Equality contra Trump

La última campaña de Nike, Equality, se presenta públicamente como anti-Trump. Y puede que lo sea porque pone el foco en el deporte por encima de las razas o religiones. ¿Es realmente una campaña anti-Trump? Sinceramente, creo que más que anti-Trump, es una campaña pro-Nike. Parece obvio, pero aquí no tratan de vender zapatillas (KD aparece con unas Roshe, ejem), tratan de vender una marca. Y esa marca es rebelde, contracultural, se enfrenta a todo lo oficial. Esta campaña anti-Trump es creíble porque tiene que ver con la historia de Nike.

El problema de posicionarse políticamente lo ha sufrido últimamente Under Armour. Después de que su fundador, Kevin Plank, hablara de las posibilidades que abría la presidencia de Trump, dos de sus mayores estrellas, Stephen Curry y Misty Copeland, han mostrado públicamente su desacuerdo con la marca que le paga. ¿Supone eso que alguno de ellos pueda abandonar la marca? No, pero desde luego no supone nada bueno para las ventas. El propio Kevin Plank se ha esforzado en aclarar el asunto, pero el daño ya estaba hecho. Ningún deportista de New Balance ha mostrado su desacuerdo.

Hasta ahora las marcas imponían clausulas de conducta a los deportistas. Nike rompió con Michael Vick, Lance Armstrong, Manny Pacquiao y Marion Jones por asuntos tan variados como peleas de perros, homofobia o doping. Por primera vez los deportistas muestran su desacuerdo con la marca que les paga, algo que no ha ocurrido ni en los momentos en los que Nike era vapuleada por las condiciones de las fábricas del sudeste asiático.

Durante un tiempo los deportistas quisieron mantenerse al margen de la política, con clamorosas faltas de tacto como la de Michael Jordan, que en su día se negó a posicionarse porque "demócratas y repúblicanos compran zapatillas". La neutralidad se acabó cuando llegó Trump; ahora las marcas y los deportistas se posicionan, aunque no siempre en el mismo bando.