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Cuando Nike pagó 300 millones de dólares por Converse, era una marca vendía 200 millones de dólares al año principalmente Chucks. Parecía unos de esos chollos que no puedes dejar pasar, ya encontrarás qué hacer con él. Con el tiempo, Nike tomó dos decisiones fundamentales para el desarrollo de Converse, dejar de fabricar en Estados Unidos y alejarse del deporte. Wade y Elton Brand, como últimos representantes del baloncesto pasaron a marcas hermanas y Converse se convirtió en una marca “diseñada para el deporte, fabricada para la vida”. Nike se quedaba con el deporte, Converse se convertía en la “Vans” del grupo.


En esa línea quedaron abandonados muchos de los modelos históricos de Converse, íntimamente relacionados con el deporte. El baloncesto retro quedaba en el lado de Nike, Converse debía ser otra cosa, aunque nunca tuviera demasiado claro qué debía ser. El plan ha funcionado durante muchos años y en 10 años sus ventas llegaron a los 2000 millones. Cada temporada parecía virar, una vez tiraba de extraños retoolings (las nuevas Weapon), otra vez lo intentaba con producto técnico o el running retro.
Ahora, cuando las zapatillas de baloncesto están en el punto más bajo de ventas, Converse recuerda su historia con una de las reediciones más correctas y ninguneadas de los últimos meses, Converse Fastbreak Mid.
En los setenta las zapatillas de running habían descubierto para el uso deportivo el nailon, un material que, como muchos otros, había nacido por error en un laboratorio en los años 30. Converse había pasado de ser absoluto dominador del baloncesto a pelear con adidas, Nike y nuevas marcas emergentes por hacerse con un parte del mercado. A pesar de todo, seguía siendo una marca de prestigio que había calzado a todos los jugadores de baloncesto estadounidenses en la historia de los Juegos Olímpicos. De hecho, la versión que conocemos de la Chuck Taylor, con detalles rojos y azules viene de la edición que crearon para los olímpicos estadounidenses de 1936. Por obligación contractual, hasta 1988 la selección de baloncesto USA debía calzar Converse, lo que en los momentos de expansión del patrocinio deportivo dio lugar a momentos curiosos. Los uniformes USA los fabricaba Descente, una histórica firma japonesa, mientras el contrato de Converse se ceñía al calzado. Para hacer este acuerdo un poco más visible, Converse llegó a colocar su logotipo en el uniforme de Estados Unidos junto al de Descente. Una prenda, dos logos. Esta rareza solo era posible en los partidos amistosos, los Juegos Olímpicos imponían unas condiciones distintas respecto al uso de marcas comerciales.


Para Los Angeles 84 muchos de los jugadores USA eligieron una zapatilla que habíamos visto un tiempo antes en la NBA. La Fastbreak recuperaba el nombre de una antigua zapatilla de Converse y estaba realizada en nailon para mejorar la transpirabilidad, flexibilidad y aligerar el peso. Se diseñó pensando en los jugadores más rápidos. Isiah Thomas el protagonista de las campañas publicitarias de la versión high, Dominique Wilkins jugó con la versión mid en su año Rookie y gran parte del equipo USA las usó durante los Juegos Olímpicos de Los Angeles. Era la zapatilla más rápida, imitaba a las zapatillas de running de los setenta y las llevaba a las canchas.

Aunque no se han reeditado ninguno de los dos colores que usó, fue la última zapatilla que llevó Michael Jordan en una cancha antes de hacerse profesional y su última zapatilla no-nike. Debería ser suficiente para que una reedición tan correcta se agotara en minutos, pero el extraño ciclo de las modas la ha convertido en una rareza. Mientras tanto, Converse se plantea cuál es su futuro, si tratar de convertirse en la marca definitiva de sportswear o recuperar sus mitos.

Algo está pasando. Justo cuando comenzaban a agotarnos las colaboraciones a cuatro bandas, las inspiraciones imposibles, los patrocinios sin sentido. Algo está pasando.

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Vans celebra sus 50 años con una campaña en la que aparecen Syd The Kid, Henry Rollins o la modelo Natalie Westling. De Syd The Kid podría decirse que invitarle a posar con unas Vans es tan fácil como obligarle a llevar una camiseta blanca. Henry Rollins tiene dos modos: descalzo o con Vans. Y Natalie Westling podría ser una modelo más, pero debe ser la única modelo con un logo de Vans tatuado en el brazo. Una skater sobre las pasarelas.

En todos los casos Vans ha huido de nombres que podrían ser más grandes para ir por el camino de la credibilidad.

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Luego llega Converse y la primera colaboración de las Chuck II, que no es ninguna gran tienda sino Futura, un mito viviente del arte (con toda la intención no utilizo la expresión “street art”). Desde luego, no es la primera colaboración del neoyorquino, que tiene en su curriculum trabajos con Nike, Vans, Supreme, Stussy, Descente, Bape, The North Face, Levi´s o Maharishi. ¿Qué hace que esta colaboración sea creíble? Futura podría haber pasado los últimos años con algunos de sus trabajos para Nike, aquellos por los que se pagan miles de euros. Pero hace años que solo lleva Chuck Taylor. Sus zapatillas llevan material antidesgarros y canvas engomado, no imitación de piel de gacela en peligro de extinción. Y finalmente, no tienen ninguna historia inspiradora ni recuerdos de una infancia en la que merendaba gominolas.

Es la zapatilla de Lenny. Un tipo de 60 años adelantando a las hordas de colaboraciones adolescentes.

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weaponmReconozco que pasear con alguien como yo debe ser complicado. Y no te rías porque posiblemente sea igual contigo. Miramos zapatillas, entramos en un puñado de tiendas. Y poco más. Porque cuando entramos en una, intentamos demostrar a quien nos acompaña que sabemos todo sobre cada una de las zapatillas que puedas encontrar allí. Es el precio que hay que pagar por salir a la calle con alguien como nosotros.

De repente, esa persona que va contigo, esa que hace como que te escucha, aparece como tocada por un rayo de luz cuando dice “mira qué zapatillas tan bonitas” mientras se acerca a unas Converse Weapon. Falsa alarma, la que le gusta no es la original de Magic, ni la de los colores de Bernard King, ni siquiera la de Larry Bird. Se acerca a una Weapon en los colores que se llevan esta temporada, en tonos verdeazulados. Sin historia. Solo para aprovechar el color del momento.

Entonces es cuando muestro mis conocimientos; le cuento la historia de las Weapon, cómo surgieron para responder a la Jordan I (esa historia ya se la sabe), eran las zapatillas de los mejores jugadores de la NBA y como Magic y Bird entablaron amistad a raíz de un anuncio de esa misma Weapon. La manera de respetarla es recuperar los colores y siluetas originales.

-Bueno, sí, la historia es muy buena. creo que ya me la habías contado antes. Pero me gustan más las de tonos verdes.

Segundo intento. Tu respuesta va por el mismo camino. Esta vez te notas un poco menos pausado. Pero vuelves a repetir el tema de las ediciones Originales y todo eso. Incluso utilizas el recurso de los anillos de Magic y Bird. Pero ella va a decir unas palabras que cambiarán por siempre tu manera de ver las zapatillas.

-Pero estas me pegan con el bolso.

Ahí lo tienes. Un motivo tan valido como cualquier otro. Le gustan y ya está.

Es el motivo por el que compran las zapatillas la mayoría de compradores de zapatillas. Cierto, una vez que le cuentas la historia, miran dos veces la púrpura y dorada de Magic. Has conseguido que las vea de otro modo. Pero sigue sin pegarle con nada. Al fin y al cabo, yo puedo saber mucho de zapatillas, pero cuando voy a comprar unos pantalones no tengo ni la menor idea de quien los diseñó. Cuando compro una camisa tampoco sé en qué están basados los estampados florales y tampoco sé si la lechuga que he pedido provenía de un cultivo orgánico o si mi peinado es un tributo a un rito de iniciación chamánico.

Así que cuando veas a alguien con unas zapatillas indignas, imagina lo que podría pensar él de tus vaqueros, tu peinado o la música que escuchas. Y si crees que en todo eso tienes un gusto exquisito, quizás sea el momento de salir a la calle y tirarte al barro.

Yo estoy buscando un bolso que le vaya bien a las Weapon de Magic.
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Una zapatilla puede gustarte por su diseño o por la historia que lleva asociada. Puede que te resulte extraño si intentan venderte una zapatilla como "el modelo de un jugador de badminton canadiense de hace 80 años", pero eso es la Converse Jack Purcell. Un modelo creado alrededor de 1935. A principios del siglo XX, los fabricantes de compuesto químicos utilizaban sus conocimientos para neumáticos y para zapatillas deportivas. B.F.Goodrich, hoy conocida por lo primero, también tenía su versión deportiva, que quiso enlazar uno de sus modelos a un jugador de badminton. Nació una zapatilla con un diseño claramente inspirado en su momento, realizado en lona, con puntera reforzada y el elemento diferenciador de la "sonrisa" en la puntera, una franja de distinto color que se convirtió en su marca registrada. Durante su historia, tuvo versiones distintas, incluso para jugadores de tenis (como las del anuncio), aunque en principio estuvieran pensadas para uso indoor.
En los años setenta, B.F. Goodrich quiso desprenderse de su sección de zapatillas, que llegó a manos de Converse, que ya tenía un modelo exitoso aunque moribundo, con parecidas características, la Chuck Taylor All Star. Manteniéndose fiel al diseño original, Converse acolchó la lengüeta y colocó ojales metálicos, pero mantuvo la firma de Jack Purcell más visible que el logotipo de converse, casi oculto en la suela.
En los últimos años ha vivido un renacimiento como zapatilla casual, con ediciones limitadas de la mano de John Varvatos, con la firma de Kurt Cobain o en colaboración con la tienda Bodega o con la iniciativa (RED). Pero no sólo es un modelo para las calles. En 2007 Nike (propietaria ya de Converse), investigó qué zapatilla se utilizaban en los descensos de cañones, un deporte en auge. La sorpresa fue encontrar que la Jack Purcell, realizada en lona y con una puntera reforzada, era una opción muy válida. Inspirándose en ellas, creó las Nike Soaker, una especie de versión anfibia de la Jack Purcell cargada de anabolizantes.

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Converse había pasado, en poco más de una década de ser la gran marca del baloncesto a pelearse con adidas, Nike e incluso Puma y otras firmas por un parte del pastel. El hachazo definitivo lo dio Nike con la Jordan I, una zapatilla no demasiado avanzada que impactaba por publicidad y combinación de colores. Si eso lo conseguía una marca primeriza con un jugador de primer año ¿qué podría hacer Converse con Magic, Bird, Thomas, Aguirre, Bernard King o McHale? La respuesta fue la Converse Weapon, un modelo que no centraba su publicidad en la amortiguación sino en la construcción en Y que protegía el tobillo. Cada jugador tendría las zapatillas en el color de su equipo, es decir la estrategia que Nike había seguido con Dunks y Jordans, multiplicada por cada una de sus estrellas.
Desde entonces, Converse no ha creado una zapatilla con el mismo impacto. Para intentarlo, le coloca su nombre a cada una de sus nuevos modelos. Versiones supuestamente fieles a la original, poorman´s weapons o weapon evo intentan recordarnos las que siempre serán las zapatillas de Magic y Bird.