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Mientras Nike desarrollaba su segunda zapatilla con aire encapsulado, el nombre del proyecto era Curved Air Racer. Un nombre justificado por su horma curva, diseñada para los corredores más rápidos. Pero esa zapatilla acabó llegando a las tiendas con otro nombre, Mariah.
Nike prometía un 2% de mejora del rendimiento, en lo que parece la primera de un largo historia de promesas porcentuales que han llegado hasta el proyecto Breaking2. Ese 2% funcionaba como una corriente de viento a favor y aquella Mariah de 1981 fue reeditándose en distintas versiones hasta hoy.

Pocos meses antes del lanzamiento de la primera Mariah había muerto George Rippey Stewart, autor de Storm, un libro que repasa 12 días de una tormenta llamada Maria que popularizó el sistema de dar nombre a los ciclones. Para mucha gente aquella tormenta llamada Maria fue la primera con nombre, a pesar de tratarse de fenómeno literario.
Storm sirvió como inspiración para la canción They Call The Wind Maria, un clásico que aparece en el musical Paint Your Wagon y en la posterior versión en pantalla grande, aunque allí se vio ensombrecida por otro clásico, Wand´ring Star de Lee Marvin

Aunque el título habla de Maria, en la canción lo pronuncian Mariah y “el viento llamado Mariah” pasó a ser un concepto usado por todos. Un victorioso caballo de carreras acabó utilizando ese nombre en los noventa y Mariah Carey fue bautizada con el nombre de la canción favorita de sus padres.

Mariah, nombre de viento que nunca existió, provocadora de un cambio de nombres en meteorología, canción clásica, caballo de carrera y por supuesto, zapatillas.

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Nota de prensa oficial de Nike para anunciar su nueva ofensiva dirigida hacia el consumidor. En realidad, lo que hace es vestir con nuevas palabras aquello que anunciaba Mark Parker a los accionistas hace unas semanas: Nike debía obsesionarse con satisfacer el cliente lo más rápidamente posible, por lo que lanzaba una triple ofensiva; innovación, velocidad y conexión con el consumidor. Aquí viene la frase poderosa: para dar al consumidor mas elecciones de productos que le gustan, Nike edita para amplificar, reduciendo sus estilos un 25% y ofreciendo una selección mayor de producto clave.

Cuando dice Producto Clave, Nike y yo no entendemos lo mismo. El producto clave es el que vende, no el que innova. Lo que anuncia Nike es lo que lleva haciendo las últimas temporadas, ofrecer mil estilos nuevos de Air Max y Huarache.

Esta no es una idea nueva y ni siquiera es una idea de Nike. La planteó Steve Jobs a Mark Parker en un encuentro poco antes de que se convirtiera en CEO de Nike en 2006. Allí le dijo que Nike hacía producto muy bueno, pero también hacía producto de mierda (bueno, crappy stuff no es exactamente de mierda, pero puede valer). Según la opinión de Jobs, Nike debía EDITAR, justo la palabra utilizada por Nike en su nota de prensa. En 1998 solo había 10 productos con el logotipo de la manzana, cuando poco antes llegó a haber 380 (datos de Forbes). Según el propio Jobs, innovación es decir NO a 1000 nuevas ideas (si vemos que Nike anuncia React como su próxima gran innovación, parece que en este asunto no ha seguido los consejos de Jobs). Pero hay más, Tim Cook, CEO de Apple propuesto por Jobs es también miembro de la junta directiva de Nike.

Ideas que funcionaron en Apple en 1998, que Jobs contó en 2006 y Nike intenta implantar en 2017. No es precisamente innovación y tampoco es innovación lo que busca el consumidor medio. La Apple actual no es ningún ejemplo.

Nike se apoyará en una nueva estructura que pretende acelerar procesos, que como efectos secundarios evitará que puedan compararse datos y dejará en la calle al 2% de los empleados de Nike. La primera reacción de los mercados no ha sido precisamente buena, habrá que esperar para conocer la respuesta del consumidor.

En el actual panorama de las zapatillas, lo que de verdad echo de menos es su relación con el deporte. Más deportistas y menos cantantes. El problema, según dicen, es que el producto deportivo es demasiado técnico, una expresión que no termino de comprender. ¿No era una Air Force 1 un producto demasiado técnico para la época? ¿No lo eran las Air Jordan? ¿Air Max? Llegado un momento, se marcó una línea que separaba las zapatillas de las zapatillas deportivas.

Así llegó el fin. Sin la necesidad de crear un producto técnico, cualquier marca podía lanzarse a hacer zapatillas. Por eso me alegra tanto ver lo que presenta NikeLab; una versión "utilitaria" de la ya mítica Zoom Fly, zapatilla derivada de la 4% del #Breaking2.

El punto de partida no es exactamente las zapatillas de Kipchoge sino los primeros prototipos. Al más puro estilo Fragment/Tom Sachs, los datos de esos prototipos sirven para ilustrar la zapatilla, Agosto 2015 por la fecha, ALTRNT MAT V2 se refiere a que se trata de la segunda versión de este material translúcido, STRETCH WVN por el material, EMB por los detalles bordados, INNV CNCPT por innovation concept y DSGN V7.2 explica que es la séptima repetición y la segunda dirección del material.

Estará a la venta en unas pocas tiendas con cuentas NikeLab a partir del 8 de junio y se plantea como una opción para darle la vuelta al yacente mundo de las zapatillas.

 

Una de las líneas revolucionarias de Nike, ACG, nació como producto exclusivo para la montaña y con el tiempo llegó a las ciudades reconvertidas en un símbolo de estatus en barrios comúnmente asociados a Jordan. Si vas a estar en movimiento no hay nada como vestir productos diseñados para el movimiento. Fue el fin de una época de diseños derivados del rendimiento y la base de la actual NikeLab ACG.

Errolson Hugh, al que conocemos por su trabajo en Acronym, debía obviar los diseños y colores clásicos de ACG y sus colecciones han conseguido colocarse rápidamente como imprescindible del techwear urbano. En Nike son conscientes del peligro del abuso en el techwear y se aprecia en el intento por mantener las piezas lo más simples posibles. Nada de aquella obsesión por colocar elementos extra que pueden convertir una chaqueta técnica en un utensilio para boyscouts.

Para el verano ha preparado una ACG.07.KMTR (de Commuter, algo así como viajero urbano) inspirada en la Aqua Sock pero con protección extra y nuevo cierre por medio de un empeine extensible con hebilla y un cierre magnético en el talón. Más largo de explicar que de hacer. La idea era facilitar la forma de ponerse las zapatillas y las pruebas llevaron a colocarse una bolsa alrededor del pie, que demostró cómo podía crearse un cierre basándose en el funcionamiento de un paracaídas. Un sistema complejo con uso sencillo, un cierre magnético en el empeine, una tanka igualmente magnética en el talón.

Pero quizás la estrella de la colección (por lo diferente) es el poncho, creado en tres capas de tejido ripstop con cierres magnéticos en los laterales y un bolsillo canguro en la parte interior. Estilo festivalero llevado al urbanismo tech.

La colección, que incluye una gorra transformable, un bucket y vuelven la sahariana y el top que hemos visto en otras temporadas, estará a la venta el 18 de mayo.

 

La tecnología y el deporte. El marketing y el deporte. Relaciones difíciles que históricamente han balanceado de lado a lado. Nike se las ha saltado como siempre hizo, dedicado a sus locuras y esperando ser comprendido en algún momento.

Cuando conocimos Breaking2 era imposible dejar de pensar en el equipo ciclista Sky, que hace algunos años decidió darle la vuelta a los métodos de entrenamiento clásicos y centrarse en la mejora infinitesimal de cualquier dato relacionado con el rendimiento. Conforme se iban ampliando los detalles, Breaking2 se asemejaba más a los intentos por romper el récord de la hora en ciclismo, que en los noventa se convirtieron en el verdadero motor de innovación de producto. Y por qué no, también recuerda a ciertos eventos que funcionan lejos de los parámetros deportivos oficiales. Pero este tipo de acciones no son nuevas para Nike, siempre dispuesta a ser la primera. En 1996 decidieron usar toda la tecnología disponible para convertir a un corredor keniata en esquiador de fondo olímpico. Philip Boit fue el primer keniata en participar en unos Juegos Olímpicos de invierno en Nagano 1998, aunque su 92º puesto no fue precisamente espectacular y Nike acabó desechando el proyecto.

Otro antiguo esquiador está detrás de Breaking2. Su nombre es Sandy Bodecker y entendía Breaking2 como su objetivo personal desde que se tatuó 1:59:59 en la muñeca. Lleva 35 años en Nike y hasta ahora era conocido por haber llevado a la marca al fútbol e inventarse casi desde la nada Nike SB y la división de deportes de acción de Nike. Bodecker. En la parte más rosa de su historial, estuvo casado con Cathy Freeman, la estrella australiana del atletismo que se convirtió en la imagen de Sidney 2000 con su traje Swift.

El resultado deportivo de breaking2 ha sido un moderado éxito. 25 segundos sobre las dos horas, demuestra que lo que parecía una completa locura es posible. Si hablamos de las zapatillas diseñadas para Breaking2, sus apariciones se cuentan por victorias (excepto la polémica de Bekele en Londres). Los avances tecnológicos derivados de Breaking2 comenzarán a llegar a las tiendas en junio y los seguiremos viendo en los próximos años. Breaking2 ha ocupado el lugar de los Juegos Olímpicos como evento catalizador y facilitador de innovaciones. Pero lo verdaderamente revolucionario es que Nike vuelve a abrir una caja que parecía cerrada hace tiempo, la de crear su propio contenido.

Cuando Nike fichó a la selección brasileña de fútbol en los noventa lo hizo por una cantidad que parecía desmesurada y lo era porque iba más allá de vender camisetas. Gracias a ese contrato, Nike organizaba los partidos amistosos de Brasil y se quedaba con los derechos de retransmisión. Pasaba de patrocinar eventos a crearlos y controlar, de paso, el contenido. Breaking2 es justo eso, un programa de dos horas y veinticinco segundos con contenido propio que ha conseguido que muchos pongamos el despertador a las 5.30, algo reservado para Juegos Olímpicos. Dos horas (y venticinco segundos) que continúan en redes sociales y que tendrán su propio documental en National Geographic este verano. Branded Content al máximo nivel y con un contenido real que implica a distintos departamentos, desde el desarrollo de producto a las relaciones públicas. El resultado llega directamente a un consumidor que posiblemente no estaría dispuesto a seguir un intento de mejor marca mundial en un maratón comercial. Unas zapatillas revolucionarias y los mejores atletas en un evento comunicado de un modo nunca visto. Justo lo que se espera de Nike.

En los últimos años a Nike se la ha criticado la ausencia de zapatillas voladoras. La Flyknit Racer ha sido un completo éxito comercial, pero con una moderada visibilidad en carreras. En 2016 era habitual ver atletas con la Streak 3, una zapatilla de 2011 que cinco años después seguía siendo insuperable. Evidentemente, el mercado para corredores que rozan los 3 min/km no es masivo, pero es muy visible. Son las zapatillas de los que ganan las carreras y por un motivo que no llego a entender, algunos corredores populares piensan que lo que es bueno para la elite puede ser bueno para ellos.

adidas supo ocupar ese espacio con un éxito abrumador. Desde 2007 las marcas mundiales de maratón masculino se han reducido dos minutos, se han batido cinco veces y las cinco con zapatillas adidas. Y ha sido precisamente en una carrera patrocinada por adidas cuando Nike ha mostrado lo que puede hacer. Los dos podios, masculino y femenino, han sido copados por atletas Nike y cinco de los seis con la misma zapatilla. Los dos vencedores, Geoffrey Kirui y Edna Kiplagat y los dos terceros, Suguru Osako y Jordan Hasay han utilizado la Vaporfly 4%, la versión “comercializable” de la arriesgadísima Vaporfly Elite que llevarán Kipchoge, Desisa y Tadese en su intento por bajar de las dos horas. Rose Chelimo usó unas Lunaracer 4 y Galen Rupp fue segundo con unas zapatillas basadas también en la Vaporfly 4%.

No fue el único detalle interesante de Rupp. Usaba mallas, algo poco habitual en maratón pero que veremos en Breaking2 y cambió la camiseta habitual de su equipo, Oregon Project, por una predominantemente blanca, tal y como se suele hacer en carreras con altas temperaturas (Jordan Hasay y Osako sí la llevaron). Y sobre todo, sorprenden las cintas Aeroblade en la zona baja de las piernas para reducir el rozamiento. Volviendo a las camisetas, Kirui venció con el uniforme Nike del equipo Nationale Nedernalden Running Team, recientemente presentado. Nike ha pasado de ser el equipo a ser el patrocinador del equipo. Kipchoge, otro de los Breaking2, también forma parte del nuevo equipo.

Mallas, tiras de aeroblade, incluso los calcetines han sido rediseñados. No es la primera vez que se intenta revolucionar el modo de vestir de los atletas siguiendo patrones estrictamente científicos. Kappa lo intentó en los ochenta con un estilo que solo se atrevió a usar Florence Griffith. Nike pisó el mismo terreno en 2000 y su protagonista principal y casi única fue Cathy Freeman (y la ahora innombrable Marion Jones).

El detalle que une aquél intento con Breaking2 es el que entonces era marido de Cathy Freeman, Sandy Bodecker, un de los locos históricos de Nike. Solo queda saber si lo que intuimos en Boston y conoceremos en Monza son cambios que llegan para quedarse o es solo una divertida campaña de Nike. En el peor de los casos, diversión.

Durante décadas, la idea principal de Nike era crear revoluciones cada temporada y la de 1985 era una malla elástica en cuatro direcciones que usó en Air Sock, Flow, Current y sobre todo Sock Racer. Diseñada por Bruce Kilgore, demostraba que sus habilidades podían ir de los pesos pesados (Air Force 1) a los peso pluma. Sin cordones, solos dos franjas, una para evitar que el pie fuera hacia adelante y otro para evitar los movimientos laterales y con una media suela que combinaba poliuretano y una unidad Air. No hacía falta más para llamar la atención, pero Nike usó la combinación amarillo-negro y regalaba unos calcetines a juego. En la publicidad decía que eran “raras en el buen sentido”.
Una rara combinación de Sock Racer y calcetines a franjas que usó Ingrid Kristiansen para ganar en Boston en 1986. La Sock Racer se considera una de las predecesoras del concepto Free, se mezcló en un desafortunado híbrido, se reeditó en 2014 en una versión más cercana a la original y vuelve a hacerlo ahora con flyknit, pero no hay previstas nuevas reediciones de Ingrid Kristiansen.

Dos tipos corriendo solos durante los últimos 15 kilómetros de un maratón. Alberto Salazar y Dick Beardsley medían sus sombras para saber si seguían corriendo juntos en los kilómetros finales del maratón de Boston de 1982. Correr, el jogging, era ya un deporte masivo y necesitaba un momento para las noticias.

Beardsley era el hombre de New Balance. El hombre que en sus primeros maratones había llegado a meta 30 minutos después del ganador, había tenido una oferta de 25.000 dólares por calzar adidas en el maratón de Boston de 1982. Salazar se había creado deportivamente bebiendo del mito Prefontaine. Correr era demostrar quién tenía más huevos, el mejor ritmo es un ritmo suicida y frases así. Pero Salazar lo había demostrado en 1978 cuando llegó a recibir la extremaunción después de un carrera. Era el hombre de Oregón, el hombre de Nike. El máximo favorito para todo el mundo, incluso para él mismo.

Aquella última hora del maratón de Boston de 1982 quedó para la historia como un duelo al sol entre Salazar y Beardsley, un anuncio de una hora de Nike y New Balance. Alberto Salazar conseguía cruzar la línea de meta dos segundos antes que Beardsley y allí mismo era recogido por los servicios médicos que necesitaron 6 litros de suero para recuperarle. Beardsley tenía cierta experiencia en estos finales, ya había empatado en el primer puesto del maratón de Londres un año antes, pero Boston era un duelo a muerte.

La relación de Salazar y Nike se ha mantenido desde entonces y algunas de sus zapatillas (American Eagle, Mariah) han quedado irremediablemente unidas a él. En las oficinas centrales de Nike hay un edificio llamado Alberto Salazar y fue el elegido para liderar Oregon Project.
La relación de Beardsley y New Balance no fue tan sosegada, pero tampoco lo es la vida de Beardsley, con accidentes y luchas contra las adicciones. La marca de Boston suele referirse a él como el mayor embajador de la historia de la marca. Por una carrera en la que quedó segundo. O por una carrera en la que llevó al ganador hasta la extenuación.

Los primeros atletas que usaron Nike fueron los vecinos de Bowerman y Knight en Eugene, Portland. Uno de ellos, el hijo del alcalde, había sido olímpico en 1972, donde había compartido equipo con Prefontaine y el propio Bowerman. Jon Anderson era uno de los probadores de las zapatillas hechas a mano por Bill Bowerman y se presentó en la línea de salida del maratón de Boston en 1973 con unas Nike Obori. El nombre venía de un pequeño pueblo cercano a Fukushima, pero cuando Anderson llegó a meta en primer lugar, sus zapatillas pasaron a ser “aquellas con las que ganaron el maratón de Boston”. Poco tiempo después Nike las rebautizó oficialmente como Boston.

En 2016 Hiroshi Fujiwara las eligió para mezclarlas con la mediasuela Air Max. El híbrido también se escapó del nombre original y se convirtió en LD Zero.

En un momento en el que se diseñan zapatillas para Kanye, Kendrick Lamar, The Weeknd o Rihanna, Nike da un giro de 180º con una zapatilla para Elton John, un cantante pop muy lejano del que se supone consumidor de zapatillas. Las Air Force 1, inspiradas en las armaduras y en las bolas de espejos de las discotecas, parece que no estarán a la venta. Nadie diría que un cantante a punto de cumplir los setenta pueda tener demasiada relación con las zapatillas. Pero las cosas no son tan sencillas.

Elton John es un apasionado deportista (aunque no lo parezca). Habitual en los torneos pro-am de tenis haciendo pareja con Billie Jean King, en la portada de su "Greatest Hits II" de 1977 aparecía jugando al cricket y fue durante años propietario del Watford, un club de fútbol inglés que en 6 años pasó de la cuarta categoría a clasificarse para la copa de la UEFA, en una de las historias más recordadas del deporte inglés. La pasión por el fútbol le venía de familia, su primo Roy Dwight fue un peón de batalla en Fulham y Nottingham Forest. Durante algunos años Elton John intentó llevar su deporte favorito a Estados Unidos replicando el éxito del Cosmos en la costa Oeste con Los Angeles Aztecs (North American Soccer League), un equipo en el que jugaron George Best y Johan Cruyff.

En 1975 Nike estaba intentando ganar visibilidad y diseñó zapatillas especiales para cantantes y actores. Sus zapatillas aparecían en Apartamento para tres o Los Ángeles de Charlie y Elton John fue uno de los afortunados que recibió una edición especial diseñada por el histórico Geoff Hollister, el empleado número 3 de Nike. El propio Hollister cuenta una anécdota sobre Elton John. Fue en Londres, cuando ambos coincidieron en un ascensor y Hollister se vio obligado a presentarse como el hombre que había fabricado sus zapatillas unos años antes. Hablaron de atletismo, tenis, fútbol y zapatillas y aquél intercambio concluyó con la promesa de que Elton John le devolvería la visita en Oregón.

Un año después Hollister recibió una llamada, Elton John estaba ensayando en el Portland Coliseum y ofrecía entradas para los trabajadores de Nike. Como elegante respuesta, Hollister le propuso que pasara por los almacenes para llevarse algunas zapatillas. Lo que no esperaba es que el staff de Elton John cargara a su cuenta 16.000 dólares en producto. Durante algunas horas, la tarea de Hollister fue tratar de ocultar el desfalco.

Esa noche Elton John abrió el concierto dando las gracias a sus amigos de Nike. Y por supuesto el resto de la gira llevó Nike.