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Aunque Nike surgiera de corredores de fondo, en los ochenta supo ganarse el favor de los velocistas contratando (incluso ilegalmente) a Carl Lewis que luego se convertiría en imagen de Mizuno. En los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996 Nike había preparado una colección de zapatillas de clavos impactante con Jasari, Eldoret y la zapatilla dorada de Michael Johnson. La velocidad no podía ser menos.
Curiosamente, mientras en otras pruebas Nike elegía a corredores contrastados para que le aconsejaran sobre el rendimiento de las zapatillas en pruebas (Bob Kennedy, Hicham El Guerrouj o Michael Johnson), para el 100 buscó a un actor secundario...aunque con maneras de estrella. Jon Drummond solía ser más espectacular celebrando sus triunfos que corriendo. Y sus triunfos solían llegar en los relevos.
La zapatilla creada con su ayuda era tan llamativa como él. E igual que Jasari o Golden Shoe, en su llamativo diseño escondía tecnología. Era la primera zapatilla de pista con una placa con varias densidades y diez clavos, algo tan extraño que estuvo a punto de ser prohíbida por la IAAF.
El nombre Superfly quedó grabado en una serie de zapatillas para velocistas y más tarde ha derivado en botas de fútbol.

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La zapatilla dorada de Michael Johnson deslumbraba con su color pero escondía soluciones que serían imitadas en zapatillas que acabaron convirtiéndose en mitos. La idea era simple, la curva de una pista de atletismo exige un rendimiento distinto al pie interior y al exterior.
La Jasari tomaba la base de la zapatilla dorada de Michael Johnson, asimétrica, tenía refuerzos diferentes para derecha e izquierda. La zapatilla de Michael Johnson estaba pensada para 200 y 400 así que los refuerzos debían soportar la presión de una curva a máxima velocidad. La Jasari, pensada para pruebas de medio fondo y fondo, debía aguantar las vueltas al anillo con sobriedad pero sin que supusiera un handicap en la recta. Tenía 6 clavos permanentes que Tobie Hatfield redujo hasta el mínimo para conseguir que todos ellos pesaran como uno sólo de una zapatilla tradicional. Pero tenía sus desventajas. Se vendía con un advertencia ya que sólo podía ser utilizada en superficies artificiales. Incluso el camino hasta la pista podía convertir unas Jasari en una zapatilla inútil, ya que los clavos no eran intercambiables.
Pero lo que más llamaba la atención era el corte. Sencillo hasta lo extremo, estaba formada por dos piezas laterales de distinto color que daban un sorprendente efecto en carrera. Las piezas de la puntera, talón, lengüeta y ojetera eran negras, como los cordones que pasaban por tiradores. Como Nike ha hecho en tantas otras ocasiones, el color y el corte eran el resultado de algo más. Si el concepto de zapatilla asimétrica partía de la placa, debía apreciarse también en la parte superior.
Se cuenta que Tony Bignell, diseñador de la Jasari, presentó su obra a Bill Bowerman esperando la aprobación definitiva del maestro, que le respondió sin mucho entusiasmo. Sin embargo, los corredores sí la tomaron como su zapatilla definitiva. Fueron la elección de Daniel Komen, Venuste Niyangabo, Sonya O´Sullivan o Bob Kennedy, a pesar de tener unas zapatillas con su nombre. El único que no guarda un buen recuerdo de ellas es Hicham El Guerrouj, que calzando las Jasari tropezó y cayó al suelo en la que parecía que sería su primera medalla olímpica. Aunque Atlanta 1996 fue el momento para darlas a conocer, muchos de los corredores de Nike llevaban en los Juegos Olímpicos unas zapatillas que mezclaban el corte bicolor, lo más vistoso de las Jasari con una placa de las Nike Eldoret. ¿Alguien podría verlo desde el sillón de su casa? Quizás la placa era demasiado arriesgada para algunos, que prefirieron una más tradicional.
El "Zoom" del nombre no se refiere al tipo de amortiguación sino a una línea de Nike que comenzó muchos años antes en las zapatillas de clavos. La velocidad fue lo que hizo que el sistema de amortiguación más rápido de Nike acabara llamándose Zoom.
En 2000 Nike usó la placa en la Jasari Plus, una zapatilla completamente negra que impactaba por su recio y tradicional diseño, y corredores de elite han usado la placa de la Jasari con distintos cortes creando híbridos de todo tipo.
En 2007 se vió en las calles una Zoom Jasari que tomaba el nombre y el diseño del corte de la Jasari clásica, pero con amortiguación zoom, espuma Cushlon y suela exterior preparada para el asfalto. La versión iD fue lo más cerca que podíamos estar de tener nuestras propias Jasari. Los rumores sobre su vuelta son constantes, pero son muchos los que guardan algún par para la carrera soñada.

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Hay años que parecen destinados a traer nuevas ideas. Y no es casualidad que lleguen en años olímpicos, cuando todas las miradas están centradas en un único lugar durante 16 días.
1996 fue el año de Atlanta y de una brutal campaña publicitaria de Nike. Brutal en el sentido más inmediato, ya que mostraba una parte del deporte que no suele verse; sudor, vómitos sangre y un esfuerzo llevado al límite. Tan al límite que incluso el Comité Olímpico Internacional pidió a Nike que retirara la campaña que llenaba Atlanta de proclamas poco acordes con el espíritu olímpico "no ganas la plata, pierdes el oro" o "no estamos aquí para cambiar pins". La versión televisiva colocaba "Search and Destroy" como banda sonora.

La campaña fue retirada cuando algunos miembros del COI se reunieron con deportistas para plantear un boicot. Incluso Michael Johnson pensaba que Nike había llegado demasiado lejos con su imagen contestataria.
Y quizás toda este ruido nos despistó del producto que Nike había preparado para las pistas de atletismo, con tres de las zapatillas más longevas de la historia de Nike, Eldoret, Superfly y Jasari. Pero las que más llamaban la atención eran las zapatillas doradas de Michael Johnson.
Tobie Hatfield pasó horas viendo correr a Michael Johnson, desmontando el mito de que una zapatilla para correr debía estar preparada sólo para los movimientos en una dirección. La presión que ejercía sobre las zapatillas en las curvas era tan fuerte que Hatfield pensó que derecha e izquierda debían tener distintas características (mucho años antes, Adi Dassler había llegado a la misma conclusión para los modelos de salto de altura de Dick Fosbury). No sólo la placa era asimétrica, la parte superior estaba realizada en materiales distintos. Tampoco era necesario que los clavos fueran muy duraderos por lo que se hicieron fijos y tan cortos que no se clavaran demasiado en las curvas, y la suela estaba realizada en Phylon, un material que sólo se utilizaba en media suelas. El punto final lo daba un color reflectante que en los primeras carreras fue del color favorito de Michael Johnson, púrpura. Pero para los Juegos Olímpicos de Atlanta tenía preparada una versión más espectacular. Si era el máximo favorito para el oro, debía llevar unas zapatillas doradas. Tal y como Nike hizo con la Jordan I, la zapatilla de Michael Johnson debía sorprender tanto por su color como por su rendimiento.

Aunque la Gold Shoe no llegó a ponerse a la venta (ni siquiera tuvo un nombre oficial), algunas de las innovaciones se vieron más tarde en zapatillas que pudimos ver en pistas y carreteras de todo el mundo.

1997 fue, en muchos sentidos, un año dorado para cualquier aficionado a las zapatillas, el año de las Zoom Flight V y Zoom Spiridon. Un año antes habíamos visto en las pistas de atletismo dos absolutos clásicos de Nike, Eldoret y Jasari y la excelencia en diseño parecía que llegaba al resto de corredores.
Tinker Hatfield se había alejado de la línea Jordan para centrarse en su primer amor, el atletismo. Y su siguiente trabajo se basaría en una investigación de campo entrevistando a cientos de corredores sobre su zapatilla ideal. El resultado sería una zapatilla de perfil bajo gracias a la nueva cámara de aire zoom, de menor grosor que las habituales cámaras de aire. Además, debía ser ligera y transpirable. Su nombre, Air Zoom Talaria, proviene de la sandalia de Hermes, el dios griego de atletas, poetas, viajeros e inventores.
El primero de los colores fue sin duda el más exitoso; el amarillo neón permitía identificar fácilmente quién se atrevía con los diseños del señor Hatfield. El swoosh, pequeño, casi escondido era un modo de dar importancia al diseño global sobre la marca. La suela translúcida dejaba ver un degradado que recordaba los colores de los caramelos. Y un caramelo era. Pero quizás ese pequeño detalle efectista, esa licencia estética de un hombre interesado más en la función, ponía fecha de caducidad a la Talaria. Algunos corredores se quejaron de la fragilidad de la suela transparente.
Se convirtió en una zapatilla para corredores deseosos de romper barreras. En el modelo ligero que podías utilizar en un entrenamiento y verlo luego en los más rápidos maratonianos. Hasta unos años después no se convirtió en una zapatilla de moda, e incluso los colores originales en su versión retro no la hicieron una zapatilla muy vista. La horma y la idea "Talaria" se ha llevado a otros terrenos, dando nombre a la línea más veloz de fútbol, se ha mezclado con la Air Force One e incluso se ha visto renovada en una bota de edición limitada. En la última de sus influencias, vimos cómo se utilizaba la misma tipografía en la ACG Macleay.

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Mientras Nike hacía zapatillas para corredores de asfalto, adidas pensaba en parques y senderos, por eso los americanos se centraron en la amortiguación y los alemanes lo hicieron en la estabilidad. No es casual que unos pasaran a la historia por el Air y los otros por el Torsion.
La principal crítica a las cámaras de aire era, precisamente, la inestabilidad. Y Nike lo sabía. Por eso Tinker Hatfield diseñó una zapatilla que pudiera servirse de las ventajas del Air Max pero que tuviera un cierto control sobre los movimientos de hiperpronación. Lo hizo renovando el diseño de la suela media y manteniendo la visibilidad de la cámara de aire pero situándola entre dos columnas que servían como soporte a la vez que le daban una imagen muy definida. En la parte superior, dos tiras de piel llegaban hasta la ojetera y una pieza plástica rodeaba el talón. Muy distinta al diseño minimalista de la primera Air Max, parecía alejarse de los colores brillantes y el impacto que creó su antecesora, a cambio de una mayor eficacia en carrera. En la misma línea, pero sin cámara de aire visible, estaba la Span.
Las reediciones cambiaron colores y materiales, pero no ha sufrido el desgaste de las miles de versiones de otras Air Max. El nombre oficial apartaba el "Max" y hacía un juego entre "estabilidad" y "puñalada" (verdadero significado de Stab). Ese juego de palabras dejó de tener gracia en 2008, cuando dos vigilantes de Niketown London fueron apuñalados cuando trataban de evitar el robo de una edición limitada que respondía al poco pacífico nombre de Runnin´ ´n´ Gunnin´.

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Hoy día Tinker Hatfield es uno de los personajes más influyentes en la industria del calzado deportivo, pero en 1981 era un arquitecto que, después de haber competido con la Universidad de Oregon como pertiguista, diseñaba espacios para Nike. Puede que algo tuviera que ver que su entrenador en la Universidad de Oregon fuera Bill Bowerman, el cofundador de Nike. En 1985, en plena reestructuración de la empresa, alguien recordó que Hatfield colaboraba creativamente con Bill Bowerman porque además de atleta, Tinker podía dibujar cada detalle de la zapatilla.
Así comenzó a diseñar algo más que espacios. En un momento complicado porque Nike dejaba de ser la número uno, dejando paso a Reebok. Uno de sus primeros trabajos llegaba como un encargo. Las cámaras de aire de la Nike Tailwind se habían desarrollado hasta convertirse en una opción segura para los corredores, pero se trataba de una tecnología "no visible".
¿Cómo convencer a alguien de que esa zapatilla era superior al resto por algo que no se veía? Nike trabajaba en tres líneas en aquella época, una zapatilla que sirviera para distintos deportes (en aquellos momentos se pensaba en Michael Jordan como deportista multidisciplinar), la segunda era una zapatilla con el máximo aire posible y una última que permitiera ver la tecnología del interior. Tom Clarke, Ned Frederick (actualmente en Li Ning) y Bruce Kilgore (Air Jordan II, Air Force I) ya habían trabajado en una ventana que permitiera ver el interior, pero no era más que un truco sin función. Tinker Hatfield no sólo cumplió a la perfección con la primera Cross Trainer, sino que unió dos líneas de desarrollo creando la Air Max, dándole sentido a la visibilidad. Crearía una cámara de volumen máximo que además fuera visible.
Tal y como pasó con la primera cámara de aire, el "aire visible" no tenía muchos seguidores dentro de Nike. Puede que mostrar la tecnología la haga más cercana, pero asegurar tus pisadas en un producto transparente no parecía lo más lógico. Mientras tanto, Reebok acaparaba el 30% de las ventas con una zapatilla que iba en la dirección contraria, la Freestyle, un modelo no tecnológico realizado en piel.
La idea original de la Air Max partía del Centro Georges Pompidou, un revolucionario edificio situado en pleno centro histórico de París. El diseño de Renzo Piano rompe con lo que le rodea situando visible todo lo funcional. Escaleras, conductos y tuberías son mostradas con colores brillantes como si quisiera dejar ver sus propias tripas. Si un edificio podía hacerlo y darle la vuelta al diseño ¿porqué no una zapatilla?

La ventaja de la cámara de aire sobre la espuma de pliuretano que le rodea es que no se deforma, pesa menos y recupera la forma inicial. Colocar más aire supone eliminar espuma, y la cámara de aire se hace visible porque es un modo de eliminar aún más espuma.
Tinker Hatfield demostró en muchos de sus diseños que una idea innovadora debía rodearse de un diseño y un color impactante. En un momento en el que las zapatillas para correr eran poco vistosas, el rojo era toda una marca de identidad, que se suavizaba en la versión femenina. Una vez captada la atención, seguro que era la cámara de aire visible lo que la fijaba. Un detalle que suele pasar desapercibido es que su diseño era asimétrico, con un cara interior menos llamativa, como ocurriría también con la Trainer.
La Nike Air Max se incluyó en un paquete llamado Air Pack, con la Trainer original, Safari y Revolution. Mientras que la primera Jordan había sido un único momento brillante en una compañía que se dirigía a la catástrofe, el Air Pack fue la piedra sobre la que se edificó una nueva Nike.
Aunque fue un completo éxito de ventas desde el primer momento, tuvo feroces críticas y no fue bien recibida entre los corredores. La comodidad de la Air Max la convirtió pronto en un modelo muy visible en las calles, y fue ahí donde se convirtió en un mito. Ha sido reeditado, actualizado en distintos materiales, mezclado con casi cualquier zapatilla, y ha tenido versiones a cargo de artistas, sin embargo la Nike Air Max pasará a la historia como el comienzo de una saga que cambió el modo de diseñar zapatillas y que trascendió deportes y modas.

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La actual amortiguación Lunarlon de Nike proviene de una zapatilla con la que poco tiene en común. Desde mediados de los sesenta, Bill Bowerman y Phil Knight importaban zapatillas Onitsuka Tiger desde Japón. El primero era entrenador y precursor de la moda del "jogging" en Estados Unidos, el segundo uno de sus pupilos en la Universidad de Oregón. Bowerman pedía modificaciones de las zapatillas Tiger para adaptarlas al mercado americano y ahí empezaron a surgir algunas innovaciones que luego llegarían a Nike. La Nike Cortez nació cuando aún Bowerman y Knight retocaban modelos de Tiger bajo la marca Blue Ribbon Sports, lo que explica su parecido con la Corsair.
La que para muchos es la primera zapatilla completamente diseñada y fabricada por Blue Ribbon Sports se llama Nike Moon y seguía las ideas de Bowerman de amortiguar el impacto de cada pisada. También innovaba por la suela exterior creada (legendariamente) en una máquina de hacer gofres. Cuando Bill Bowerman fue elegido como seleccionador nacional estadounidense del equipo de atletismo para los Juegos Olímpicos de Munich 1972, muchos tomaron la Nike Moon como su modelo básico.
Pero poco del diseño de esta primera zapatilla de Nike recuerda a la amortiguación Lunar actual. Poco más que una frase. Geogg Hollister, uno de los corredores de Bill Bowerman y tercer empleado de Nike era el banco de pruebas de los inventos de Bowerman. Algunos de sus experimentos habían acabado en sonoros fracasos, pero quiso que probara un primer prototipo de la Nike Moon. Poco tardó Hollister en decir que pisaba "como si estuviera en la luna".

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A principios de los ochenta, Nike había introducido el aire en sus zapatillas de running de la mano de la Tailwind, lo que había supuesto una aparatosa carrera por demostrar que sus zapatillas eran "más tecnológicas" que las de la competencia. Correr, que había comenzado como algo que destilaba simplicidad tal y como hacían los pioneros de Oregón, se convertía en una batalla por la innovación.
Y quien comenzó la guerra fue el primero en abandonarla. Nike no desatendió la innovación, pero sí la demostración sin sentido. Las V Series eran aparentemente sencillas. Tres modelos con una horma parecida para los corredores que necesitaban velocidad, estabilidad o la mezcla adecuada de ambas. Nike en los setenta había sido la primera marca en apostar por el running como un estilo de vida rebelde, más tarde había sido la abanderada de los adelantos tecnológicos y de nuevo apostaba por el correr libre. Correr volvía a ser simple. Y divertido.
La Vengeance era el modelo más característico de las V Series, aunque quizás el menos avanzado. Líneas que la emparentaban con la saga de las Eagle, un característico refuerzo en otro color en la parte delantera que la identificaba y una original ojetera que comezaba en un tirador.
Toda la tecnología posible estaba en esas zapatillas, pero nada era exageradamente visible. En sus anuncios decían "Si quieres, podemos aburrirte con mil detalles tecnológicos sobre el Duramesh usado en el corte o la cámara de aire". "Si llevas la tecnología lo más lejos posible, te llevará al lugar donde todo comenzó". Una actitud que curiosamente ha vuelto con otra tecnología de Nike, la espuma Lunar, un concepto simple que se aleja de tecnologías misteriosas. No creo que sea casualidad que la Vengeance, como sus hermanas de serie Vector y Vortex, tengan ahora una versión con suela Lunar en un espectacular híbrido que comparte con la original el espiritu de la sencillez.
Hace algunas temporadas, cuando el retro running aún no se había convertido en una moda, Nike reeditó las Vengeance con poca repercusión. Ahora que el baloncesto retro está dejando hueco al running será más fácil verlas en su versión "habitual", vintage o Lunar.

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Uno de las principales innovaciones de Nike fue externalizar la producción. La primera serie de las Nike Bermuda en 1978 se fabricó en Estados Unidos, pero pronto buscó tierras asiáticas. Era el momento de Elites o Waffles y pasó un poco desapercibida, a pesar de algunos avances en el diseño. La ojetera en zigzag permitía ajustar mejor y la puntera era completamente limpia y de una pieza lo que acabaría convirtiéndola en la primera de una saga de zapatillas que se ajustaban al pie que continuaría en Air Current, Flow, Sock Racer o Presto. Además, presumía de plantilla realizada en Permafoam, que se amoldaba al pie. La idea de Jeff Johnson, diseñador de la Bermuda era convertirla en una zapatilla que actuara como una segunda piel. Un modelo parecido aunque menos arriesgado era la Challenge, con una puntera reforzada más habitual.
Casi treinta años más tarde volvió a reeditarse con acabado vintage, es decir, envejecidas hasta aparentar haber sido creadas en los sententa.

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La Skylon que hoy se ha convertido en clásico de la línea Bowerman tuvo un orígen más minoritario. Cuando el aire comenzaba a aparecer en las zapatillas Nike, eran pocos los que apostaban por ellas. La Air Mariah se llevó el mérito de ser la primera zapatilla de competición con aire, pero eran pocos los corredores que se atrevían con ella. Fue el primer empleado de Nike, Jeff Johnson, el que apostó por el aire incluyéndolo en otra zapatilla, casi a escondidas, y que fue la elección de la mayoría de los corredores. Nike no debía estar muy contenta cuando anunciaba la Mariah mientras los corredores preferían un modelo que ni siquiera llegaría al mercado (aunque serviria de base para la American Eagle). Con una de sus variaciones, Alberto Salazar batió la mejor marca mundial de Maratón en Nueva York en 1981. En 1983 Joan Benoit ganó el Maratón de Boston con otro prototipo Skylon y en 1984 se llevó el oro en los Juegos Olímpicos de L.A. con un modelo adaptado a su pronación.

En 1990 se recuperó el nombre para una zapatilla que poco tenía que ver con la primera Skylon y a partir del nacimiento de la línea Bowerman se convertiría en habitual.

El nombre Skylon no es demasiado original, porque está tomado del Maratón de Buffalo, aunque recordemos que Jeff Johnson ya tuvo su momento de gloria poniendo nombres, ya que fue quien decidió llamar Nike a la pequeña empresa en la que comenzó a trabajar.