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Hoy día Tinker Hatfield es uno de los personajes más influyentes en la industria del calzado deportivo, pero en 1981 era un arquitecto que, después de haber competido con la Universidad de Oregon como pertiguista, diseñaba espacios para Nike. Puede que algo tuviera que ver que su entrenador en la Universidad de Oregon fuera Bill Bowerman, el cofundador de Nike. En 1985, en plena reestructuración de la empresa, alguien recordó que Hatfield colaboraba creativamente con Bill Bowerman porque además de atleta, Tinker podía dibujar cada detalle de la zapatilla.
Así comenzó a diseñar algo más que espacios. En un momento complicado porque Nike dejaba de ser la número uno, dejando paso a Reebok. Uno de sus primeros trabajos llegaba como un encargo. Las cámaras de aire de la Nike Tailwind se habían desarrollado hasta convertirse en una opción segura para los corredores, pero se trataba de una tecnología "no visible".
¿Cómo convencer a alguien de que esa zapatilla era superior al resto por algo que no se veía? Nike trabajaba en tres líneas en aquella época, una zapatilla que sirviera para distintos deportes (en aquellos momentos se pensaba en Michael Jordan como deportista multidisciplinar), la segunda era una zapatilla con el máximo aire posible y una última que permitiera ver la tecnología del interior. Tom Clarke, Ned Frederick (actualmente en Li Ning) y Bruce Kilgore (Air Jordan II, Air Force I) ya habían trabajado en una ventana que permitiera ver el interior, pero no era más que un truco sin función. Tinker Hatfield no sólo cumplió a la perfección con la primera Cross Trainer, sino que unió dos líneas de desarrollo creando la Air Max, dándole sentido a la visibilidad. Crearía una cámara de volumen máximo que además fuera visible.
Tal y como pasó con la primera cámara de aire, el "aire visible" no tenía muchos seguidores dentro de Nike. Puede que mostrar la tecnología la haga más cercana, pero asegurar tus pisadas en un producto transparente no parecía lo más lógico. Mientras tanto, Reebok acaparaba el 30% de las ventas con una zapatilla que iba en la dirección contraria, la Freestyle, un modelo no tecnológico realizado en piel.
La idea original de la Air Max partía del Centro Georges Pompidou, un revolucionario edificio situado en pleno centro histórico de París. El diseño de Renzo Piano rompe con lo que le rodea situando visible todo lo funcional. Escaleras, conductos y tuberías son mostradas con colores brillantes como si quisiera dejar ver sus propias tripas. Si un edificio podía hacerlo y darle la vuelta al diseño ¿porqué no una zapatilla?

La ventaja de la cámara de aire sobre la espuma de pliuretano que le rodea es que no se deforma, pesa menos y recupera la forma inicial. Colocar más aire supone eliminar espuma, y la cámara de aire se hace visible porque es un modo de eliminar aún más espuma.
Tinker Hatfield demostró en muchos de sus diseños que una idea innovadora debía rodearse de un diseño y un color impactante. En un momento en el que las zapatillas para correr eran poco vistosas, el rojo era toda una marca de identidad, que se suavizaba en la versión femenina. Una vez captada la atención, seguro que era la cámara de aire visible lo que la fijaba. Un detalle que suele pasar desapercibido es que su diseño era asimétrico, con un cara interior menos llamativa, como ocurriría también con la Trainer.
La Nike Air Max se incluyó en un paquete llamado Air Pack, con la Trainer original, Safari y Revolution. Mientras que la primera Jordan había sido un único momento brillante en una compañía que se dirigía a la catástrofe, el Air Pack fue la piedra sobre la que se edificó una nueva Nike.
Aunque fue un completo éxito de ventas desde el primer momento, tuvo feroces críticas y no fue bien recibida entre los corredores. La comodidad de la Air Max la convirtió pronto en un modelo muy visible en las calles, y fue ahí donde se convirtió en un mito. Ha sido reeditado, actualizado en distintos materiales, mezclado con casi cualquier zapatilla, y ha tenido versiones a cargo de artistas, sin embargo la Nike Air Max pasará a la historia como el comienzo de una saga que cambió el modo de diseñar zapatillas y que trascendió deportes y modas.

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En 1991, Nike aún mantenía la patente sobre las cámaras de aire e intentaba sacarle todo el partido que pudiera. Era, además, un momento en el que Nike se tenía que enfrentar a una marca emergente, Reebok, y ambas peleaban por diseños más impactantes. No, lo retro aún no había calado en el gran público.
Con la Air Max 180 Nike explotó dos líneas paralelas. En primer lugar, utilizó la nueva tecnología 180 (que permitía ver la cámara de aire desde 180º) en toda una serie de modelos de distintas categorías. Aunque aquí nos quedamos con la 180 de running, quizás la más conocida fuera la de baloncesto que llevó Charles Barkley durante los Juegos Olímpicos de Barcelona. Por otra parte, la campaña publicitaria no se centraba tanto en la nueva tecnología sino en el arte. Nike pidió a varios directores de cine que crearan pequeñas piezas, David Cronenberg, Caleb Deschanel, Osbert Parker, o Industrial Light and Magic. Al parecer, Pedro Almodovar se quedó fuera del proyecto.
Según cuenta la leyenda, una pequeña y pujante marca llamada Avia (que luego sería adquirida por Reebok y con la venta de ésta, acabaría formando parte de adidas) demandó a Nike por el parecido de este sistema con el Cantilever usado por ellos. Lo que sí sabemos es que la amortiguación 180 desapareció del catálogo de Nike durante años hasta que volvió a reeditarse este modelo, que por la sencillez de las líneas encajaba perfectamente con las modas actuales. El color icónico del modelo (ultramarine) se convirtió en un estandar asociado casi exclusivamente a este modelo.
Reeditado en multitud de ocasiones, las últimas le mezclan con suela lunar renovando la parte superior para actualizar el minimalismo y el look ultraligero que ya tenían en 1991.