Cada trimestre Nike se sienta con sus accionistas para presentarles datos y asegurarles que el próximo será mejor, algo que durante los últimos 20 años ha pudido cumplir. La batalla de cifras es, como todas las batallas de cifras, un intento de maquillar los datos. Pero siempre hay un momento interesante cuando toma la palabra Mark Parker, Presidente y CEO de Nike. Entre frases vacías y las habituales máximas de Mr Wonderful, Mark Parker suele mostrar algunas perlas.

En esta ocasión Parker separa tres líneas. Innovación, el desarrollo del producto y el mercado en el que se contacta con el cliente. Tres aspectos que quiere doblar en lo que ha llamado Triple Doble.

Respecto a la innovación, Parker habla de una revolución de la amortiguación. Además de la tecnología VaporMax que llegará a tiendas el 26 de marzo, Nike está trabajando en ZoomX, el sistema que hemos visto el proyecto Breaking2 que llegará a tiendas en junio. A finales de verano llegará lo que se anuncia como la nueva generación de sistemas de amortiguación, aunque aun no se ha anunciado ni el nombre. El último gran sistema creado por Nike fue el Lunarlon en 2008, lo que pone en perspectiva la promesa de tres nuevos sistemas en 2017.

El resto de innovaciones presentadas eran evoluciones de Hyperadapt, FlyEase y Flyknit.

En cuanto al desarrollo del producto, Parker se centra en la velocidad de reacción. Tal y como viene siendo habitual en sus últimas participaciones públicas, Parker habla de acortar el desarrollo del producto para responder las necesidades de los consumidores. Y ahí está la trampa. Express Lane es el nombre dado a un nuevo sistema que intenta poner en las tiendas rápidamente las peticiones de los clientes, una especie de “zarificación” de Nike. Pero los dos primeros productos han sido Aptare y LunarCharge, dos zapatillas que han pasado sin pena ni gloria. Lo ideal sería acortar el desarrollo para lanzar nuevos productos, no para copiar lo que tiene éxito.

Y no solo se acortan los desarrollos, también se eliminan referencias. Un 25% de las referencias de Nike solo aportan el 1% de las ventas. Identificar y eliminarlas es el siguiente paso. Mucho se ha hablado de un encuentro Mark Parker-Steve Jobs (de hecho, Tim Cook es Lead Independent Director en Nike a la vez que CEO de Apple). En aquél encuentro Jobs aconsejó a Parker centrarse en un puñado de buenos productos y (literalmente) dejar de hacer mierda. Más allá de que el consejo pueda ser adecuado para el cambiante mundo de la moda, parece que Parker lo está llevando a cabo. Aunque habría que preguntarse cuánta gente dejaría de usar un modelo de zapatillas si fuera tan ubicua como el iPhone. El ejemplo a evitar sería Nike Sportswear, lo que comenzó como una línea para activar fútbol y running y que ha terminado convirtiéndose en una máquina que produce para las masas el sabor del mes.

El tercer punto era el cliente y ahí Nike lo tiene claro. Online ha pasado de ser una pata a ser la base. Más personal, más cercano, algo que ya viene haciendo en la recién inaugurada tienda en el Soho neoyorquino. Pruebas de producto, Running Club, Training Club…

Innovación, acortar tiempos y acercarse al cliente. Una estrategia implantada en Nike en los últimos meses y en los que hasta ahora habíamos visto poca innovación para centrarse en los otros dos puntos. En un difícil momento para la imagen de Nike, la promesa de tres nuevas tecnologías para 2017 es lo único que nos mantiene atentos.

Lo que parece una serie de frases razonables acaba en un sinsentido. Todo comienza pensando que si no das al consumidor lo que quiere, lo encontrará en otro lugar. Tan cierto como peligroso.

A mayor escala, Zara lleva años haciéndolo. Una parte de su éxito se basa en la gestión de datos, es capaz de conocer casi en tiempo real el producto que vende en todo el mundo. La segunda parte es un proceso de diseño y fabricación de prendas asombrosamente veloz para que la información obtenida no caduque. Hoy la gente busca chaquetas amarillas, las tendrá en unas semanas en las tiendas.

Hasta ahora tenía la sospecha de que las marcas deportivas estaban entrando al trapo del “clientecentrismo”. Esta semana, varias entrevistas han confirmado mis sospechas. Y no son buenas noticias porque el cliente masivo es, por definición, conservador. Querrá una Air Max en el color original o una Stan Smith exactamente iguales que la que ve en las calles. Productos que pueden aportar algo desde el punto de vista económico pero no aportan nada desde el punto de vista creativo. Podría decirse que eso una empresa lo que busca es un beneficio económico, no creativo, pero las marcas deportivas son aspiracionales, deben invitarte a algo nuevo, no a mantenerse. Perfumes, cosmética o deporte son mercados centrados en lo que a uno le gustaría conseguir. Dar al cliente lo que pide puede ser una práctica útil para alguien que imita, no para alguien que crea y en el mundo deporte cuando una marca deja de innovar sus ventas se hunden. No es algo que ocurra en unas semanas, pero el público necesita creer que una marca deportiva innova para mantener su credibilidad.

Pero el consumidor no es solo conservador, cuando plantea cambio lo hace con rutinas ya establecidas. El inventor y empresario Henry Ford solía decir que si hubiera preguntado a sus clientes qué querían, hubieran pedido un caballo más rápido. Él prefirió diseñar el Ford T. El ahora idolatrado Steve Jobs decía que no se podía preguntar a los clientes qué querían porque en el tiempo que lo diseñas, ellos querrán otra cosa. Si preguntáramos a un comprador de zapatillas, seguramente la respuesta está ya fabricada. Los ubicuos Simpsons ya planteaban este dilema cuando Homer Simpson es contratado para diseñar el coche perfecto para el consumidor medio. Como si estuvieran tratando de reírse de ellos mismos, Nike ha planteado un concurso para diseñar la próxima Air Max en la que no aparece ni un solo diseñador de zapatillas. El resultado en alguno de los casos es muy parecido al coche de Homer.

Ninguna de las grandes zapatillas de la historia ha seguido ese camino. No es algo que tenga relación con estudios de mercado sino con la filosofía de la empresa. Hasta ahora las marcas deportivas presentaban un producto para provocar deseo, debían ir tres pasos por delante del consumidor. Ahora se colocan premeditadamente por detrás, pidiendo opinión. Pero cuando alguien intenta hacer todo lo posible por contentarte se coloca en zona de aburrimiento. Y ese será el siguiente paso. O quizás ya lo han dado.

En un momento en el que se diseñan zapatillas para Kanye, Kendrick Lamar, The Weeknd o Rihanna, Nike da un giro de 180º con una zapatilla para Elton John, un cantante pop muy lejano del que se supone consumidor de zapatillas. Las Air Force 1, inspiradas en las armaduras y en las bolas de espejos de las discotecas, parece que no estarán a la venta. Nadie diría que un cantante a punto de cumplir los setenta pueda tener demasiada relación con las zapatillas. Pero las cosas no son tan sencillas.

Elton John es un apasionado deportista (aunque no lo parezca). Habitual en los torneos pro-am de tenis haciendo pareja con Billie Jean King, en la portada de su "Greatest Hits II" de 1977 aparecía jugando al cricket y fue durante años propietario del Watford, un club de fútbol inglés que en 6 años pasó de la cuarta categoría a clasificarse para la copa de la UEFA, en una de las historias más recordadas del deporte inglés. La pasión por el fútbol le venía de familia, su primo Roy Dwight fue un peón de batalla en Fulham y Nottingham Forest. Durante algunos años Elton John intentó llevar su deporte favorito a Estados Unidos replicando el éxito del Cosmos en la costa Oeste con Los Angeles Aztecs (North American Soccer League), un equipo en el que jugaron George Best y Johan Cruyff.

En 1975 Nike estaba intentando ganar visibilidad y diseñó zapatillas especiales para cantantes y actores. Sus zapatillas aparecían en Apartamento para tres o Los Ángeles de Charlie y Elton John fue uno de los afortunados que recibió una edición especial diseñada por el histórico Geoff Hollister, el empleado número 3 de Nike. El propio Hollister cuenta una anécdota sobre Elton John. Fue en Londres, cuando ambos coincidieron en un ascensor y Hollister se vio obligado a presentarse como el hombre que había fabricado sus zapatillas unos años antes. Hablaron de atletismo, tenis, fútbol y zapatillas y aquél intercambio concluyó con la promesa de que Elton John le devolvería la visita en Oregón.

Un año después Hollister recibió una llamada, Elton John estaba ensayando en el Portland Coliseum y ofrecía entradas para los trabajadores de Nike. Como elegante respuesta, Hollister le propuso que pasara por los almacenes para llevarse algunas zapatillas. Lo que no esperaba es que el staff de Elton John cargara a su cuenta 16.000 dólares en producto. Durante algunas horas, la tarea de Hollister fue tratar de ocultar el desfalco.

Esa noche Elton John abrió el concierto dando las gracias a sus amigos de Nike. Y por supuesto el resto de la gira llevó Nike.

Una zapatilla de adidas y Raf Simons ha demostrado tener más historias detrás que la mayoría de "sneakers" clásicas, aquellas de las que nos cuentan mil batallas.

La Ozweego Bunny es la última (hasta ahora) colaboración entre adidas y Raf Simons. La saga Ozweego comenzó en los noventa como modelos específicos de running de gama media y Simons se apropió de una mediasuela ya en desuso, con ForMotion, para sus nuevos diseños (adidas dejó de usar el sistema ForMotion en calzado hace algunos años, pero del motivo mejor no hablamos).

El nuevo color da un paso más con solo unos detalles. Lazada doble y frases impresas sobre la zapatilla. ¿Motivo? En 2014 Raf Simons reconvirtió su marca en una colaboración completa con el artista Sterling Ruby y ahí todos calzaban unas gigantescas botas. Bueno, todos no, Sterling llevaba unas Saucony y Raf Simons variaba entre Ozweego y Stan Smith.

Aquello no era nada nuevo, en su línea habitual de apropiación de subcultura, Raf Simons había versionado las clásicas Bunny Boots, un diseño creado para el ejército americano para soportar temperaturas bajo cero en la guerra de Corea, popularizada en Alaska.

Aquella bota blanca era capaz de soportar temperaturas de hasta 50 grados bajo cero y era compatible con el uso de esquíes y raquetas de nieve. El origen del nombre tiene dos versiones, la primera tiene que ver con el tamaño de las botas, que recordarían a Bugs Bunny. La segunda es más bucólica; ciertos conejos de zonas frías cambian el pelaje de invierno comenzando por las patas, por lo que hay un momento en el que parecen tener botas blancas.

Las dos mayores innovaciones técnicas de las Bunny Boots son los materiales aislantes que forraban el interior y la válvula que trataba de mantener la presión en los vuelos (sí, válvulas en las zapatillas 40 años antes que las Reebok Pump).

Las Bunny Boots tenían otro elemento distintivo: instrucciones directamente sobre la zapatilla, algo relativamente habitual para condiciones extremas. Algunas botas de alta montaña identifican claramente cuál es la derecha y la izquierda porque la falta de oxígeno impide pensar con claridad. Las Bunny Boots en ocasiones eran utilizadas por militares sin mucha experiencia en la nieve, cualquier ventaja funcional debe ser explicada con claridad. Como las chaquetas M-1 y M-65, los pantalones cargo, las Desert Boot o las camisetas de rayas, las Bunny Boots pasaban del uso militar al civil apoyándose en la funcionalidad. Como ocurrió con las German Army Trainers, cientos de marcas usaron el diseño popularizado por los militares para lanzar sus propias Bunny. Cientos de marcas usaron el diseño de aquellas botas para uso civil y la Ozweego de Raf Simons daba un paso más.

Las Ozweego Bunny tienen poco de militar y menos de funcional. Es cierto que el padre de Raf Simons era militar y analizando en profundidad pueden verse detalles en sus colecciones. Lo que nos queda por saber es cómo unas botas diseñadas para militares en climas extremos llegaron hasta la paleta de un diseñador belga.

Los skaters compran poco pero venden mucho. Solo unos pocos patinan, pero son muchos los que se fijan en ellos. Que se lo digan a Supreme, que lo tuvo claro desde el primer día; para vender a muchos adolescentes hay que vestir a unos pocos skaters. El estilo de vida asociado al mundo del patín es uno de los elementos que se siguen repitiendo como símbolo de rebeldía y por eso mismo Nike tuvo muchos problemas para entrar en el skate en los noventa.

En 2002 Nike eligió una nueva estrategia. Durante los ochenta los skaters profesionales patinaban con las mejores zapatillas de baloncesto ¿no tenía sentido recuperar aquellas siluetas? Lo hizo ganándose a las pequeñas tiendas del patín. Cuando Nike quiso entrar en el golf contrató a Tiger Woods, cuando entró masivamente en el fútbol fichó a Ronaldo, pero el skate necesitaba otro estilo. Desde abajo, con ediciones pequeñas, en los parques, no en la tv.

La zapatilla estrella era la Dunk, una zapatilla que ya había sido histórica en los ochenta en el baloncesto que los skaters la habían hecho suya. Tenía una historia real relacionada con el patín, solo necesitaba algunos pequeños cambios funcionales para ser perfecta. Cambiaron la lengüenta para acolcharla, le colocaron Zoom bajo la plantilla...y funcionó. Sandy Bodecker, un histórico de Nike que viaja constantemente desde el skate al atletismo, fue el encargado de que llegaran a las tiendas. Ediciones especiales para pros (Richard Mulder, Danny Supa, Reese Forbes, Gino Ianucci), colaboraciones (Zoo York, Supreme, Medicom) o ediciones temáticas (California, Phil Knight...). Aquellas Dunk SB popularizaron un nuevo lenguaje que nos hablaba incluso a través de los colores de las cajas.

El 15º aniversario de las Dunk sirve como excusa para recuperar alguna de aquellas historias. Una Dunk Elite Low renovada con una unidad Zoom de mayor tamaño y un upper aligerado y sin costuras, así como versiones High de aquellas ediciones especiales. Recuerdos de una época dorada.

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Lo que hoy llamamos Reebok nació en el siglo XIX como una marca para atletas y durante casi un siglo se mantuvo atada a un deporte y un entorno geográfico muy delimitado: Reino Unido. Fundada a partir de pequeña zapatería, J.W. Foster and Son fue dejando de lado el cricket y el fútbol cuando se convirtió en Reebok en 1958.
En pleno boom del jogging en Estados Unidos, Paul Fireman vio en la marca británica una oportunidad para crecer e importar calzado Reebok. Todas las marcas querían aprovechar el auge del jogging y Reebok debía sacar partido a su historia.
El jogging había nacido en Nueva Zelanda y Jim Fixx había avivado el fuego con The Complete Book of Running, un libro convertido en bestseller que te invitaba a correr para encontrar el nirvana. En una de aquellas carreras Fixx se echó la mano al pecho y cayó fulminado, su muerte era también la muerte del jogging como fenómeno de masas. En unas horas el jogging había pasado de moda ubicua a convertirse en el malo de la película. El público necesitaba nuevos deportes, las marcas también. Y llegó la fiebre por los gimnasios.
El aerobic era la respuesta al jogging, era sano, no competitivo, profundamente comercial y llegaba a un público distinto que necesitaba nuevos productos. Reebok fue la primera en apostar por zapatillas específicas para aerobic y triunfó con Freestyle, Princess y Ex-O Fit. La importadora de Paul Fireman creció tanto que acabó comprando la casa matriz. Reebok, la marca del atletismo con la bandera de Reino Unido, se convertía en una empresa americana centrada en los gimnasios.
Reebok había aprendido algo del auge del jogging, no debía quedarse en una sola actividad. El segundo lustro de los ochenta debía ser el momento en el que Reebok creciera en el resto de deportes. Necesitaron mucho tiempo para entrar en el baloncesto en una época en la que se buscaban las zapatillas por el nombre del jugador que las calzaba y ahí Reebok no podía competir. Pero había un lugar que parecía perfecto para una marca que todo el mundo relacionaba con siluetas amables y pieles blancas.
Las normas del tenis obligaban a vestir de blanco, una regla que incluso hoy se respeta como referencia a los inicios del deporte. A finales del siglo XIX, cuando el tenis fijó las reglas que conocemos hoy día, las familias pudientes necesitaban distinguirse de aquellas actividades realizadas por las masas. Vestir de blanco era demostrar que no necesitaban trabajar, era el modo de separarse de los trabajadores de las fábricas.


La llegada de McEnroe, Nastase o Björn Borg cambiaron la imagen del tenis profesional, pero los clubes de tenis seguían siendo blancos. Reebok reconvirtió sus zapatillas de gimnasio en modelos para tenis. Los profesionales comenzaban a llevar las ACT 600 pero la apuesta de Reebok eran las zapatillas con las que podías jugar y tomar algo en el club. La NPC lo dejaba claro desde el nombre, Newport Classic. Newport es la ciudad que acoge el Salón de la Fama del Tenis Internacional pero también es un puerto de lujo.

La otra gran zapatilla del momento fue la Club Champion, diseñada como una reconversión de la Revenge Plus, en Reebok decidieron cambiarle el nombre, llamar Venganza parecía poco adecuado para un club de tenis. Técnicamente no era una zapatilla demasiado avanzada, pero precisamente por eso pudo llegar a un público mayor y sigue haciéndolo hoy día como Club C85. El uniforme se completaba con un polos, camisetas y chaquetas con franjas que durante años vimos a Arantxa Sanchez Vicario, Miloslav Mecir o Michael Chang, además de un eterno corredor de los sanfermines. Reebok consiguió dar el salto de los gimnasios a los clubes de tenis. Pero no se quedó ahí.
Rich Porter, uno de los camellos más famosos de la historia de Harlem, presumía de estrenar cada día unas Reebok blancas. Tal y como hacían los elitistas jugadores de tenis un siglo antes, vestir de blanco impoluto significaba no tener que mancharse las manos para trabajar. Tenistas de buena familia y camellos de barrio unidos en su interés por apartarse del vulgo. Influencers de la época.

La última campaña de Nike, Equality, se presenta públicamente como anti-Trump. Y puede que lo sea porque pone el foco en el deporte por encima de las razas o religiones. ¿Es realmente una campaña anti-Trump? Sinceramente, creo que más que anti-Trump, es una campaña pro-Nike. Parece obvio, pero aquí no tratan de vender zapatillas (KD aparece con unas Roshe, ejem), tratan de vender una marca. Y esa marca es rebelde, contracultural, se enfrenta a todo lo oficial. Esta campaña anti-Trump es creíble porque tiene que ver con la historia de Nike.

El problema de posicionarse políticamente lo ha sufrido últimamente Under Armour. Después de que su fundador, Kevin Plank, hablara de las posibilidades que abría la presidencia de Trump, dos de sus mayores estrellas, Stephen Curry y Misty Copeland, han mostrado públicamente su desacuerdo con la marca que le paga. ¿Supone eso que alguno de ellos pueda abandonar la marca? No, pero desde luego no supone nada bueno para las ventas. El propio Kevin Plank se ha esforzado en aclarar el asunto, pero el daño ya estaba hecho. Ningún deportista de New Balance ha mostrado su desacuerdo.

Hasta ahora las marcas imponían clausulas de conducta a los deportistas. Nike rompió con Michael Vick, Lance Armstrong, Manny Pacquiao y Marion Jones por asuntos tan variados como peleas de perros, homofobia o doping. Por primera vez los deportistas muestran su desacuerdo con la marca que les paga, algo que no ha ocurrido ni en los momentos en los que Nike era vapuleada por las condiciones de las fábricas del sudeste asiático.

Durante un tiempo los deportistas quisieron mantenerse al margen de la política, con clamorosas faltas de tacto como la de Michael Jordan, que en su día se negó a posicionarse porque "demócratas y repúblicanos compran zapatillas". La neutralidad se acabó cuando llegó Trump; ahora las marcas y los deportistas se posicionan, aunque no siempre en el mismo bando.

 

Vans Vault se va hasta Estocolmo para recuperar el Punk Hardcore californiano de la mano de Our Legacy. Punk Hardcore de los noventa, es decir, aquel que se miraba mucho al espejo, hablaba de trabajar por la comunidad y tener una actitud mental positiva ¡y seguían siendo punk! Pero lo importante es el producto, no la historia. Doce prendas y diez modelos de zapatillas, con diferentes versiones de Half Cab Pro, Sk8 Mid Pro, Old Skook Pro y Authentic Pro con acabados LX y tres colores, blanco, negro y naranja.

 

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Cuando se habla de documentales sobre zapatillas, en realidad el espectro se reduce a documentales sobre locos por las zapatillas. Coleccionistas, dólares, reventas, colas parecen ser el tema principal de esos documentales en los que las zapatillas como objeto son lo menos importante.

Abstract, la serie de Netflix, está en las antípodas; ocho capítulos dedicados a diseñadores, desde la ilustración a la arquitectura pasando por la fotografía. Incluir zapatillas ya las coloca en un lugar muy distinto, como un elemento de diseño, no de colección.

La elección de Tinker Hatfield como protagonista del capítulo 2 puede ser polémica, pero entendible desde el punto de vista del espectador, porque más allá de su trabajo, se trata de uno de los pocos diseñadores de zapatillas reconocible para un público medianamente masivo. Si hablamos de diseños, quizás deberíamos buscar a Eric Avar, Peter Fogg o Steven Smith, pero si hablamos de storytelling y capacidad de comunicar, Tinker Hatfield es el referente.

No debe ser fácil conseguir que Tinker Hatfield, Mark Parker y Michael Jordan dediquen su tiempo a contestar tus preguntas y quizás ese es el principal problema. Algunas de las imágenes se centran en el desarrollo de la Nike Hyperadapt, un modelo absolutamente olvidable en la carrera de Tinker. Hablar de la Hyperadapt es el precio que hay pagar para conseguir ciertas cosas, pero es un coste adecuado porque después de todo he conseguido entenderla desde otro punto de vista. Pero para eso habrá que esperar al futuro.

El documental hace un repaso por la vida profesional y deportiva de Tinker, aunque en ocasiones parece demasiado guionizado, como si quisieran crear la historia perfecta y aprobada por Nike. Ni una sola palabra para Peter Moore, el diseñador que queda ninguneado hasta el extremo porque dejó Nike por adidas (algo similar ocurre en Shoe Dog, el libro de Phil Knight). Para crear esa historia incluso se permiten jugar con las fechas. En un momento, Tinker Hatfield repasa la historia de la Jordan XV y habla del momento en el que se diseñaron como uno de los peores de su vida, con las muertes de su padre, del padre de Michael Jordan y Bill Bowerman. La Jordan XV salió a la venta en 1999 el diseño se cerraría meses antes y Bowerman murió en diciembre de 1999. Puede que Hatfield se viera afectado por los últimos momentos de Bowerman, pero no por su muerte.

Alguien que haya leído los principales libros sobre historia de las marcas deportivas conoce casi todas las historias que cuenta Hatfield en el capítulo 2 de Abstract, pero es una oportunidad única para escucharlas directamente de su boca acompañadas de diseños y bocetos nunca vistos. Primeros pasos de Jordan III, VII, XI, Trainer I o Tech Challenge, storyboard de Regreso al Futuro y otras imágenes del archivo de Nike que por sí solas ya merecen la pena. Pero además Tinker Hatfield nos enseña a viva voz las diferencias entre el diseño y el arte, algo que tiraría por tierra las teorías de muchos diseñadores actuales.

Imprescindible para cualquier interesado en las zapatillas y muy interesante para interesados en el diseño general, se coloca en el puesto de honor de los documentales sobre zapatillas, aunque ni así se libra de algún pequeño tirón de orejas.

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Algo más de un siglo de zapatillas resumido en una exposición. Eso es lo que pretende “Greatest Sneakers Of All Time”, una exposición patrocinada por Lyst en la que Neal Heard (autor de Trainers, uno de los primeros libros sobre zapatillas) ha reunido a algunos expertos para que seleccionen las mejores zapatillas de la historia (aunque no aclaren qué singnifica eso). El resultado fue este:

1-Adidas Stan Smith
2-Nike Air Force 1
3-converse Chuck Taylor
4-Nike Air Jordan 1
5-Diadora Borg Elite
6-adidas gazelle
7-Nike Trainer 1
8-Puma Clyde
9-Nike Huarache
10-adidas Ultraboost

¿Tiene algún sentido? Sinceramente, no. La misma selección de los expertos ya sería discutible y las listas podrían variar cada 10 minutos. Sin dar a opción a que los autores se expliquen, se antoja un listado abiertamente anglocéntrico, con sorpresas como la Diadora Bjorg en el número cinco.

Con la intención de responder a este “Greatest Sneakers Of All Time”, he preguntado a los que yo considero expertos de distintos perfiles. Paulo Ibarra fue el primer argentino en diseñar para Nike en Oregón y actualmente dirige The Sneaker Protocol, Cristian Ortiz escribe sobre moda y tendencias en Cause I Need It, Vileck es un coleccionista (viejuno, me permito añadir), Marcos Bellavia es honcho del imprescindible Vision Invisible, Quetzal Ramos es un diseñador independiente, David Broc es un periodista con buen gusto, Antonio Moraleda es un acumulador de tendencias eclécticas, Luis Miguel Lozano "Jumi" es uno de los mejores coleccionistas de Europa y un pozo de historias y Eugenio Palopoli es el autor del que para mí es el libro de referencia para conocer la historia de las marcas deportivas. Perdonen la falta de humildad, pero me he incluido en el grupo de expertos. Cada una de las listas ha sido ordenada, puntuada y mezclada para dar con una única lista final.

El resultado es todo excepto LA VERDAD, pero espero que os sirva para hablar un rato sobre zapatillas. Comienza la pelea.

1.-Nike Air Max 1
2.-Converse Chuck Taylor All Star
3.-Nike Air Jordan I
4.-Nike Air Force 1
5.-adidas Stan Smith
6.-Nike Air Trainer 1
7.-Puma Suede/Clyde
8.-adidas Superstar
9.-Nike Air Jordan III
10.-Nike Cortez

¿Curiosidades? Han recibido votos 38 zapatillas de ocho marcas; 22 Nike/Jordan, 6 adidas, 4 Reebok 2 Vans y una zapatilla para Puma, Converse, Avia y New Balance. La lista de 10 en injusta con Reebok, que tiene tres zapatillas en los puestos 11º, 12º y 13º. Por poner en perspectiva el estado actual, solo hay cuatro zapatillas del siglo XXI, UltraBoost, Flyknit Racer, Kobe IV y una polémica Roshe (Presto es de 2000, que oficialmente seguía siendo siglo XX.

La "mejor zapatilla de la historia", la Air Max 1, estaba en el lugar número 25 de la versión inglesa. ¿Es justo? ¿un sacrilegio? ¿no es esto solo una excusa para hablar de zapatillas? Hablen, propongan sus propios decálogos, lloren por las ausencias.