas de amortiguación que serían presentados en el siguiente semestre. El último gran cambio había ocurrido en 2008 y desde entonces todo el mundo hablaba de la amortiguación de la competencia. Históricamente adidas se ha centrado en la estabilidad y de hecho el Boost lo desarrolló una empresa externa (BASF). Entrar en la batalla de la amortiguación era aceptar su derrota teórica, pero con Boost consiguieron saltarse todas sus reticencias. "Ah, vale, teníais razón pero nosotros nos llevamos el dinero".

El ataque de Nike llega en tres fases. La primera, VaporMax, es la más espectacular y la que menos mira al deporte. La ZoomX llegó justo desde el otro lado, en los pies de los que rozan las dos horas en maratón. React va por la calle del medio, no necesitas ser el maratoniano más rápido de la historia pero tampoco te exigen hacerte un selfi.

El nombre React le emparenta con la última época brillante de una marca hermana de Nike. En solo cinco años la imagen de Converse había envejecido hasta convertirse en una antigua gloria poco atractiva para un consumidor que veía a Magic y Bird como dinosaurios. El 3 de septiembre de 1991 Converse registraba React como marca comercial para su nuevo sistema de amortiguación que llegó a las tiendas unos meses más tarde. Durante algunos años vimos aquel React en las zapatillas de Kevin Johnson o Larry Johnson y todo el mundo quería reventar sus zapatillas para saber qué era aquella sustancia amarillenta. Fue el canto del cisne de Converse en el baloncesto, la última gran tecnología antes de darse por vencido. Como el malo de una película de terror, volvió a intentarlo un par de veces antes de que mamá Nike le apartara por completo del baloncesto.

Aquél React murió. El nuevo de Nike llega sin relación conocida con su antecesor, como un innovador compuesto que promete ligereza y durabilidad. La espuma se coloca siguiendo patrones de presión que facilitan mayor tracción donde más se necesita. Tal y como ocurrió con el Air a principios de los 80, las ventajas funcionales del React no se aprecian a primera vista, para disfrutar la durabilidad de una zapatilla deben pasar varios meses y decir que una zapatilla es más ligera es como asegurar que un detergente lava más blanco. Puede que sea real pero hay que demostrarlo. Precisamente nos atrae ese bajo perfil estético del React, ese desinterés por ser el chico mas cool del barrio. Por ahora lo vemos en dos zapatillas,  Jordan Super.Fly 2017 e Hyperdunk 2017 (la saga Hyperdunk ha tenido una relación de amor y odio con otro sistema de amortiguación de Nike, el Lunarlon). El video de presentación de Nike React es tan estético como misterioso.

Un avance de Mark Parker en marzo, una primera aparición de Draymond Green en junio y un lanzamiento que se prepara para agosto. Nike controla los plazos y la información para ponernos los dientes largos.

 

Mientras Nike desarrollaba su segunda zapatilla con aire encapsulado, el nombre del proyecto era Curved Air Racer. Un nombre justificado por su horma curva, diseñada para los corredores más rápidos. Pero esa zapatilla acabó llegando a las tiendas con otro nombre, Mariah.
Nike prometía un 2% de mejora del rendimiento, en lo que parece la primera de un largo historia de promesas porcentuales que han llegado hasta el proyecto Breaking2. Ese 2% funcionaba como una corriente de viento a favor y aquella Mariah de 1981 fue reeditándose en distintas versiones hasta hoy.

Pocos meses antes del lanzamiento de la primera Mariah había muerto George Rippey Stewart, autor de Storm, un libro que repasa 12 días de una tormenta llamada Maria que popularizó el sistema de dar nombre a los ciclones. Para mucha gente aquella tormenta llamada Maria fue la primera con nombre, a pesar de tratarse de fenómeno literario.
Storm sirvió como inspiración para la canción They Call The Wind Maria, un clásico que aparece en el musical Paint Your Wagon y en la posterior versión en pantalla grande, aunque allí se vio ensombrecida por otro clásico, Wand´ring Star de Lee Marvin

Aunque el título habla de Maria, en la canción lo pronuncian Mariah y “el viento llamado Mariah” pasó a ser un concepto usado por todos. Un victorioso caballo de carreras acabó utilizando ese nombre en los noventa y Mariah Carey fue bautizada con el nombre de la canción favorita de sus padres.

Mariah, nombre de viento que nunca existió, provocadora de un cambio de nombres en meteorología, canción clásica, caballo de carrera y por supuesto, zapatillas.

Vamos con otra de repetición y repetición sin análisis. Nike presenta la nueva Mariah Flyknit Racer, la emparenta con la Mariah de 1988 y habla de los colores blanco, azul e infrarrojo como sus colores más conocidos.


Al echarle un vistazo a la foto oficial las cosas no cuadran. Si hablan de recuperar los colores originales, se aprecia claramente que no lo han hecho demasiado bien, rosa brillante en un lado, naranja en el otro. Pero es que la zapatilla que presentan en el texto como Mariah 1988 es en realidad la de 1991. La de 1988 era…naranja y azul, que sí son los colores de la Mariah Flyknit. En otras fotos también proporcionadas por Nike aparecen las Mariah de 1988 como inspiración.

La historia tiene más sentido cuando el mismo día que la Mariah Flyknit se lanza una Duel que se inspira claramente en la Duellist, la pareja sin aire de la Mariah de 1988. Un sorprendente malentendido de Nike que el resto nos dedicamos a repetir.

 

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Hace tiempo que evito publicaciones sobre zapatillas porque me aburre soberanamente la concatenación de supuestos datos copiados sin el menor análisis crítico.
El último ejemplo es lo publicado en HighSnobiety sobre la marca rusa Москва, un supuesto fake de adidas.

Por resumir mucho el artículo, cuenta la entrada de adidas en la Unión Soviética “una década antes de la caída del muro de Berlín en 1989”, y cómo aumentó su demanda gracias a la política de apertura de Mijail Gorbachov. Según HS, todo comenzó en los Juegos Olímpicos de Moscú en 1980, cuando el aparato del estado soviético prohibió a adidas importar productos con el logotipo, ya que las marcas en general, y adidas en particular, eran vistas como elementos de propaganda capitalista. Según HS, el aparato de estado soviético prohibió las tres bandas en el textil y modificó el calzado para que las bandas formaran una M, para celebrar la ciudad de Moscú. Москва nacía como respuesta estatal a adidas, la marca del enemigo capitalista. Ilustra su razonamiento con una foto de un equipo femenino sin identificar con chaquetas y pantalones sin marca visible y con dos franjas en lugar de las 3 de adidas.

Selección URSS de balonmano femenino, dos franjas en el chandal, tres en las zapatillas.

El texto de HS se basa en algunas vaguedades y mucha imaginación, así que analicemos los datos reales.

adidas no llegó a la Unión Soviética en los ochenta. En la famosa final de Munich 1972 los jugadores de baloncesto soviéticos ya llevaban adidas e incluso en los Juegos Olímpicos de Tokio en 1964 eran habituales. Desde 1956 Horst Dassler había trabajado con atletas, muchos de ellos soviéticos.

Cualquier biografía de Horst Dassler, el verdadero creador de adidas tal y como la conocemos ahora, le presenta como un embaucador con contactos en las altas esferas políticas. Sobre todo en África y al otro lado del telón de acero, por motivos distintos. El objetivo de África era controlar el fútbol mientras que el ataque a los países del Este tenía un sentido más global. Las economías comunistas no permitían la entrada de marcas extranjeras, pero Horst supo saltarse el control a través de sus amistades, gracias a intercambios de regalos con Leónidas Brezhnev y sesiones de compras con los dirigentes del partido. Hors Dassler y su equipo eran famosos por tener una agenda con el nombre y gustos de cada dirigente político y no solo se referían a datos deportivos. Adi Dassler, el fundador de adidas, era famoso por sus zapatillas, Horst Dassler, su hijo, era famoso por sus cenas y su colección vitivinícola. A cambio de aquelos favores, adidas consiguió introducir fábricas en Europa del Este y convertirse en proveedor casi exclusivo de productos deportivos. En una economía socialista en la que no podías elegir entre cientos de marcas, cruzar el telón de acero era convertirse en la única marca para millones de deportistas. Aun hoy pueden encontrarse zapatillas adidas fabricadas en la Unión Soviética o Yugoslavia a principios de los ochenta.

Durante décadas, el deporte comunista estuvo asociado a adidas, justo lo contrario de lo planteado por el artículo de HS. Las selecciones deportivas de la mayoría de los deportes de la Unión Soviética, Checoslovaquia, Polonia, Hungría, Rumanía, Bulgaria y República Democrática Alemana vestían casi exclusivamente adidas. En la Alemania socialista incluso consiguió relevar a Zaha, la marca nacional. Al grupo se unía Cuba por cercanía económica y en ocasiones Yugoslavia, que pretendía mantener su independencia con gestos como vestir la americana Converse. Se relacionaba al bloque del Este con adidas tanto que Nike prefirió entrar en el otro bloque comunista, China.

En los Juegos Olímpicos de 1980 aun no se habían establecido las reglas que hoy conocemos sobre marcas y equipos. En la selección española de atletismo, Sanchez Vargas llevó equipaciones adidas y Karhu mientras Jordi Llopart llevaba Meyba. La selección británica llevó hasta tres camisetas distintas, con logo y sin él.
La selecciones soviéticas, al contrario de lo que plantea HS, también mostraba el logo de adidas. Es cierto que la selección de balonmano femenino no lleva tres franjas en las chaquetas con las que recogieron las medallas, pero sí las llevaban en el uniforme de juego y en las zapatillas. Las selecciones de baloncesto masculina y femenina llevaban tres franjas y el logotipo clásico. La de atletismo llevaban distintas camisetas, con y sin logo.

Relevistas soviéticos en Moscú 1980 con zapatillas adidas. ¿El uniforme? Un logo de adidas, tres sin él.

Selección URSS de Balonmano con franjas adidas.

Tkachenko con logos.

adidas no estaba prohibido. Desde luego no era accesible para cualquiera, pero era casi obligatorio a la hora de practicar un deporte de alto nivel, con la excepción de alguna marca japonesa (Asics Tiger, Mizuno), la práctica totalidad de los deportistas de elite soviéticos llevaban adidas.

¿Y qué es de aquella adidas modificada para que parezca una M? La historia de cambiar logotipos de adidas suena extraña, pero mucho más cuando desde los sesenta una marca finlandesa ya usaba en sus zapatillas la M (de “Mestari”, campeón en finés). Los relevistas que transportaban la antorcha olímpica hasta Moscú llevaban zapatillas con una M, pero eran Karhu en virtud de un acuerdo con el Comité Olímpico. Incluso en Grecia llevaban la zapatilla de la M y dudo mucho que las prohibiciones soviéticas llegaran a tierras helénicas.

¿adidas con M o Karhu?

En Grecia, con la misteriosa zapatilla de la M.

¿De dónde ha sacado esta historia HS? Hace años que rula por internet una versión básica de este texto, que se va repitiendo por foros sin que nadie cuestione ni uno solo de sus argumentos. Todos con las mismas frases y las mismas fotos. En ocasiones el equipo soviético de balonmano se convierte en equipo de baloncesto, pero nadie ha perdido 30 segundos en averiguar si era cierto que la Unión Soviética prohibió el logotipo de adidas durante los juegos.