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Primera jornada NBA. Detalles importantes, el recibimiento de Irving en Cleveland o el comportamiento de los jugadores con la lesión de Hayward…pero aquí hablamos de zapatillas así que vamos al lío.
LeBron ponía a la venta el primer color de sus LeBron XV, pero prefería llevar una edición especial con un toque social.

Irving calentó con un híbrido de sus tres signatures y jugó con una edición especial de Irving 3.

Draymond Green lo intentó con la versión de Virgil Abloh de las Hyperdunk 2017, pero terminó cambiando a una versión normal.

Nick Young recordó a Gilbert Arenas, adidas Gil 2 Zero.

Kevin Durant tenía preparadas una versión especial de KD10 para la noche inicial, pero prefirió jugar con otro color.

En 1992 leí mi primer libro sobre zapatillas, un libro que casi no hablaba de zapatillas que compré en El Corte Inglés por lo que ahora serían 1.80 euros. En la versión española se llamaba Nike y presentaba a la marca de tal manera que 25 años después sigo pensando que Nike es eso, una panda de locos. La mitad de las historias que se repiten una y otra vez en webs sobre zapatillas están extraídas de ahí como si fuera la biblia. Y no lo es. En el libro muestran a Rob Strasser y Peter Moore como verdaderos creadores de Nike y puede que sea cierto. Pero curiosamente, el libro está escrito por J.B. Strasser y Laurie Becklund esposa y cuñada de Rob Strasser.

Durante muchos años fue el único libro del que podía aprender cosas relacionadas con las zapatillas. El resto venía de revistas, catálogos y charlas con los empleados de las tiendas de deporte. Algunos me prestaban revistas profesionales sobre comercio deportivo y algunas veces directamente las robaba (es curioso que lo único que he robado de una tienda de zapatillas fueran revistas). El Zoco de Gigantes y las pruebas de producto de Corricolari eran otros dos contactos reales con la información.

En 1998 y no sé muy bien cómo, consigo un libro del que no llegué a saber ni el nombre. En el lomo pone “The Sneaker Book”, aunque en otros lugares aparece como “Size isn´t everything”. Una marcianada en la que escribía Frazer Cooke, Charlie (De Charlie´s Pages), Fab Five Freddie y en el que podías encontrar un artículo sobre gente que se masturbaba con zapatillas, la entrevista más corta del mundo (al presidente de Quiksilver; ¿Quiksilver hace zapatillas? No ¿Estáis pensando en ello? No, pero como decía James Bond, nunca digas nunca”), fotos de Cholos con Cortez y palabras de Matthew Kassovitz (no vi El Odio hasta después de leerle), Michael Franti, Henry Rollins, Neneh Cherry, Mushroom de Massive Attack o Cypress Hill. Aquello no iba sobre zapatillas ni sobre empresas.

Dos libros muy distintos que hablaban de todo lo que rodeaba a las zapatillas. Unos años después llegaban Out Of Nowhere de Geoff Hollister, Trainers de Neal Head, Where´d you get those de Bobbito, Sneakerfreaker The Book, Sneakers The Complete Collector´s Guide, Hermanos de Sangre y dos trabajos publicados por o con el beneplácito de Nike, Sole Provider y Driven From Within. Hasta 2010 los libros sobre zapatillas que se publicaban eran rarezas en inglés.

Llega la explosión de las zapatillas y el humo llega a los libros. En los últimos años se han publicado libros muy prescindibles como Zapatillas con arte, SlamKicks (Basketball Sneakers That Changed The Game), Calzado Deportivo, adidas, Marcas de la A a la Z, Sneakers The Complete Limited Edition Guide, Custom Kicks y posiblemente los dos peores, The Encyclopedia of Air Jordans y 1000 Sneakers, dos compendios de tópicos y datos sin información real.

En este tiempo la propia Nike ha publicado Le Silver, Genealogy of Innovation y ha colaborado en Shoe Dog, la biografía de su fundador Phil Knight. Otro libro interesante, La Revolución Puma, cuenta con la aprobación de la marca del felino, Vans publicó su propio libro para celebrar el aniversario y Gary Warnett pasó con nota el encargo de Asics con An Evolution. Exceptuando algún imprescindible (Los hombres que hicieron la historia de las marcas deportivas de Eugenio Palopoli, Out Of The Box, Nike Chronicle) la mayoría de libros independientes se conforman con repetir la misma historia una y otra vez. Los más interesantes son los publicados directamente por las marcas.

Tal y como ha ocurrido con el propio mundo de las zapatillas, los libros sobre zapatillas han bajado en calidad a la vez que se popularizaban y acabamos llegando al mismo punto en el que estábamos en los noventa. Antes el problema era encontrar libros, ahora el problema es encontrar un libro interesante en la montaña de publicaciones sin sentido.

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Hace tiempo que evito publicaciones sobre zapatillas porque me aburre soberanamente la concatenación de supuestos datos copiados sin el menor análisis crítico.
El último ejemplo es lo publicado en HighSnobiety sobre la marca rusa Москва, un supuesto fake de adidas.

Por resumir mucho el artículo, cuenta la entrada de adidas en la Unión Soviética “una década antes de la caída del muro de Berlín en 1989”, y cómo aumentó su demanda gracias a la política de apertura de Mijail Gorbachov. Según HS, todo comenzó en los Juegos Olímpicos de Moscú en 1980, cuando el aparato del estado soviético prohibió a adidas importar productos con el logotipo, ya que las marcas en general, y adidas en particular, eran vistas como elementos de propaganda capitalista. Según HS, el aparato de estado soviético prohibió las tres bandas en el textil y modificó el calzado para que las bandas formaran una M, para celebrar la ciudad de Moscú. Москва nacía como respuesta estatal a adidas, la marca del enemigo capitalista. Ilustra su razonamiento con una foto de un equipo femenino sin identificar con chaquetas y pantalones sin marca visible y con dos franjas en lugar de las 3 de adidas.

Selección URSS de balonmano femenino, dos franjas en el chandal, tres en las zapatillas.

El texto de HS se basa en algunas vaguedades y mucha imaginación, así que analicemos los datos reales.

adidas no llegó a la Unión Soviética en los ochenta. En la famosa final de Munich 1972 los jugadores de baloncesto soviéticos ya llevaban adidas e incluso en los Juegos Olímpicos de Tokio en 1964 eran habituales. Desde 1956 Horst Dassler había trabajado con atletas, muchos de ellos soviéticos.

Cualquier biografía de Horst Dassler, el verdadero creador de adidas tal y como la conocemos ahora, le presenta como un embaucador con contactos en las altas esferas políticas. Sobre todo en África y al otro lado del telón de acero, por motivos distintos. El objetivo de África era controlar el fútbol mientras que el ataque a los países del Este tenía un sentido más global. Las economías comunistas no permitían la entrada de marcas extranjeras, pero Horst supo saltarse el control a través de sus amistades, gracias a intercambios de regalos con Leónidas Brezhnev y sesiones de compras con los dirigentes del partido. Hors Dassler y su equipo eran famosos por tener una agenda con el nombre y gustos de cada dirigente político y no solo se referían a datos deportivos. Adi Dassler, el fundador de adidas, era famoso por sus zapatillas, Horst Dassler, su hijo, era famoso por sus cenas y su colección vitivinícola. A cambio de aquelos favores, adidas consiguió introducir fábricas en Europa del Este y convertirse en proveedor casi exclusivo de productos deportivos. En una economía socialista en la que no podías elegir entre cientos de marcas, cruzar el telón de acero era convertirse en la única marca para millones de deportistas. Aun hoy pueden encontrarse zapatillas adidas fabricadas en la Unión Soviética o Yugoslavia a principios de los ochenta.

Durante décadas, el deporte comunista estuvo asociado a adidas, justo lo contrario de lo planteado por el artículo de HS. Las selecciones deportivas de la mayoría de los deportes de la Unión Soviética, Checoslovaquia, Polonia, Hungría, Rumanía, Bulgaria y República Democrática Alemana vestían casi exclusivamente adidas. En la Alemania socialista incluso consiguió relevar a Zaha, la marca nacional. Al grupo se unía Cuba por cercanía económica y en ocasiones Yugoslavia, que pretendía mantener su independencia con gestos como vestir la americana Converse. Se relacionaba al bloque del Este con adidas tanto que Nike prefirió entrar en el otro bloque comunista, China.

En los Juegos Olímpicos de 1980 aun no se habían establecido las reglas que hoy conocemos sobre marcas y equipos. En la selección española de atletismo, Sanchez Vargas llevó equipaciones adidas y Karhu mientras Jordi Llopart llevaba Meyba. La selección británica llevó hasta tres camisetas distintas, con logo y sin él.
La selecciones soviéticas, al contrario de lo que plantea HS, también mostraba el logo de adidas. Es cierto que la selección de balonmano femenino no lleva tres franjas en las chaquetas con las que recogieron las medallas, pero sí las llevaban en el uniforme de juego y en las zapatillas. Las selecciones de baloncesto masculina y femenina llevaban tres franjas y el logotipo clásico. La de atletismo llevaban distintas camisetas, con y sin logo.

Relevistas soviéticos en Moscú 1980 con zapatillas adidas. ¿El uniforme? Un logo de adidas, tres sin él.

Selección URSS de Balonmano con franjas adidas.

Tkachenko con logos.

adidas no estaba prohibido. Desde luego no era accesible para cualquiera, pero era casi obligatorio a la hora de practicar un deporte de alto nivel, con la excepción de alguna marca japonesa (Asics Tiger, Mizuno), la práctica totalidad de los deportistas de elite soviéticos llevaban adidas.

¿Y qué es de aquella adidas modificada para que parezca una M? La historia de cambiar logotipos de adidas suena extraña, pero mucho más cuando desde los sesenta una marca finlandesa ya usaba en sus zapatillas la M (de “Mestari”, campeón en finés). Los relevistas que transportaban la antorcha olímpica hasta Moscú llevaban zapatillas con una M, pero eran Karhu en virtud de un acuerdo con el Comité Olímpico. Incluso en Grecia llevaban la zapatilla de la M y dudo mucho que las prohibiciones soviéticas llegaran a tierras helénicas.

¿adidas con M o Karhu?

En Grecia, con la misteriosa zapatilla de la M.

¿De dónde ha sacado esta historia HS? Hace años que rula por internet una versión básica de este texto, que se va repitiendo por foros sin que nadie cuestione ni uno solo de sus argumentos. Todos con las mismas frases y las mismas fotos. En ocasiones el equipo soviético de balonmano se convierte en equipo de baloncesto, pero nadie ha perdido 30 segundos en averiguar si era cierto que la Unión Soviética prohibió el logotipo de adidas durante los juegos.

En los últimos años a Nike se la ha criticado la ausencia de zapatillas voladoras. La Flyknit Racer ha sido un completo éxito comercial, pero con una moderada visibilidad en carreras. En 2016 era habitual ver atletas con la Streak 3, una zapatilla de 2011 que cinco años después seguía siendo insuperable. Evidentemente, el mercado para corredores que rozan los 3 min/km no es masivo, pero es muy visible. Son las zapatillas de los que ganan las carreras y por un motivo que no llego a entender, algunos corredores populares piensan que lo que es bueno para la elite puede ser bueno para ellos.

adidas supo ocupar ese espacio con un éxito abrumador. Desde 2007 las marcas mundiales de maratón masculino se han reducido dos minutos, se han batido cinco veces y las cinco con zapatillas adidas. Y ha sido precisamente en una carrera patrocinada por adidas cuando Nike ha mostrado lo que puede hacer. Los dos podios, masculino y femenino, han sido copados por atletas Nike y cinco de los seis con la misma zapatilla. Los dos vencedores, Geoffrey Kirui y Edna Kiplagat y los dos terceros, Suguru Osako y Jordan Hasay han utilizado la Vaporfly 4%, la versión “comercializable” de la arriesgadísima Vaporfly Elite que llevarán Kipchoge, Desisa y Tadese en su intento por bajar de las dos horas. Rose Chelimo usó unas Lunaracer 4 y Galen Rupp fue segundo con unas zapatillas basadas también en la Vaporfly 4%.

No fue el único detalle interesante de Rupp. Usaba mallas, algo poco habitual en maratón pero que veremos en Breaking2 y cambió la camiseta habitual de su equipo, Oregon Project, por una predominantemente blanca, tal y como se suele hacer en carreras con altas temperaturas (Jordan Hasay y Osako sí la llevaron). Y sobre todo, sorprenden las cintas Aeroblade en la zona baja de las piernas para reducir el rozamiento. Volviendo a las camisetas, Kirui venció con el uniforme Nike del equipo Nationale Nedernalden Running Team, recientemente presentado. Nike ha pasado de ser el equipo a ser el patrocinador del equipo. Kipchoge, otro de los Breaking2, también forma parte del nuevo equipo.

Mallas, tiras de aeroblade, incluso los calcetines han sido rediseñados. No es la primera vez que se intenta revolucionar el modo de vestir de los atletas siguiendo patrones estrictamente científicos. Kappa lo intentó en los ochenta con un estilo que solo se atrevió a usar Florence Griffith. Nike pisó el mismo terreno en 2000 y su protagonista principal y casi única fue Cathy Freeman (y la ahora innombrable Marion Jones).

El detalle que une aquél intento con Breaking2 es el que entonces era marido de Cathy Freeman, Sandy Bodecker, un de los locos históricos de Nike. Solo queda saber si lo que intuimos en Boston y conoceremos en Monza son cambios que llegan para quedarse o es solo una divertida campaña de Nike. En el peor de los casos, diversión.

Rosie Ruiz, parecía representar el sueño americano cuando cruzó la línea de meta del maratón de Boston de 1980. En un momento en el que el maratón se profesionalizaba en la sombra, la vencedora llegaba sin patrocinadores y con una sencilla camiseta de algodón. En adidas, nadie sabía si aquella camiseta implicaba que era una de sus patrocinadas, pero no tardaron en comprobar que calzaba zapatillas Brooks. Exiliada cubana, solo se conocía su marca en Nueva York unos meses antes, que había sido mejorada en más de 25 minutos. Cuando Kathrine Switzer le preguntó si esa mejora se debía al interval training, Rosie ni sabía de qué le hablaban.

El vencedor masculino, el mítico Bill Rodgers, se sorprendió por la aparente facilidad con la que una desconocida había conseguido vencer en Boston. ¿Una completa desconocida podía conseguir la tercera mejor marca mundial?

La respuesta era sencilla: no. Nadie recordaba haberla visto durante la carrera. La prensa que acompañaba a la primera corredora no sabía nada de ella. Algunos espectadores recordaban haberla visto entre ellos cerca de la meta. Rosie Ruiz se había incorporado a la carrera en los últimos metros. Una semana después, la segunda corredora en cruzar la línea de meta, Jaqueline Gareau fue declarada vencedora, aunque todos los ojos, incluso los de los patrocinadores, estaban en otro lugar. La foto que dio la vuelta al mundo mostraba a la falsa vencedora acompañada por la policía, aunque en ese momento solo estaban acompañando a la supuesta vencedora. Aquella camiseta adidas amarilla fue más vista que las zapatillas Brooks de Jaqueline Gareau.

En 1967, KV Switzer tuvo que ocultar su verdadero nombre para inscribirse en el maratón de Boston. Kathrine Virginia no podía correr porque las mujeres tenían vetada la participación en carreras mas allá de la milla y media. Otra corredora, Bobbi Gibb, había participado un año antes sin dorsal, pero sería Switzer la que pasaría a la historia, gracias a la actuación de los oficiales de la carrera que intentaron frenarle y de la oportuna aparición de un fotógrafo que inmortalizó el momento. Una y otra tenían muchas cosas en común, empezando por lo menos importante, las zapatillas.

Ambas corrieron con tres franjas (que en aquella época no lo usaba solo adidas) y en el caso de Switzer, estuvo muy relacionada con distintas marcas a lo largo de su carrera, primero como atleta (ganó NY en 1974) y luego como periodista y conferenciante. Después de Avon pasó por Reebok hasta volver a adidas en 2017 para celebrar el 50º aniversario de aquella carrera.

Una zapatilla de adidas y Raf Simons ha demostrado tener más historias detrás que la mayoría de "sneakers" clásicas, aquellas de las que nos cuentan mil batallas.

La Ozweego Bunny es la última (hasta ahora) colaboración entre adidas y Raf Simons. La saga Ozweego comenzó en los noventa como modelos específicos de running de gama media y Simons se apropió de una mediasuela ya en desuso, con ForMotion, para sus nuevos diseños (adidas dejó de usar el sistema ForMotion en calzado hace algunos años, pero del motivo mejor no hablamos).

El nuevo color da un paso más con solo unos detalles. Lazada doble y frases impresas sobre la zapatilla. ¿Motivo? En 2014 Raf Simons reconvirtió su marca en una colaboración completa con el artista Sterling Ruby y ahí todos calzaban unas gigantescas botas. Bueno, todos no, Sterling llevaba unas Saucony y Raf Simons variaba entre Ozweego y Stan Smith.

Aquello no era nada nuevo, en su línea habitual de apropiación de subcultura, Raf Simons había versionado las clásicas Bunny Boots, un diseño creado para el ejército americano para soportar temperaturas bajo cero en la guerra de Corea, popularizada en Alaska.

Aquella bota blanca era capaz de soportar temperaturas de hasta 50 grados bajo cero y era compatible con el uso de esquíes y raquetas de nieve. El origen del nombre tiene dos versiones, la primera tiene que ver con el tamaño de las botas, que recordarían a Bugs Bunny. La segunda es más bucólica; ciertos conejos de zonas frías cambian el pelaje de invierno comenzando por las patas, por lo que hay un momento en el que parecen tener botas blancas.

Las dos mayores innovaciones técnicas de las Bunny Boots son los materiales aislantes que forraban el interior y la válvula que trataba de mantener la presión en los vuelos (sí, válvulas en las zapatillas 40 años antes que las Reebok Pump).

Las Bunny Boots tenían otro elemento distintivo: instrucciones directamente sobre la zapatilla, algo relativamente habitual para condiciones extremas. Algunas botas de alta montaña identifican claramente cuál es la derecha y la izquierda porque la falta de oxígeno impide pensar con claridad. Las Bunny Boots en ocasiones eran utilizadas por militares sin mucha experiencia en la nieve, cualquier ventaja funcional debe ser explicada con claridad. Como las chaquetas M-1 y M-65, los pantalones cargo, las Desert Boot o las camisetas de rayas, las Bunny Boots pasaban del uso militar al civil apoyándose en la funcionalidad. Como ocurrió con las German Army Trainers, cientos de marcas usaron el diseño popularizado por los militares para lanzar sus propias Bunny. Cientos de marcas usaron el diseño de aquellas botas para uso civil y la Ozweego de Raf Simons daba un paso más.

Las Ozweego Bunny tienen poco de militar y menos de funcional. Es cierto que el padre de Raf Simons era militar y analizando en profundidad pueden verse detalles en sus colecciones. Lo que nos queda por saber es cómo unas botas diseñadas para militares en climas extremos llegaron hasta la paleta de un diseñador belga.

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Algo más de un siglo de zapatillas resumido en una exposición. Eso es lo que pretende “Greatest Sneakers Of All Time”, una exposición patrocinada por Lyst en la que Neal Heard (autor de Trainers, uno de los primeros libros sobre zapatillas) ha reunido a algunos expertos para que seleccionen las mejores zapatillas de la historia (aunque no aclaren qué singnifica eso). El resultado fue este:

1-Adidas Stan Smith
2-Nike Air Force 1
3-converse Chuck Taylor
4-Nike Air Jordan 1
5-Diadora Borg Elite
6-adidas gazelle
7-Nike Trainer 1
8-Puma Clyde
9-Nike Huarache
10-adidas Ultraboost

¿Tiene algún sentido? Sinceramente, no. La misma selección de los expertos ya sería discutible y las listas podrían variar cada 10 minutos. Sin dar a opción a que los autores se expliquen, se antoja un listado abiertamente anglocéntrico, con sorpresas como la Diadora Bjorg en el número cinco.

Con la intención de responder a este “Greatest Sneakers Of All Time”, he preguntado a los que yo considero expertos de distintos perfiles. Paulo Ibarra fue el primer argentino en diseñar para Nike en Oregón y actualmente dirige The Sneaker Protocol, Cristian Ortiz escribe sobre moda y tendencias en Cause I Need It, Vileck es un coleccionista (viejuno, me permito añadir), Marcos Bellavia es honcho del imprescindible Vision Invisible, Quetzal Ramos es un diseñador independiente, David Broc es un periodista con buen gusto, Antonio Moraleda es un acumulador de tendencias eclécticas, Luis Miguel Lozano "Jumi" es uno de los mejores coleccionistas de Europa y un pozo de historias y Eugenio Palopoli es el autor del que para mí es el libro de referencia para conocer la historia de las marcas deportivas. Perdonen la falta de humildad, pero me he incluido en el grupo de expertos. Cada una de las listas ha sido ordenada, puntuada y mezclada para dar con una única lista final.

El resultado es todo excepto LA VERDAD, pero espero que os sirva para hablar un rato sobre zapatillas. Comienza la pelea.

1.-Nike Air Max 1
2.-Converse Chuck Taylor All Star
3.-Nike Air Jordan I
4.-Nike Air Force 1
5.-adidas Stan Smith
6.-Nike Air Trainer 1
7.-Puma Suede/Clyde
8.-adidas Superstar
9.-Nike Air Jordan III
10.-Nike Cortez

¿Curiosidades? Han recibido votos 38 zapatillas de ocho marcas; 22 Nike/Jordan, 6 adidas, 4 Reebok 2 Vans y una zapatilla para Puma, Converse, Avia y New Balance. La lista de 10 en injusta con Reebok, que tiene tres zapatillas en los puestos 11º, 12º y 13º. Por poner en perspectiva el estado actual, solo hay cuatro zapatillas del siglo XXI, UltraBoost, Flyknit Racer, Kobe IV y una polémica Roshe (Presto es de 2000, que oficialmente seguía siendo siglo XX.

La "mejor zapatilla de la historia", la Air Max 1, estaba en el lugar número 25 de la versión inglesa. ¿Es justo? ¿un sacrilegio? ¿no es esto solo una excusa para hablar de zapatillas? Hablen, propongan sus propios decálogos, lloren por las ausencias.

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Durante esta semana hemos visto una extenuante presentación del renacimiento de EQT, la colección de adidas que pretende relevar a Tubular y NMD como conceptos de moda. Pero la nueva EQT parece que elige el camino que ya tomaron NikeLAB ACG o Nike International, tomar el nombre de una colección histórica y desarrollar una línea sin ninguna relación con ella.

Nike ACG

La ACG original era una submarca de Nike para productos de montaña. ACG significa All Conditions Gear y sus productos estaban diseñados para aguantar todas las condiciones. El hecho de que fuera producto de montaña implicaba que por primera vez se podía jugar con el color sin relacionarlo con los uniformes de equipos, por lo que ACG nos descubrió nuevas combinaciones.

NikeLab ACG

La nueva NikeLAB ACG creada por Errolson Hugh es impresionante, pero no tiene ninguna relación con la ACG original. Las dos imposiciones principales de Nike eran que no debían usarse los colores ACG y no debían desarrollarse productos de montaña, es decir, colocar el nombre ACG a producto que nada tiene que ver con el sentido original. Recuperar ACG puede ser interesante, pero no lo encuentro sentido a recuperar solo el nombre y colocarlo a un producto excelente. De hecho, el único problema que puedo encontrarle a NikeLAB ACG es que no puedo llevarlo a la montaña.

Nike International

Nike International era el nombre de un club de atletismo creado por Nike a finales de los ochenta. Producto de rendimiento, sobreuso de licra, colores brillantes…

Nueva Nike International

El pasado verano relanzaron una colección muy correcta, pero de producto de calle en una paleta de colores que se quedaba en blanco, negro y algún detalle de color. En este caso ni se recuperó el logo clásico, solo se reinterpretó en algún estampado. Lo peor de la colección era el nombre. Al menos colocaron a Matt Centrowitz como modelo.

EQT vuelve con el mismo problema. El hombre que convirtió a adidas en una gran marca fue Horst Dassler, hijo del fundador Adi. La principal diferencia con su padre es que pensaba en términos de marca, no de producto. Tras su muerte en 1987 adidas perdió el rumbo y buscó dinero fácil colocándole las tres franjas a cualquier producto. La llegada de un nuevo propietario, Bernard Tapie, no ayudó mucho. Supuesto empresario, fugaz cantante, aprendiz de político y presidente del Olympique de Marsella, quiso convertir a adidas en una marca de moda apoyándose en cifras; solo el 20% del producto deportivo se utilizaba para hacer deporte. Y las cifras pueden ser incluso cortas, pero lo que no tenía en cuenta Tapie es que el 80% restante compraba el producto PORQUE era deportivo. Como un coche con el que puedes llegar a los 260 km/h o un reloj con el que puedes sumergirte a 100 metros, pero que nunca llegarán a sus límites.
El modo de pensar de Tapie tuvo muchos detractores en la misma sede de adidas y para responderle contrataron a Peter Moore y Rob Strasser, diseñador y abogado que habían participado en el nacimiento de Nike, para los que habían desarrollado las líneas de Michael Jordan o John McEnroe. Después de luchar durante años contra adidas, Moore y Strasser conocían perfectamente el potencial de la marca: adidas significa deporte. Propusieron acabar con la moda y los flashes, adidas debía buscar al deportista y darle lo que busca, el resto de consumidores vendría detrás. En el video que Moore y Strasser presentaron a adidas criticaban que la melena de Andre Agassi tuviera mayor protagonismo que la volea de Stefan Edberg, pasando por alto que ellos mismos se habían encargado de crear el producto Agassi. Pero aquello era para otra marca, Nike, que debía jugar con el espectáculo. adidas era deporte.
La línea EQT hacía justo eso, acercarse a los deportistas reales, pasando por alto el resto hasta el punto de que solo tenía tres colores. No podías encontrar unas EQT que combinaran con el uniforme de tu equipo, pero adidas te preguntaba ¿de verdad crees que por ir combinado rendirás mejor? EQT era equipment, equipamiento, porque se acercaba más a una raqueta de tenis que a una camiseta para correr. Era tan distinto al resto de la marca que incluso tenía su propio logotipo, que luego sería utilizado para todo el producto de rendimiento. Triunfó como estrategia de marca, consiguió que adidas se recolocara como marca deportiva, pero el producto en sí solo lo utilizaban los deportistas más recalcitrantes. Por retratarlo de una manera tan gráfica como personal, en 1991 yo quería unas Nike Huarache International y mi padre corría con unas adidas. Quería unas zapatillas que funcionaran, los inventos los dejaba a los jóvenes.

Las EQT actuales, como producto, pueden ser bastante interesante pero dejan de tener sentido cuando lo enlazas con la EQT original (puede que por eso no hayan querido utilizar el logotipo original). La nueva EQT es una zapatilla de moda para recordar una zapatilla que luchaba contra la moda. Cuando los anuncios originales decían "todo lo esencial, nada más" seguro que no se referían al video de un concierto en Instagram. Una edición limitada con un rapero de una zapatilla que criticaba precisamente eso. Presentar una EQT en una fiesta con djs es como emborracharte para celebrar que eres abstemio. Burbujas para recordar un producto que fue auténtico y un nuevo producto que sería interesante…si no trataran de llamarle EQT.

La llegada de un nuevo año no cambia absolutamente nada del mercado global de zapatillas, pero al menos es una excusa para plantearse hacia donde vamos. ¿Qué podemos esperar de 2017? ¿Qué debemos esperar del futuro?

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-El año del 3D

En 2014 ya hablábamos de la tecnología 3D como el futuro de las zapatillas; tres años después solo se aplica al desarrollo de prototipos y en un puñado de detalles, pero está lejos de revolucionar el mercado. La última gran zapatilla con esta tecnología es la 3D Runner FutureCraft de adidas, un diseño impresionante pero que se ha puesto a la venta solo en tres localizaciones y a un precio prohibitivo (333 dólares). No está completamente realizada con una impresora 3D (solo la mediasuela) y el peso de la zapatilla la hace inútil para la práctica deportiva. En definitiva, es un prototipo muy bien logrado, pero solo eso y no aporta ninguna ventaja real al consumidor. Nike, New Balance y Brooks han realizado parte de sus zapatillas de clavos con impresoras 3D, pero seguimos sin ver sus avances en tiendas compitiendo con el resto de productos.

2017 debería ser el año de las impresiones 3D a menos que quiera convertirse en “el próximo coche volador”, una de esas grandes innovaciones que nos prometen cambios rotundos de vida pero que nunca terminan de llegar.

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-El fin de las tiendas independientes

Hasta 2010 era extraño ver grandes grupos empresariales en el mundo de las zapatillas. Era un mundo de arte e innovación, no de masas y los grandes grupos empresariales no están demasiado interesados en el arte ni la innovación. Están interesados en el dinero. Con la masificación de las zapatillas han llegado los grupos empresariales. Hasta hace algunos años las tiendas de zapatillas las abrían los locos de las zapatillas (para lo bueno y para lo malo), eran tiempos de 24Kilates, LimitEDitions, Trust Nobody o Gamba Sneakers. En los últimos años hemos visto como Asos compraba y cerraba la mítica Crooked Tongued al más puro estilo Microsoft , Snipes compró Solebox y poco después el fundador Hikmet Sugoer anunció su despedida y hace unos meses era Paul Ruffles el que se despedía de Size?

Las últimas aperturas de tiendas tienen nombres de grandes cadenas. Ahora mismo el dinero está en las zapatillas y las grandes cadenas apuestan por ellas. Las mismas que dentro de un par de años, cuando los beneficios no sean los mismos, cambiarán sus estrategias de negocio para vender el nuevo producto de moda.

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-El fin de los influencers

Siempre hubo gente con mayor capacidad para influir. Si hablamos de zapatillas, todos nos fijábamos en el compañero de clase que tenía un familiar en el extranjero, el jugador que saltaba más alto, el que mejor bailaba o en el camello del barrio. Todos sabían que sus conductas (y sus zapatillas) afectaban de un modo u otro al resto y en muchas ocasiones cuidaban su estilo tanto como aquello que les había convertido en influencers.

El principal trabajo de un influencer hoy día es seguir siendo influencer. Todo el mundo puede comprar 8000 seguidores o darle a like y poner corazones en cada foto para convertirse en influencer, pero cuando cualquiera puede ser especial, nadie acaba siendo especial. La mayoría de las marcas trabajan exclusivamente con cifras; exigen a los departamentos de comunicación que sus productos estén colocados en “influencers” con una cantidad determinada de seguidores, sin importar que la mayoría de ellos sean cuentas falsas. Esas marcas no han comprobado aun que los bots no compran zapatillas. Cada vez hay más influencers, por lo que la influencia es cada vez menor, pero la mayoría de estrategias comerciales se basan en registros que no superarían un análisis estadístico de un niño de 8 años. Un juego en el que los bloggers quieren ser Kate Moss y acaban siendo Zoolander.

En esta pelea por enseñar el edredón más blanco y el domingo más “cozy”, las marcas solo necesitan un “gracias @…”. Pero cada una de esas gracias es una demostración de que su influencia es menor, cada agradecimiento público significa “esto no lo he elegido yo”. ¿Dejarán las marcas de contar con supuestos influencers? Por supuesto que no, pero su supuesto poder de influencia estará cada vez más en entredicho.

En 2017, la única manera de demostrar tu influencia es mostrar unas zapatillas por la que no tengas que dar las gracias.